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sábado, agosto 16, 2025

whisper secrets for me


Un tipo de Ocesa se nos acerca, le echo un ojo a mi reloj y con la otra mano sostengo una cerveza, van a dar las 7 pm, las luces de El Palacio de Los Deportes están todas encendidas, le echo un vistazo al recinto, no parece estar ni a la tercera parte de su capacidad, quién sabe si se llene. Le doy un sorbo a la cerveza, está tibia, su sabor me remonta a otros tantos conciertos en El Palacio de los Deportes, todavía es temprano, este concierto está anunciado a las 8 y media. No habrá banda telonera.

El tipo de Ocesa mueve la cabeza de un lado a otro, muy rápido, tiene una sonrisa maliciosa, nos pregunta (en voz baja) si queremos pasarnos a la Sección General A, «Nada más me dan mi propina», o algo así, murmura (y me pregunto qué tendrá en mente, a cuánto ascenderá su concepto de propina), y su sonrisa me recuerda a la de los villanos de las películas de Disney, esos que se frotaban las manos cuando planeaban cómo salirse con la suya, y ahora ya estoy teniendo un flashback de esas aburridísimas tardes de sábado en casa de Omar, quién sabe por qué mi mamá pensaba que era genial ir a casa de mi tía al menos un sábado al mes, pero pasábamos toda la tarde viendo películas de Disney mientras la tía Ofelia nos servía unas abominables botanas hechas a base de brócoli y espárragos que parecían ser una delicia para Omar. Apenas estábamos en el kínder o entrando a la primaria. La tía Ofelia también nos preparaba infusiones de pasiflora y valeriana que tenían en un estado semicatatónico a Omar (pensándolo bien, mi tía era sobreprotectora), y, por otra parte, siempre había algo angustioso en esas películas de Disney, me parecían tan abominables como las botanas y las infusiones que preparaba la tía Ofelia, desde niño ya era aprehensivo, no necesitaba angustiarme de más porque un cazador asesinaba a la madre de Bambi y lo dejaba huérfano ni porque la bruja quería envenenar con una manzana a Blanca Nieves ni porque Cenicienta estaba bajo un hechizo y nadie sabía que lo único que podía salvarla era el beso de su príncipe azul; no necesitaba enterarme a esa edad que la gente es insensible, envidiosa y mala. (Tengo un insight: tal vez aborrezco las películas de Disney y creo que esas tardes eran aburridísimas, pero, más bien, eran angustiosas.)

«¿Qué dicen, amigos?», insiste el tipo de Ocesa. 

Todo esto resulta irónico, hace tres meses salía con Beatriz y hace poco más de un mes Beatriz me dejó y volvió con su ex, un tipo que, precisamente, trabaja en Ocesa; de hecho, Beatriz me contó varias anécdotas de él, que el tipo fue una especie de guardaespaldas de Marilyn Manson cuando su banda vino al DF a cerrar la gira de Antichrist Superstar, que Manson estaba lleno de cicatrices, de cortadas con objetos punzocortantes, que el tipo de Ocesa los acompañó a él y a Twiggy Ramírez en una camioneta, un par de días antes del concierto, al Mercado Sonora, que los rockstars buscaban a alguna bruja, que estaban fascinados con El Mercado Sonora...; Beatriz también me contó que el ex acompañó a Shirley Manson y a Butch Vig a dar un rol por la Condesa cuando Garbage vino a tocar al Metropólitan por primera vez, cosas así (¿qué edad tendrá el tipo...?, esto no pasó hace más de tres años pero me parece que es un veterano ya), y quién sabe qué, de todo esto, pasó, y qué tanto, de todo esto, fue rollo del tipo para impresionar a Beatriz, el punto es que ella y él están juntos de nuevo, que ella terminó conmigo a finales del semestre escolar, en la estación Copilco del metro, y que me dijo que casi no salíamos a ningún lado, que tampoco hablábamos por teléfono muy seguido, que parecíamos más “amiguitos de la escuela” que novios; en fin, todo esto es irónico, ¿qué tal si este tipo de Ocesa es el mismo tipo de Ocesa del que hablaba Beatriz?, ¿qué tal si este tipo que nos ofrece pasarnos a la Sección General A es el actual novio de Beatriz...?, ¿qué tal si, en un mundo paralelo, Beatriz y yo estamos aquí...?, aunque a ella no le gustan los Smashing Pumpkins, es más de rock en español, Julieta Venegas, Jarabe de Palo, Santa Sabina... Caifanes.

Mmmh, ahora estoy pensando en el cassette que me regaló Beatriz cuando empezamos a salir, siempre me dedicaba una canción de Jarabe de Palo, creo que hablaba sobre la importancia de expresar emociones y buscar apoyo en los demás, quién sabe qué impresión tenía Beatriz de mí. 

En el presente, tú y yo nos quedamos en silencio y me miras y me sonríes y te pasas el cabello por detrás de una oreja –¡cuánto me gustan tus orejas!–, todas las luces están encendidas en El Palacio de Los Deportes, y me sumerjo en la calidez que brota de la fuente de tus pupilas color almendra, es como un abismo o una ventosa, y no te lo he dicho pero tus pupilas me hacen pensar en la Semana Santa, en esa atmósfera de la crucifixión de Jesús en Iztapalapa y en la película de Scorsese, a veces no entiendo por qué pienso las cosas que pienso, pero, casi siempre, desde que nos conocimos, la calidez que brota de tus pupilas que son un abismo y una ventosa me desconcierta, me vuelve loco, me llena de ímpetu, me incita, y me dan ganas de abrazarte, me dan ganas de devorarte. 

Ahora estoy pensando en esta canción —“Pug” se llama— de Billy Corgan, que, por cierto, es una de las pocas canciones que me gustan del último álbum de estudio de su banda, lo compré en El Chopo a mediados de junio y no he dejado de escucharlo, y cuando entro en este estado de trance al ver tus pupilas y tener la experiencia de que son un abismo o una ventosa, mueves algo dentro de mí, y de pronto ya no soy esta especie de gnomo colérico que no expresa emociones pero que quiere destruir cosas por aquí y por allá y me relajo, y tú me tranquilizas –aggh, este es un horrible lugar común, pero eres como una iv de morfina que estalla en mi médula espinal.

En fin, el tipo de Ocesa insiste, pero no soy corrupto y además no traigo mucho dinero, apenas lo suficiente para algunas cervezas más (a precio de concierto) y apenas para el taxi de vuelta a tu casa, vives en la Del Valle, ya veré cómo hago para volver a mi casa (queda a quince minutos de El Palacio de Los Deportes), he calculado que el concierto no terminará más allá de las 11, y entonces le digo que no, que no queremos que nos pase a la Sección General A, estamos en la Sección C, casi junto a una de las entradas a la Sección General A, desde aquí parece que tendremos una buena vista del escenario, excepto que el recinto no está ni a la tercera parte de su capacidad y es difícil predecir cuánto cambiará la perspectiva cuando comience el concierto, y el tipo de Ocesa mete la cabeza en los hombros y dice algo como «Si cambian de opinión, estaré por aquí» y se aleja pero a los segundos lo veo acercarse a otra pareja y seguramente les tira el mismo rollo porque al cabo de no más de un par de minutos los hace pasar a la Sección General A, jaja. 

Vuelvo a mirarte, algo se mueve dentro de mí, nos conocimos a finales de julio, en la fiesta de cumpleaños de uno de los tipos del taller de creación literaria al que me inscribí cuando Beatriz terminó conmigo y empecé a apreciarla (en verdad es así: soy tan estúpido que no valoro en su justa medida a quienes me quieren sino hasta que ya son historia: Beatriz era una buena chica, tal vez un poco absorbente, sumamente afectuosa y un poco cursi –¡le gustaba Jarabe de Palo–, tenía expectativas muy altas de mí, pero me quería, y al principio de nuestra relación decía que podía enamorarse perdidamente de mí); en fin, no sé qué piensas de todo esto, creo que no te gustó mucho que se nos acercara el tipo de Ocesa, sólo quiero abrazarte, sólo quiero devorarte, sólo quiero sentirte cerca, “Pug” se repite una y otra vez en mi cabeza, leí en una revista que es una compleja canción que habla sobre la contradicción del amor, sentirse atrapado entre la comodidad de una relación y el deseo de salir al mundo exterior, quién sabe, Billy Corgan escribe buenas canciones, es un mamón pero es muy ingenioso, aún recuerdo cómo pasaba mis tardes en los últimos años de prepa escuchando Mellon Collie & The Infinite Sadness, y, en fin, esta canción es una de las pocas canciones de Adore que me gustan, y es el 11 de agosto de 1998, hace más o menos un mes Francia ganó la final del mundial de futbol en el Stade de France, las vacaciones de verano se están muriendo, no hemos cumplido ni la mayoría de edad y quién sabe si volveremos a vernos cuando tú vuelvas a clases, también cursarás el tercer semestre de Psicología pero en la UIC, y yo volveré a la Facultad de Psicología de la UNAM –ya te dije que preferiría cambiar de carrera, que no me veo como psicólogo clínico, que no me veo en un consultorio, que me veo en un laboratorio, que quisiera dedicarme la investigación básica y que no sé si quiero estudiar un posgrado, porque ése parece ser el camino, que el trabajo es escaso en la academia, que las plazas ya están apalabradas, que me cuesta mucho conectar con la gente, que la gente suele decirme que siempre parezco estar enojado, que parezco un gnomo colérico que quiere destruir todo por aquí y por allá, tú misma me dijiste eso cuando nos conocimos en el cumpleaños de Leonardo y platicamos sobre este concierto de los Smashing Pumpkins... –¿quién diría que asistiríamos juntos?–, cuando nos tomábamos unas Heineken y escuchábamos Mellon Collie & The Infinite Sadness y me decías que esperabas que los Pumpkins tocaran algo de Gish y de Siamese Dream en El Palacio de Los Deportes, y añadiste «pero ya ves que en Europa sólo han estado tocando Adore y versiones muy raras de Mellon Collie...», ¡uff!, siempre estás informada, quién sabe qué dirías si te contara las anécdotas del novio de Beatriz, quién sabe qué me dirías si te dijera que he estado pensando en Beatriz mientras le doy sorbos a esta tibia cerveza de concierto, tal vez terminarías conmigo, aún no sé si te cae mal Manson, si crees que es satánico, si eso te da risa, si eso te asusta –Beatriz era una santa–, aún no sé si te gusta Garbage, no hemos salido más que cuatro o cinco veces, nos conocimos hace un mes, sólo quiero abrazarte, sólo quiero sentirte cerca, sólo quiero devorarte, que me cuentes secretos al oído.

sábado, julio 19, 2025

The waiting drove me mad


Durante casi 20 meses consecutivos había estado corriendo “los experimentos”, todos los días, exceptuando uno que otro domingo, a las 8 AM. Nada ni nadie habían interrumpido esa rutina (“el amor por la investigación” y mi ingenuidad me cegaron y me hicieron creer que trabajar hasta en días feriados y en vacaciones, sin cobrar un centavo, eran la mejor forma en la que podía invertir mi tiempo y que me darían, tarde o temprano, la oportunidad de tener una plaza de académico de tiempo completo), pero, en fin, esa mañana rompí mi rutina. Las palomas, las cajas operantes de Skinner, Francis Mechner et al. y el laboratorio de Aprendizaje y Conducta Adaptativa, tuvieron que esperar. Pearl Jam había anunciado 2 fechas por primera vez en México, vendrían de gira con Riot Act –su séptimo álbum de estudio, lanzado apenas en el 2002, un álbum influenciado por el clima político y social que siguió a los atentados de Las Torres Gemelas y a la administración del “Texas leader”–, y esa mañana salían a la venta los boletos. 

Algunas estaciones del metro estaban en reparación. Después de esperar el RTP que me llevó hasta Velódromo, crucé a pie el puente de Río Frío y luego la ESEF y ese largo pasaje en el que confluyen unas canchas de futbol rápido y la calle en la que suelen ponerse los vendedores de mercancía pirata en los días de concierto. Apenas iban a dar las 7 de la mañana cuando llegué al Palacio de Los Deportes, pero ya había cientos de personas formadas en las taquillas. Parecía que había un casting para salir como extra en Singles, esa comedia romántica de 1992 donde Janet Livermore y Cliff Poncier fueron un pretexto para que Cameron Crowe mostrara la inminente explosión del grunge en Seattle, con cameos de Alice In Chains y de Chris Cornell y con Jeff Ament y Eddie Vedder en papeles secundarios. 

Traía mis walkman para matar el tiempo, así que me acomodé los audífonos, probablemente escuchaba Vs –uno de mis álbumes menos favoritos de PJ–, o la radio. Tomé mi lugar a varios kilómetros de distancia de las taquillas, entre toda esa gente melenuda con Levi’s, Martens y camisas de franela, y esperé. PJ nunca había sido mi banda favorita, mi devoción por Kurt Cobain me impedía apreciar su música, más bien creía que Vedder era un oportunista –lo delataba su desastroso pasado con Bad Radio, cuando era un desesperado imitador de Anthony Kiedis– y también creía que todo ese lío legal que PJ había armado en contra de Ticketmaster en la gira de Vitalogy sólo era mercadotecnia. Sin embargo, la chica con la que salía entonces era súper fan de la banda y me había convencido de que no podíamos perdernos ese concierto, así que allí estaba, en una especie de soledad compartida, con toda esa gente. 

Alrededor de las 9 AM, un tipo esparció el rumor de que se habían agotado los boletos para los dos conciertos. Casi de inmediato, otro tipo esparció buenas noticias: Vedder y compañía acababan de abrir una tercera fecha. Sintonicé la radio en mi walkman (o eso creo) y Rulo, “el profeta de la radio pública para dummies”, lo confirmó. Así que sólo tenía que seguir esperando. La fila avanzaba lentamente, mientras escuchaba una y otra vez Vs, mientras me preguntaba una y otra vez cómo habría sido mi vida si hubiera estado consciente de la escena musical de Seattle en septiembre y en octubre de 1993, cuando salieron a la venta In Utero y Vs, cuando In Utero vendió alrededor de 200, 000 copias en su primera semana de lanzamiento, cuando Vs vendió más de 900, 000 copias en los primeros cinco días de su lanzamiento, cuando yo sólo era un mocoso de secundaria y convivía con otros mocosos que sólo tomaban Tecates a escondidas y que no sabían ni quiénes eran los Caifanes..., ¿habría seguido el camino de la academia, o me habría convertido en un imitador de Cliff Poncier...?

Tal vez dieron las 11 AM, cuando compré tres boletos: uno para la chica que me había convencido de ir a ese concierto, uno para Diego –mi hermano, el menor, que estaba terminando la secundaria– y uno para mí. Tal vez no me quité los audífonos y continué escuchando Vs, tal vez caminé de vuelta hasta Velódromo y transbordé en Centro Médico, tal vez caminé desde Copilco hasta la Facultad de Psicología y fui al laboratorio de Aprendizaje y Conducta Adaptativa, tal vez me encargué de correr las últimas sesiones experimentales, no lo sé. Lo que sí sé es que estuve en el concierto de PJ del 19 de julio del 2003 en El Palacio de Los Deportes, fue un sábado y llovió, y me tomé una o dos cervezas, teníamos unos lugares horrendos, PJ abrió con “Wash”, la banda tocó 3 canciones consecutivas, después de “Given to fly” hicieron la primera pausa del concierto y Eddie dijo algo como: «Sábado por la noche en México... Hablo español un poco... Lo siento...», y la gente lo ovacionó. Somos un público fácil. 

En el concierto –que fue el último de la gira Riot Act por Latinoamérica y que transmitieron en vivo por radio a toda Latinoamérica– pasó de todo: Vedder llamó por teléfono a Marky Ramone, unos mariachis se subieron al escenario y le cantaron “Las Mañanitas” a Stone Gossard, Corin Tucker –la guitarrista y cantante de Sleater-Kinney– también se subió al escenario y acompañó a PJ a cantar “Hunger Strike”, las dos o tres últimas canciones las pasaron casi en directo por Telehit... 

Hoy también es sábado, a lo mejor llueve por la tarde, a lo mejor escucharé un rato Riot Act y trataré de pensar en que no han transcurrido ya 22 años.

domingo, octubre 14, 2018

Live Mud (2007)


Live Mud es uno de los álbumes en vivo de Mudhoney. Fue lanzado en vinilo por SubPop en el 2007 y sólo existen 500 copias. 

Fue grabado en El Palacio de Los Deportes por Brett Eliason con el equipo de grabación de Pearl Jam. La banda tocó canciones de Superfuzz Bigmuff (1988), Piece Of Cake (1992), Since We've Become Translucent (2002) y Under A Billion Suns (2006).

Según algunos blogs que he leído, la mayoría de los asistentes a ese concierto no conocían a esta legendaria banda de Seattle y quienes sí la conocían consideraban que se merecía un mejor escenario que abrir los conciertos de Pearl Jam del 2005 en la Ciudad de México y en Monterrey, durante su primera visita a nuestro país.

Stone Gossard, Jeff Ament, Steve Turner y Mark Arm tocaron juntos en Green River antes de que el sonido Seattle se volviera tan popular. Esta banda se disolvió a finales de los 80 y dio lugar a Mudhoney y a Mother Love Bone.

Cuando Andy Wood, el vocalista de Mother Love Bone, murió prematuramente debido a una sobredosis de heroína, Mother Love Bone se disolvió.

Chris Cornell, Stone Gossard y Jeff Ament quisieron rendirle un homenaje póstumo a Andy Wood y formaron Temple Of The Dog. 

Mike McCready y Eddie Vedder también colaboraron en este proyecto del que surgió Pearl Jam. 



Dos años antes del concierto en el que fue grabado Live Mud, Pearl Jam vino a México por primera ocasión.

Originalmente darían dos conciertos, pero los boletos se acabaron en un par de horas y los organizadores abrieron una fecha más. El mismo día que se anunció la tercera fecha, me fui a formar desde muy temprano a las taquillas de El Palacio de Los Deportes y conseguí tres boletos. 

Nuestros lugares estaban junto a las escaleras de la sección más barata -apenas podíamos estirar las piernas-, pero fue un gran concierto. 

El último de la gira de Riot Act (2002).

Sleater-Kinney fue la banda telonera. 

El concierto duró casi tres horas -incluso fue transmitido por radio a toda Latinoamérica-, Pearl Jam tocó la mayoría de sus éxitos, Corin Tucker cantó Hunger Strike a dueto con Eddie Vedder y unos mariachis le cantaron las mañanitas a Stone Gossard.


Cuando Pearl Jam volvió a México en el 2005, no tenía dinero. 

Acababa de tener mi primer trabajo como profesor de asignatura (conseguí un par de horas en el Departamento de Psicología de la Ibero) y pude haber ahorrado el dinero que me pagaron (no era mucho, pero fue el primer sueldo que obtuve en el que importó mi licenciatura) y pude haberme comprado un boleto en primera fila para escuchar a Mudhoney y a Pearl Jam, pero me lo gasté en un viaje que no tuvo ningún sentido. 

Pearl Jam había tardado muchos años en venir a tocar a México y estaba convencido de que habían regresado tan sólo dos años después de su primera visita porque se habían dado cuenta que era un buen negocio tocar aquí. 

(Tal vez sólo les gustó el público mexicano y por eso regresaron tan pronto.) 

De haber sabido que Mudhoney tocaría en ese concierto, lo habría pensado mejor. 


Cuando descubrí este álbum y comencé a escucharlo, me di cuenta de que lo único que realmente recuerdo de esos días es que los Pumas perdieron contra Boca Juniors la final de La Copa Sudamericana.

Es tan absurdo...  

Live Mud (2007)
Circo Volador (2014)
Palacio de Los Deportes (2005)

miércoles, septiembre 19, 2018

Desde mañana vamos a jugar sin ti


Una vez me encontré a Paco Huidobro en Guitar Gear. 

No pareció molestarse porque lo reconocí -incluso sonrió-, así que me acerqué y le pregunté si podía tomarme una foto con él. 

Jamás había hecho algo así y no quería ser inoportuno; no quería ser como uno de esos locos fanáticos que no respetan la privacidad de sus ídolos cuando los ven en persona, pero me sentí tentado. 

Aunque Huidobro platicaba con alguien sobre unos pedales para guitarra, accedió amablemente. Me cayó muy bien. Lo había visto en algunas entrevistas por televisión y me parecía un tipo temperamental al que no le gustaba la fama. 
   
Al salir de la tienda, lamenté no llevar mi copia de Leche (1993) -es el álbum de Fobia que más me gusta- y de no haber tenido la oportunidad de pedirle a Huidobro que me lo autografiara. 

¿Cómo iba a saber que me lo encontraría ese día, en esa tienda? 


Estaba en segundo año de preparatoria cuando escuché Mundo Feliz (1991). 
Sólo escuchaba a Nirvana, a Soundgarden (los Foo Fighters acababan de lanzar su primer álbum) y a bandas de ese estilo. Casi no escuchaba rock en español, pero el segundo álbum de Fobia me gustó. 

Ese álbum tenía canciones con letras muy extrañas. Los efectos de la guitarra y del sintetizador le daban a las canciones un sonido especial. Los coros de las canciones eran pegajosos. La batería y el bajo no eran sólo instrumentos de acompañamiento. 

Tenía la idea de que Fobia era una banda radio-friendly (no me gustan los anglicismos, pero no se me ocurre un mejor término en este momento) y sin embargo tenía todos sus álbumes de estudio. Me di cuenta de que mi mayor prejuicio hacia su música era que supuestamente los miembros de la banda provenían de familias con comodidades económicas. 

¿Qué hay de malo en ello?

Crecí en un ambiente lleno de prejuicios. 

Después de que Paco Huidobro fue tan amable conmigo en Guitar Gear, analicé la situación y volví a escuchar a Fobia.


Uno de mis primos escuchaba mucho rock en español. Era mucho más grande que yo y tenía una amplia colección de discos compactos. A veces lo acompañaba a alguna parte de la ciudad en su Sedán y él ponía música y me contaba de los conciertos a los que había asistido. 

Mientras recorríamos la ciudad escuchando rock en español, él me hablaba de lugares como Rockotitlán y La Última Carcajada de La Cumbancha y de bandas como Soda Stereo, Héroes del Silencio, Caifanes, Café Tacuba, Cuca, La Lupita, Santa Sabina, Maldita Vecindad y Los Hijos del Quinto Patio... 

Supongo que me disgustaba un poco el hecho de que él no pareciera ser muy selectivo con la música que escuchaba. También tenía álbumes de Maná y de Mikel Erentxun, de The Cure y de Pearl Jam, de Billy Idol y de UB40, de José José y de Bronco...

Era suya la copia de Mundo Feliz que escuché cuando estaba en la preparatoria. 



Paco Huidobro, Leonardo de Lozanne, Iñaki Vázquez, Jay de la Cueva y "El Cha!" dieron una conferencia de prensa a principios de año. 

Anunciaron el re-lanzamiento de toda la discografía de Fobia en una colección de vinilos y que harían una gira que pasaría por algunas ciudades del país para celebrar los treinta años de la banda. 

Los boletos para la única fecha de Pastel en El Palacio de Los Deportes se acabaron en un par de días, pero los organizadores abrieron otra fecha para el viernes próximo. 

Da click aquí, si quieres escuchar El Cerebro

sábado, agosto 11, 2018

It's Not Enough Just A Touch


El 11 de agosto de 1998, los Smashing Pumpkins tocaron por primera vez en la Ciudad de México. 

Se encontraban de gira, promocionando Adore. 

Ése era su cuarto álbum de estudio y era muy diferente a sus predecesores. 
Abundaban los sintetizadores y los efectos especiales.

Las canciones sonaban más a Eye que a Zero o I Am One.

Incluso las típicas baladas de Billy Corgan -como Suffer, Disarm, Stumbleine, In The Arms Of Sleep- sonaban distinto. 

Eye hasta entonces sólo había aparecido en el soundtrack de Lost Highway.

De acuerdo con James Iha y D'Arcy Wretzky, Billy Corgan quería cambiar radicalmente el sonido característico de la banda desde que habían colaborado para esa película de David Lynch.


Cuando comenzó la grabación de Adore, el líder de los Pumpkins había despedido a Jimmy Chamberlin.

Chamberlin era adicto a la heroína y había estado a punto de morir por sobredosis junto con Jonathan Melvoin, el tecladista que los había acompañado en la gira de Mellon Collie & The Infinite Sadness.

Al baterista original, lo sustituían cajas de ritmos en Adore y tres músicos en los conciertos en vivo. 

Él mismo cuenta que la primera ocasión en que los escuchó en el Avalon, antes de entrar a la banda y de que grabaran Gish, los Pumpkins tocaban con una caja de ritmos y sonaban horrible, a pesar de que la estructura de sus canciones era buena.

¿Cómo no iba a sonar distinto Adore, si le faltaba el toque de jazz y la fuerza que él le aportaba a los Pumpkins? 


Mi hermano y yo teníamos boletos en la sección C. 

Aunque estábamos de frente al escenario, nos quedaba muy lejos. 

Cuando compramos los boletos, casi dos meses antes, nunca se nos ocurrió que la vista era mejor desde los lados de esa sección. 

Aunque no dijimos nada, fue evidente que nuestros lugares nos decepcionaron. 

Apenas estábamos sentándonos, cuando un tipo de OCESA se nos acercó y nos pidió dinero para llevarnos a un lugar más cercano al escenario. 

Lo ignoramos y se fue en busca de otro cliente. 

Los Pumpkins salieron al escenario después de las nueve.

Parecían más una orquesta que una banda de rock alternativo.

Había más de diez músicos en el escenario. 


Abrieron con To Sheila y tocaron casi todo su cuarto álbum de estudio.

Aunque también tocaron unas versiones alternativas de Thru The Eyes of Rubi, Bullet With Butterfly Wings, 1979 y Tonight, Tonight, me pareció una descortesía. 

Jamás habían venido a México.

Entre una canción y otra, la gente les pedía alguno de sus éxitos -una chica a mi lado, incluso esperaba que tocaran Pissant-, pero no hubo complacencias. 

Ni siquiera tocaron Today. 

Billy Corgan ni siquiera habló mucho con el público. 


Salí decepcionado de El Palacio de Los Deportes.

El mismo espectáculo que ofrecieron esa noche los Pumpkins, lo habían estado tocando de manera gratuita en Europa.

Incluso MTV lo había estado transmitiendo durante el verano anterior.

La banda terminó con Transmission (sospecho que ese cover de Joy Division influyó en el repentino "re-descubrimiento" de la banda post punk inglesa) y esa canción fue seguida por un largo feedback en el que Billy Corgan y compañía subieron al escenario a algunos afortunados miembros del público, los dejaron tocar sus instrumentos y les hicieron creer que ellos eran los causantes de todo ese ruido, mientras desaparecían en las sombras.




miércoles, diciembre 13, 2017

Tus ropas caen lentamente


A finales de los ochenta, Soda Stereo ya era una banda muy popular en México. Sus canciones sonaban en la radio todo el tiempo. Entonces yo era un niño y, sin embargo, recuerdo haber escuchado “Persiana americana”, “Cuando pase el temblor” o “Nada personal” mientras íbamos a ver a los abuelos en el auto de mi papá, o mientras mi mamá preparaba la comida y escuchaba la radio. No estoy seguro, pero tal parece que la influencia de Soda en la música latinoamericana era ya innegable. Tampoco estoy seguro de que entonces hubiera habido una audiencia tan culta como la de nuestros días, que no se cansa de denunciar que Soda plagiaba canciones y ritmos de otros continentes.

A pesar de tener estos recuerdos de mi infancia, empecé a escuchar a Soda seriamente, cuando Cerati promocionaba Fuerza Natural. La banda nacida en los sótanos de Buenos Aires ya se había desintegrado y había dado un memorable concierto final en El Estadio de River. MTV y otros medios importantes habían estado transmitiendo incansablemente “De música ligera” grabada en vivo en ese último concierto, en donde Gustavo se había despedido con un “Gracias totales” que terminó convirtiéndose en una especie de eslógan del rock n' roll. 

Ya había escuchado a Cerati en un Vive Latino y en un festival donde también tocaron Café Tacuba y Placebo, pero no le había prestado mucha atención a su música. 

Sólo recuerdo que en algún momento dijo que tocaría una canción de Luis Alberto Spinetta y que las mujeres no dejaban de gritar mientras él lo decía.

Creía que Soda Stereo era una banda sobrevalorada y que la carrera solista de Gustavo Cerati dependía de su imagen.  




https://es.wikipedia.org/wiki/Spinetta/García
Sin embargo, se me ocurrió escuchar rock argentino, cuando faltaban unos meses para que comenzara el mundial de Sudáfrica 2010.

La selección argentina siempre ha sido el némesis de la Selección Nacional -los había eliminado con un gol de Maxi Rodríguez en el mundial anterior y les había ganado la final de La Copa América de 1993-, y no quería quedarme con la idea de que a los argentinos sólo les importaba el futbol.  

Javier Aguirre haría todo lo posible para que su equipo enfrentara al equipo de Diego Armando Maradona en Johannesburgo y para que fuera eliminado por segunda ocasión consecutiva por los argentinos en los octavos de final de un mundial, pero yo descubriría Artaud y Clics Modernos.

Esos álbumes me harían escuchar a Soda Stereo.  



He leído artículos en revistas de música y tweets de gente que trabaja en la industria de la música y que critica severamente a Soda Stereo. 

Los acusan de plagiar canciones de bandas europeas desconocidas y de haber tenido una gran influencia anglosajona en sus inicios.

No soy experto en música, pero no conozco a muchas bandas tan populares como ellos y que hayan evolucionado como ellos. 

Sus álbumes pasaron del punk, del reggae y del  jazz al funk, y del sonido de Nueva York al shoegaze, antes de tener un sonido propio.

Su primer álbum suena a The Police, pero el último suena a Soda Stereo. 

Nadie puede negar que son una de las principales bandas del rock en español.



Descubrí a Soda Stereo poco antes de Gustavo Cerati sufriera el accidente cerebrovascular que lo mantendría en coma durante varios años.

Fuimos a ver el espectáculo de SEP7IMO DIA.

Fue un espectáculo asombroso.

Será lo más cerca que estaré de Soda Stereo en vivo.


miércoles, agosto 23, 2017

Estática de televisión, zumbido de abejas y estrellas de rock femeninas


El lunes 14 de agosto, Blondie y Garbage tocaron en El Palacio de Los Deportes y dieron el último concierto de la gira Rage And Rapture. 

Esta gira comenzó en julio, recorrió varias ciudades de Estados Unidos 
y sirvió de promoción para Pollinator y Strange Little Birds, los más recientes álbumes de estudio de ambas bandas. 

Los precios de los boletos fluctuaban entre los $500 y los $3000, pero el jueves anterior hubo una promoción de 2X1 y compré dos boletos por $700. 


Apenas el viernes compré Strange Little Birds y me puse a escuchar ese álbum y el resto de los álbumes que ya tenía.    

Hacía más de 15 años que no escuchaba a Garbage y su música me trajo recuerdos.

Cuando salió su primer álbum, estaba en el segundo año de la preparatoria y pasaba muchas horas viendo MTV. 

Los programas que más veía eran Beavis & Butthead, Conexión, Hora Prima y Raizónica. 

También pasaban muchos videos de Garbage. 

De todos los que pasaban, el que más me gustaba era Queer. 

Shirley Manson se veía tan impresionante en ese video que me obsesioné con la idea de tener una novia que se pareciera a ella.
  

Tenía curiosidad por escuchar a Butch Vig -fue productor de Gish, de Nevermind y de Siamese Dream, y luego formó su propia banda y comenzó a emplear loops- y a Eric Avery -el bajista original de Jane's Addiction-, que había grabado algunas canciones de Strange Little Birds y que acompañaba a la banda de Wisconsin en esta gira.


Blondie en realidad nunca me había llamado mucho la atención. 


Aunque se trata de una de las bandas más reconocidas del punk rock -son contemporáneos de Ramones y de Television- y del new wave, sólo conocía canciones como 
Heart Of Glass, Call Me y The Tide Is High.

Debbie Harry a los 21 años de edad era mesera, bailarina a go-go y le servía tragos a celebridades de la época, vestida como conejita de Playboy, pero se convirtió en una influyente estrella de rock femenina. 

Chris Stein, además de ser guitarrista, co-fundador de la banda y compositor de algunas de sus canciones más conocidas -Dreaming, Heart Of Glass-, es un reconocido fotógrafo que trabajó con Andy Warhol y que documentó la escena punk de Nueva York de la década de los 70.

Clem Burke, también conocido como Elvis Ramone por haber tenido un paso fugaz en los Ramones, además de tocar la batería, financia un proyecto de neurociencias cuyo propósito es estudiar los cambios plásticos que ocurren en los cerebros de los bateristas.

Antes de escucharlos en vivo, consideraba a Blondie una banda pop que combinaba la música disco con el reggae. 


Nos bajamos en la estación Velódromo a las 6 de la tarde.

En el camino hacia El Palacio de Los Deportes pasamos por algunos puestos en los que abundaban las playeras para mujeres con el rostro de Debbie Harry. 

También había algunos puestos donde vendían las versiones japonesas de algunos álbumes de Blondie, de Garbage, de The Cure y de NIN.

(Supuestamente Butch Vig trabajó en una mezcla de Fixed, Trent Reznor le dijo que esa mezcla era una "basura" y de esa anécdota proviene el nombre de la banda.)

En el puesto de mercancía oficial de Garbage había tazas y pines, playeras y stickers, llaveros y gorras.  



Nunca había comprado boletos en esa parte de la sección C. 

Estábamos a un costado del escenario y teníamos una vista excelente. 

Garbage salió a tocar a las 8:45. 

Abrieron su show con No Horses -esta canción no aparece en ningún álbum de estudio; sólo está a la venta en formato digital y sus ganancias están destinadas a la Cruz Roja Internacional-, Sex Is Not The Enemy y #1 Crush. 


Casi todas las canciones de Strange Little Birds que tocaron, no las conocía el público.

Las canciones más ovacionadas fueron I Think I'm Paranoid y Cherry Lips (Go Baby Go!)

El setlist de Garbage f
ue casi idéntico al que estuvieron tocando en sus últimas presentaciones en Estados Unidos, e incluyó a la mayoría de sus canciones más conocidas. 

Shirley Manson se dio tiempo para contar anécdotas relacionadas con la grabación de The World Is Not Enough -una canción que fue utilizada para promocionar la película de James Bond- y para expresar su admiración hacia Debbie Harry.


También aprovechó para agradecer al público mexicano -y en especial a la comunidad LGBT- que los ha apoyado durante más de 20 años de trayectoria. 


Terminaron su show con versiones alternativas de Stupid Girl y Only Happy When It Rains. 


Shirley se equivocó en algunos coros y el público tardó en reconocer de qué canciones se trataba. 

La última canción que tocaron fue Vow.  

Shirley Manson abandonó 
el escenario a rastras y Butch Vig se despidió de manera entusiasta.  



Blondie salió a tocar a las 10:20, mientras una enorme pantalla detrás del escenario proyectaba estática de televisión y algunas bocinas emitían un ruido blanco que se confundía con el zumbido de las abejas. 

Clem Burke usaba una playera del CBGB -el legendario club de Nueva York donde la banda comenzó a tocar en la década de los 70-, Chris Stein traía gafas oscuras y saco, y Debbie Harry vestía como abeja. 


La gente había recibido bien a Garbage, pero fue evidente que la mayoría estaba allí para escuchar a Blondie. 


La banda neoyorquina abrió su show con One Way Or Another. 


Tocaron sus canciones más famosas, varias canciones de Pollinator, un cover de Bob Dylan -Rainy Women #12 & 35-, un cover de Céline Dion -My Heart Will Go On- y se despidieron del público con Dreaming. 

Las última canción fue una sorpresa para mí, pues sólo conocía el cover de los Smashing Pumpkins que cantaba D'Arcy Wretzky.  

Blondie me gustó más de lo que había imaginado. 

Nunca me había puesto a pensar por qué sobrevivieron a la música disco y por qué siguen vigentes después de casi 40 años de trayectoria.

Es injusto que su canción más popular sea Heart Of Glass. 



Algunas fotos son de Ocesa. 
Setlist de Garbage
Setlist de Blondie
Clem Burke Drumming Project