sábado, febrero 28, 2026

love in the 90s is paranoid


Por primera vez le presto atención a la letra, un libro me trajo a esta canción, es asombroso, no sé cuántas veces he escuchado a Blur, esta no es una de mis canciones favoritas, me trae a la mente algunos eventos que no son agradables, me transporta a una época en la que no me caía bien yo mismo, lidiaba con un montón de personas y situaciones que no me gustaban del todo, y no sé cuántas veces he escuchado (accidentalmente) esta canción –¿más de quinientas...?, ¿más de mil...?– y es asombroso: nunca me había dado cuenta de que Damon Albarn dice precisamente en esta canción love in the 90s is paranoid, y ahora no es sólo una frase, entiendo a qué se refiere, el libro que me trajo a esta canción lo compré en la Feria Internacional del Libro hace una semana, se llama Cómo entrevistar a una estrella de rock y me llamó la atención porque es un trabajo de un periodista de rock en el que lo más importante no son las entrevistas per se sino el contexto de las entrevistas, empecé a leerlo el 20 de febrero después de haber tenido un ataque de pánico a 30 metros de altura y en medio de la nada, empecé a leerlo el día que Kurt Cobain habría cumplido 59 años, y en el capítulo que leía hace unos minutos, Fernando García entrevista a Damon Albarn en el bar de un hotel de cinco estrellas en Buenos Aires, es una entrevista del 2000 y tantos, Parklife y 13 tenían varios años de haber sido publicados, aparentemente Damon Albarn y Graham Coxon habían estado discutiendo antes de la entrevista, aparentemente estaba cerca la disolución de la banda formada en Londres en 1988.

Prestarle atención a esta frase de “Girls & Boys” –love in the 90s is paranoid– ha cambiado mi percepción y la canción ahora mueve algo dentro de mí y esto va más allá del concepto en el que la tenía, ya no es para mí esa canción del video que transmitía MTV en otros tiempos y en el que un puñado de adolescentes británicos la pasan bien en una fiesta, es asombroso cómo mi cognición ha modificado todos los prejuicios que tenía sobre esta canción y sobre Blur, quién sabe cuánto tiempo me obsesionaré con la canción y con Blur, en cuanto llegué a la casa le pedí a Alexa esta canción, acabo de darles Royal Canin a los gatos, estoy sentado junto a Alexa y me concentro en la canción, a ratos releo otra vez este capítulo de Cómo entrevistar a una estrella de rock en el que Fernando García entrevista a Damon Albarn y la canción se va transformando en mi mente.

Me quedé solo en la casa, Lizzie está con sus papás y “Girls & Boys” me remonta a tantas cosas, a la universidad, más precisamente a esos meses en los que la policía entró a la UNAM y acabó con la huelga de 1999, y también me remonta a Trainspotting y a la película de Danny Boyle –¿cuándo la vi?–, a los libros de Irvine Welsh, a una obra de teatro en la que Osvaldo Benavides interpretó a Rents en un teatro de San Ángel, y esta idea me lleva a pensar que en estos días se cumplieron 30 años del estreno de la película de Danny Boyle, que a la premier asistieron Damon Albarn y Noel Gallagher (leí una nota sobre este tema hace unos días), y supongo que también asistió Irvine Welsh, el escritor escocés vendrá a México a una Feria del Libro en las próximas semanas, ¿no sería genial tener un libro suyo autografiado y una foto con él...?, es uno de mis autores favoritos, uno de los libros que estoy leyendo ahora precisamente es Porno –la segunda parte de Trainspotting, su narrativa me trae buenos recuerdos, es un visionario, sus relatos del mundo de las drogas –también Acid House es uno de mis libros favoritos– no es plana ni está llena de descripciones irrelevantes que cortan el ritmo de la historia, y me pregunto cómo lo recibirá el público mexicano, no estoy tan seguro de que la mayoría de la gente que ha visto las adaptaciones de Trainspotting o de Acid House al cine haya leído sus libros, de hecho el otro día vi un Reel en Instagram en el que le atribuían a Danny Boyle ¡una frase de Irvine Welsh!, en fin, en estos tiempos es más importante «salir en la foto» que saber quién es el autor de Trainspotting y tener un libro autografiado por su autor, en el papel las redes sociales podrían verse como «las pinturas rupestres del Siglo XXI» que reflejan el impulso fundamental de la humanidad para comunicarse, compartir experiencias y dejar huella, en la práctica son efímeras y reflejan la frivolidad, la codicia y la manipulación, y carecen de un significado oculto, alegórico o profundo, la mayoría de los internautas son más de «ir con la corriente», de escuchar 100 horas de podcasts a la semana, de ver más de 100 horas de Reels con grandes efectos audiovisuales a la semana, de ver los 3 primeros segundos de cientos de videos generados con IA a la semana, paradójicamente el público ahora es menos fácil de sorprender pero lo sorprende cualquier tontería.

Vuelvo a la canción: la frase de love in the 90s is paranoid me remonta a finales de los noventa y principios de los dos mil, me remonta a hoteles de paso con snobs, a malos viajes de mota, a noches paranoicas que parecían no tener fin, a gente malvibrosa y privilegiada escuchando a Blur, a Ween, a Oasis, a Pulp y a cualquier artista o banda de la que todo mundo estuviera hablando, en reuniones llenas de sustancias ilícitas y de conversaciones pretenciosas, me remonta a rostros que probablemente ahora están en AA o que son Pachamamas de noche y yuppies de día, y también me remonta a mujeres hermosas con sus cabelleras rizadas y con ojos espectaculares, me remonta sentirme fuera de sitio cerca de ellas, me remonta a sentir sus miradas, como si para ellas yo fuera un animal ebrio y exótico, como si estuvieran convencidas de que alguien acababa de liberarme del cautiverio. Todo esto, pensándolo mejor, me hace sentir que hoy no es hoy sino que estoy en una etapa lejana y que voy a cumplir veinte años de edad.

Nunca le he prestado mucha atención a la música de Blur, de hecho creo que nunca he escuchado de principio a fin Parklife –¡antes pasaba muchas tardes grabando música de CDs a cassettes!–, aunque tengo 13, tal vez lo compré por ahí del 2008 en algún Mix Up o en El Chopo, en 1999 MTV pasaba “Coffee & TV” todo el tiempo y la huelga de la UNAM me condenó a ver un montón de videos en MTV, y soy tan poco fan de Blur que tenía la impresión de que  “Song 2” era un track del álbum 13, pero, pensándolo mejor, es un track de otro álbum, y medio me acuerdo de haber visto el video de “Song 2” también en MTV pero cuando todavía estaba en la prepa, cuando Blur y Oasis –el britpop– acababan de ponerle el último clavo al ataúd de Kurt Cobain y compañía, entonces acababa de entrar a quinto año de prepa, tal vez “Wonderwall” sonaba por todas partes y tal vez mi círculo cercano era más del tipo de Oasis y de Radiohead que de Blur, en fin, hace rato cuando volvíamos a la casa sonaba “Wonderwall” en Universal Stereo, esta es la realidad, a nadie le interesa leer a Welsh ni escuchar a Blur, ¿cuál es el Reel con más vistas el día de hoy?

domingo, febrero 08, 2026

but I don't wanna talk, I only wanna listen

Sobrevivía a una mala temporada, a casi dos años de visitas a gastroenterólogos, a casi dos años de fármacos, diagnósticos fallidos y endoscopías que terminaron en una cirugía, sobrevivía a casi medio año de náuseas matutinas y de mononeuropatías provocadas por tantos fármacos, sobrevivía a casi medio año de odiar mi existencia, de sufrir ataques de pánico a la mitad de la nada, sobrevivía a la convalecencia de la cirugía, sobrevivía a una terrible faringoamigdalitis, estaba tumbado en la cama, lidiando con los escalofríos, como un junkie en abstinencia, apenas hablando lo indispensable sin sentir malestar y tomando líquidos como loco y evitando sales y grasas, cuando me encontré un video de Kurt Vile en YouTube.

Era un tipo alto y con el cabello largo y quebrado, nunca lo había escuchado, tenía una voz estilo “lazy”, como que cantaba despreocupadamente y arrastraba las palabras, también tocaba una Jaguar como la que hizo famosa Kurt Cobain a principios de los 90, y vestía Levi's y una camisa de leñador, y su banda –conformada por un baterista, por un bajista, y por un guitarrista que también hacía efectos con un sintetizador– lo acompañaban en una canción hipnótica en la que destacaba un arreglo de la guitarra eléctrica, su música sonaba a “indie-folk-oscuro” y esa canción en particular movió algo dentro de mí.

Había contraído faringoamigdalitis a mediados de octubre, estuve así durante casi todo el mes y volví a enfermarme por ahí de la segunda semana de diciembre, al salir de una cena de fin de año en casa de una colega de la universidad, tenía más de un mes en convalecencia cuando descubrí a Kurt Vile, no había salido a la calle en toda la semana, incluso yo, que no soy tan nómada y puedo estar encerrado en la casa muchos días, estaba mortalmente aburrido, sintiendo escozor en la garganta y en los ojos, con la nariz llena de mocos, con debilidad muscular, y esa canción sonaba a bienestar, hizo que pensara en que no podía estar enfermo toda la vida, en que me acercaba a la luz al final del túnel.


Llegué al canal de KEXP casi por accidente, a lo mejor atraído por el aspecto del sujeto de cabello quebrado y largo, a lo mejor atraído por su vestimenta, a lo mejor atraído por su Jaguar, a lo mejor mi estado de sopor hizo que sintiera que su música movía algo dentro de mí, que me pareciera “hipnótica” y “psicodélica”, como suelen sentirse las cosas del mundo después de que has estado enfermo tanto tiempo. La canción se llamaba “Wheelhouse” y el arreglo de la guitarra se repetía incesantemente, era la base de la canción, y se me quedó en la cabeza.
                        
Vi el video varias veces más y luego busqué información sobre Kurt Vile en Internet. “Wheelhouse” era el track #5 de B'lieve I'm Goin' Down, «el sexto álbum de estudio del compositor indie-rock estadounidense Kurt Vile», el álbum tenía algunos meses de haber salido a la venta y Kurt Vile tenía, además, otros álbumes con una banda llamada The Violators. Según Wikipedia, Kurt Vile escribía todas las letras de sus canciones, componía la música de todas sus canciones y tocaba la mayoría de los instrumentos en sus álbumes de estudio. La prensa especializada lo asociaba con artistas como Neil Young y Bruce Springsteen; de hecho, con The Violators, Kurt Vile tocaba “Downbound train”, una canción original de Springsteen, en So outta reach, un EP lanzado en el 2011 por Matador Records.

Toda esta información que encontré en Internet me intrigó, quería escuchar más música de Kurt Vile, pero eran otros tiempos, aún me resistía a las plataformas de streaming (no tenía Spotify), así que compré B'lieve I'm Goin' Down en Amazon. Cuando llegó a la casa, la faringoamigdalitis ya casi había desaparecido y estuve escuchando el álbum de principio a fin, me dio la impresión de que sonaba country y a folk, y que algunas canciones tenían ciertos destellos de optimismo, aunque la mayoría más bien sonaban melancólicas. Cuando ya había escuchado decenas de veces B'lieve I'm Goin' Down y más o menos me lo sabía de memoria y me reintegraba a mi trabajo de postdoc en la universidad, me enteré que Kurt Vile daría un concierto en El Plaza el 4 de febrero del 2017, y (obviamente) compré un par de boletos, ¿cuántas veces tienes la oportunidad de escuchar en vivo a un artista que acabas de conocer? 

El sábado 4 de febrero llegó y Lizzie y yo caminamos desde el metro Patriotismo hasta El Plaza, quién sabe por qué me acababa de cortar el cabello, me veía y me sentía tonto, casi como me sentía cuando me obligaban a cortarme el cabello casi cada quince días en la secundaria, había estado lloviendo toda la tarde, iba con ropa de invierno, no quería volver a enfermarme, y no dejaba de sentirme tonto ni de preguntarme por qué había tomado esa decisión tan abrupta de cortarme el cabello tan corto. 

Cuando llegamos al Plaza Condesa eran como a las 7 PM, y había unas cincuenta personas por ahí –entre ellas, “la reclu”, una locutora de radio que parece tener un contrato vitalicio como dobladora de los Oscars con TNT–, y también había puestos de mercancía (pirata) del concierto, y Lizzie y yo recorrimos algunos de los puestos y compramos un par de playeras y nos topamos a unos tipos que no hablaban muy bien español pero que estaban muy interesados en comprar unas gorras y unas playeras con la cara de Kurt Vile, y uno de los tipos trataba de comunicarse con un vendedor en un español muy básico.

Ese tipo se me hace conocido, le dije a Lizzie.
¿Es uno de los músicos que tocan con Kurt Vile?, me preguntó, y traté de recordar los rostros de los músicos que había visto en YouTube tocando “Wheelhouse”.

Se me ocurrió acercarme al puesto de gorras y playeras, y ayudarle a negociar al tipo extranjero con el vendedor, pero me puse a pensar en veinte mil escenarios posibles, no quería ser inoportuno ni meterme en donde no me llamaban. 

El extranjero apenas hablaba dos o tres palabras en español y sólo llevaba dólares y el vendedor no entendía gran cosa de lo que le decía y tampoco estaba seguro de cuántos dólares tendría que cobrarle por las gorras y por las playeras. 

¿Por qué no les ayudas?, me dijo Lizzie y me acerqué al puesto, pero entonces el extranjero y el vendedor ya habían llegado a un acuerdo. En ese momento tuve un insight: otro de los extranjeros del grupo se parecía mucho a uno de los músicos que había visto en YouTube durante la convalecencia y me acerqué a él (con mi corte de cabello de tonto) y le pregunté si él era el guitarrista de la banda y me contestó que sí y le pregunté si podíamos tomarnos una foto y él dijo que sí y posó con una de las gorras que el otro tipo le acababa de comprar al vendedor, así que tengo una foto con Jesse Trbovich en la que salgo con un corte de pelo de tonto. 

Lizzie y yo entramos al Plaza, y no había reparado en que tenía más de quince años que no me paraba por allí, desde mucho antes de conocer a Lizzie, por ahí de los años dos mil, cuando la UNAM estaba en huelga y
 El Plaza era un cine en el que proyectaban películas de culto, hasta un par de veces
vi una que otra película de Peter Greenaway o de Jean-Claude Lauzon, y unos tipos me siguieron varias cuadras al final de una función y me puse paranoico y prácticamente corrí hasta el metro Chilpancingo debajo de la lluvia, quién sabe quiénes eran, a lo mejor solo se trató de mi imaginación.

Volví al presente. Quién sabe desde cuándo, pero los tiempos de El Plaza como cine de culto habían quedado atrás, ahora era una sala de conciertos, creo que hasta los Melvins y Mark Lanegan ya habían tocado allí, y las butacas de la planta baja ya no existían y el primer piso era una especie de bar VIP. En ese momento había más gente en esa especie de bar que en la planta baja, tal vez la gente en esa lugar iba a pasar toda la noche bebiendo y platicando mientras Kurt Vile tocaba en vivo, como si estuvieran en cualquier otro bar de la Condesa, tal vez no. 

Lizzie y yo buscamos un buen sitio en la planta baja, para entonces ya había unas treinta o cuarenta personas dispersas en la zona general, pero todavía encontramos un espacio libre como a seis metros de distancia del escenario, casi junto a las barras de contención que separan al público de los músicos, y, justo cuando encontramos el lugar, me dieron ganas de ir al baño. 

Ahora vuelvo, le dije a Lizzie.

El concierto estaba programado a las 9 PM, todavía faltaba casi una hora, todavía nadie estaba borracho, así que la fila del baño no era muy larga. Mientras la fila avanzaba, me topé a dos o tres tipos que hablaban del Superbowl LI –el día siguiente jugarían los Atlanta Falcons contra los New England Patriots en el NRG Stadium de Houston– y que estaban convencidos de que ganarían los Pats. Otros tipos quién sabe por qué estaban en El Plaza, ni siquiera sabían quién era Kurt Vile, tal vez sólo habían ido al bar del primer piso, a conversar y a beber, con música en vivo de fondo. Llegó mi turno y oriné junto a José Manuel Aguilera, el guitarrista y cantante de La Barranca. Cuando salimos del baño, después de lavarnos las manos, nos miramos unos segundos, quería pedirle que nos tomáramos una fotografía, él quería que le pidiera que nos tomáramos una fotografía, entre los fans de los Pats y entre quienes no sabían quién era Kurt Vile (aunque estaba por empezar el concierto de Kurt Vile), nadie lo había reconocido, pero no pasó nada, me sentí incómodo, Aguilera me sonrío y me extendió la mano y tal vez se quedó esperando a que le pidiera una foto o un autógrafo.  

Volví a donde estaba Lizzie, tratando de ahuyentar esos pensamientos que daban vueltas por mi cabeza –«pudiste haber ayudado a Jesse Trbovich y compañía a comunicarse con el vendedor...», «pudiste haberte tomado una foto con José Manuel Aguilera...», «no parecen esa clase de músicos insoportables que llevan guardaespaldas a todas partes...», «pero no hiciste nada...»–, en ese momento salió al escenario el tipo que había comprado las gorras y las playeras con el rostro de Kurt Vile afuera de El Plaza, acomodó algunos pedales de guitarra por aquí y por allá, y luego desapareció: formaba parte del staff  de Kurt Vile.

Otros pensamientos me dieron vueltas por la cabeza –«si lo hubieras ayudado, a lo mejor te habría conseguido un autógrafo de Kurt Vile, o el setlist del concierto...», «eres tan tonto, tu corte de cabello es perfecto para ti...»–, preferí contarle a Lizzie sobre mi encuentro con Aguilera en los baños.

Te hubieras tomado una foto con él, me dijo. 

De pronto ya sólo faltaban veinte minutos para las 9 PM y de pronto dieron las 9 PM y entonces se apagaron las luces de El Plaza y Jesse Trbovich y algunos de los extranjeros del grupo que había comprado las gorras y las playeras con el rostro de Kurt Vile salieron al escenario. Kurt Vile salió al final de todos, y el público les aplaudió a todos y la banda saludaron al público.

Kurt Vile se colocó su Jaguar y abrió el concierto con “Dust Bunnies”, el track #2 de B'lieve I'm Goin' Down. Cuando terminaron, el tipo del staff, el de la transacción de las gorras y de las playeras, salió al escenario y le ayudó a Kurt Vile a quitarse la Jaguar y a colgarse un banjo –el tipo aparentemente era el técnico de guitarra–, y la banda tocó “I'm An Outlaw”. 

“Jesus Fever” fue la tercera canción de la noche y la primera que la mayoría del público identificó, entre una canción y otra, alguien del público pidió “Wheelhouse”, pero Kurt Vile se disculpó y dijo que tendría que ser en otra ocasión. Ni hablar. Luego tocaron “Pretty Pimpin”, la canción más celebrada hasta ese momento, y varias canciones que el público sí conoció. Entonces Kurt Vile se quedó solo en el escenario y tocó “Stand Inside”, esa canción me noqueó emocionalmente, me acordé de todos mis problemas de salud de los últimos años, sentí un nudo en la garganta, que las piernas me temblaban, tuve mi momento con el multi-instrumentista de Pennsilvania, nunca había sentido una conexión tan cercana con ningún artista, con ninguna canción en vivo, y no dejaba de preguntarme qué se sentirá conectar con millones de desconocidos, con tu voz y con una guitarra acústica..., qué se sentirá que la prensa te asocie con Neil Young...

Después de esta conexión tan cercana con “Stand Inside” y de sentirme, en cierta forma, en una especie de MTV Unplugged in New York, la banda volvió a subir al escenario. Tocaron otros veinte minutos, más o menos, y se enfocaron en canciones de B'lieve I'm Goin' Down. Como a las 10 PM cerraron con “Downbound Train” –el cover de Bruce Springsteen que tocan en So outta reach–, con “Baby's Armsy con una larga sesión de feedback.

Las luces de El Plaza se encendieron poco a poco y poco a poco la gente salió del recinto y 
el técnico de guitarra apareció otra vez en el escenario y tomó del suelo el setlist y se lo entregó a una persona del público. «
Si lo hubieras ayudado a comunicarse con el vendedor hace rato, a lo mejor te habría entregado el setlist a ti», pensé. 

Este concierto ocurrió hace casi 10 años.

domingo, febrero 01, 2026

whatever colors you have in your mind



La oleada de cortisol de las 3 AM me despierta, giro mi cuerpo hacia la izquierda y luego hacia la derecha, me obligo a mantener los párpados cerrados, es como una vieja pesadilla al revés, la oleada interrumpe puntualmente mi sueño, no sé desde cuándo pero suele pasar cuando no estoy pasándola muy bien, y no quiero levantarme de la cama, no necesito confirmar la hora en el reloj de la mesita de noche, estoy incómodo, mi cuerpo no se siente como mi cuerpo, sé que no podré volver a dormir. 

Meto una de mis manos debajo de la almohada, busco una posición más cómoda en la cama, pero esquivo al gato que tengo en los pies, luego esquivo al gato que tengo en la cabeza, pesa alrededor de 7 kilos y está ocupando el 70% de la almohada, también esquivo a la gatita que está apoyada junto al gato de 7 kilos, más allá, en el otro extremo de la cama, está mi esposa, tengo una gran familia pero apenas puedo estirarme en la cama, y me resigno a no encontrarme más cómodo y tengo un insight, descubro por qué suelo levantarme de la cama con contracturas en la espalda y en el cuello, y porqué, algunos días, estoy en stand by todo el día.

Boca arriba, sobre la cama, con los brazos cruzados alrededor del pecho, como si fuera un vampiro en su ataúd, escucho la respiración de los tres gatos y de mi esposa, sin duda tengo una gran familia –“una vamfilia”, como diría Colin Robinson de la serie What we do in the shadows–, pero los gatos a veces están encima de mí y no puedo hallar una posición cómoda en la cama. 

Recorro la habitación con la vista, aún está oscuro, dejo que la oscuridad entre en mis ojos, que mis ojos se adapten a la oscuridad, total, ya sé que no podré volver a dormirme, y así ha sido casi toda esta semana, y, si no recuerdo mal, la anterior. 

En la medida de mis posibilidades, muevo un poco la cabeza hacia la derecha, se me ocurre que tengo que matar el tiempo mientras transcurre la madrugada, me acuerdo de cómo hace más o menos veinte años, cuando estaba en mis veintes, a veces no podía dormir porque tomaba mucho café y porque comía muchas cosas irritantes y tenía gastritis y las noches eran eternas, son otros tiempos ahora, no tengo gastritis, pero, igual que hoy, hace más o menos veinte años, tampoco podía dormir, también me acuerdo de haber intentado leer algo súper aburrido hace más o menos veinte años –Ulises, de James Joyce, por ejemplo–, también me acuerdo de esa sensación de la gastritis en mi cuerpo, como si una liga estuviera presionándome el vientre y como si no pudiera moverme ni siquiera un milímetro en la cama, me acuerdo de haber estado en posición fetal, más o menos como ahora, algunas cosas no cambian en más o menos veinte años. 

Tomo lentamente el teléfono de la mesita de noche, veo de reojo la hora en el reloj y confirmo la hora, otra vez es la hora de la vieja pesadilla al revés, otra vez la oleada de cortisol me ha despertado, y entonces enciendo el teléfono, quiero ponerme los audífonos y escuchar música para entrar en una especie de trance que me permita ahuyentar todos estos pensamientos del pasado que me dan vueltas en la cabeza y que no me dejan volver a dormir. 

Ayer, en la cena, encontré a un tiktoker tocando una canción de Guns N' Roses y la música me remontó a la adolescencia, cuando escuché por primera vez Use Your Illussion II, cuando no había tenido ningún problema serio de salud, cuando no sabía nada de enfermedades serias, cuando no sabía nada de odiar tu propia vida ni desear esfumarte porque el malestar es incompatible con tu existencia, porque los síntomas de la enfermedad hacen imposible imaginar tu vida 5 segundos más allá del presente.

Ayer, antes de cenar, me sentí mal, como casi todos los días del 2026, y trataba de desasirme de la horrenda sensación de carraspeo y de sofocamiento con mis propias flemas, tuve un ataque de tos, y aparecieron este tiktoker y esta canción, esta canción de Guns N' Roses es una opción para matar el tiempo mientras transcurre la madrugada. 

Muevo los ojos dentro de mí mismo un par de veces con los párpados cerrados, como si quisiera resetear mi existencia, es el último día de enero, todo el mes he estado teniendo días malos, ataques de tos, carraspeo, y hoy no hace tanto frío, y me acuerdo del año pasado, vagamente recuerdo que hace un año el frío era despiadado en la casa, no tenía problemas de salud como hoy, enviaba alrededor de 3 solicitudes a 3 Instituciones de Educación Superior al mes, iba saliendo del hérpes Zóster, no generaba ingresos, Katz y yo acabábamos de ver Nosferatu y Flow en el cine, leía a Han Kang y a Bram Stoker, todos los días eran inciertos, íbamos al tianguis de Metepec todos los lunes, ahora sólo estoy divagando, deben de ser ya las 3:30 AM, sólo estoy usando mi mente para no enfocarme en lo único que ha estado preocupándome este mes: mi salud.

Los ataques de tos y el carraspeo son despiadados, no puedo ignorarlos, en enero he tenido ataques de tos a diario, por las mañanas, mientras me visto, mientras termino de desayunar, mientras me dirijo al trabajo, he tenido ataques de tos y carraspeo por las noches y por las tardes, y el carraspeo me deja exhausto, de pronto tengo la sensación de que hay una flema atorada en la garganta, de pronto trato de aclararme la garganta pero la flema sigue allí, es una sensación incómoda, el sistema nervioso autónomo se apodera de mi consciencia, no puedo dejar de darme cuenta cómo está haciendo todo lo posible por expulsar a ese agente extraño de la garganta, mi cuñada me ha dicho que debo de tener irritada la garganta, que debo ir a ver a un gastroenterólogo, me acuerdo de que en mayo de este año cumplo 10 años de haber pasado por el quirófano, me acuerdo de los horribles síntomas del ERGE, era imposible imaginar mi vida 5 segundos más allá del presente, también me acuerdo de que el carraspeo era muy parecido a este carraspeo, que no podía dejar de carraspear durante varios minutos, que era consciente de la actividad de mi sistema nervioso autónomo, que no podía dejar de darme cuenta de que todo el tiempo estaba secretando saliva, de que el ruido que hacía al intentar aclararme la garganta era insoportable para mí mismo, que el acto, en sí, era automático y consciente, una paradoja del sistema nervioso autónomo, y me acuerdo de una que otra vez que tuve que salirme de alguna oficina o de algún seminario o de alguna junta importante porque ni siquiera yo mismo soportaba el ruido que hacía al intentar aclararme la garganta una y otra vez.

En lo que val del 2026 he tenido 3 ó 4 episodios de carraspeo que me han puesto al borde de un ataque de ansiedad, que me han hecho acordarme de todas estas cosas, es imposible ignorar estas cosas que normalmente hace mi sistema nervioso autónomo sin que me dé cuenta, sólo cuando todo está jodido me doy cuenta de todo está jodido porque soy consciente de mi sistema nervioso autónomo, cuando intento aclarar mi garganta y carraspeo varias veces y sin embargo la flema sigue allí y al cabo de unos segundos crece, ocupa todo mi esófago, y ya no puedo pasar saliva y siento que me asfixiaré, una terrible necesidad de escupir y carraspear se apodera de mis pensamientos, ayer todo esto pasó mientras veía una película de David Lynch, y hace 2 semanas todo esto pasó mientras veía un partido de la NFL por tv –¿Seattle Seahawks vs Chicago Bears?–, y no quiero ni imaginarme cómo sería si me diera uno de estos ataques de tos y de carraspeo en la calle, a mitad de la nada, en el Tren Insurgente, por ejemplo, no quiero que se repita nada de esto, no quiero volver a vivir lo que viví hace 10 años. 

Finalmente me pongo los inalámbricos y los sincronizo con el teléfono, y busco “Breakdown” en el catálogo de Amazon Music —¡The Warning es el artista que tienen como representantes del género “hard rock”!, ¡qué horror!, ¡hay que ser muy tonto para no ver lo evidente: que es más importante la publicidad y el efecto halo...!, ¡que Joseph Goebbels está presente en el Siglo XXI...!—, y una idea cruza mi mente y dejo de buscar a Guns N' Roses: antes de sincronizar los inalámbricos leí American Psycho, estoy en la página 370: Bateman vuelve al apartamento de Paul Owen un año después de haber asesinado allí a un par de scorts, el capítulo me hizo sentir nauseabundo, cerré el libro y me metí a ver mis redes sociales en el teléfono –y todo esto parece haber ocurrido entre sueños, con los gatos en la almohada, en mis pies y en mi brazo–; un post en la página de Ministry en Facebook dice que Filth Pig salió a la venta el 30 de enero de 1996 y que la banda allí toca un cover de “Lay lady lay”, y ésta es la idea que cruza mi mente, me dio curiosidad escuchar el cover de Bob Dylan, y ahora quiero escuchar el álbum y lo busco en Amazon Music y le doy play y cierro los párpados y vuelvo a mi posición de Laszlo Cravensworth en su ataúd, y cierro los párpados otra vez y lo escucho desde el principio, medio me quedo dormido de nuevo, no sé si todo esto ya pasó tal vez ya lo escuché de principio a fin varias veces, tal vez entre sueños se me ocurrió buscar información de Ministry en Wikipedia, tal vez leí que Al Jourgensen nació en Cuba, que el sonido de Ministry en su primera etapa era más new wave y synthpop que metal industrial, que en esos tiempos le abrieron varios conciertos a The Police, en la gira de Synchronicity, que Palm 69 es el álbum que les catapultó a la fama, que Filth Pig es su sexto álbum de estudio y que Al Jourgensen estaba deprimido durante la composición y grabación de Filth Pig y que la banda no suele tocar canciones de este álbum en ningún concierto. 

Escribo estas líneas, ya son casi las 9 AM, he tenido uno que otro ataque de tos, no sé si saldré a correr, sólo quiero sentirme bien, volver a ser como cualquier persona que no se da cuenta de lo que hace su sistema nervioso autónomo, es desquiciante estar al tanto de tu sistema nervioso autónomo, no podría volver a vivir los síntomas del ERGE otra vez.