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viernes, agosto 04, 2023

la gente que lee, tampoco lee

Es el último viernes de vacaciones. Todas las vacaciones estuve trabajando, corrigiendo un paper que propuse escribir yo solo y que tiene más de dos años en “la congeladora” y que, el grupo de investigación al que se lo propuse, a casi última hora, después de más de 18 meses de una mala comunicación por correos-e, decidió enviar a corrección de idioma y de estilo –la correctora se tomó muy en serio su trabajo y cambió de sentido un montón de oraciones y, entre otras cosas, también cambió doce “employ” por doce “use”, y cambió un “use” por un “utilize”; después de todo, ella no sabe que tengo más de doce papers publicados y tampoco tiene por qué saber que la escritura es sagrada para mí, que escribo desde que aprendí a escribir, que he tomado un montón de talleres de creación literaria, que tengo dos novelas sin publicar y cientos de relatos, y que, aparte de éste, tengo un blog en inglés en el que no escribo nada académico; y tampoco tiene por qué saber que, en la mayoría de esos papers, soy autor corresponsal o primer autor, y que, básicamente, yo solo (con retroalimentación de mis colegas) los escribí en inglés; tampoco tiene por qué saber que, a más de la mitad de esos papers publicados, no los he enviado ni a revisión de idioma ni de estilo.

En estas vacaciones también estuve leyendo diversos papers sobre neurobiología de las adicciones y trastornos del sueño para un seminario que impartí el lunes pasado, y también corrí más de 100 km (seguramente, entre la gente que conozco, habrá alguien que se atreva a decir que nada más uso mis piernas cuando no me queda otra opción), y fui una vez al hospital –un evento muy trágico–, y vi algunos documentales en HBO –Moonage Daydream– y en Netflix –Pepsi, ¿dónde está mi avión?– y algunas películas, y también aprendí, o re-aprendí, a tocar algunas canciones en la guitarra.

En estas vacaciones, me bebí algunas cervezas y whiskys y algunas veces desperté con resaca y deshidratado, y tuve pesadillas y fiebre, y también escribí algunos capítulos de la última novela en la que estoy trabajando (algunos extractos y borradores de esa novela están en este blog), y estuve pensando seriamente en lo frustrante que es competir contra escritores que viven “su cuento de hadas” y que tienen amigos editores y amigos escritores y un montón de publicistas y promotores a su servicio –por no mencionar que, también, en su “éxito”, contribuye “el lector hormiga”, ese lector pasivo, como decía Cortázar, que no lee más que cuando le dicen (en Facebook, por ejemplo), que no lee, o que sólo ojea algunas páginas de las novelas que las vacas sagradas le recomiendan por todos los medios posibles– y, para ponerlo más claro, por escritores que viven “su cuento de hadas”, me refiero a quienes, por ejemplo, viajan a Seattle –y lo anuncian por sus redes sociales–, para escribir una novela sobre “un asesino serial que vive en Seattle”. 

También leí, o releí, a Del James –el libro que incluye el relato en el que está basado el fastuoso video de “November Rain” de Guns N' Roses–, a Karl Ove Knausgård –el último tomo de Mi Lucha–, a José Agustín –un libro de cuentos y un libro sobre periodismo de rock–, a Kim Gordon, a Simon Critchley –un libro sobre el fascinante mundo artístico de David Bowie–, y también releí American Junkie, la novela negra y autobiográfica de Tom Hansen en la que habla sobre su dependencia a opiáceos –comienza escribiendo la novela en un hospital en el que estuvo internado más de medio año–, sobre el mundo de las estrellas de rock adictas a opiáceos –él no sólo consumía opiáceos, sino que era dealer de Kurt Cobain, de Mark Lanegan y de Nick Cave–, en la primera mitad de la década de los noventa.

Son más de las diez de la noche. Acaba de llover, y acabo de ver Seven –la película de 1995, dirigida por David Fincher, con Morgan Freeman, Brad Pitt, Gwyneth Paltrow y Kevin Spacey, y con música de Trent Reznor y de David Bowie–, pero estoy pensando en ese concierto de los Flaming Lips al que fuimos Katz y yo, en el 2008, en el Festival Motorkr. Allí también tocaron Stone Temple Pilots y NIN. Scott Weiland estuvo fatal, tambaleándose en el escenario y olvidando las letras de las canciones. Wayne Coyne se metió en una gigantesca pelota de playa y surfeó entre el público. Trent Reznor y su banda estuvieron geniales. 

¿Quieres leer más...?

martes, julio 11, 2023

Can You Hear Me, Major Tom?

Son las 10 y algo por la mañana, y ya platiqué con Katz sobre un pasaje de la novela de Knausgård que estoy leyendo –la literatura es más que describir los hechos; implica ahondar en la individualidad de la gente... en las emociones que un individuo, incluso por su forma de andar, le transmite a quien escribe, y que, de algún modo, quien escribe, le transmite a quien lee–, y ya le dije que también leí una nota en la que Marcelo Ebrard hablaba sobre unos algoritmos de inteligencia artificial que usarán en la CDMX para detectar a delincuentes, “por su modo de andar”...; y ya le platiqué que me parece paradójico; que, mientras Knausgård le confiere algo “sublime” al andar, la inteligencia artificial lo ve como algo genérico. 

También, como cada día, desde hace muchos meses, ya me medí la glucosa, ya lavé los trastes, ya le di de comer a los gatos y ya les cambié la arena y el agua.

Me preparo para correr. 

Me froto un ungüento en las piernas y en los tobillos, y también hago algunos estiramientos, para evitar cualquier tipo de lesión. Hace un año me lastimé un tobillo y tuve que dejar de correr durante casi un mes. 

Tomo un vaso de agua, me pongo los audífonos y el protector solar y los lentes de sol; conecto el cable de los audífonos al Huawei, abro la aplicación de Amazon Music y selecciono la playlist que he creado para correr. Sería imposible salir a correr en silencio, o en compañía de otro corredor, o escuchando las “disertaciones académicas” de algún podcaster a los que todo mundo escucha. (No puedo evitar ponerme a pensar en lo que creo que son la mayoría de los podcasters académicos: personajes sin preparación académica pero con millones de seguidores, hablando de temas 'taquilleros' y de pseudociencia, haciendo correlaciones espurias; y también pienso en los personajes que tienen podcasts de comedia, y que, para defender a Chumel Torres, o causas similares, usan sus redes sociales para decirle al resto del mundo que ellos son 'el último eslabón de la evolución' porque hacen reír a la gente: ¿acaso no han analizado que el 95% de la gente que los sigue y que paga por sus shows sólo quiere pasar un rato agradable, que esa gente está predispuesta a pasar un rato agradable, y que, probablemente, no es muy exigente?).  

En los últimos días ha llovido mucho y casi no ha salido el sol, pero hoy es un día soleado. Espero que el sol no sea un enemigo. 

Estoy por completar mis primeros dos kilómetros de carrera. Ya me topé con mi cuñada, que sacó a pasear a su perro, y ya me topé con el vecino tatuado, que también sacó a pasear a su perro. Ya me topé con otros vecinos que entran y que salen del fraccionamiento en sus autos. Ya me topé con la vecina que siempre sale en pijama a pasear a su perro. Ya me topé con los vigilantes. Ya me topé con unos veterinarios que llegaron en una camioneta, a atender a algún animal. Ya me topé con la vecina adolescente que siempre que me ve, desvía la mirada y se pasa el cabello por detrás de la oreja.

Estos dos kilómetros me han costado. He estado a punto de tener un ataque de ansiedad porque he sentido que no puedo respirar y que mis pulmones nunca llegan a su máxima capacidad. Me he preguntado por qué demonios puedo correr –¿a quién le gusta correr solo?– y, sin embargo, por qué demonios soy incapaz de dejar de fumar, otra vez. 

¿Por qué volví a fumar, si ya había cumplido ocho años de abstinencia...?

Entonces, cuando estoy pensando en que nadie podría darme una lección sobre el tabaquismo, suena “Space Oddity” –la canción de David Bowie que fue estrenada el 11 de julio de 1969, a días de que Neil Armstrong y su equipo se convirtieran en los primeros humanos en llegar a la luna– y la escucho como si se tratara de una señal del más allá que me dice que me falta perspectiva y que nada más soy un ser vivo minúsculo, con sus minúsculas preocupaciones, en el majestuoso universo.

Mientras me adentro en el tercer kilómetro, me enfoco en la letra de la canción.

¿Major Tom decidió perderse en el espacio, o la nave espacial dejó de funcionar y lo abandonó a su suerte...?, ¿Major Tom decidió perder todo contacto con la torre de control, o la nave espacial dejó de funcionar y entonces a Major Tom le resultó imposible mantener la comunicación con la torre de control...?, ¿David Bowie escribió la canción porque estaba impresionado por el primer alunizaje humano, o porque lo había impresionado la película de Stanley Kubrick...?

La canción llega a esa parte en la que la torre de control y Major Tom ya se comunicaron, cuando suenan los cuatro acordes disonantes de la guitarra, que se repiten dos veces y que son seguidos de aplausos, y también recuerdo que agregué esta canción de 1969 a la playlist que escucho mientras corro, porque hace unos días Katz y yo vimos Moonage Daydream –el documental sobre David Bowie que dirigió Brett Morgen y que está en HBO– y reconozco que, desde entonces, “Space Oddity” ha tomado otra dimensión para mí. Y esto no tiene nada que ver con el hecho de que hoy cumple 54 años de haber sido lanzada al público. Ni siquiera estaba enterado. Lo supe apenas unos minutos antes de ponerme a escribir estas cosas.

La he estado escuchando muchas veces, y he estado aprendiendo a tocarla en la guitarra. Los acordes no son muy difíciles, pero la letra sí me ha resultado muy difícil de aprender –es como si David Bowie, en lugar de escribir una canción estándar, verso, coro, verso, hubiera escrito un breve relato que colinda con la realidad y la ciencia ficción–, y le he dado vueltas a cada oración de la canción –a diferencia de la mayoría de las canciones que escucho, casi ningún verso y casi ningún coro se repiten–, y me he estado haciendo preguntas sobre la clase de historia que cuenta. 

Corro mi cuarto y mi quinto kilómetros. Ya no siento que mis pulmones se quedan sin aire. Me acuerdo cuando corría regularmente cinco kilómetros y cuando compartía mi registro en Facebook. Un día sólo corrí cuatro kilómetros –tenía un esguince, y me costaba mucho trabajo correr– y uno de mis contactos, que pasaba casi siempre de largo por mi muro, me preguntó “¿no corrías ya cinco kilómetros?”, o algo así. Si es complicado entender a la gente cuando te habla de frente, es mucho más difícil comprenderla por lo que comenta en un post en redes sociales. Nunca estás seguro de cuál es el énfasis de un comentario. 

Corro mi sexto y séptimo kilómetros. Desde hace más o menos un mes, después de estar corriendo seis kilómetros durante casi medio año, subí a siete kilómetros. Estoy cansado, pero necesito más. 

Divago un poco y pienso en que estoy comprobando el error de predicción de la recompensa; o sea: cuando la dopamina que liberas ante la expectativa de algo placentero llega a un punto en el que eso que adoptaba el carácter de placentero, ya no es suficiente; cuando tienes que pasar a otro nivel, encontrar una estimulación mayor que sea capaz de liberar suficiente dopamina y que ésta te haga sentirte bien.

Pienso en que ahora debo esforzarme como nunca antes, desde que empecé a correr, hace casi dos años; que debo propiciar que mi cerebro libere más dopamina otra vez; que debo realizar un esfuerzo extra, llegar a un punto al que nunca he llegado: nueve kilómetros. En este mes, dos veces, ya corrí ocho kilómetros.

El noveno kilómetro me cuesta un poco más, pero cuando la aplicación en el teléfono me dice que acabo de completarlo, me siento muy bien, casi en éxtasis, y entonces me detengo unos segundos para descansar y miro hacia el cielo y veo que el sol se ha ocultado detrás de unas nubes y siento una brisa que refresca y que renueva cada poro de mi piel. 

Decido hacer algo que nunca antes he hecho: correr diez kilómetros. Es ahora o nunca.

Termino rendido, pero satisfecho. Miro mi reloj. Son ya casi las doce del día. Por primera vez, desde que comencé a correr, hace casi dos años, corrí diez kilómetros y no puedo creerlo. “Space Oddity” quedó atrás hace muchos kilómetros –ya escuché a Mudhoney, a PJ Harvey, a Tracy Bonham, a Pixies, a Pink Floyd, a Nirvana, a Alice In Chains, a Blind Melon, a Terry Lee Hale...–, y esto es lo que realmente me interesa escribir: que hoy corrí diez kilómetros.

domingo, noviembre 18, 2018

El concierto Unplugged de Nirvana para MTV


Hace 25 años fue grabado el MTV Unplugged In New York de Nirvana. 

Para entonces, los artistas más populares –desde Aerosmith y The Cure hasta Lenny Kravitz, Neil Young y Bob Dylan–, así como las bandas relacionadas con "el sonido Seattle", habían grabado –o estaban por grabar– un concierto Unplugged para MTV. 

Nirvana era quizá la banda más popular en el mundo, y la gente de MTV había estado persuadiéndolos (sin éxito), durante un par de años para que ofrecieran un concierto unplugged. 

Lo clásico era que las bandas invitadas por MTV, tocaran versiones acústicas de sus canciones más conocidas. 

Pearl Jam y Alice in Chains –por citar algunos ejemplos de bandas contemporáneas a Nirvana– tenían varias canciones cuya adaptación al formato unplugged no representaba un cambio tan drástico en comparación con las versiones originales. 

Nirvana tenía pocas canciones acústicas –Polly, Something In The Way, Dumb– y empleaba efectos de distorsión y de feedback que parecían difíciles de adaptar al formato unplugged.

Tal vez por eso habían rechazado la oferta de MTV. 



Cuando llegaron a un acuerdo, MTV le pidió a Nirvana que tocara versiones acústicas de todos sus éxitos, pero Nirvana se rehusó a seguir con la fórmula y le anunció a MTV que además tendría unos invitados sorpresa. 

Los ensayos para el concierto unplugged fueron un desastre –las canciones de los Meat Puppets no sonaban como Nirvana quería, la versión acústica de Pennyroyal Tea con Pat Smear en los coros tampoco satisfacía a Kurt Cobain y nadie de la banda apoyaba la idea de limitarse a tocar versiones acústicas de sus canciones más conocidas. 

Unos días antes del concierto, MTV sospechaba que el concierto sería un desastre. 

Nirvana pasó de ensayar una kilométrica lista de canciones, a tocar ocho canciones de su autoría, una canción religiosa que los Vaselines habían hecho más o menos popular en Escocia, tres canciones de los Meat Puppets –los hermanos Kirkwood fueron invitados a subir al escenario para tocarlas–, un éxito de David Bowie y una canción de Ledbelly que Kurt Cobain había tocado en el álbum debut de Mark Lanegan y que desde entonces había tocado ocasionalmente en algunos conciertos. 



De todos los éxitos que la gente esperaba escuchar esa noche, Nirvana sólo tocó Come As You Are –All Apologies sería otro de los sencillos de la banda, pero el lanzamiento de In Utero tenía unos meses y la audiencia no estaba familiarizada con esa canción, ni con Dumb ni con Pennyroyal Tea.

Kurt Cobain pidió que la escenografía pareciera un funeral y quería que el álbum unplugged de Nirvana fuera semejante al álbum debut de Mark Lanegan. 

También hizo que conectaran su guitarra acústica Martin D18-E de 1959* a un amplificador Fender Reverb –el feedback es evidente en The Man Who Sold The World– y decidió improvisar una versión solista de Pennyroyal Tea –en la primera edición del álbum en cassette, se escucha cometer un error a Cobain antes del estribillo final. 

La actuación de Nirvana sorprendió a sus admiradores y a la gente que consideraba que era una banda efímera y sin mucho talento. 

El alarido final de Kurt Cobain en Where Did You Sleep Last Night? se convirtió en uno de los momentos icónicos de los conciertos unplugged. 

Originalmente, MTV Unplugged In New York sería lanzado como parte de un álbum doble que incluiría este concierto y un concierto eléctrico, pero fue lanzado como álbum sencillo en noviembre de 1994, unos meses después de que el líder de Nirvana fuera hallado sin vida en el invernadero de su casa en Lake Washington. 

Hay muchas historias relacionadas con aquella noche de noviembre de 1993**.

Da click en el siguiente enlace, si quieres saber cuándo compré este álbum: 
Whisky en Navidad.

O en los siguientes enlaces, si quieres saber: 
*¿Quién tiene la guitarra Martin D18-E que Kurt Cobain tocó en el MTV Unplugged?
**Three Feet From God: An Oral History of Nirvana "Unplugged"
  

lunes, noviembre 21, 2016

Hay una canción que no puedo dejar de escuchar



Comencé a escuchar a Courtney Barnett este año y fue una gran coincidencia que viniera a tocar a la Ciudad de México el sábado pasado, al Festival Corona Capital.

No creo que sea tan común tener la oportunidad de escuchar a una artista en vivo, unos meses después de haber conocido su música. 


Este festival se ha realizado año con año desde el 2010, pero nunca había asistido. 


Hay demasiados artistas y casi nunca son de mi agrado -además me cuesta mucho trabajo lidiar con la gente que se la pasa grabando con sus teléfonos celulares-, o ni siquiera los conozco.  


Uno de mis hermanos me contó que en el 2013 fue con su novia a este festival y que escuchó a Las Breeders y que había muy pocas personas en el escenario donde ellas tocaron.


La mayoría de la gente quería escuchar a Artic Monkeys o a Daft Punk, aunque también tocaban Queens Of The Stone Age. 


Tengo la impresión de que la mayoría de los asistentes a este festival, prefieren la música synth pop y dance punk. 



A pesar de que el sábado tocó Courtney Barnett, no fui.

No sólo porque los boletos estaban muy caros y ese día tocaban artistas que no me interesaba escuchar -The Killers, Air y Pet Shop Boys-, sino porque tuve faringoamigdalitis casi dos meses y apenas tenía una semana sintiéndome mejor. 


Además, los boletos estaban carísimos y me pareció que no era una buena inversión escuchar a una sola artista -durante 40 minutos o una hora- y correr el riesgo de enfermarme de nuevo. 


Sin embargo, el domingo, mientras desayunábamos, nos regalaron un par de boletos.


El cartel de ese día incluía a Eagles of Death Metal y a Suede.


También tocaban Peter, Bjorn & John -unos suecos que sonaron mucho en la radio a principios de los años 2000-, Warpaint -una banda de chicas a las que John Frusciante les produjo un álbum- y Kraftwerk.  




El Festival se llevó a cabo en una curva de El Autódromo Hermanos Rodríguez y para llegar hasta ella tuvimos que caminar alrededor de 4o minutos desde una de las entradas de La Ciudad Deportiva. 

Todavía había sol, pero hacía mucho viento.


Lo primero que vimos fue unas hileras de baños portátiles, muchas mujeres vestidas como Lana del Rey -con shorts y con flores hippies en el cabello- y una sección de food trucks. 


En una superficie de aproximadamente quince kilómetros, había juegos mecánicos -una especie de rueda de la fortuna y un pequeño bungee- y cuatro o cinco escenarios. 


En los food trucks había comida gourmet, comida chatarra, bebidas alcohólicas y bebidas calientes; y compramos unos burritos de arrachera, papás fritas y una botella de agua.


Desde la cirugía, no puedo pasar más de dos horas en ayuno sin sentir unas intensas náuseas.


Luego buscamos el escenario donde tocarían Peter, Bjorn & John. 




Sólo conocía Young Folks y creía que todas sus canciones sonarían muy parecidas, pero no fue así. 

Al sonido de esta banda sueca yo lo llamaría psicodélico y pop, aunque también usaron mucho feedback. 


La actuación de la banda terminó a las 6: 30. 


Eagles Of Death Metal tocarían allí mismo a las 7: 00 pm.


Aprovechando que el lugar había quedado casi desierto, nos acercamos al escenario. 


He intentado escuchar a esta banda muchas veces por su asociación con Queens Of The Stone Age, pero su música no ha terminado por gustarme. 


Empecé a prestarle más atención a su música hace un año, cuando estuvieron en medio de uno de los tiroteos que formaron parte
de los atentados terroristas en París. 


Salieron en los noticieros de todo el mundo.


Ellos daban un concierto en El Bataclan, cuando un grupo armado comenzó a dispararle al público. Murió mucha gente y también uno de los miembros de su equipo de trabajo.



Estábamos a diez metros del escenario, en una muy buena posición.

Pero de un momento a otro, comenzaron a llegar decenas de personas y a meterse a empujones. 


El lugar se impregnó del olor de la marihuana quemada.


Dos tipos enormes que parecían jugadores de basketball, justamente se plantaron frente a nosotros. 


Ellos hablaban sobre una banda de electro pop que tocaba a la misma hora que Eagles Of Death Metal y tenían un enorme dilema. No sabían a cuál banda escuchar.


Por fortuna, se decidieron por la otra banda, pero de todas formas otras personas los sustituyeron y se plantaron frente a nosotros. 


Ya estábamos como a veinte metros del escenario.  


Estaba oscureciendo y el viento cada vez era más fuerte. 


Una neblina cubría el escenario
.


Alrededor de las 7 de la noche, comenzó a sonar música de mariachis, se iluminó el escenario con unas intensas luces de color rojo y anaranjado, y salieron Eagles Of Death Metal. 




Los integrantes de la banda se colocaron sus instrumentos -algún iluso en el público preguntó dónde estaba Josh Homme-, y Jesse Hughes dijo algunas palabras de bienvenida. 

Sin mayor preámbulo, tocaron I Only Want You. 
 


Tenía la idea de que era una banda divertida y sin pretensiones -una especie de parodia de las bandas de rock "demasiado viriles", como Guns N' Roses-, pero esa canción me bastó para darme cuenta de que iba a pasármela bien. 


Su vocalista resultó ser un buen anfitrión.


Entre una canción y otra, Jesse Hughes interactuaba mucho con la audiencia.


En algún momento aprovechó para recordar los aciagos sucesos de París y para agradecerle al público mexicano su entusiasmo, mientras presumía una chamarra que al reverso tenía la leyenda "MEXICO IS THE SHIT". 




En otra pausa, él se colocó una chamarra que hacía alusión a Aladdin Sane. 

David Bowie murió en enero y Jesse Hughes le dedicó algunas palabras y la banda le rindió un homenaje con un cover de Moonage Daydream. 


La banda parecía estar divirtiéndose. 


Hughes dijo que Davey Jo era su Santa Claus personal, mientras un técnico de guitarra le cambiaba las cuerdas a su guitarra Gibson Flying V, y después tocaron Whorehoppin' y Cherry Cola.


Sin embargo, cuando hacía más frío y cuando la neblina era más densa, tocaron Save A Prayer, un cover de Duran Duran.


La canción fue utilizada para promocionar The Royal Tenenbaums, una película de Wes Anderson con un elenco que incluye a Anjelica Huston, Bill Murray, Gene Hackman, Ben Stiller, Owen Wilson, Danny Glover y Gwyneth Paltrow.  

  
No puedo dejar de escuchar esa canción. 




Setlist Corona Capital 2016

viernes, junio 29, 2007

Yo también corro experimentos a la una de la mañana



Tuvieron que pasar más de dos años para que comenzara realmente a buscar dónde estudiar un posgrado. Terminé decepcionado de la licenciatura y no quería saber nada más de la línea de investigación que estudié para escribir mi tesis y para hacer mi examen profesional. 

Después de entrevistarme con varios investigadores de la Facultad de Psicología, del Instituto de Investigaciones Biomédicas y del Instituto de Neurobiología, me decidí por el laboratorio de cannabinoides de la Facultad de Medicina. 

Tengo más o menos un mes en el laboratorio. 

Actualmente no tengo un proyecto -la convocatoria para ingresar al Doctorado en Ciencias Biomédicas es publicada dos veces al año y la más cercana en la que puedo participar será en enero-, pero estoy familiarizándome con el ritmo de trabajo del laboratorio.

Los lunes tenemos un seminario al estilo de un Journal Club por la mañana y un seminario de avances por la tarde. El seminario de avances empieza a la hora de la comida y regularmente acaba a las 8 de la noche. 

Normalmente los estudiantes están en el laboratorio desde las 9 de la mañana hasta las 9 de la noche. 

Como en todos los lugares de trabajo, hay excepciones. 

Algunos estudiantes -sobre todo, los alumnos de posgrado- llegan antes y otros -sobre todo, los alumnos de licenciatura- se van más temprano. 




Esta semana he aprendido a entrenar a ratas en una prueba conductual que se llama Laberinto de Barnes. 

El laberinto es una mesa circular de color blanco que cuenta con 64 agujeros a lo largo de su circunferencia. Sólo uno de los agujeros cuenta con una cámara secreta, debajo de la mesa, en la que puede refugiarse la rata.  

Encima del laberinto hay una bocina que produce un ruido blanco y un foco que ilumina la mesa con una luz blanca. Es importante que en cada ensayo el escenario sea idéntico, así que por eso, en el recinto donde está el laberinto, siempre hay objetos -como cuadros, lámparas y el experimentador- que permanecen en el mismo sitio. 

Al colocarlas en el centro del laberinto (una rata a la vez), los animales huyen de la mesa y del ruido blanco -tanto la luz como el ruido les resultan aversivos- y, para conseguirlo, buscan entre los 64 agujeros cuál de ellos tiene la cámara secreta de escape.

En los primeros ensayos las ratas encuentran aleatoriamente el agujero de escape, pero, conforme avanza el entrenamiento, pueden aprender una estrategia -espacial o serial- y resolver la tarea rápidamente.

La estrategia espacial es la misma que usamos los humanos cuando nos ubicamos, precisamente, con base en claves espaciales -como un edificio, una calle o, incluso, la posición del sol-, para llegar a una dirección. 



Supuestamente hay estudios de resonancia magnética funcional en los que se muestra que los taxistas neoyorquinos tienen muy desarrollada esta estrategia y que su ejecución depende de una región cerebral que se conoce como hipocampo.    

La estrategia serial corresponde a un tipo de aprendizaje que se conoce como procedimental, y es semejante a la estrategia que utilizamos cuando conducimos un automóvil (sin pensar en todos los movimientos que debemos llevar a cabo para acelerar, frenar o dar una vuelta) o cuando cocinamos una receta que nos sabemos de memoria (sin reparar en los ingredientes y en las cantidades necesarias de cada ingrediente que la conforma). 

Debido a que podemos platicar -o hacer otras cosas- mientras conducimos o mientras cocinamos, se considera que este tipo de aprendizaje es más automático que el aprendizaje que subyace a la estrategia espacial.

Los investigadores en el área coinciden en que el aprendizaje de procedimiento depende de la actividad de los ganglios basales, o núcleos de la base. 

Estos núcleos son muy importantes porque incluyen neuronas que son responsables de la conducta motora y que, justamente, se dañan en el Parkinson.   



Hoy, viernes, me toca evaluar si los animales a los que he estado entrenando toda la semana, desarrollaron una estrategia espacial o una estrategia serial para resolver el Laberinto de Barnes. 

La prueba es a la una de la mañana.  

El propósito de estos experimentos es determinar si la variación circádica de los receptores a marihuana influye en estos tipos de aprendizaje. 

Supuestamente por la mañana los animales emplean más la estrategia espacial y por la noche emplean más la estrategia serial, y lo que se quiere averiguar con este experimento es si estos patrones de respuesta dependen de la expresión de los receptores a marihuana. 

Es importante señalar que los roedores son animales nocturnos y que tienen su fase de reposo por la mañana y su fase de actividad por la noche.

  
Me estoy quedando dormido.

He estado casi todo el día en el laboratorio. 

Hoy vine por la mañana, volví a comer y a dormir un rato a la casa y regresé al laboratorio a las 9 de la noche. 

A esta hora, sólo estoy yo.

Entre sueños he pensado en la gente que está disfrutando su viernes de una manera muy diferente a la mía.

(¿Cuántos estarán consumiendo drogas -o vomitándolas-, o experimentando los flashbacks diez años después de haber probado psilocibina, mientras yo estoy aquí, a punto de evaluar una prueba conductual?)

Entre sueños también he pensado que dedicarse a la investigación no es fácil.

No sólo tienes que trabajar por la madrugada. 
También tienes que trabajar en vacaciones, en días feriados y en fines de semana.
No siempre tienes sueldo ni seguro médico ni aguinaldo. 

La investigación no es una actividad para cualquier persona, y sin embargo la gente suele minimizarla y pensar que hacer ciencia sólo consiste en diseñar sofisticados dispositivos que mejoren la calidad de entretenimiento de las masas.  

(Pero, bueno, si la mayoría de la gente piensa que lo máximo es tener dinero para comprar un buen automóvil, o tener hijos, ¿qué podemos esperar?) 



Acabo de leer un paper.

O se supone que eso hice. 

Se trataba de un estudio con ratones knock out para una proteína del hipocampo.
Aparentemente estos animales transgénicos tardaban más tiempo que los controles para encontrar la plataforma en el laberinto de Morris.

Mientras intentaba comprender las implicaciones de los resultados, no podía sacarme de la cabeza una canción de Bowie.


(Looking for water) 


En vez de concentrarme en el paper, de repente ya estaba pensando en que Kurt Cobain decía que la música era más importante que las letras.

Y luego recordé cuando aprendí a tocar por primera vez una canción de Nirvana en la guitarra.  

(Looking for water)

No estoy seguro cuál fue. 

(Probablemente fue Come as you are)

Me distraigo fácilmente.


Faltan cinco minutos para la una de la mañana.

Tengo ganas de fumarme un cigarrillo, pero creo que el aroma del tabaco estropearía el experimento que voy a correr.

Tengo muchas ideas que me gustaría escribir en el blog.

Me siento muy emocionado, como un niño que está solo en casa y que puede hacer todas las travesuras que se le ocurran.

Me gustaría que Chinaski estuviera aquí y que me dejara explicarle de qué trata el experimento que voy a correr.

Estoy muy emocionado, pero también tengo sueño y me caería bien platicar con ella para no quedarme dormido. 

Me gustaría decirle que odio cuando algunos miembros de nuestras familias desacreditan la investigación sin haber puesto jamás un pie en un laboratorio. 


Involucra una serie de sacrificios que ni siquiera podrían imaginarse. 

Pero Chinaski sólo está en mi cabeza.