EGOTECA
A veces escribo, a veces escribo
domingo, marzo 22, 2026
30 segundos de tu atención
sábado, febrero 28, 2026
love in the 90s is paranoid
Por primera vez le presto atención a la letra, un libro me trajo a esta canción, es asombroso, no sé cuántas veces he escuchado a Blur, esta no es una de mis canciones favoritas, me trae a la mente algunos eventos que no son agradables, me transporta a una época en la que no me caía bien yo mismo, lidiaba con un montón de personas y situaciones que no me gustaban del todo, y no sé cuántas veces he escuchado (accidentalmente) esta canción –¿más de quinientas...?, ¿más de mil...?– y es asombroso: nunca me había dado cuenta de que Damon Albarn dice precisamente en esta canción love in the 90s is paranoid, y ahora no es sólo una frase, entiendo a qué se refiere, el libro que me trajo a esta canción lo compré en la Feria Internacional del Libro hace una semana, se llama Cómo entrevistar a una estrella de rock y me llamó la atención porque es un trabajo de un periodista de rock en el que lo más importante no son las entrevistas per se sino el contexto de las entrevistas, empecé a leerlo el 20 de febrero después de haber tenido un ataque de pánico a 30 metros de altura y en medio de la nada, empecé a leerlo el día que Kurt Cobain habría cumplido 59 años, y en el capítulo que leía hace unos minutos, Fernando García entrevista a Damon Albarn en el bar de un hotel de cinco estrellas en Buenos Aires, es una entrevista del 2000 y tantos, Parklife y 13 tenían varios años de haber sido publicados, aparentemente Damon Albarn y Graham Coxon habían estado discutiendo antes de la entrevista, aparentemente estaba cerca la disolución de la banda formada en Londres en 1988.
Me quedé solo en la casa, Lizzie está con sus papás y “Girls & Boys” me remonta a tantas cosas, a la universidad, más precisamente a esos meses en los que la policía entró a la UNAM y acabó con la huelga de 1999, y también me remonta a Trainspotting y a la película de Danny Boyle –¿cuándo la vi?–, a los libros de Irvine Welsh, a una obra de teatro en la que Osvaldo Benavides interpretó a Rents en un teatro de San Ángel, y esta idea me lleva a pensar que en estos días se cumplieron 30 años del estreno de la película de Danny Boyle, que a la premier asistieron Damon Albarn y Noel Gallagher (leí una nota sobre este tema hace unos días), y supongo que también asistió Irvine Welsh, el escritor escocés vendrá a México a una Feria del Libro en las próximas semanas, ¿no sería genial tener un libro suyo autografiado y una foto con él...?, es uno de mis autores favoritos, uno de los libros que estoy leyendo ahora precisamente es Porno –la segunda parte de Trainspotting–, su narrativa me trae buenos recuerdos, es un visionario, sus relatos del mundo de las drogas –también Acid House es uno de mis libros favoritos– no es plana ni está llena de descripciones irrelevantes que cortan el ritmo de la historia, y me pregunto cómo lo recibirá el público mexicano, no estoy tan seguro de que la mayoría de la gente que ha visto las adaptaciones de Trainspotting o de Acid House al cine haya leído sus libros, de hecho el otro día vi un Reel en Instagram en el que le atribuían a Danny Boyle ¡una frase de Irvine Welsh!, en fin, en estos tiempos es más importante «salir en la foto» que saber quién es el autor de Trainspotting y tener un libro autografiado por su autor, en el papel las redes sociales podrían verse como «las pinturas rupestres del Siglo XXI» que reflejan el impulso fundamental de la humanidad para comunicarse, compartir experiencias y dejar huella, en la práctica son efímeras y reflejan la frivolidad, la codicia y la manipulación, y carecen de un significado oculto, alegórico o profundo, la mayoría de los internautas son más de «ir con la corriente», de escuchar 100 horas de podcasts a la semana, de ver más de 100 horas de Reels con grandes efectos audiovisuales a la semana, de ver los 3 primeros segundos de cientos de videos generados con IA a la semana, paradójicamente el público ahora es menos fácil de sorprender pero lo sorprende cualquier tontería.
Vuelvo a la canción: la frase de love in the 90s is paranoid me remonta a finales de los noventa y principios de los dos mil, me remonta a hoteles de paso con snobs, a malos viajes de mota, a noches paranoicas que parecían no tener fin, a gente malvibrosa y privilegiada escuchando a Blur, a Ween, a Oasis, a Pulp y a cualquier artista o banda de la que todo mundo estuviera hablando, en reuniones llenas de sustancias ilícitas y de conversaciones pretenciosas, me remonta a rostros que probablemente ahora están en AA o que son Pachamamas de noche y yuppies de día, y también me remonta a mujeres hermosas con sus cabelleras rizadas y con ojos espectaculares, me remonta sentirme fuera de sitio cerca de ellas, me remonta a sentir sus miradas, como si para ellas yo fuera un animal ebrio y exótico, como si estuvieran convencidas de que alguien acababa de liberarme del cautiverio. Todo esto, pensándolo mejor, me hace sentir que hoy no es hoy sino que estoy en una etapa lejana y que voy a cumplir veinte años de edad.
Nunca le he prestado mucha atención a la música de Blur, de hecho creo que nunca he escuchado de principio a fin Parklife –¡antes pasaba muchas tardes grabando música de CDs a cassettes!–, aunque tengo 13, tal vez lo compré por ahí del 2008 en algún Mix Up o en El Chopo, en 1999 MTV pasaba “Coffee & TV” todo el tiempo y la huelga de la UNAM me condenó a ver un montón de videos en MTV, y soy tan poco fan de Blur que tenía la impresión de que “Song 2” era un track del álbum 13, pero, pensándolo mejor, es un track de otro álbum, y medio me acuerdo de haber visto el video de “Song 2” también en MTV pero cuando todavía estaba en la prepa, cuando Blur y Oasis –el britpop– acababan de ponerle el último clavo al ataúd de Kurt Cobain y compañía, entonces acababa de entrar a quinto año de prepa, tal vez “Wonderwall” sonaba por todas partes y tal vez mi círculo cercano era más del tipo de Oasis y de Radiohead que de Blur, en fin, hace rato cuando volvíamos a la casa sonaba “Wonderwall” en Universal Stereo, esta es la realidad, a nadie le interesa leer a Welsh ni escuchar a Blur, ¿cuál es el Reel con más vistas el día de hoy?
domingo, febrero 01, 2026
whatever colors you have in your mind
sábado, diciembre 20, 2025
una piedra en el zapato
Hoy es mi cumpleaños número F&$k!, y es un día más para mí. O eso me gustaría que fuera. Hace unos años rebasé la barrera de las cuatro décadas y nunca (ni cuando era niño) me ha latido celebrar ni mi cumpleaños ni el de nadie más. Uno de mis primeros recuerdos de cumpleaños es el de mi cumpleaños número 4 ó 5. Hubo fiesta en un salón, mis papás quisieron que así fuera, hubo un show con un Cepillín apócrifo (que yo no sabía que era apócrifo), y también hubo una sesión de fotos en un estudio. Me acuerdo de que, antes de ir al salón (estaba en la Jardín Balbuena), pasamos a un estudio fotográfico y que, mientras el fotógrafo me daba instrucciones («¡sonríe!», «¡éste es el mejor día de tu vida!») y mis papás y mis abuelos aguardaban su turno, quién sabe por qué, me preguntaba «¿Y qué será de todos nosotros, dentro de diez o veinte años...?, ¿aún seguirán vivos mis abuelos...?, ¿cómo se sentirán mis papás el día que ya no estén mis abuelos...?, ¿cómo me sentiré yo...?, ¿y si mis papás ya no estuvieran...?», y eso que, en esa época, no había leído a ningún autor sombrío (nada de Sartre, nada de Poe, nada de Shelley, nada de King, nada de Mariana Enriquez), apenas conocía algunas obras clásicas –Romeo y Julieta, Blanca Nieves y Los Siete Enanos, Caperucita Roja, Hansel y Gretel...–, en versiones abreviadas para niños, pero todos en mi familia estaban tan felices, que esa felicidad no parecía real. Se sentía incómoda, como unos brackets, como una piedra en el zapato.
No me gustan los cumpleaños porque creo que son un atajo, una salida fácil, autocomplacencia. Puedes ser el peor ser humano del mundo, un trabajador o un estudiante promedio, y no estudiar ni trabajar más de lo necesario todo el año o todo el semestre, y cobrar tu cheque puntualmente, o sacar una MB al final del curso (aunque usaste unos Ray Ban con IA en el examen departamental y sólo pusiste tu nombre en el Trabajo Final y pasaste la PPT, del Trabajo Final, a Canva), pero, cuando llega tu cumpleaños, ¡pedir el día!, ¡claro!, porque es tu cumpleaños.., ¡eres especial...! Cuando alguien cumple años, parece que la sociedad (y tu familia y tus amigos y tus colegas de trabajo) tiene que celebrarlo, aun cuando el celebrado sea la persona más horrible y nefasta y deshonesta y corrupta y mojigata (doble moral) en el mundo.
Aghh.
Por supuesto que me hace feliz que el día de mi cumpleaños me regalen cosas que me laten (que no salga alguien a regalarme el Best Seller de superación personal de Sanborns, o el último álbum de estudio en el que viene el one hit wonder que todo mundo está escuchando), me gusta que se tomen el tiempo de meterse en mi cabeza y que se pregunten «¿Esto le gustaría a Marcel?”, que me regalen algo que en verdad me gusta. También (en mi mente) me gusta mostrarle, todos los días del año, a la gente que quiero y que aprecio, que la quiero y que la aprecio, todos los días del año (aunque me saquen de mis casillas, porque mi percepción de la realidad está distorsionada y porque soy un narcisista y un idiota), pero estoy (totalmente) seguro de que eso no lo hago (en el mundo físico) todos los días del año, pues la mayor parte del año soy insensible y poco empático (excepto cuando me tomo algunos Jack Daniel's, o cuando acabo de correr 10 km y llego al nirvana), o cuando leo algún texto con el que conecto, como los junkies, cuando se embriagan o fuman o inyectan su droga preferida.
No me gusta celebrar mi cumpleaños, y no es porque tenga alguna especie de recuerdo traumático al respecto, no es porque en algún cumpleaños (que, por supuesto, no quería celebrar), hace muchos años (cuando cumplí ochos años, por ejemplo), los adultos de mi núcleo familiar se aferraron a hacerme una fiesta de cumpleaños y me compraron un pastel y me cantaron “Las Mañanitas”, ni porque entonces tuve que soplarle las velitas al pastel y pedir un deseo («¡que nadie más vuelva a hacerme una fiesta de cumpleaños, por favor!»), ni porque en ese cumpleaños número 8, uno de los invitados, un adolescente que no conocía (el primo de algún primo que no veía más que una o dos veces al año) aprovechó la situación para aplastarme la cabeza contra el pastel, ni porque sentí que me sofocaba con el pastel que se me metió por la nariz y por la garganta.
Hoy es mi cumpleaños número F&$k!, y es un día más para mí. O eso me gustaría que fuera.
A pesar de que una vez me aplastaron la cabeza contra el pastel y tuve que escuchar “Las Mañanitas” (¡hay una versión cristiana!) y casi me sofoco porque el pastel se me metió por la nariz y por la garganta, no tengo estrés postraumático. Simplemente no me gusta celebrar mi cumpleaños, no me gusta ser consciente de que cada año soy más viejo y de que sigo viviendo en la incertidumbre, no me gusta ser consciente de que cada año mis hábitos son más difíciles de erradicar, de que mis pensamientos son más inflexibles, de que es más difícil dejar de pensar en cosas negativas que no valen la pena cuando mi esposa (o mis hermanos o mis cuñadas o mis papás) está platicándome cómo estuvo su día (o qué cosas los angustian).
Hoy es mi cumpleaños número F&$k!, y es un día más para mí. O eso me gustaría que fuera. Son las 10 AM y ya me enviaron varios Whats para felicitarme, pero sólo quisiera salir a correr 10 km, escuchar a Local H mientras corro –en estos días he estado escuchando mucho As good as dead, su segundo álbum de estudio–, y, más tarde, después de bañarme, vestirme y almorzar –¿chilaquiles verdes con jugo de toronja, en Toks...?– me gustaría ver una película –¿Die Hard?..., ¿París, Texas...?, ¿Mulholland Drive...?, ¿Drácula...? – y escribir. También me gustaría entrar en la zona –encontrar un tema para escribir y fluir– y tomarme un par de Jack Daniel's con Sprite, mientras escribo o veo la película, pero lo más probable es que eso no ocurra y que este día sea como cualquier otro día: hablar de dinero, hacer la limpieza de la casa, lavar trastes, recoger la arena de los gatos, hablar de comida, ver mis redes sociales...
miércoles, diciembre 03, 2025
¡suenan a banda de bar!
Al final de una canción, Weiland se detuvo a un costado del escenario y apenas pudo mantenerse en pie. Un par de miembros del crew de los STP tuvieron que auxiliarlo. Alguien le alargó un vaso y él le dio un sorbo. Luego, medio tambaleándose, regresó al escenario, probablemente desde el principio del concierto estaba bajo la influencia de algún narcótico –depresor, estimulante, ambas clases de drogas–, y volví a pensar en que tal vez él había sido un niño hiperactivo medicado con metilfenidato y que el metilfenidato lo había condenado a probar otras drogas más adelante en su vida, hasta el punto en que abandonó la universidad y el futbol americano para convertirse en estrella de rock. Me sentí un poco mal por él.
Weiland traía una bandana roja y un sombrero negro, un atuendo algo exótico, parecía un pavo real siguiendo la música, su estímulo signo. De vez en cuando, olvidaba las letras de las canciones y los hermanos De Leo le echaban una mirada difícil de descifrar, entre compasiva y recriminatoria. Me sentí un poco mal por ellos, habían formado una gran banda, en los 90 habían sido excluidos del status de las bandas de la Costa Noroeste de EEUU —“el sonido Seattle”— por ser de San Diego y, además, estaban condenados a la volubilidad (las adicciones) de Weiland.
Me terminé el cigarrillo y le di un sorbo a la cerveza. A pesar del frío estaba tibia. Ya habíamos escuchado a Los Odio y a Los Flaming Lips. Después de STP, Nine Inch Nails cerraría el Festival Motorokr. Comenzaba a llover, estábamos a finales de octubre o a principios de noviembre del 2008. Los STP tenían ya varios años sin grabar un álbum de estudio, Weiland había grabado algunos álbumes como solista y había pasado por Velvet Revolver. Los STP tenían rolas buenísimas, no sólo eran “Sex Type Thing” o “Interstate Love Song”, ni el álbum Purple o el Vatican Gift Shop, pero había algo en su actitud que no me latía (a lo mejor yo también tenía mis prejuicios, ¡eran de San Diego y no de Seattle!), quizá la actitud de macho alfa de Weiland no me latía, y, sin embargo, verlos en vivo estaba cambiando mi perspectiva sobre su música.
La lluvia arreciaba, el concierto de los STP estaba por concluir y Gee gritó «¡Suenan a banda de bar!» y me pasó la tercera o cuarta cajetilla de cigarrillos, quién sabe cuántos habíamos fumado ya. La abrí y tomé uno y lo puse en mis labios y lo encendí. En la penumbra, vislumbré mis dedos de nicotina, intuí su presencia maligna, y preferí concentrarme en Weiland. Era obvio que él conocía el lado oscuro de las drogas, que él era un adicto interpretando a una estrella de rock. Obviamente yo no era la clase de adicto que era una estrella de rock como Weiland, pero fumaba a todas horas, lo hacía antes y después de cada alimento, era lo primero y lo último que hacía todos los días. Si había alcohol de por medio, en algunas ocasiones me había fumado hasta tres cajetillas yo solo en un fin de semana.
Hoy, mientras escribo, me miro las manos y ya no tengo dedos de nicotina, pero estos recuerdos me dan ganas de fumar otra vez. Voy a cumplir casi un año en abstinencia, tuve una recaída que duró más de un año, antes de eso estuve en abstinencia durante diez años, y antes de eso fumé más de diez años. Scott Weiland hoy cumple diez años muerto, antes de eso lo despidieron de los STP y de Velvet Revolver por sus problemas de adicción. Lo encontraron en la van de la banda con la que hacía una gira entonces, lejos de los reflectores de los STP. Murió de sobredosis. Hace diez años, ya.
Pero, ¿a quién le importa Scott Weiland...?, ¿o cómo conseguí dejar de fumar sin terapia y sin fármacos...?, ¿o por qué recaí y cómo volví a dejar de fumar...?, ¿quién lee dos párrafos, cuando “todo el conocimiento del universo” está en un video anti-aburrimiento en Tik Tok...?, ¿quién lee a autores que no tienen a publicistas que se te están metiendo en la cabeza 24/7, diciéndote por qué el libro que te están vendiendo “te volará la cabeza”, por qué es el mejor y el más polémico de los últimos tiempos, por qué es el libro de cabecera de los lectores más exigentes y cultos...?, la vida sigue, todos los días muere alguien, todos los días alguien pierde su empleo, todos los días alguien gana seguidores, todos los días alguien cobra su cheque, todos los días alguien deja de fumar.
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