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viernes, noviembre 20, 2020

Somos la basura en el aire

Esta semana, una serie de extrañas asociaciones me llevaron a pensar en Suede.

Estas extrañas asociaciones comenzaron el martes.

En uno de los cursos que imparto a larga distancia desde que comenzó la pandemia (y que terminaré de impartir en un par de semanas), les pedí a los alumnos que leyeran un artículo científico y que elaboraran algunas respuestas. 

Uno de los principales hallazgos del artículo era que una dosis subumbral de morfina incrementa la preferencia por esta droga en animales hambrientos, y quería que los alumnos reflexionaran acerca de las implicaciones de este hallazgo y que también escribieran algunos párrafos sobre la farmacodinámica de la morfina.

Tal y como lo esperaba, una estudiante escribió que los opiáceos estimulan los receptores mu, los delta y los kappa, y que modifican la permeabilidad a iones específicos en la membrana celular, pero también escribió que inducen “indiferencia al dolor”.

Su conclusión me pareció muy apropiada y estuvo dándome vueltas en la cabeza mientras revisaba otros trabajos. 

De repente, me encontraba escuchando “Trash” y pensando acerca del dramático incremento de adictos a los opiáceos a nivel mundial y concluyendo que el mundo es un sitio tan doloroso que necesitamos píldoras para lidiar con el sufrimiento. 

Esta idea me llevó a recordar que hace cuatro años, escuché a Suede por primera vez.
 
Un primo de mi esposa nos regaló sus boletos para el Corona Capital.
En esa edición del festival que tiene varios años celebrándose en la Ciudad de México, Suede era uno de los invitados especiales.

El festival se llevó a cabo el domingo 20 de noviembre. 

Unos meses antes del festival –para ser exactos, el 4 de mayo–, tras un largo periodo de desesperanza, de tratamientos médicos sin éxito, de dietas monótonas y de cero tolerancia al alcohol y a la nicotina, con tal de lidiar con el reflujo gastroesofágico, pasé por el quirófano.

Para el 20 de noviembre, todavía tomaba decenas de píldoras y aún tenía que limitarme a comer exclusivamente dos o tres alimentos y a beber exclusivamente agua simple todo el día, para evitar el sofocamiento provocado por los jugos gástricos del ayuno y también para mitigar las náuseas.

Aún estaba recuperándome y me sentía débil y miserable. 

Llegamos al Autódromo Hermanos Rodríguez alrededor de las cinco o seis de la tarde y escuchamos a Peter, Bjorn & John y a Eagles of Death Metal –supongo que fue su primer concierto después del atentado terrorista en El Bataclan– y después nos desplazamos al escenario en el que Suede tocaría. 
 
Mientras caminábamos, pasamos junto a otro escenario en el que tocaba una banda de chicas a las cuales John Frusciante les había producido un álbum. 
La música estaba tan alta y la audiencia estaba tan frenética y las luces cambiaban con tanta velocidad que me llevaron a recordar una horrible experiencia.

En los días posteriores a la cirugía, accidentalmente un día mezclé una pastilla de Gabapentina que tomaba para lidiar con las mononeuropatías provocadas por la excesiva cantidad de fármacos que había tomado durante meses, con una pastilla de Tramadol que tomaba para lidiar con el dolor provocado por la cirugía –quería tener una cicatriz que me recordara esta enfermedad y rechacé la laparoscopía y los cirujanos me abrieron en canal. 

Fue una combinación peligrosa. Al cabo de unos segundos, me sentí mareado y nauseabundo y paranoico, y creí que en cualquier momento dejaría de respirar o que en cualquier momento vomitaría y que sería incapaz de evitar una broncoaspiración. (En resumen: los fármacos “apagaron” mi cuerpo.)

Finalmente, mientras dejábamos atrás las luces y los sonidos y el escenario en el que tocaba Warpaint, y yo me desasía de esta horrible reminiscencia de mi enfermedad, mi esposa y yo nos acercábamos al escenario en el que tocaría Suede.

Encontramos un sitio, a unos cuantos metros del escenario. 
Hacía mucho frío. El viento soplaba fuertemente y me subí el cuello de la chamarra y tuve arcadas. Casi en ese instante, la banda británica salió al escenario y me determiné a ignorar mi malestar y a concentrarme en la música y a disfrutar el espectáculo. 
 
Mientras el concierto transcurría y el frontman de la banda y la audiencia conectaban de tal modo que era imposible no verlos como amantes de varios siglos que sólo podían verse una vez cada mil años, nuevamente me sentí débil y nauseabundo y volví a recordar la horrible experiencia con la Gabapentina y con el Tramadol. Por un momento, para relajarme, pensé en que esa sensación no podría ser nada comparada con “la piel de gallina” que experimentan los adictos a la heroína durante la abstinencia.  

Trataba de prestarle atención a las letras de “Trash”, cuando también recordé lo insignificante que me sentía en mi trabajo. En esa época estaba en el segundo año de mi posdoc. Aparentemente, en general, los estudiantes de mis colegas –y los colegas de otros departamentos de la universidad y sus estudiantes– me consideraban un estudiante de licenciatura. La situación me entristecía y me molestaba, pero, en cierta forma, la comprendía.  

Yo quería dar lo mejor de mí, pero me sentía tan débil y estaba tan preocupado por mi salud que resultaba imposible trabajar incluso al 20% de mi capacidad. 

Algunas veces incluso me sentía tan débil que debía volver a casa abruptamente, o realizar experimentos tomando pausas para tomar aire y mitigar las náuseas que experimentaba en oleadas a lo largo del día.

Antes de la cirugía, estaba tan enfermo y tan débil que ni siquiera podía realizar una cirugía estereotáxica de principio a fin, ni leer un texto científico durante cinco minutos consecutivos. Enfrenté con tanto estoicismo mi enfermedad, que nadie se enteró de que estuve tan enfermo. 

He estado escuchando a Suede toda esta semana y he estado pensando en lo miserable que me sentía en aquellos días. Supongo que todos estos pensamientos los relaciono con su música y que ésta es la razón por la cual casi no los escucho. 

A pesar de todo, aun cuando ahora tengo muchas más responsabilidades que entonces y me siento más productivo y valorado en mi trabajo, algunas veces todavía siento que soy una basura. 

domingo, noviembre 19, 2017

Tendré que ir a Australia a escuchar a Courtney Barnett


El 16 de abril Axl Rose, Slash y Duff McKagan tocarían, juntos por primera vez después de casi 20 años, en el Festival de Música y de Arte de Coachella.

En unos cuantos días, ellos vendrían a tocar a la Ciudad de México, pero yo veía la transmisión del festival por internet.

Cuando estaba aburriéndome de la infinidad de bandas synthpop y dance-punk que tocaban en ese festival de Coachella, vi a Courtney Barnett.

No sabía nada de ella, pero me llamó la atención.


Tocaba una Telecaster para zurdos y cantaba con desgano.

Su banda de psychedelic rock la completaban un baterista y un bajista.


Algunas de sus canciones tenían una atmósfera semejante a las canciones de Thurston Moore y de Lee Ranaldo con Sonic Youth.


Courtney Barnett nació en Sidney y comenzó a tocar la guitarra a la edad de diez años, influenciada por Jimmy Hendrix y por Kurt Cobain.

A los doce años compuso sus primeras canciones. 

Tocó en algunas bandas de garage, como Immigrant Junior y Rapid Transit

Junto con su pareja, Jen Cloher, es dueña del sello discográfico Milk! Records.


Supuestamente, le pidió un préstamo a su abuela para fundar la compañía. 

Entre el 2011 y el 2013, publicó tres EPs bajo este sello. 

Su álbum debut, Sometimes I Sit And Think, And Sometimes I Just Sit, fue publicado en marzo del 2015. 

Su música no suena a ninguna banda australiana conocida. 


Las letras de sus canciones fluctúan entre lo convencional, lo divertido, lo sarcástico y lo inesperado, pero algunas de ellas están llenas de pasajes existencialistas y crueles. 

Elevator Operator, la canción que abre el álbum, habla de un chico que odia su trabajo y que un día decide faltar a él y subirse en elevador hasta lo más alto de un edificio a contemplar la ciudad, para reflexionar acerca de su vida. 


Una chica con sonrisa de botox -que huele a perfume caro, que es tan delgada que se le notan los huesos y que lleva una bolsa de piel de víbora-, lo mira de arriba abajo y lo confunde con un suicida y lo acompaña hasta el último piso.


Cuando los dos llegan al último piso y el chico está por presionar el botón para abrir las puertas del elevador, ella trata de convencerlo de que no vale la pena matarse y le dice que ella daría lo que fuera por tener una piel tan bonita como la de él.  


El chico -se supone que es un amigo de Courtney Barnett y que la historia está basada en una historia real- le dice a la chica que él no es un suicida y que toda su vida ha soñado con ser operador de un elevador. 


Pedrestian at best es una canción que relata la historia de una relación sentimental desde la perspectiva de la persona dominante que no soporta a su pareja, que es una persona débil y dependiente, totalmente opuesta a ella. 

An Illustration Of Loneliness (Sleepless in New York) es sobre la soledad que experimenta alguien en una ciudad desconocida, mientras cuenta las grietas de las paredes de la habitación en la que intenta dormir y no puede dejar de pensar en un ser amado.


Small Poppies es la historia de una mujer que se debate entre el deseo de ser alguien más y encontrarse a sí misma, mientras contempla una amapola.

Depreston habla de dos personas que han ahorrado suficiente dinero para comprar su primera casa en un lugar deprimente; la casa es más pequeña de lo que pensaban y está llena de recuerdos de los inquilinos anteriores y requiere varias reparaciones, pero aun así tratan de ver el lado positivo. 


Kim's Caravan tiene un carácter más fatalista y describe el abandono que siente una mujer que vive en una caravana junto al océano, al contemplar el paisaje, encontrar el rostro de Jesús por todas partes y preguntarse por el sentido de su vida.  


Comencé a escuchar este álbum después de haber visto a Courtney Barnett en el Festival de Coachella y a los pocos meses -hace un año- vino a la Ciudad de México a tocar en el Festival Corona Capital.


Tenía muchas ganas de ir, pero los boletos estaban carísimos. 

Además, había tenido faringoamigdalitis durante casi 2 meses -ya estaba harto de los medicamentos y de permanecer todo el día en cama- y no quería volver a enfermar.

El día que ella tocó los artistas estelares eran The Killers, Air y Pet Shop Boys, y no tenía ningún interés en poner en riesgo mi salud para escucharlos.


Consideré que era demasiado dinero por un boleto para escuchar a una sola artista, pero apenas terminó el sábado, me arrepentí.

Raras veces me intereso en los álbumes de artistas nuevos, pero podía escuchar varias veces consecutivas el álbum de Courtney Barnett y cada vez que lo hacía le encontraba cosas diferentes que me gustaban

Sin embargo, mis prejuicios hacia los festivales de música fueron más fuertes que mi interés en la música de Courtney Barnett y no hice ningún intento por asistir. 


Tengo la impresión de que esos festivales están llenos de gente que se la pasa grabando a los artistas con sus teléfonos celulares, y que no importa lo temprano que llegue para encontrar un buen sitio cerca del escenario, porque a última hora siempre llegará alguien a empujarme y a quitarme de ese sitio. 

Lo más irónico de todo fue que un primo nos regaló 2 boletos para el segundo día del Festival.

Él tenía un compromiso y no podría asistir.

Aunque hacía mucho frío, aceptamos los boletos. 

Tuve arcadas casi todo el tiempo y hacía tanto frío que, mientras caminábamos hacia el Festival, no dejaba de pensar que volvería a enfermarme y que tendría que pasar otras semanas en reposo.

Disfruté mucho la música de Eagles Of Death Metal y de Suede

Estuvimos a unos metros de los escenarios y la gente que escuchó a esas bandas en particular fue muy respetuosa.

No quiero ni imaginarme cómo fue el público en la presentación de Courtney Barnett. 

lunes, noviembre 21, 2016

Hay una canción que no puedo dejar de escuchar



Comencé a escuchar a Courtney Barnett este año y fue una gran coincidencia que viniera a tocar a la Ciudad de México el sábado pasado, al Festival Corona Capital.

No creo que sea tan común tener la oportunidad de escuchar a una artista en vivo, unos meses después de haber conocido su música. 


Este festival se ha realizado año con año desde el 2010, pero nunca había asistido. 


Hay demasiados artistas y casi nunca son de mi agrado -además me cuesta mucho trabajo lidiar con la gente que se la pasa grabando con sus teléfonos celulares-, o ni siquiera los conozco.  


Uno de mis hermanos me contó que en el 2013 fue con su novia a este festival y que escuchó a Las Breeders y que había muy pocas personas en el escenario donde ellas tocaron.


La mayoría de la gente quería escuchar a Artic Monkeys o a Daft Punk, aunque también tocaban Queens Of The Stone Age


Tengo la impresión de que la mayoría de los asistentes a este festival, prefieren la música synth pop y dance punk



A pesar de que el sábado tocó Courtney Barnett, no fui.

No sólo porque los boletos estaban muy caros y ese día tocaban artistas que no me interesaba escuchar -The KillersAir y Pet Shop Boys-, sino porque tuve faringoamigdalitis casi dos meses y apenas tenía una semana sintiéndome mejor. 


Además, los boletos estaban carísimos y me pareció que no era una buena inversión escuchar a una sola artista -durante 40 minutos o una hora- y correr el riesgo de enfermarme de nuevo. 


Sin embargo, el domingo, mientras desayunábamos, nos regalaron un par de boletos.


El cartel de ese día incluía a Eagles of Death Metal y a Suede.


También tocaban Peter, Bjorn & John -unos suecos que sonaron mucho en la radio a principios de los años 2000-, Warpaint -una banda de chicas a las que John Frusciante les produjo un álbum- y Kraftwerk 




El Festival se llevó a cabo en una curva de El Autódromo Hermanos Rodríguez y para llegar hasta ella tuvimos que caminar alrededor de 4o minutos desde una de las entradas de La Ciudad Deportiva

Todavía había sol, pero hacía mucho viento.


Lo primero que vimos fue unas hileras de baños portátiles, muchas mujeres vestidas como Lana del Rey -con shorts y con flores hippies en el cabello- y una sección de food trucks


En una superficie de aproximadamente quince kilómetros, había juegos mecánicos -una especie de rueda de la fortuna y un pequeño bungee- y cuatro o cinco escenarios. 


En los food trucks había comida gourmet, comida chatarra, bebidas alcohólicas y bebidas calientes; y compramos unos burritos de arrachera, papás fritas y una botella de agua.


Desde la cirugía, no puedo pasar más de dos horas en ayuno sin sentir unas intensas náuseas.


Luego buscamos el escenario donde tocarían Peter, Bjorn & John




Sólo conocía Young Folks y creía que todas sus canciones sonarían muy parecidas, pero no fue así. 

Al sonido de esta banda sueca yo lo llamaría psicodélico y pop, aunque también usaron mucho feedback


La actuación de la banda terminó a las 6: 30. 


Eagles Of Death Metal tocarían allí mismo a las 7: 00 pm.


Aprovechando que el lugar había quedado casi desierto, nos acercamos al escenario. 


He intentado escuchar a esta banda muchas veces por su asociación con Queens Of The Stone Age, pero su música no ha terminado por gustarme. 


Empecé a prestarle más atención a su música hace un año, cuando estuvieron en medio de uno de los tiroteos que formaron parte
de los atentados terroristas en París


Salieron en los noticieros de todo el mundo.


Ellos daban un concierto en El Bataclan, cuando un grupo armado comenzó a dispararle al público. Murió mucha gente y también uno de los miembros de su equipo de trabajo.



Estábamos a diez metros del escenario, en una muy buena posición.

Pero de un momento a otro, comenzaron a llegar decenas de personas y a meterse a empujones. 


El lugar se impregnó del olor de la marihuana quemada.


Dos tipos enormes que parecían jugadores de basketball, justamente se plantaron frente a nosotros. 


Ellos hablaban sobre una banda de electro pop que tocaba a la misma hora que Eagles Of Death Metal y tenían un enorme dilema. No sabían a cuál banda escuchar.


Por fortuna, se decidieron por la otra banda, pero de todas formas otras personas los sustituyeron y se plantaron frente a nosotros. 


Ya estábamos como a veinte metros del escenario.  


Estaba oscureciendo y el viento cada vez era más fuerte. 


Una neblina cubría el escenario
.


Alrededor de las 7 de la noche, comenzó a sonar música de mariachis, se iluminó el escenario con unas intensas luces de color rojo y anaranjado, y salieron Eagles Of Death Metal




Los integrantes de la banda se colocaron sus instrumentos -algún iluso en el público preguntó dónde estaba Josh Homme-, y Jesse Hughes dijo algunas palabras de bienvenida. 

Sin mayor preámbulo, tocaron I Only Want You
 


Tenía la idea de que era una banda divertida y sin pretensiones -una especie de parodia de las bandas de rock "demasiado viriles", como Guns N' Roses-, pero esa canción me bastó para darme cuenta de que iba a pasármela bien. 


Su vocalista resultó ser un buen anfitrión.


Entre una canción y otra, Jesse Hughes interactuaba mucho con la audiencia.


En algún momento aprovechó para recordar los aciagos sucesos de París y para agradecerle al público mexicano su entusiasmo, mientras presumía una chamarra que al reverso tenía la leyenda "MEXICO IS THE SHIT". 




En otra pausa, él se colocó una chamarra que hacía alusión a Aladdin Sane

David Bowie murió en enero y Jesse Hughes le dedicó algunas palabras y la banda le rindió un homenaje con un cover de Moonage Daydream


La banda parecía estar divirtiéndose. 


Hughes dijo que Davey Jo era su Santa Claus personal, mientras un técnico de guitarra le cambiaba las cuerdas a su guitarra Gibson Flying V, y después tocaron Whorehoppin' y Cherry Cola.


Sin embargo, cuando hacía más frío y cuando la neblina era más densa, tocaron Save A Prayerun cover de Duran Duran.


La canción fue utilizada para promocionar The Royal Tenenbaums, una película de Wes Anderson con un elenco que incluye a Anjelica Huston, Bill Murray, Gene Hackman, Ben Stiller, Owen Wilson, Danny Glover y Gwyneth Paltrow.  

  
No puedo dejar de escuchar esa canción. 




Setlist Corona Capital 2016