sábado, octubre 03, 2026

You're The reason That I Write


Pasan de las 6: 30 AM. Tengo casi 1 hora despierto. Salí expulsado de un sueño del fin del mundo y estuve media hora en la cama echándole un ojo al gato bebé y tratando de volverme a dormir. Veddie está conociendo el mundo, no ha cumplido ni 3 meses de vida, y todo lo quiere morder y rasguñar, todo es nuevo para él, y además tiene mucha energía –de toda la familia, él es quien tiene más fuerza y vitalidad, ya los demás estamos viejos– y por eso, y por muchas otras cosas, hay que supervisar lo que hace. A veces su ímpetu y su energía las canaliza en sus hermanos y él juega con ellos y luego los muerde y los rasguña, y ellos se enojan y se defienden y pueden lastimarlo. 

Luego de echarle un ojo a Veddie me levanté de la cama y me medí la glucosa y batallé con mis achaques de las últimas 3 semanas, y ahora escucho en Amazon Music una playlist de los Pumpkins. Es una playlist que hice apenas el domingo pasado, y no sé por qué nunca había hecho una playlist similar. Los Pumpkins me traen buenos recuerdos. Escucho “Said Sadly...” y las voces y las guitarras de ¿D'Arcy Wretsky? y de James Iha atraviesan mis oídos y aporreo el teclado y me pregunto entre líneas qué sentido tiene escribir un blog. 

Independientemente de que escribo para mí mismo –y no pienso así porque lo decía Jack Kerouac–, cuando abrí este blog, en el 2006, Internet era muy distinto a lo que es hoy. Mi blog tenía muchas visitas y no necesitaba compartir nada de lo que escribía en este blog, en ninguna red social –ni siquiera había Facebook; sólo existían Hi5 y Myspace–, las visitas llegaban solas, aparentemente los internautas de entonces éramos más curiosos y más pacientes que los de hoy. A algunos internautas nos gustaba leer a autores conocidos, pero también leíamos a bloggers. En esos tiempos, usaba constantemente mi blog, y a veces escribía relatos y otras veces escribía algunas crónicas de conciertos, y recibía muchos comentarios de gente a la que nunca traté personalmente. Hace 20 años, nuestra capacidad de atención no estaba limitada a 3 minutos de Reels que nos prometieran –en vano– volarnos la cabeza. No había influencers ni había explotado la manipulación a gran escala a través de las redes sociales.

Mmmmh. Extraño esos años. Había más posibilidades, ahora todo es más difícil. Ya no encuentras cosas poco comerciales en Internet. Encuentras lo que a Internet le interesa que encuentres. Lo que a Internet le interesa que compres. De lo que todo mundo habla en Internet. Por eso la gente acaba adorando a Ruzzarín y a gente así, y asistiendo a conferencias en las que tipos de este estilo le cuentan al público sobre los 10 pensadores que cambiaron sus vidas. 

Trato de recordar cómo empecé a escribir en mi blog. Cuándo, exactamente, me enteré de blogspot y abrí mi cuenta. Claro: antes de los blogs, yo ya escribía. Empecé a escribir, cuando aprendí a escribir.

Aporreo el teclado de la Mac. La playlist ya saltó de “Said Sadly...” a “You're All I've Got Tonight”, y la chillona voz de Billy Corgan atraviesa mi cerebro y entre líneas sigo preguntándome qué sentido tiene escribir un blog, si ya nadie lee, si ya todo lo consumimos a través de Reels de 3 minutos, si el cerebro de la mayoría de los internautas ya está frito, si la mayoría de los internautas ya sólo scrollea para terminar con la abstinencia de redes sociales. Y a lo mejor no se enteran de que son dependientes a las redes sociales. No tendrían que saber que, para el sistema nervioso central, las redes sociales son como la cocaína y las anfetaminas. 

También pienso en que si David Foster Wallace hubiera tenido acceso a las redes sociales –acabó con su vida cuando Facebook daba sus primeros pasos–, seguramente ya habría escrito algún ensayo sobre este tema. Ya habría escrito algo sobre cómo las redes sociales son la nueva televisión, y que su alcance masivo e ilimitado, además, se aprovecha de que la gente, a lo largo de la historia de la humanidad, en general, ha sido súper manipulable y frívola y que no se ha caracterizado, precisamente, por tener mucho criterio. Estoy convencido de que Foster Wallace ya habría disertado en 100 páginas por qué a las personas les importa tanto lo que piensen los demás de ellas. Y tal vez ya habría expuesto que, a diferencia de la tele (que, al menos, tenía sus limitaciones: horas muertas sin programación, comerciales interrumpiendo los programas de televisión cada 15 minutos, los mismos programas de televisión grabándose en tiempo real y obligando a su audiencia a esperar una semana entera entre la emisión de un capítulo y otro), las redes sociales están disponibles 24/7, no están realmente reguladas –un niño que apenas está conociendo el mundo y un anciano que se hace pasar por un niño, tienen acceso a ellas–, y que son descarada y terriblemente manipuladoras. 

Tal vez Foster Wallace también habría especulado que las redes sociales son el principio de la extinción de la humanidad. Y quizá lo que ahora escribiré no tiene nada qué ver con lo anterior, pero ayer Lizzie y yo volvíamos a la casa, y el conductor del Uber venía escuchando una canción de Maluma que decía...

Que en mi carro tú te ves mejor
El cuarto huele a Christian Dior
Eres muy bonita pa' llorar por él 
No merece que seas fiel

... y se me ocurre que quizá esta canción, y que haya aparecido en un momento random de la vida, refleja perfectamente mi punto: qué clase de cosas le gustan a la mayoría de la gente, por qué Maluma y personajes como él –que, en general, no tienen ningún interés en aportarle ninguna reflexión a la humanidad, que no se caracterizan por tener alguna ideología anti-sistema, que en sus canciones no invitan a sus fans más que a comprar artículos lujosos y a pasarla bien, y mucho mejor si es en Hawai o en Dubai– son tan populares. 

Como decía, la playlist que escucho, la hice el domingo pasado (y quién sabe por qué, si, en una época de mi vida, escuchaba mucho a los Pumpkins, y en particular las canciones que puse en esta playlist), y la hice mientras leía a Carrère en este mismo lugar en el que ahora mismo aporreo el teclado de la Mac mientras divago sobre lo que podría haber pensado Foster Wallace sobre las redes sociales y me pregunto entre líneas cuál es el propósito de escribir un blog y, de paso, me acuerdo de un momento random de Maluma. (Por cierto, nunca había escuchado esta canción de Maluma).

Cuando hice esta playlist, tomaba un break –este semestre, igual que los dos semestres previos, imparto unas clases los lunes y una gran parte de mis fines de semana me la paso preparando clases— y trataba de comprender si El adversario es una novela dentro de una novela –en el capítulo 2 Carrère nos cuenta que le envió una carta al abogado de Romand, solicitándole que le comunicara a Romand que quería entrevistarlo porque quería escribir una novela sobre él, pero unas páginas más adelante Carrère insinúa que Romand nunca le contestó la carta, que ni siquiera está seguro de que el abogado le haya hecho llegar la carta a Romand, y, sin embargo, unas líneas más adelante, dice que, un par de años después de los asesinatos, cuando Carrère ya había desistido y concluido otro proyecto totalmente distinto, pero inspirado en los asesinatos cometidos por Romand, Romand finalmente aceptó la propuesta, pero ya no me quedó claro si a partir de este punto la novela ya es más ficción que realidad, o si es una novela dentro de una novela–, y quién sabe por qué en ese momento Alexa reprodujo una canción de los Pumpkins, o yo le pedí una canción de los Pumpkins, y luego la canción me remontó a un cassette con lados B de Mellon Collie & The Infinite Sadness y entonces hice la playlist.

El cassette en cuestión lo compré en El Chopo por ahí de 1997 ó 1998 y traía doce o trece tracks de la caja de The Aeroplane Flies High– el box set de los lados B de Mellon Collie & The Infinite Sadness, que debe de tener más de 50 tracks– y lo escuchaba mucho. En 1997 ó 1998 no sólo no había redes sociales: ni siquiera Internet era tan popular como ahora. Las plataformas de streaming como Spotify y Amazon Music todavía no eran viables. Si querías escuchar música, tenías que escuchar la radio, soportar los comerciales de la estación de radio y los comentarios de los locutores, o comprar los álbumes. Eso, a mí generación y a las generaciones predecesoras, nos hizo apreciar la música de otra forma, ser más pacientes, escuchar álbumes de principio a fin, clavarnos con las letras y ver de otro modo la vida. También había Malumas, por supuesto. Pero había otras opciones. No todo era música comercial con los reflectores encima.

La historia con esta playlist y con este cassette se remonta a la gira de los Pumpkins que los trajo a México por primera vez. Acababan de lanzar Adore, Billy Corgan había despedido a Jimmy Chamberlin por sus problemas de adicción a la heroína y D'Arcy Wretsky tenía un pie casi fuera de la banda (por sus problemas de adicción a la heroína), pero en una estación de radio eran un poco ajenos a esta situación y parecían súper entusiasmados con el concierto que los Pumpkins darían en El Palacio de Los Deportes –spoiler: ¡fue decepcionante!– y en las semanas previas al concierto transmitieron algún programa especial. El programa incluía una entrevista de Billy Corgan y no sé por qué pero recuerdo muy bien que el entrevistador contaba que el tipo medía casi 2 metros y que era muy imponente, que estaba totalmente rapado, que se veía como un personaje de Los Locos Adams y que contestaba las preguntas mientras se comía una tonelada de sándwiches. 

Los locutores de esa estación de radio aún elogiaban Mellon Collie & The Infinite Sadness –ya habían pasado 3 años del lanzamiento de Mellon Collie & The Infinite Sadness y la banda de Corgan había tomado una dirección distinta– y (a lo mejor por esa razón) en lugar de hablar de Adore, pasaron varios tracks de The Aeroplane Flies High –ahora mismo tengo un insight: creo que, antes de comprar ese cassette en El Chopo, grabé mi propio cassette directamente de ese programa de radio y debo de tenerlo por ahí–, o, así es como lo recuerdo. El punto es que, desde entonces, desde la emisión de ese programa de radio, escuchaba mucho estos tracks.  

Ahora la playlist ya saltó de los covers de The Cure –“A Night Like This”– y de Blondie –“Dreaming”–, a “Ugly”, y escuchar estas canciones me remonta a otras cosas en las que no pensaba en casi 30 años. 

Cuando los Pumpkins vinieron por primera vez de gira a México, en 1998, terminaba el segundo semestre de la licenciatura y estaba obsesionado con una chica de la facultad. Ella era un poco mayor que yo pero parecía tener toda la experiencia del mundo –no vivía con sus papás, había tenido una vida trágica, era un poco sombría y súper inteligente, interesante y culta; le gustaba bailar, ¡era bailarina profesional, tenía esa extraña conexión con el baile, con su cuerpo y con el movimiento!, y también escuchaba a Nirvana y también le gustaba leer, el autor que más leía creo que era Milan Kundera, y hacía muchas cosas que también me gustaban a mí y pensaba muchas cosas en las que me gustaba pensar. 

En unos cuantos meses, ella se convirtió en la chica con quien quería estar en ese momento de mi vida. Un día le hablé después de una clase y le pedí su número telefónico y la llamé otro día. Al principio las conversaciones fueron extrañas, hablar por teléfono no está en el top 10 de las cosas que más me gusta hacer, yo la llamaba de la nada y no tenía nada qué contarle, pero, justamente cuando más escuchaba este cassette de los Pumpkins que compré en El Chopo, ella y nos llevábamos mejor, las conversaciones fluían más, ella también me llamaba y hablábamos por teléfono una o dos noches por semana, y podíamos pasar 3 horas en el teléfono, y el punto es que ella tenía “un pretendiente” (más grande que ella) y sin embargo nos llevábamos tan bien que me lo dijo —él también era bailarín— y que no sabía qué hacer, que se la pasaba muy bien conmigo. Historia aparte, al final, ella y yo salimos un par de semanas en persona, como algo más que amigos, y fue un desastre. Luego ella abandonó la universidad y se enfocó en el baile y se fue a vivir a provincia, a estudiar a una academia de baile.

Mientras escribo estas líneas suena “Medellia Of The Gray Skies” y la canción me catapulta a 1997 ó 1998, y me acuerdo mucho de esta chica, es casi como si estuviera de nuevo en segundo o tercer semestre de la carrera, y me pregunto qué será de su vida –somos contactos en Facebook pero ella casi nunca usa Facebook, y la última vez que interactuamos debió de ser antes de la pandemia del Covid-19, y, antes de esa ocasión, tal vez interactuamos cuando acababa de pasar mi examen de candidatura en el doctorado, o sea, por ahí del 2010–, y tengo otro insight: esta canción era la que más me hacía pensar en ella, en la época en la que hablábamos por teléfono. Y nunca le presté demasiada atención a la letra, pero tenía la impresión de que la canción describía exactamente cómo me hacía sentir ella, cómo la percibía y cuánto la había idealizado en un año y cuán consciente era de que una relación entre los dos sería un desastre.

Ya van a dar las 8 AM y me tomé unos minutos para enfocarme en la canción y luego busqué información en Internet. Gemini AI dice “is a fragile, melancholic acoustic ballad about unrequited love, idealization, and profound emotional longing.” También dice que “Medellia Of The Gray Skies” fue el lado B de “Tonight, tonight”, que fue lanzada en 1996, y que los temas clave de la canción son la contradicción –Billy se refiere a alguien que es a la vez “an empty promise” y “an easy chair”, como si quisiera conciliar la desilusión, con un fuerte deseo de familiaridad–, la idealización contra la realidad –en frases como “You're a secret noticed” y “You're a mistery sky”, supuestamente Corgan coloca a su musa en un pedestal, y la ve como algo etéreo y celestial, pero también la ve distante y oscura, como los cielos grises–, y Gemini AI también dice que el tema central de la canción es la devoción y la vulnerabilidad, que en otras frases como “You're the emptiness of I” y “You're the reason that I write”, Corgan revela su dependencia emocional a esta musa. 

Sea como sea, “Medellia Of The Gray Skies” es una de esas canciones que me transmiten cosas que no necesito ni puedo explicar con palabras, y ahora mismo me ayudó a desviar mi atención de los achaques de las últimas 3 semanas en los que no quiero pensar. A veces me pregunto si los blogs volverán y si dentro de 30 años los internautas volverán a escuchar álbumes de principio a fin. Creo que no, que cada vez estaremos más alienados. Cada vez habrá más gente impaciente y más cerebros fritos, más cerebros en abstinencia de psicoestimulantes digitales.

domingo, agosto 30, 2026

nueve personas


Nueve personas leen lo que escribo. En 24 horas. De esas 9 personas, ¿cuántas no soy yo mismo?, ¿cuántas pasan más de 5 horas al día en redes sociales?, ¿cuántas tienen los cerebros fritos de tantos reels?, ¿cuántas se ven a sí mismas como ávidas lectoras?, ¿cuántas caen en la publicidad y acaban leyendo a autores que sólo son publicidad?, ¿cuántas me conocen en persona, y por eso no leen ni tres líneas que pueda escribir?

Cada vez lee menos gente este blog. Y cada día me entiendo menos a los internautas. Cada vez que escribo algo en este blog, compartir lo que escribo me parece más irrelevante. La gente parece estar más interesadas en leer encabezados de noticias o en ver Reels cargados de estimulación o podcasts de los que todo mundo habla, que en leer un blog. Y sobre todo si ese blog lo escribe alguien a quien conoces en persona.   

jueves, agosto 06, 2026

Golpe en la quijada


     Tengo ototubaritis desde ayer, son las 5 AM, me levanté al baño y ya no puedo dormir, es un amanecer tranquilo, no hay motores escandalosos, ningún tráiler va por ahí con toneladas de jerseys piratas de la selección mexicana de futbol, lo único que escucho es el canto de los colibríes, están muy cerca, hace un buen tiempo, Lizzie, Yoko y Gatusso duermen profundamente, ¡qué diferente sería todo, si Jax estuviera aquí!, y ¡qué diferente es esta mañana de todas las mañanas de junio!, pero tengo ototubaritis. 

    La molestia se siente como si alguien me hubiera apretado la quijada toda la noche, como si me hubiera estallado un obús cerca del oído izquierdo, y a veces escucho ese ligero zumbido que uno escucha en las noches silenciosas, cuando el silencio es tan intenso que también se escucha y revienta los tímpanos. 

    La ototubaritis se siente como un golpe en la quijada, como si toda la noche hubiera estado en posición de ataque y mordiendo la nada, tenso, como un animal salvaje que no sabe si sobrevivirá 24 horas ni si comerá o tomará agua, ni contra cuántos predadores tendrá que defenderse. 

    La ototubaritis me duele, es como un tapón de mucosidades en el canal auditivo, me hace sentir incompleto, como cuando Jax no paraba de llorar el último mediodía que estuvo con nosotros en este mundo físico.

domingo, agosto 02, 2026

Zayu de peluche


Hoy cumplimos 4 semanas de habernos despedido de ti, fue el domingo más triste que jamás pude haber imaginado, toda la pureza del amor incondicional que nos compartiste durante 11 años, todas tus travesuras y vocalizaciones y todos esos recuerdos que formaste en nuestros corazones se acabaron.

Ayer compramos un Zayu de peluche, la mascota mexicana del mundial 2026, tenemos una pequeña colección que comenzamos a formar en el 2010, sólo nos falta la rara mascota del 2022, que parecía un turbante o un fantasma, esta mascota del 2026 es un jaguar y estuvimos buscándolo varios fines de semana. Los muñecos de peluche del 2010, 2014 y 2018 los compramos en distintos Sanborns poco después de cada mundial, cuando ya tenían precio de rebaja. La semana pasada buscamos a Zayu y ya había desaparecido de todos los Sanborns que visitamos, lo encontramos en Toys R Us, en Galerías Metepec, pero todavía tenía precio normal, quisimos esperar a que la fiebre del consumismo del mundial se apagara un poco más. Hace 2 semanas acabó el mundial y hace 4 semanas acabó la participación de la Selección Nacional Mexicana en el mundial y sin embargo, entre la gente que ya le dio la vuelta a la página y que ya está en la frecuencia de «Siente tu liga», aún te encuentras en las calles a personas con jerseys de la SNM. 

Así que ayer nos metimos de nuevo a esta tienda y encontramos a Zayu con 30% de descuento. Cuando lo tomé en mis manos, por primera vez, desde que lo buscamos para que formara parte de nuestra colección de mascotas mundialista, reparé en que tiene una mirada triste, y su mirada me transportó a ti, al 5 de julio, y creo que siempre que vea a Zayu en la casa lo asociaré contigo –tal vez debería guardar tus cenizas en Zayu, pero sería todo un cliché (como cuando decían que Courtney Love tuvo durante algún tiempo las cenizas de Kurt Cobain en un oso de peluche) y probablemente a Lizzie no le gustaría nada la idea–, creo que siempre asociaré a Zayu contigo, con lo doloroso y horrible que fue este mundial 2026 para los humanos y los gatos que formamos esta familia, creo que será el recuerdo más triste de cualquier mundial que haya visto. Ni siquiera pensaré en que ese domingo 5 de julio jugó la SNM en El Azteca y que perdió –como desde hace más de 30 años– en los octavos de final de un mundial. Ni siquiera pensaré en los 2 ó 3 Jack Daniel's que me tomé para apagar mi dolor, mientras veía el juego por la tele. Tampoco pensaré en lo furioso que estaba por haber tenido que despedirme de ti, por ser incapaz de entender por qué un ser tan amistoso y lleno de luz como tú había tenido que enfermar y dejar este mundo tan pronto. Eventualmente ni siquiera pensaré en las locuras de la afición mexicana después de los juegos contra Corea, contra Chequia y contra Ecuador. Automáticamente pensaré en ti y en todo ese mes de pesadilla, en cómo nos despedimos de ti, en cómo se fue apagando tu vida durante el mundial; en que, como dijo Lizzie: «Empezamos 5 el mundial, y lo terminamos 4».

Es tan duro tener que aceptarlo. No hay una fármaco para dejar de sentir tu ausencia y dejar de extrañarte. Tu ausencia se siente como tirarse al vacío.   

sábado, agosto 01, 2026

te escondías entre mis piernas, debajo de las sábanas

 

Lizzie está en la caja, apenas a 4 ó 5 metros de distancia de la mesa, pagando el Chai Late que va a tomarse y el Strawberry Açai Refresher que le encargué, pero hay tanto ruido y tanta gente en este lugar que parece que estamos en mundos distintos, que nos separa una autopista intergaláctica que en realidad no lleva a ninguna parte. 

Trato de ignorar a la gente y el ruido, trato de encerrarme en el breve espacio entre la libreta y yo, me sumerjo en sus hojas, aspiro el aroma de los árboles que talaron para fabricarla, imagino cómo fue a dar a manos de mi cuñada y cómo vino a dar a mis manos, la libreta es una libreta de hojas blancas y tiene tantas hojas blancas que es difícil escribir en ella, cada vez que escribo tengo que apoyar la mano derecha en las hojas que quedan al otro lado mientras tomo la pluma con la mano izquierda y hago malabares para escribir, las hojas del otro lado de la libreta siempre estorban, no importa de qué lado escriba. 

Me esfuerzo en concentrarme, veo a Lizzie a una autopista intergaláctica de la mesa, ya no tarda en volver y mi misión es escribir lo más rápido que pueda, que cada palabra que escriba en esta libreta se convierta en un muro que me aísle de la realidad, así es como puedo desahogarme, así es como puedo sublimar el dolor que siento cada vez que pienso en ti (y cada segundo desde que no estás, pienso en ti), así es como puedo escapar de este dolor sin escapar de este dolor, y así es como estas palabras que voy escupiendo en la libreta y que nadie lee me liberan momentáneamente de esta realidad tan vívida, de esta realidad que es como una herida abierta que cada segundo se abre más.

Me duele pensar en ti pero no quiero dejar de pensar en ti, cada segundo me duele más pensar en ti, cada segundo te extraño más, he perdido a tantos seres cercanos y sin embargo nunca había sufrido tanto ninguna pérdida, y me acuerdo de ti en cualquier momento y reparo en tu ausencia y es como quedarme sin aire, es como tirarme al vacío, es como ahogarme en mi ansiedad después de hiperventilar y reducir el dióxido de carbono en mi sangre. 

Cierro los párpados en cualquier lugar y pienso en ti, en cuánto te extraño, en todos los momentos que pasamos juntos, en cómo me buscabas en tus últimos días, en que eras como un niño que no se sentía bien y que tenía miedo y que no entendía nada, te escondías entre mis piernas debajo de las sábanas, te acomodabas en mis brazos, allí te quedabas mientras buscaba perderme en alguno de los juegos del mundial 2026 y olvidarme todo, ignorar que no estabas bien. 

Cierro los párpados en cualquier lugar y me acuerdo de ti cuando eras formidable y saltabas por toda la casa, por los libreros, por las escaleras, por los sillones, por la mesa, cuando inundabas nuestras vidas con tu felicidad. También me acuerdo de tus últimos domingos de junio, cuando jugó Japón, cuando jugó Países Bajos, cuando jugó Alemania. De pronto te veías muy bien y de pronto ya estabas vomitando y escondiéndote en esa casita que te compramos en PetCo cuando nadie imaginaba que enfermarías y que tu vida se iría apagando en un mes y que el 5 de julio tendríamos que despedirnos de ti. 

Cierro los párpados y pienso en esas líneas de Jack Kerouac en Big Sur, cuando tiene un momento de lucidez y se acuerda de Tyke, cómo se acostaba en la palma de una de sus manos cuando era un bebé y cómo lo hizo hasta cuando era un enorme gato persa; cuánto confiaba Tyke en Kerouac, cuánto lo echa de menos Kerouac, por qué piensa que pocos hombres entienden lo mucho que puede significar un gato para un humano, y por qué para él perder a Tyke fue como volver a perder a su hermano Gerard. 

Van a dar las 6 de la tarde, Lizzie ya vuelve a la mesa, no he escrito gran cosa y sin embargo me duele la mano, Lizzie y yo hemos estado en Galerías Metepec más de 2 horas, caminamos mucho, y durante más de 2 horas he tenido dolor de estómago, almorzamos en una fonda en Metepec y la carne que comí estaba un poco pasada, le di una mordida y me dejó un sabor como a carne de caballo, justo como a lo que sabía esa carne que me comí en un restaurante en Real de Catorce hace más de 20 años, cuando Lizzie y yo éramos novios, cuando tú todavía no nacías; Lizzie me invitó a una práctica de su carrera de Geografía, nunca entendí exactamente en qué consistía la práctica, pero en cuanto llegamos al hotel en el que nos hospedamos en Real de Catorce –en esos días murió mi abuela materna– y dejamos nuestras maletas, salimos a buscar dónde comer y nos metimos a un restaurante y allí pedí una milanesa –una de las milanesas más caras que he probado en toda mi vida– y sabía más o menos a lo que me supo la milanesa que almorcé hoy.

El dolor de estómago no viene solo, tengo ototubaritis otra vez –la primera vez que tuve ototubaritis fue cuando te llevamos a la veterinaria y te hicieron un ultrasonido– y la sensación no es discapacitante pero tampoco me acostumbro por completo a tener el oído tapado, es como escuchar todo lo que entra por mi canal auditivo izquierdo a través del agua. 

Aparto la mirada de la libreta, un grupo de adolescentes acaba de entrar. Todos deben de ser menores de edad. Los chicos vienen con shorts, hace calor, todo el día ha estado así. Cuando veníamos caminando a Galerías Metepec el calor era tan sofocante y nos detuvimos en un bazar que había en un terreno cercado con malla ciclónica, el lugar está lleno de pasto, muy cerca del Centro Médico Toluca, donde Lizzie estuvo hospitalizada de emergencia en abril, a veces hay unos hombres paseando a sus perros por allí, pero esta vez pusieron un bazar y había varios puestos y una banda tocaba «No dejes que» y Lizzie y yo nos metimos en el bazar y mientras veíamos qué vendían en los puestos la banda tocó «La negra Tomasa» y sonaba bien, el cantante cantaba mucho mejor que Saúl, y ahora me sorprendo en 1988, más precisamente en el salón Danitzel, ese que estaba por la casa de mis papás y que en tiempos del mundial de Brasil 2014 se convirtió en un Oxxo, y en particular en el Oxxo al que íbamos mis hermanos y yo a comprar cervezas en los medios tiempos de los juegos Camerún-México, Brasil-México y México-Croacia, en esos tiempos todavía no llegabas a nuestras vidas.

«La negra Tomasa» me remonta a ese salón Danitzel y me veo a mí mismo en una foto que alguien compartió hace tiempo en la página de Facebook del grupo de la primaria, y ahora que Lizzie camina hacia la mesa me acuerdo en secreto de las niñas de mi salón que me gustaban, aún recuerdo sus nombres, y también recuerdo cómo íbamos vestidos mi hermano y yo en el festival del día de las madres en el que tomaron esa fotografía, mi hermano y su salón bailaron «La negra Tomasa» y él iba vestido con jeans y con una chamarra de mezclilla, yo iba con ropa de jarocho, en mi salón bailamos «La bamba», o algo así. Y no me gustó. Y desde antes no me gustaba bailar. 

Lizzie está a unos pasos de mí, trae las bebidas y me sonríe, ella también te extraña mucho, fuiste su gran compañero, siempre la acompañabas a todas partes, le contabas cosas al despertar, dejabas que te acariciara la panza antes de dormir, te quería mucho, jamás entenderé cuánto sufre que ya no estés aquí.

Ahora más bien pienso en El Silencio de los Caifanes. Un día, cuando ya estábamos en la secundaria, a mi hermano uno de sus compañeros de salón se lo prestó, y lo escuché y se me hizo un álbum tan extraño, en esos tiempos «Nubes» y «No dejes que» sonaban en la radio. Nadie en mi salón topaba a los Caifanes, pero sí conocían a Willie Colón.

El dolor de estómago no cesa, patea con la fuerza de un caballo enfurecido, he estado leyendo un libro inédito de Céline –el primer libro que compro desde que nos despedimos de ti– y tal vez por eso –en este libro, Céline relata su experiencia en la guerra– tengo la impresión de que mi vientre es un cráneo roto por un obús, que está hecho pedazos en un campo de guerra, y mi oído izquierdo sigue tapado y asocio esta sensación con el zumbido de Céline en uno de sus oídos –a él realmente le estalló un obús cerca del oído–, y ahora tengo náuseas y me voy precipitando lentamente en el pozo de la ansiedad, en cualquier momento podría devolver el estómago, ahora estoy pensando en música, en que me faltan NIN y Local H y Babasónicos en mi playlist, en que también faltan Sonic Youth y Butthole Surfers y Soundgarden, y, quizá, para los momentos más cursis y más cansados, también me faltan U2 y Placebo y tal vez hasta esa canción de Café Tacuba que escuchamos en uno de los primeros Uber en el que nos subimos Lizzie y yo desde que nos despedimos de ti, era una canción que sonaba mucho durante la larga huelga de 1999 de la UNAM, tal vez se llama «Revés». Pienso en música para acostumbrarme a este dolor, tú y yo escuchábamos música todo el tiempo. Estoy creando nuevas playlists para formar nuevos recuerdos. Toda la música que escucho me recuerda a ti.

Lizzie ya está sentándose junto a mí y justo en este momento suena «La negra Tomasa» en el Starbucks, y me acuerdo de ti, Jax.