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sábado, agosto 11, 2018

It's Not Enough Just A Touch


El 11 de agosto de 1998, los Smashing Pumpkins tocaron por primera vez en la Ciudad de México. 

Se encontraban de gira, promocionando Adore. 

Ése era su cuarto álbum de estudio y era muy diferente a sus predecesores. 
Abundaban los sintetizadores y los efectos especiales.

Las canciones sonaban más a Eye que a Zero o I Am One.

Incluso las típicas baladas de Billy Corgan -como Suffer, Disarm, Stumbleine, In The Arms Of Sleep- sonaban distinto. 

Eye hasta entonces sólo había aparecido en el soundtrack de Lost Highway.

De acuerdo con James Iha y D'Arcy Wretzky, Billy Corgan quería cambiar radicalmente el sonido característico de la banda desde que habían colaborado para esa película de David Lynch.


Cuando comenzó la grabación de Adore, el líder de los Pumpkins había despedido a Jimmy Chamberlin.

Chamberlin era adicto a la heroína y había estado a punto de morir por sobredosis junto con Jonathan Melvoin, el tecladista que los había acompañado en la gira de Mellon Collie & The Infinite Sadness.

Al baterista original, lo sustituían cajas de ritmos en Adore y tres músicos en los conciertos en vivo. 

Él mismo cuenta que la primera ocasión en que los escuchó en el Avalon, antes de entrar a la banda y de que grabaran Gish, los Pumpkins tocaban con una caja de ritmos y sonaban horrible, a pesar de que la estructura de sus canciones era buena.

¿Cómo no iba a sonar distinto Adore, si le faltaba el toque de jazz y la fuerza que él le aportaba a los Pumpkins? 


Mi hermano y yo teníamos boletos en la sección C. 

Aunque estábamos de frente al escenario, nos quedaba muy lejos. 

Cuando compramos los boletos, casi dos meses antes, nunca se nos ocurrió que la vista era mejor desde los lados de esa sección. 

Aunque no dijimos nada, fue evidente que nuestros lugares nos decepcionaron. 

Apenas estábamos sentándonos, cuando un tipo de OCESA se nos acercó y nos pidió dinero para llevarnos a un lugar más cercano al escenario. 

Lo ignoramos y se fue en busca de otro cliente. 

Los Pumpkins salieron al escenario después de las nueve.

Parecían más una orquesta que una banda de rock alternativo.

Había más de diez músicos en el escenario. 


Abrieron con To Sheila y tocaron casi todo su cuarto álbum de estudio.

Aunque también tocaron unas versiones alternativas de Thru The Eyes of Rubi, Bullet With Butterfly Wings, 1979 y Tonight, Tonight, me pareció una descortesía. 

Jamás habían venido a México.

Entre una canción y otra, la gente les pedía alguno de sus éxitos -una chica a mi lado, incluso esperaba que tocaran Pissant-, pero no hubo complacencias. 

Ni siquiera tocaron Today. 

Billy Corgan ni siquiera habló mucho con el público. 


Salí decepcionado de El Palacio de Los Deportes.

El mismo espectáculo que ofrecieron esa noche los Pumpkins, lo habían estado tocando de manera gratuita en Europa.

Incluso MTV lo había estado transmitiendo durante el verano anterior.

La banda terminó con Transmission (sospecho que ese cover de Joy Division influyó en el repentino "re-descubrimiento" de la banda post punk inglesa) y esa canción fue seguida por un largo feedback en el que Billy Corgan y compañía subieron al escenario a algunos afortunados miembros del público, los dejaron tocar sus instrumentos y les hicieron creer que ellos eran los causantes de todo ese ruido, mientras desaparecían en las sombras.




lunes, enero 15, 2018

No es tan divertido como parece


Lola era más chica que yo. 

Nos conocimos en una clase de inglés. Tanto ella como yo éramos alumnos avanzados y la profesora quería prepararnos para que participáramos en un concurso de intercambio académico. 

La primera vez que la vi, Lola llegó al salón de clases, se sentó junto a mí y la profesora nos puso a trabajar juntos.  

Al principio, no le di mucha importancia a su aspecto. 

Medio noté que era blanca y muy delgada.

Como ella tenía el cabello largo y lacio y además usaba lentes, se veía como John Lennon en la época de Abbey Road. 



Nos pusimos a trabajar en una actividad del libro de inglés.

En el ejercicio, se suponía que yo buscaba trabajo en una oficina -aunque la actividad más bien se parecía a uno de los horribles interrogatorios que hacen en las aduanas de los aeropuertos de Estados Unidos- y ella me entrevistaba.

La pronunciación de su inglés era estupenda (y eso me gustó mucho), pero ella hablaba con una voz muy temblorosa.

Yo decidí darle mi número telefónico verdadero. 

Tenía la impresión de que ella se sentía atraída por mí y sólo quería comprobarlo. 

A lo largo de la actividad, Lola no pudo sostenerme la mirada.
Era tan tímida que parecía que en cualquier momento se desmayaría. 

Cuando llegó mi turno para entrevistarla, ella se sonrojó y tardó mucho en responder cada una de las preguntas. Corrigió la mayoría de ellas, como si estuviera buscando mi aprobación.

(Supongo que ella en verdad creía que yo ya no era un adolescente cualquiera). 



Tan sólo unos días más tarde, una chica misteriosa comenzó a llamarme por teléfono, casi tres veces por semana. 

La primera vez que hablamos, yo veía por televisión una sesión que Nirvana dio en los estudios MTV de Nueva York en enero de 1992. 

Casi nunca transmitían esa sesión completa, y me molestó mucho que Lola me interrumpiera precisamente en ese momento, pero de todas formas hablamos durante casi una hora por teléfono.

Aun cuando la chica misteriosa se rehusó a darme su nombre, fue obvio que se trataba de ella.

Algo que sí me dijo por teléfono fue que le gustaban Los Cranberries y que era admiradora de Dolores O' Riordan. 

Me contó muchas cosas de la banda irlandesa de rock e incluso prometió que, eventualmente, me prestaría sus álbumes favoritos.

Cuando estuve plenamente convencido de que Lola era la chica misteriosa que me llamaba por teléfono, decidí buscarla en la escuela. 

Quería conocerla en persona porque me había simpatizado. 

Además, ella había confesado que se sentía interesada en mí y yo tuve la loca idea de seguirle el juego y considerar la posibilidad de que comenzáramos a salir y de que ella terminara siendo mi novia. 



Una mañana faltó el profesor de la segunda clase, y salí del aula. 

Ella estaba sola.
Almorzaba, junto a una de las canchas de basquetbol.

Me acerqué y le dije que estaba seguro que ella era la chica misteriosa que me hablaba por teléfono.

Por supuesto que ella se hizo la desentendida, pero se ruborizó. 

En unos días, ya nos hablábamos en persona.
Entonces me dijo que tenía novio.
Se conocían desde la secundaria.

Fue muy extraño, pues la única razón por la que Lola había comenzado a llamarme por teléfono era porque estaba interesada en mí y sin embargo no quería terminar con su novio. 

También era incómodo, porque algunas veces, mientras ella me llamaba por teléfono desde su casa, su novio llegaba de visita y teníamos que colgar.  



Solíamos escaparnos de algunas clases y platicar.

Una vez le dije que ya me había cansado de la situación, que también me interesaba salir con ella y que no quería seguir pretendiendo que todo estaba bien así. 

Le dije que no volvería a hablarle hasta que dejara a su novio.

Entonces ella me besó. 

Estábamos en el auditorio de la escuela. 
Uno de mis amigos iba a actuar como Poseidón en una obra de teatro y yo había invitado a Lola para que me acompañara. 

Toda la tarde había estado lloviendo y Lola y yo habíamos pasado mucho tiempo juntos. 
Yo no podía dejar de ver su cabellera húmeda, ni dejar de pensar que en verdad ella se parecía mucho a John Lennon. 

Lola estaba comiéndose unos Ruffles, o alguna comida chatarra. 

De repente, en la penumbra del auditorio, noté que sus pupilas se dilataban detrás de los cristales empañados de sus lentes.

Ella tomó una de mis manos y sus ojos adoptaron una actitud salvaje, como si estuvieran poseídos por un embrujo y todo formara parte de un ritual, y entonces puso sus labios alrededor de los míos. 


Su lengua se movía de un lado a otro.
Yo estaba estupefacto.
Mientras detectaba el sabor de los Ruffles en mi paladar y Lola mantenía los párpados cerrados, yo sólo pensaba en que jamás se me había ocurrido que ella podría besar con tanta pasión.

Siempre la había visto más como una chica culta que como una mujer pasional. 

Hace más de 20 años vi a Lola por última vez.

Yo acababa de entrar a la Universidad y un día se me ocurrió ir a visitarla a mi antigua escuela.

Ella estaba en el último año de la prepa y, tontamente, durante todo el trayecto supuse que le daría gusto verme.

Pero Lola fue cortante. Se veía muy angustiada. 
Tal vez esperaba que su novio apareciera en cualquier momento. 

Me molestó tanto su actitud que le mentí y le dije que no había ido a la escuela a verla a ella, sino que había quedado con alguien más, y me largué de allí. 
Jamás volví a buscarla.

Quisiera saber si se convirtió en la profesora de inglés que quería ser y cómo se siente hoy.  


'Cause It's Not, Not What It Seems

sábado, noviembre 12, 2016

American Junkie | Tom Hansen (2010)


Hace unos cuatro meses, mientras procastinaba –evadía la actualización de varios kilobytes de información de mi viejo CVU a la nueva plataforma del CONACYT y también evadía la realización de un análisis estadístico que requería el empleo de una vieja SONY VAIO que tarda horas en encender y que tiene un ventilador que suena a turbina de avión–, me encontré en internet un blog con una reseña sobre una novela que había escrito "uno de los dealers de Kurt Cobain, Layne Staley y Mark Lanegan".

(De hecho, si no recuerdo mal, los términos "dealer", "grunge*" y "Kurt Cobain" destacaban en el título de la reseña.)

Obviamente, el título me dio curiosidad y continué leyendo la nota. 

Para mi sorpresa, la reseña no contenía esa clase de juicios de valor simplistas –del estilo "¡me encantó!" y "¡la odié!"– que caracterizan a la mayoría de los artículos en internet que escriben los admiradores/detractores/críticos (aficionados) de los artistas.

El autor de la reseña explotaba el status de rockstar del líder de Nirvana y de su trágica entrada al "club de los 27" y dejaba claro que American Junkie (2010) era una novela biográfica que contenía información sobre el mundo de las drogas en el que estaban inmersas las estrellas de rock más célebres del "sonido Seattle", pero no daba los detalles de la trama de la novela.

(¿A quién le interesaría leer una novela que ya le contaron de principio a fin...?) 



En lugar de ponerme a trabajar en el análisis estadístico y en la actualización de mis datos en la nueva plataforma del CONACYT, me puse a buscar en internet más información sobre Tom Hansen –el autor– y sobre la novela.  

No tuve suerte: ni Wikipedia ni El Rincón del Vago tenían artículos sobre estos temas. 

Cuando estaba a punto de desertar y de ponerme a trabajar –tenía varios días postergando estas actividades–, encontré la novela en Amazon. 

Allí tampoco había reseñas sobre la novela ni información sobre el autor. 

Tom Hansen y su novela –al igual que las teorías conspiracionales relacionadas con la participación de los Iluminati en la muerte de Kurt Cobain– parecían una leyenda. 

De acuerdo con la plataforma de Amazon, si le daba click a mi compra, adquiriría uno de los últimos ejemplares en stock de la primera edición en formato físico de American Junkie. 

Debió de costar alrededor de $200. 

Amazon sugirió que también podía interesarme adquirir Come As You Are. 
No tenía presente este libro en ese momento, pero siempre lo había querido leer. 

Los dos libros tardaron casi un mes en llegar a la casa y comencé a leer American Junkie cuando terminé de leer la biografía oficial de Nirvana, escrita por Michael Azerrad.



Acabé de leer la novela, hace unas semanas. 

He estado pensando qué escribir al respecto –¡debo escribir algo al respecto!–, pero aún no sé por dónde empezar. 

No quiero terminar escribiendo cuánto me gustó, ni por qué me pareció genial. 

Tampoco quiero escribir mis primeras impresiones. 

Si lo hiciera, probablemente terminaría escribiendo el tipo de cosas que odio de la mayoría de las reseñas que leo en internet sobre algún artista o sobre la obra de algún artista.

(No quiero llenar esta entrada con palabras rimbombantes para impresionar a nadie –como hacen algunos "profesionales" que inundan las redes sociales con sus "artículos"–, ni tampoco quiero disfrazar mi falta de imaginación con adjetivos reiterativos –ídem–.

Tampoco quiero que esta entrada parezca uno de esos artículos que van de "la descarada adulación" a "la crítica objetiva" y cuyo único propósito parece ser que el artista involucrado los encuentre, los lea –se sienta halagado o vilipendiado– y "los haga virales"...) 


Empezaré por lo más obvio. 

A diferencia de la reseña que me trajo a esta novela –o, al menos, a la idea que sugería el título de la reseña–, no creo que lo más destacable de American Junkie sea que "fue escrita por uno de los dealers de Kurt Cobain". 

Aun cuando he escuchado durante más de veinte años la música de Nirvana y he leído decenas de libros sobre Kurt Cobain y lo más normal sería que terminara escribiendo una reseña sobre su adicción a las drogas y que terminara abrumando al lector con detalles sobre su vida y su obra, American Junkie no es el caso. 

Tal vez no está mal publicar una reseña de American Junkie en internet enfatizando que la escribió uno de los dealers de Kurt Cobain, pero tratar de enganchar al lector sugiriéndole que en ella encontrará anécdotas que involucran al líder de Nirvana, a Mark Lanegan y a Layne Staley, como si eso fuera lo más importante de la novela, es un gran error.

(¿Una trampa?)

Los pasajes de la novela en los que se alude a Kurt Cobain –cuyo cadáver fue hallado por un electricista en el invernadero de su casa en Lake Washington, en abril de 1994–, al vocalista de Alice In Chains –cuyo cadáver fue hallado, en estado de descomposición, por sus familiares, en su departamento, dos semanas después de su muerte, en abril del 2002– y al ex-vocalista de Screaming Trees –único sobreviviente del grupo de músicos asociado con "el sonido Seattle" de la década de los noventa, adictos a la heroína–, sólo son, por decirlo de alguna forma burda, la cereza en el pastel.

(Estos pasajes, corresponden más o menos al 3% de American Junkie.) 



Independientemente de su trabajo como escritor, Tom Hansen fue guitarrista de bandas punk que tocaban en el circuito underground de Seattle mucho antes de que Nevermind y Ten "le volaran la cabeza" al mundo de la música. 

A finales de los ochenta, después de estar en bandas como The Fartz y The Refuzors –la primera, compartió escenario con Dead Kennedys; la segunda, tuvo un éxito llamado Splat Goes The Cat**–, grabó un álbum de estudio con Crisis Party.

(Según él mismo –y algunos expertos– es un álbum de dudosa calidad; sin embargo, actualmente es un objeto de colección y cuesta una pequeña fortuna en internet.) 

Hansen encontró, temporalmente, en la música un tipo de felicidad que nunca había experimentado, pero se aburrió de tocar siempre las mismas canciones –las bandas en las que creaba la música que le causaba más satisfacción, nunca tenían éxito; las bandas en las que tocaba la música más simple y más burda, tenían un éxito inesperado–, y cambió la música por las drogas. 

Del alcohol y la marihuana, pasó a los ácidos. De los ácidos, pasó a la cocaína y a la heroína. De la heroína, pasó a analgésicos como el Percodan y el Demerol. 

En algún punto de su vida, encontró su empleo ideal: siendo su propio jefe, trabajando a su propio ritmo y vendiendo (y consumiendo) drogas. 
En un día de trabajo, regularmente, podía ganar hasta $5, ooo USD. 

Irónicamente, proveyéndole drogas a Kurt Cobain, a Mark Lanegan y a Layne Staley –entre otros músicos de la escena– fue como se hizo de un nombre en el circuito underground de Seattle.


En 1999, Tom Hansen terminó de emergencia en el hospital.
Entonces había sido adicto a la heroína durante más de una década.  

Debido a los abscesos que tenía en una de sus piernas –la pierna ya estaba casi en los huesos y estaba llena de infecciones–, le resultaba muy difícil caminar y moverse, y el dolor era insoportable. 

El continuo empleo de jeringas para inyectarse drogas, ya había hecho que la mayoría de sus venas desaparecieran de la superficie de su piel. Tom Hansen tenía unos meses inyectándose en las pantorrillas... y, en particular, en una herida abierta en una de sus piernas. 

En el Harborview Hospital, los médicos estuvieron a punto de amputarle la pierna infectada. Su tolerancia a los opiáceos era tan fuerte, que despertó en medio de la cirugía. 
La dosis de anestesia que le administraron los médicos no fue suficiente para mantenerlo dormido durante el procedimiento quirúrgico. 

Tom Hansen permaneció alrededor de nueve meses en el hospital, recapacitando acerca de su vida. Su estadía en el hospital dio lugar a la escritura de American Junkie. 


American Junkie ha sido catalogada por los expertos como una novela negra, su narrativa tiene un carácter introspectivo y está plagada de pasajes en los que la muerte siempre está presente: desde que Tom Hansen era un niño y vivía en Edmonds y perdió a su padre trágicamente, hasta que se hizo de un nombre como proveedor de drogas en Seattle y vio morir por sobredosis a un montón de sus clientes. 

Terminaré por lo más obvio: la última parte de la novela en la que Tom Hansen relata brevemente sus encuentros con estrellas de rock. 

(Esta parte de la entrada es la única sección de la novela que te interesaría leer, si eres un fan from hell del grunge***.)

En una ocasión, él les vendió droga a Kurt Cobain y a Dylan Carlson.

Era el 13 de diciembre de 1993. 

Los tres están en su Camaro, a unas cuadras de Pier 48, unas horas antes de que Nirvana toque el famoso Live N' Loud de MTV. 

Él conduce, Cobain va en el asiento del copiloto y Carlson va en el asiento trasero.

Mientras el automóvil circula a través del tráfico y Hansen ve a las decenas de admiradores de Nirvana caminar hacia el muelle y a Kurt Cobain sonriéndole desde el asiento del copiloto, no puede dejar de pensar que, en ese momento, él es quizá el ser más invisible en la escena musical de Seattle y que sin embargo tiene "algo" que ni la música ni sus admiradores pueden proveerle directamente a la estrella de rock más conocida en todo el mundo.


Mientras relata ese momento, asegura que tenía la impresión de que no volvería a ver al líder de Nirvana y lo recuerda como un tipo muy solitario con el que pudo tener una sólida amistad. 

Según él, cuando le llevaba drogas a algún hotel o a alguna de sus casas, Cobain siempre parecía dispuesto a conversar... y especula que tal vez Cobain lo veía como un tipo que no iba a pedirle ningún favor y que por esa razón lo invitaba a hacerle compañía. 

Más tarde, vuelve a Pier 48 –Cobain le regaló un pase para el backstage– y se siente fuera de sitio. Hubo un tiempo en el que conocía a toda la gente que asistía a los conciertos en Seattle. 

En ese momento, en el escenario, además de Cobain, Novoselic y Grohl, sólo identifica a Pat Smear –exguitarrista de los Germs– y, cerca de la consola de sonido, a Dylan Carlson.

Se siente ajeno a esa generación de adolescentes con camisas de leñador que saltan enloquecidamente mientras suena Radio Friendly Unit Shifter. 

Se despide de Carlson, un poco defraudado porque Nirvana no ha tocado Something In The Way, y abandona el lugar cuando suena Breed. 


Unas páginas más adelante, relata que va al departamento de Layne Staley.

El único mueble que hay en todo el lugar es un sillón y él se sienta en el suelo. 
Layne se inyecta la droga y luego le ofrece. 
A Hansen no le gusta drogarse con sus clientes, pero hace una excepción. 

La heroína comienza a surtir efecto, mientras suena Mad Season a todo volumen. 

Alice In Chains se ha tomado un receso y el álbum homónimo de Mad Season tiene un par de meses de haber sido lanzado a la venta. 

Después, Staley y él recorren Seattle en motocicleta.

En las páginas finales de American Junkie, Tom Hansen también relata un encuentro con Mark Lanegan. 

El ex-vocalista de Screaming Trees tiene unos meses viviendo en Seattle y The Winding Sheet, su álbum debut, tiene poco tiempo de haber sido lanzado a la venta. 

El departamento de Lanegan es un desastre. 
Hay libros, vinilos y discos compactos tirados por toda la sala. 

Mientras Lanegan se va a inyectar al baño, Hansen le esconde unos gramos de heroína en una de las cajas de uno de los discos compactos que encuentra por ahí. 

Lanegan suele llamarlo a altas horas de la noche, pidiéndole droga. 

Se ha vuelto costumbre, así que Hansen suele dejarle algunos gramos de droga en su departamento, escondidos por ahí, y le revela los lugares en los que los escondió, cuando Lanegan lo llama por teléfono. 


Estos pasajes sólo refuerzan la novela.

Sería una estupidez decir que American Junkie sólo habla de esta clase de anécdotas y que usa como "gancho" a estos personajes para "atrapar" al lector.

También sería una estupidez decir que Tom Hansen sólo fue dealer de estos artistas vinculados con el consumo de heroína. 

American Junkie, no es una novela de "grunge".

Si nunca has escuchado un álbum completo de estas bandas –o de ninguna otra–, pero te gusta el "grunge", mejor no leas American Junkie. 

Te aburrirás y, si no tienes la madurez suficiente... desearás volverte un junkie.

____________

*Léase despectivamente. 
**En un concierto a beneficio, organizado por KRAB Radio, en el Dancehall USA, la banda arrojó al público un gato muerto que habían recogido unas horas antes en Capitol Hill, mientras compraban cerveza en una tienda de conveniencia. Splat Goes The Cat, compuesta por Michael Refuzor, narra la historia de un gato que se pierde en la ciudad, que se asusta por el ruido y por la gente y que luego corre por la calle hasta que un automóvil lo arrolla. El evento quedó registrado en un periódico.  
***Léase sarcásticamente. 

viernes, junio 17, 2016

Montage Of Heck


Fui a ver Montage Of Heck porque Kurt Cobain es uno de los pocos temas que siguen apasionándome desde la adolescencia. 

Eso significa que no soy uno de esos admiradores que sólo han escuchado algunas canciones de Nevermind o que vagamente conocen In Utero o Unplugged In New York y que no pueden decir de memoria el tracklist de ninguno de sus álbumes.

Tampoco soy uno de esos admiradores que compran todo lo que tenga relación con el líder de Nirvana o con cualquier otra banda cuyos integrantes hayan muerto en condiciones sospechosas. 

He visto todos los documentales y películas disponibles que abordan la muerte de Kurt Cobain -Kurt & Courtney, About A Son, Soaked In Bleach, Last Days- y he leído libros sobre el mismo tema, como Heavier Than Heaven o Cobain Íntimo.

Incluso he leído sus diarios y la biografía oficial de Nirvana escrita por Michael Azerrad. 

A pesar de lo anterior, no me considero ni vigilante ni crítico de todo lo relacionado con Nirvana -jamás diría que tenía expectativas muy altas respecto a este documental, ni a cualquier otro-, así que ese viernes en el Cinépolis de La Diana Cazadora, no tenía ningún interés en formular una nueva hipótesis acerca de su muerte, ni quería satanizar a Courtney Love o endiosar a Frances Bean.

Sólo tenía curiosidad por saber qué tal estaba este documental avalado por la familia Cobain Love.

Este documental ha sido criticado por Buzz Osborne, el líder de Melvins, una banda formada en Montesano, Washington en 1983 y que fue una gran influencia para Kurt Cobain antes de que éste se convirtiera en un personaje famoso.

Los admiraba tanto que incluso audicionó para tocar el bajo con ellos y se encargó de pintar la camioneta en la que transportaban sus instrumentos. 


Antes de que comenzara la función, se me ocurrió comprar una bebida.

Estaba caliente y ligeramente ácida. Sólo le di un trago, pero me cayó mal inmediatamente. 

Tengo reflujo gastroesofágico y desde hace un año he estado en tratamiento médico.
Cambié mi dieta, dejé de beber alcohol, dejé de fumar y nada ha funcionado. 

Cuando algún alimento o bebida me cae mal, los jugos gástricos ascienden por el esófago y siento que la garganta se me cierra y que me falta el aire.

Comienzo a ponerme ansioso.  

La ansiedad es infernal. 

Los lugares cerrados y la oscuridad aumentan la ansiedad. 

No puedo dejar de pensar que me desmayaré y que dejaré de respirar, o que me ahogaré. 

He intentado muchas cosas para mitigar la ansiedad, pero nada ha funcionado. 

Tuve que dejar de beberme el té y esperé a que el malestar menguara. 

No quería tener una crisis de ansiedad y terminar abandonando la sala de cine para tomar aire y tranquilizarme, justo cuando comenzara el documental de HBO. 


El malestar cedió poco a poco.

Cuando me sentí mejor, pensé que de cualquier modo esa experiencia de sofocamiento terminaría influyendo en mi percepción sobre el documental de Brett Morgen. 

Para mi desgracia, había una chica sentada junto a mí. 
No dejaba de hablar.

Las luces de la sala aún estaban encendidas. 

Volteé a verla.

Debería de tener unos dieciséis años. 

Ella iba con sus papás, y su atuendo era el de una adolescente admiradora del sonido Seattle de la década de los 90. 

Traía una camisa de leñador, una playera con el rostro de Kurt Cobain estampado, una falda escocesa, unas medias de bailarina de ballet y unas Doctor Martens.

Creo que su cabello estaba teñido de rosa brillante. 

Me bastó escucharla hablar un par de minutos para darme cuenta que era el tipo de adolescente que adora todo lo relacionado con Kurt Cobain. 

La chica no dejaba de contarles a sus papás cosas sobre Nirvana.

Era obvio que así estaría toda la función.

 

Unos diez minutos más tarde, ya no me sentía tan mal y empezó Montage of Heck. 

Lo primero que me impresionó fue el sonido. 

Me di cuenta que nunca había escuchado a Nirvana a un volumen tan alto, ni siquiera cuando era un adolescente como la chica que estaba sentada junto a mí y yo no hacía otra cosa más que escuchar su música.

Territorial Pissings sonaba a todo volumen, mientras se mezclaban en la pantalla del cine diversas escenas de Nirvana tocando en vivo. 

Los instrumentos desaparecieron poco a poco y sólo quedaron los coros de la canción.

Mientras la voz de Kurt Cobain gritaba desgarradoramente desde el más allá, la toma se cerró a una escena de Aberdeen a finales de los 60. 

El contraste entre esos gritos desgarradores y el pueblo donde Cobain nació y vivió su infancia fue conmovedor. 

Un punto para el documental. 



La primera parte de Montage Of Heck aborda la infancia de Kurt.

Nos muestra que era un niño cariñoso y sociable, querido por todos, interesado por la música y por la pintura.

Su carácter empezó a cambiar con la llegada de su hermana Kimberly, cuando toda la atención dejó de centrarse en él. 

En su escuela, los profesores se quejaban a menudo de que Kurt era distraído y sus papás tuvieron que llevarlo al médico y el médico les recetó metilfenidato. 

Todo marchaba relativamente bien hasta que sus papás se divorciaron, cuando él tenía alrededor de diez años. 



Brett Morgen tomó audios grabados por Cobain y les puso animaciones.

Éstas son lo mejor del documental. 

Hay una en la que Kurt relata su primera experiencia con la marihuana.

Estaba en la secundaria y se juntaba con los maleantes de su clase.

Se metían a escondidas a la casa de una chica con retraso mental y robaban botellas de alcohol.

A la chica siempre la dejaban sola sus padres y supuestamente él abusó de ella.

Todos se enteraron en la escuela, lo suspendieron y los chicos le pusieron un apodo humillante y él se sintió muy mal por lo que le había hecho a la chica.

Quería morirse, se echó sobre las vías del tren a esperar la muerte.
Estuvo toda la noche así, pero el tren nunca pasó por allí.

Al volver a su casa, fumó marihuana y se puso a escuchar música en sus audífonos. 

La yerba lo ayudó a apreciar de otro modo la música y a tener un interés por crear música. 


Hay otra animación en la que Kurt Cobain está tocando Been A Son en el departamento de Olympia en el que vivían él y Tracy Marander. 

De repente suena el teléfono y él tiene que dejar de tocar la guitarra para contestarlo. 

Escuchar tanto la maqueta de esa canción incompleta como la conversación telefónica y mostrar cómo pudo ocurrir todo eso en la cotidianidad de un joven Kurt Cobain que componía canciones para su banda, fue muy ingenioso.

 Otro punto para el documental.

Aunque Tracy fue muy importante en la carrera de Nirvana -ella trabajaba mientras Cobain se enfocaba en componer las canciones de Bleach o pasaba el día viendo televisión-, no aparece jamás en el documental. 

¿Por qué? 

Otras partes de Montage Of Heck están hechas con videos caseros de Kurt, Courtney y Frances Bean. 

Algunos fueron demasiado íntimos y otros muy amarillistas.


En uno de ellos, alguien demasiado cercano a Kurt y a Courtney, los filma semidesnudos frente al espejo de un baño. 

¿Quién podría ser tan cercano a los dos, como para tener esa libertad de filmarlos en esas condiciones y por qué los filmaría? 

En otro video, alguien los filma en lo que parece un cumpleaños de Frances. 

Aparecen Dave Grohl y Krist Novoselic con regalos para la niña.

Kurt Cobain se ve infernalmente aburrido y desaparece a la menor oportunidad, mientras Courtney Love le grita furiosamente que vuelva cuanto antes. 

El video más amarillista de todos fue uno en el que se sugiere la adicción de Kurt Cobain a los opiáceos. 

Courtney Love intenta cortarle el cabello a la niña y él intenta cargarla, pero está quedándose dormido y su esposa lo regaña y le pregunta si quiere darle ese ejemplo a su hija. 


En el documental también abundan dibujos de Kurt y algunas hojas de cuaderno con las letras de algunas canciones de Nirvana escritas por el puño y letra de Kurt.

Estas piezas aparecen acompañadas por música de Nirvana. 

Otro punto para el documental. 

Brett Morgen tenía acceso completo al material de Kurt Cobain y de Nirvana.

Fue alentado por la esposa y la hija del artista, y estaba autorizado a usar todo el material como mejor le pareciera. 

Habría sido un desperdicio que no explotara todas estas cosas.

Otro punto para el director. 

La última parte del documental es la peor. 

Wendy O'Connor -la madre de Cobain- y Courtney Love hacen su aparición melodramática en plan de actrices.

Bajo un ambiente lúgubre -luces tenues, ausencia de música, la cámara enfocándolas individualmente-, dan sus testimonios acerca de los problemas de Kurt con las drogas y con la fama. 

No lo soporté. 

El propósito parecía convencer al espectador de que Kurt Cobain tenía razones para dispararse una escopeta en la boca -aun dejando huérfana a su hija- y que es un mártir del rock n' roll. 

De hecho, Wendy y Courtney repetían casi el mismo monólogo y lloraban casi después de decir las mismas frases. 

Sentí lástima por Kurt.
Aparentemente, se casó con una mujer idéntica a su mamá. 

Obviamente, la chica de las Dr. Martens que estaba sentada junto a mí, se puso a llorar.



Esta parte final, me decepcionó.

En conclusión, Montage of Heck es una versión autorizada de la muerte de Kurt Cobain. 

Creo que le gustará a la mayoría de la gente y que volverá locos a los admiradores de Nirvana que sólo conocen Smells Like Teen Spirit...