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viernes, diciembre 23, 2022

Eddie Vedder cumple 58 años

Son casi las diez de la noche del viernes 23 de diciembre del 2022. Escucho By the fire, un álbum de Thurston Moore que fue publicado en septiembre del 2020, cuando estábamos en la pandemia, cuando me la pasaba trabajando frente a la computadora entre diez y doce horas al día, convirtiéndome en un terrible sedentario; cuando, creo, impartía un curso en línea de neurofarmacología y adicción, y cuando impartía, creo, otros dos o tres cursos más en línea –es sorprendente cómo se me olvidan estas cosas que ocuparon tantas horas de mis días durante todo un trimestre–; cuando apenas tenía un espacio los fines de semana para escribir y para leer novelas, cuando apenas Katz y yo salíamos a la calle para lo indispensable. 

Son casi las diez de la noche del viernes 23 de diciembre, y no tengo ningún recuerdo asociado con By the fire; a diferencia de otros álbumes de Thurston Moore o de sus proyectos alternos a Sonic Youth –Chelsea Light Moving, por ejemplo–, apenas he escuchado este álbum un par de veces desde que me lo encontré en Internet –por entonces no tenía ni Spotify ni Amazon Music y debí descargarlo de algún blog–, y esto es tan cierto que ninguna de sus canciones está en ninguna de las seis o siete playlists que tengo en Spotify y en Amazon Music y que utilizo para hacer diversas cosas: desde correr cinco o seis kilómetros algunos días, hasta lavar trastes en los días en los que el agua te hiela las manos, o escribir cualquier tontería –como ésta– en algún blog, o escribir minutas o aburridos y horripilantes documentos burocráticos. 

Son casi las diez de la noche del viernes 23 de diciembre del 2022, y casi nunca tomo café pero me tomé uno hace rato y aún tengo en el paladar su sabor y el sabor me remonta a otros días que no tienen nada que ver con las fiestas decembrinas ni con las posadas que hacía mi mamá en su casa hace mucho tiempo con el pretexto de celebrar mi cumpleaños, cuando toda la familia se reunía a regañadientes en la casa, cuando mi mamá invitaba a personas que raras veces veíamos y que apenas sabían algunas cosas vagas de mí, sino, más bien, el sabor del café me remonta a mi primer semestre en la universidad, cuando tenía clases desde las siete de la mañana y aprovechaba las horas muertas entre clases –un profesor de Introducción a la psicología científica nunca llegaba a las siete de la mañana– y me iba a la cafetería de la facultad de filosofía y letras a comprarme un café de olla o un capuccino y luego volvía al aula a la facultad de psicología y me lo tomaba allí mientras me fumaba un cigarrillo –entonces no estaba prohibido fumar en espacios cerrados– y platicaba sobre música o sobre literatura con algún compañero de clase. 

Son casi las diez de la noche del viernes 23 de diciembre del 2022, y, justo ahora, cuando llego a este párrafo, suena “Venus”, y la encuentro como una de las clásicas composiciones de Thurston Moore con Sonic Youth –feedback atmosférico–, y estoy totalmente seguro de que no había reparado en esta canción, y me gusta, y, sin pensarlo demasiado, la agrego a una playlist que tiene por nombre “Caos”, que es una playlist en la que tengo algunas canciones similares –con feedback atmosférico–, entre las que destacan “Infinite rain” y “Light years out”, de Jim Jarmusch y de Lee Ranaldo, respectivamente, pero no quiero desviarme del tema: cuando estaba en el primer semestre de la licenciatura en psicología, todo mundo tomaba café y todo mundo fumaba en las aulas, y yo, ocasionalmente, me tomaba un café, pero siempre estaba fumando; y tengo muchas anécdotas de esas horas muertas en las que todos consumíamos café y tabaco, y me acuerdo de una en particular. 

Son casi las diez de la noche del viernes 23 de diciembre del 2022, y la protagonista de la anécdota a la que me remonta el sabor del café en mi paladar es esa chica de ojos verdes a la que le gustaba Pearl Jam –estaba enamorada de Eddie Vedder, quien cumple 58 años hoy, y estaba fascinada con una versión de “Light my fire”, que había encontrado en un cassette en El Chopo, en la que tocaban Manzarek, Densmore y Krieger, mientras Vedder cantaba–, y que estaba en mi grupo –creo que ella había estudiado en el CCH Sur y que vivía en Tlatelolco– y que se ponía muy ansiosa cuando tenía que exponer frente a la clase; una vez platicamos en esas horas muertas entre clases, y me dijo que ella y algunas de sus amigas un día se habían ido de pinta a tomar café a un Vips cerca de la facultad; que ella no estaba acostumbrada a tomar café pero que ese día había tomado mucho café –¡casi un litro ella sola!– y fumó mucho también –repito: entonces no estaba prohibido fumar en espacios cerrados–, y se cruzó y se puso muy mal, y acabó con náuseas y con vértigo, y por siempre repudió el café, pero siguió fumando. 

Son casi las diez de la noche del viernes 23 de diciembre del 2022, y ahora suena “Cantaloupe”; un par de riffs se parecen a los riffs de “I want you (she's so heavy)” de The Beatles, y no se me ocurre otra cosa excepto que todas las canciones tienen influencia de otras canciones, que, a estas alturas de la humanidad, todas las bandas suenan a otras bandas, que unas influencias son más conocidas que otras, y que nadie va a descubrir el hilo negro; y lo que en verdad quería hacer al comenzar esta entrada era escribir sobre la Navidad, escribir sobre alguno de mis recuerdos de Navidad, cuando era un niño y las vacaciones de diciembre me parecían oscuras, frías y larguísimas, y sólo quería que terminaran pronto para que llegara el día de los reyes magos y despertarme ese día y sorprenderme con los juguetes que había pedido en una carta desde principios de noviembre; que en diciembre nos la pasábamos en la calle, que mi papá algunos días llegaba relativamente temprano de su trabajo y que nos llevaba al Zócalo o a cenar a algún restaurante; que íbamos a algunas posadas en la colonia en la que vivían mis abuelos, que allí casi nunca nos tocaba ni a mi hermano ni a mí pasar a romper la piñata, que me sentía un intruso en esas posadas; que, el 24 de diciembre, pasábamos la mitad de la noche en casa de mis abuelos paternos y la otra mitad en casa de mis abuelos maternos; que los adultos veían mucha televisión y que el frío me parecía mortal, y que las cenas no eran totalmente de mi agrado, que mi abuela materna preparaba romeritos con mucho condimento y que mi abuela materna era más práctica y que preparaba pierna, y que los adultos tomaban bebidas alcohólicas y que nunca se emborrachaban, y que a mí me daban ponche caliente, con mucha caña, y que, luego, cuando pasaba la cena de Año Nuevo y llegaba el seis de enero, me ponía nostálgico, y no quería volver a la escuela, y lamentaba mucho no haber disfrutado mis vacaciones por estar contando las horas para que llegara el día de los reyes magos.

Son casi las diez de la noche del viernes 23 de diciembre del 2022, Eddie Vedder cumple 58 años, todos estamos viejos, nunca he sido rey mago de nadie y soy un anciano rey mago al mismo tiempo, y tengo mucha sed –quisiera tomarme un té de frambuesa o un whiskey con agua mineral–, pero me sorprendo pensando todavía en la chica de ojos verdes que estaba enamorada de Eddie Vedder, y me pregunto qué será de ella –¿terminaría la licenciatura?, ¿es terapeuta?, ¿estudió un posgrado?, ¿aún fuma?, ¿toma café?, ¿seguirá escuchando a Pearl Jam?, ¿habrá escuchado Into the wild?–; le perdí la pista en segundo o en tercer semestre.

jueves, diciembre 08, 2016

Lee Ranaldo me firmó un disco



En reparación

Hace seis meses –para ser exactos, el cuatro de mayo– estaba saliendo del quirófano. Me suturaron una porción del esófago con una porción del estómago, para formar una válvula que impidiera que los jugos gástricos ascendieran al esófago. La cirugía no sólo me para prevenir la formación de un tumor cancerígeno que pudiera ocasionar la constante erosión del esófago por los jugos gástricos.  ha adaptado totalmente al procedimiento quirúrgico y la recuperación ha sido más lenta y más fastidiosa de lo que esperaba, pero poco a poco me voy sintiendo otra vez como una persona normal. 

Antes de que me operaran, me realizaron varias endoscopías y estuve casi dos años bajo tratamiento médico. Además de que ya estaba harto de comer siempre lo mismo –dos o tres alimentos sin irritantes ni grasas, meticulosamente preparados por mi esposa– y de beber exclusivamente agua simple para evitar que los jugos gástricos ascendieran al esófago y que lo erosionaran constantemente hasta tal punto que pudieran provocarme un tumor –por no mencionar que si no tomaba estas precauciones, los alimentos apetitosos y las bebidas dulces o ácidas me mantenían carraspeando y secretando excesivas cantidades de saliva que me provocaban una sensación de asfixia que terminaba en un episodio de ansiedad, mi salud no mejoraba. 

Todo ese tiempo tuve que consumir muchos medicamentos y antibióticos que dañaron mi estómago y mi flora intestinal –ni siquiera podía comer yogurt o tomar jugo de naranja– y que me provocaron unas terribles náuseas que experimentaba a lo largo del día –tenía que llevar una bolsa de emergencia a todas partes y evitar los olores fuertes– y mononeuropatías –unos horribles temblores incontrolables en las extremidades, mezclados con unos horribles espasmos– El reflujo gastroesofágico me tuvo casi dos años bajo tratamiento médico, me realizaron varias endoscopías y seguí al pie de la letra varios tratamientos médicos, pero ninguno funcionó. 

El exceso de medicamentos dañó mi flora intestinal y también me provocó mononeuropatías. 


Las náuseas y el hormigueo en manos y piernas podían ser tan intensos que no podía concentrarme ni para leer ni para escribir.

Además de todas estas molestias, comencé a tener esofagitis.

Tenía que tomar sucralfato diariamente, varias veces al día, para mitigarla. 

Los gastronterólogos me dijeron que las quemaduras que sufriera el esófago podrían provocar problemas más graves, como un tumor cancerígeno, y decidí optar por el procedimiento quirúrgico.

Estuve con molestias durante casi dos años.   

La recuperación de la cirugía ha sido lenta y fastidiosa. 

No puedo estar en ayuno mucho tiempo, sin sentir unos horribles deseos de vomitar. 
Debo evitar casi todo tipo de alimentos. 
Prácticamente sólo puedo beber agua simple. 



Por la noche, fuimos al Auditorio Blackberry a ver unos cortometrajes de Georges Méliès.

Nunca había visto El Viaje A La Luna ni conocía el trabajo de Méliès, pero el evento me interesó porque los cortometrajes serían musicalizados por una banda en vivo.

La banda estaría integrada por John Medeski, Kenny Grohowsky, Mike Rivard y por Lee Ranaldo. 


Mi única experiencia con un evento de este tipo había sido cuando Antonio Sánchez tocó en El Teatro Metropólitan durante la proyección de Birdman en el aniversario de una revista de música y no me había gustado mucho, pero
 Lee Ranaldo es uno de los guitarristas que más admiro y no quise perderme la oportunidad de escucharlo.


No sabía qué esperar del evento.

¿Se parecería al aniversario de WARP? 

¿Pasaría a segundo término la música? 

La primera vez que vino Sonic Youth a la Ciudad de México, Lee Ranaldo y Thurston Moore terminaron el concierto con improvisaciones y feedback, y me imaginaba que la música para los cortometrajes sería semejante.

El resto de los músicos de la banda eran altamente reconocidos: Medeski, tecladista; Grohowski, baterista; y Rivard, bajista. Todos tocaban, o habían tocado,  jazz. 

Tenía la impresión de que la mayoría de los asistentes al evento serían aficionados al cine de culto y que le prestarían más atención a los cortometrajes que a la banda -probablemente muchos de ellos ni siquiera habían escuchado a Sonic Youth o a Morphine-, o que, en todo caso, sólo apreciarían la música como un complemento de los cortometrajes, así que compré boletos de pista, convencido de que sería más fácil (que en los conciertos, por ejemplo) estar cerca del escenario y de la banda.

Llegamos al Auditorio Blackberry casi una hora antes del evento, y hasta ese momento recordé que hacía seis meses que había pasado por el quirófano. 

Hacía un poco de frío y yo tenía arcadas y me sentía un poco mal. 


Afuera del auditorio, en la calle de Tlaxcala, había alrededor de 50 ó 70 personas formadas en tres filas. 

La mayoría de ellas vestía formalmente -como el público que va al teatro- y me dio la impresión de que no eran el tipo de gente dispuesta a permanecer de pie o frente al escenario, por mucho tiempo. 

Unos 20 minutos más tarde, las puertas del foro fueron abiertas y la gente comenzó a avanzar en las filas. 

En el mezzanine había un bar en el que vendían snacks y bebidas alcohólicas -cerveza de barril, cerveza artesanal, mezcal, whisky, ron- y no alcohólicas. 

Se me antojó una cerveza, pero sólo compré una botella de agua y después nos formamos en una de las puertas de acceso a la pista. 

Hasta el fondo del mezzanine había una mesa con mercancía del evento. 

Me acerqué a la mesa y Eli se quedó formada en la fila, junto a la puerta de acceso. 



En la mesa había algunos discos de Lee Ranaldo, algunos ejemplares de un pequeño libro escrito por él -creo que se llamaba Road Movies- y algunos pósters del evento. 

Un tipo de bigote me dijo que Lee había llevado pocos discos, que era súper buena onda y que saldría a firmar algunos de sus discos después del evento, por si me interesaba comprar alguno. 

Volví a la fila a contarle a Eli lo de los discos y ella se me quedó mirando y me dijo que parecía que me daba lo mismo tener un disco de Lee Ranaldo autografiado, o no tenerlo. 

Mientras hablábamos, la gente comenzaba a acercarse a la mesa.

No demoré más de cinco minutos en volver, pero casi todos los álbumes de Lee Ranaldo ya se habían vendido. 

Apenas alcancé a comprar un ejemplar de Acoustic Dust y uno del álbum doble The Rising Tide. 


El tipo de bigote me dijo que esos álbumes normalmente sólo se vendían en los sitios donde tocaba Lee Ranaldo en vivo y me explicó que Acoustic Dust era un álbum con versiones acústicas de algunos covers de Neil Young y de algunas canciones poco conocidas de la carrera solista de Lee, mientras que The Rising Tide incluía un disco con versiones acústicas y otro disco con las versiones eléctricas de las canciones del disco acústico. 

Creo que antes también había visto un álbum de Text of Light -un proyecto de Lee en el que improvisaba música en vivo para los filmes de Stan Brakhage, una de las figuras estadunidenses del cine experimental del siglo XX-, pero ya se habían acabado en ese momento.

Casi en cuanto volví a la fila, fueron abiertas las puertas de acceso a la pista.

Eli y yo fuimos de los primeros en entrar a la pista -apenas detrás de otras cinco personas-, y nos pusimos justo frente al escenario, del lado izquierdo, a unos metros de donde había un atril con una Jazzmaster de color azul y que parecía una de las guitarras favoritas de Lee Ranaldo. 


Tal y como lo había pensado desde que había comprado los boletos y antes de entrar al Auditorio Blackberry, a la mayoría de los asistentes no le interesaba tanto la banda, como los cortometrajes.

Durante todo el evento tuvimos de frente a Lee Ranaldo, sin que nadie nos estorbara.

Yo creía que la música sería principalmente improvisación y feedback, pero parecía que la banda había ensayado y que había compuesto las canciones para cada uno de los cortometrajes y que sólo había dejado abierta la improvisación para Lee Ranaldo en ciertas partes de cada cortometraje. 

Le presté más atención a la música que a los cortometrajes, pero los cortometrajes que más me gustaron fueron Alucinaciones Farmacológicas y Fausto En Los Infiernos. 

Los efectos visuales de los cortometrajes eran muy básicos, pero también muy ingeniosos. 



A la salida del evento, empecé a ponerme nervioso.

Después de ver todo lo que le había visto hacer con la guitarra y con los pedales de efectos, me puse a pensar en todos los músicos a los que ha influenciado Lee Ranaldo y con todos los personajes -vivos o muertos- con los que ha convivido, y, para ese momento, definitivamente ya estaba obsesionado con la idea de tener un autógrafo suyo. 

En el mezannine había un caos de personas que salían del foro, sin idea de quién era Lee Ranaldo, y de personas que parecían saber que Lee Ranaldo saldría a firmar autógrafos y que ni siquiera habían comprado un póster. 

Nos formamos rápidamente en una fila detrás de una pareja, frente a la mesa donde habíamos comprado los discos, y esperamos.

De repente salió Lee Ranaldo al mezannine y aparecieron personas por todas partes y se metieron a la fila sin respetar a los que estábamos formados. 

La pareja delante de nosotros y nosotros fuimos a dar a varios metros de distancia de la mesa.



Tuvimos que hacer lo mismo que nos habían hecho los irrespetuosos y los sacamos de la fila a empujones. 

Algunos tuvieron la osadía de quejarse, pero el tipo de bigote les preguntó si tenían mercancía oficial para que se las firmara Lee y entonces ellos dijeron que no tenían y tuvieron esperar a que nosotros pasáramos. 

Todo mundo quería al menos tomarse una fotografía con Lee. 

Por un momento, creí que no obtendría su firma, porque todo era caótico. 
Otras personas interceptaban a Lee en el camino hacia la mesa y no permitían que llegara.

También había otro grupo de personas del otro lado de la mesa, frente a nosotros, y ellas lo interceptaron cuando finalmente llegó.

El tipo de bigotes y otros miembros del staff pusieron orden.

Lee Ranaldo comenzó a firmar la mercancía y alcancé a escuchar que él le preguntaba su nombre a una chica que estaba delante de mí en la fila.

Me temblaban las manos y mi corazón latía deprisa. 
No podía creer que estaría con Lee Ranaldo, el guitarrista, vocalista y co-fundador de Sonic Youth. Cuántas veces los mejores festivales del mundo y cuántas veces estuvo en backstage con otros músicos que admiro.  

Obviamente no pude evitar darle crédito a la leyenda de algunos bloggers que decían que le había prestado una Jazzmaster suya a Kurt Cobain en un concierto en el que tocaron Mudhoney y Sonic Youth en California. 

Tampoco pude dejar de pensar que él compartió una gira con Nirvana en Europa, poco después de que saliera a la venta Nevermind.  


Cuando llegó mi turno, le di Acoustic Dust y le dije mi nombre.

Le dije que se escribía igual que el de Proust, para evitar confusiones. 

Lee Ranaldo se rió -tal vez sonó algo pretencioso de mi parte- y me dijo: 


"Just like Duchamp, too".

Eli nos tomó la fotografía. 

Yo estaba realmente nervioso. 

Creo que no estuve tan nervioso ni cuando Eric Kandel apareció de la nada en el mezannine del McCormick Place y me preguntó algo irrelevante, ni cuando me metieron al quirófano hace seis meses, mientras surtía efecto la anestesia y el anestesiólogo trataba de platicarme cualquier cosa para distraerme y yo sólo pensaba que tal vez ya no volvería a despertar. 

  


sábado, diciembre 06, 2014

¿Te gusta la música indie, el rock alternativo y la escena underground, pero no fuiste al concierto de Mudhoney?


Un domingo de octubre, en una comida en casa de mis papás, RD me dijo que Mudhoney vendría a la Ciudad de México. 

Él conocía a alguien que incluso le había asegurado que el concierto sería en El Circo Volador. (No tengo claro si su amigo intervino en la organización del evento o si toca en Mustang '66.)

Cuando vi en internet un anuncio del concierto, le dije a mi hermano que fuéramos, pero él no estaba seguro de tener libre ese día y no quiso comprometerse. (Cuando vino Soundgarden, teníamos planeado ir juntos -incluso ya teníamos dos boletos, unos meses antes del concierto-, pero a última hora él no pudo asistir).  

Generalmente voy solo a todos los conciertos, pero como estaba comenzando un nuevo trabajo y quería terminar con todos mis hábitos, pensé que no estaría mal encontrar a alguien que le gustara Mudhoney y que quisiera ir conmigo a ese concierto.

No busqué arduamente, pero pasaron dos meses y nunca supe de una sola persona que estuviera interesada en escuchar a Mudhoney en El Circo Volador.

Es extraño porque la mayoría de mis contactos escucha al menos a una banda que claramente está relacionada con Mudhoney... o eso dicen ellos en sus redes sociales.  


Ayer fue el concierto y ayer mismo compré dos boletos. 

Salí del trabajo más temprano que cualquier otro viernes y llegué a las taquillas de El Circo Volador a las dos de la tarde. 

El lugar estaba desierto. Por un instante creí que ya no había boletos o que el concierto había sido cancelado a última hora.

Afortunadamente, sólo se trataba de un concierto con poca convocatoria y aún había boletos disponibles. (De no haber alcanzado boletos, me habría arrepentido muchísimo.) 

No había vuelto al Circo Volador en casi diez años.

Entonces Sonic Youth iba a tocar por primera vez en la Ciudad de México y yo acababa de presentar mi examen de grado de licenciatura.

Mi tema de tesis había sido sobre Competencia Numérica y había involucrado una serie de experimentos que intentaban demostrar que la estimación temporal no es el único proceso que emplean los animales para obtener comida en un programa de reforzamiento operante. 

El examen fue de poco nivel en general (he visto la película y me he avergonzado de las respuestas que le di a los sinodales) y no estaba muy contento con mi tema de tesis y no tenía mucho interés en continuar esa línea de investigación. 

Quería aprender más sobre el funcionamiento del cerebro y dejar de ver a los animales como máquinas, pero no se me había ocurrido estudiar un posgrado en neurociencias.

En esa época tampoco había impartido clases como profesor de asignatura, ni había conocido a mi esposa.

(Tampoco tenía esta extraña enfermedad, ni estaba bajo un largo tratamiento médico como ahora.)


El regreso de El Circo Volador a la casa fue un desastre.
Era la hora de la comida y había mucho tráfico. 

En lugar de regresarme en metro, se me ocurrió subirme a un camión de pasajeros en La Viga. 
El conductor tomó Viaducto, pero luego se metió en Churubusco y circuló por calles muy angostas y solitarias. Yo traía mi computadora y los boletos para Mudhoney en la mochila. Lo que más me preocupaba no era la computadora (es una Sony VAIO y ya está vieja), sino perder los boletos. 

Me bajé del camión de pasajeros y caminé más o menos desde El Palacio de Los Deportes hasta la casa. 

El sol quemaba, mi mochila pesaba mucho y mis tennis parecían adherirse al asfalto. 
Regresé sudoroso y exhausto al departamento, y esperé a E.

Siempre vuelve de su trabajo, después de las 7 de la noche. 

Mientras la esperaba, escuché Vanishing Point (2013). 
Es un álbum con el sonido característico de Mudhoney, pero es un poco más amigable que sus álbumes más famosos. 

Estaba tan cansado del trayecto que me quedé dormido y desperté cuando ella volvió a la casa. Regresó antes de lo usual, y estaba triste y enojada porque renunció a su trabajo. 

Durante más de dos años, ella trabajó en una empresa que se dedica a la exportación e importación de productos.

Su jefe era un tirano que privilegiaba a otras personas por motivos que no tenían nada que ver con su desempeño laboral, y ella ya no lo soportó. La relación con sus compañeras de trabajo también influyó en su decisión. Al final, a ellas no les gustó que E. trabajara más de lo necesario y se quejaron con el jefe.

Parece que los hechos son menos importantes que los halagos. 


  

Me contó la situación detalladamente y luego comimos en silencio.

Salimos de la casa cuando comenzaba a oscurecer y llegamos al Circo Volador a las ocho de la noche.

Sólo había una pequeña fila de unas cincuenta personas, esperando a que abrieran las puertas del foro. 

También había algunos puestos con mercancía no oficial -playeras y pines, principalmente- y algunos puestos de comida.

El ambiente era totalmente distinto al ambiente del concierto de Sonic Youth. 

Nos formamos en la fila y yo estaba emocionado pero no podía sacarme de la cabeza la idea de que E. había renunciado a su trabajo. Me preocupaba la situación. (Tengo una beca postdoctoral en mi actual trabajo, ¡pero no me han pagado desde agosto! Hemos estado viviendo desde hace un año, con el dinero que ella gana.)  


Mientras permanecíamos en la fila, me puse a pensar en otras cosas menos alarmantes. 

Mejor me puse a pensar que los integrantes de Mudhoney habían conocido muy bien a Kurt Cobain.

Kurt Cobain siempre fue un gran admirador de su música. 
Es fácil encontrarlo en fotografías de la época de Bleach (1988) con playeras de Mudhoney y también es fácil encontrar conciertos de Nirvana en los mismos festivales y lugares en los que tocaba Mudhoney a principios de los noventa. En el video de Suck You Dry incluso aparece Krist Novoselic. 

Nirvana también fue el invitado sorpresa de Mudhoney en un concierto en el Crocodile Cafe de Seattle. Nirvana era entonces la banda más popular en todo el mundo. Acababan de dar una gira por España, Japón, Argentina y Australia y habían aparecido en Saturday Night Live. Tenían algunos meses lejos de los reflectores, trabajando en las canciones de In Utero. 

En ese concierto, Nirvana tocó Talk To Me* -una canción que no apareció en ningún álbum de estudio y que ellos tocaban en las pruebas de sonido o en algunos conciertos que daban en Europa cuando Nevermind acababa de ser lanzado-, Curmudgeon y Lounge Act, entre otras canciones. 

También Kurt Cobain tocó con ellos en un concierto en California, en el que estuvo Sonic Youth y en el que supuestamente incluso Lee Ranaldo le prestó una guitarra.

La actuación de Nirvana en el Crocodile Cafe aparece en el DVD de With The Lights Out, y el video donde Kurt Cobain toca con Mudhoney se encuentra fácilmente en YouTube.


Abrieron las puertas del foro como a las nueve de la noche.

Éramos tan pocas personas que a última hora cambiaron el lugar del concierto al vestíbulo de El Circo Volador. 

A las 9: 15, Mustang '66 salió al escenario. 

Nunca los había escuchado, pero son una legendaria banda de surf.
(RD me dijo que uno de sus integrantes había estado involucrado en la organización del concierto y que incluso había puesto dinero de su propio bolsillo para traer a Mudhoney a la Ciudad de México.)

Había personas que conocían sus canciones de memoria. 

Después salió Yokozuna  al escenario. 

Una vez los había escuchado en El Hostal del Hotel Virreyes, pero me encontraba desesperadamente solo y aburrido, y no me habían gustado mucho.

Ayer, su sonido no fue el mejor, pero tocaron con mucha energía y le agradaron al público en general. 

Tanto ellos como Mustang '66, dijeron que había sido todo un honor abrirle un concierto a Mudhoney. 



A las 10: 30 de la noche, los técnicos de sonido de Mudhoney subieron al escenario y comenzaron a colocar y a probar los instrumentos de la banda. 

¡Ya no faltaba mucho para que los pioneros de la escena underground de Seattle (tontamente llamada grunge) de la década de los noventa, salieran a escena!

A pesar de la larga espera, nadie en el vestíbulo de El Circo Volador parecía impaciente. 

Todos sabíamos que los legendarios músicos de Seattle -su banda fue una de las primeras bandas que firmó contrato con Sub Pop- habían acompañado a Pearl Jam en una gira por la Ciudad de México y por Monterrey en el 2005. 

(Al menos yo, lamento que hayan pasado desapercibidos.)

Todos percibíamos que éste era el foro ideal para escucharlos. 

Tal vez no lo sabes, pero Mudhoney pudo ser una gran influencia para tu banda favorita. 


*Algunos biógrafos de Cobain, aseguran que él le ofreció esa canción a Mark Lanegan y que Courtney Love se la ofreció a Iggy Pop después de la muerte de su esposo.

**Las fotografías de Mustang '66 y de Yokozuna fueron tomadas de la página: http://www.tono.tv 

viernes, diciembre 05, 2014

¡Voy a escuchar a Mudhoney en El Circo Volador!

Acaba de despertarme la alarma del reloj. 

Tenía uno de esos sueños de los que hubiera preferido no despertar. 

Estoy bajo tratamiento médico -tengo reflujo gastroesofágico- y cumplo tres meses sin beber ni fumar, y me cuesta trabajo dormir.  

En el sueño, Kurt Cobain tocaba The Money Will Roll Right In con Mudhoney. Era como en el video del concierto de Sonic Youth en California, donde también tocaron Mudhoney y Pavement. 




En ese concierto, Kurt Cobain vestía pijama y usaba una Jazzmaster que supuestamente le había prestado Lee Ranaldo. 

Alguien del público grabó en video toda la actuación de Mudhoney y ésta se puede encontrar fácilmente en YouTube.  

En algún momento del concierto, el público enloqueció de tal modo y arrojó todo tipo de cosas al escenario.

Mark Arm aprovechó una pausa para sostener una zapatilla deportiva y preguntarle a la audiencia quién podía haberla perdido. 

Kurt Cobain había tocado solo en ese concierto un par de canciones. Hay una grabación amateur en audio de Where Did You Sleep Last Night? de Ledbelly. 


The Money Will Roll Right In fue la primera canción que escuché de Mudhoney. 

Estaba en la preparatoria y quería formar una banda de garage punk. 

Conocía a un tipo que tocaba la batería y el bajo y que además sabía tocar varias canciones de Nirvana. 

Un día, él me prestó un cassette que había comprado en El Chopo. 

El cassette traía algunos lados-B de Nirvana y parte del set que tocaron en el Reading Festival de 1992. 


Cuando escuché la versión de Mudhoney, me pareció más ruidosa que la de Nirvana y más rápida que la versión original de Fang -una banda californiana de punk hardcore de los 80's-, y me gustó más. 

Empecé a buscar discos de Mudhoney por todas partes, pero hasta en El Chopo eran difíciles de conseguir.

En el DF casi nadie conocía a Mudhoney, ni sabía que ellos ya tocaban en el circuito underground de Seattle mucho antes que Nirvana o Pearl Jam. 

Son una de las pocas bandas del sonido Seattle que se mantienen en activo y fieles a sus principios. Nunca han firmado con una compañía de discos trasnacional -como, por ejemplo, sí lo hicieron Sonic Youth y Nirvana-, ni han cedido a presiones de terceros para hacer que sus canciones suenen más comerciales y puedan llegar a una audiencia más amplia.

Mudhoney es una banda legendaria. 



Mark Arm -el vocalista- y Steve Turner -el guitarrista-, formaron Green River a principios de los 80's. En esa banda también tocaban Jeff Ament y Stone Gossard antes de tocar en Mother Love Bone, en Temple Of The Dog y en Pearl Jam. 

Dan Peters -el baterista- tocó algunos conciertos con Nirvana antes de que llegara Dave Grohl y grabó la versión de Sliver que aparece en el álbum Incesticide. Matt Lukin -el bajista original- es el protagonista de Lukin, una canción del álbum No Code de Pearl Jam. 


La relación entre Mudhoney y Pearl Jam es tan estrecha que hace unos años fueron sus invitados en una gira por el DF y por Monterrey. 
  

Poco después de las ventas multimillonarias de Nevermind, Nirvana fue invitado sorpresa de Mudhoney en el Crocodile Cafe de Seattle. 

Kurt Cobain siempre fue admirador de Mudhoney y quiso mostrarle a la audiencia que su banda no era una banda comercial. Tocaron lados-B y canciones de Incesticide o de Nevermind que rara vez tocaban en vivo. 

A Mark Arm nunca le gustó el ambiente que rodeaba a Nirvana. 

Consideraba que la banda de Kurt Cobain representaba todo lo que él aborrecía de la música underground y también pensaba que era horrible salir de gira con ellos. 



Hoy por la noche, Mudhoney tocará en El Circo Volador, como parte de la gira de promoción de Vanishing Point, su más reciente álbum de estudio. 

También tocarán Mustang '66 y Yokozuna.

Aún no tengo boletos, pero tengo que estar allí. 

No me puedo perder este concierto.