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sábado, marzo 25, 2023

Bulletproof Cupid


Subo sigilosamente a la recámara y mis pasos no sólo son como un yunque, sino que hacen un ruido terrible, hacen que los peldaños de las escaleras retumben; estoy exhausto: no corrí por la mañana, pero nadé por la tarde (y el aroma del cloro de la alberca permanece en mi memoria y me remonta a momentos felices), y ya casi es medianoche y todos duermen en la casa y me he bebido unos tres o cuatro whiskies. 

Alexa escupe “Bulletproof Cupid” por enésima ocasión en el día (a un volumen moderado) y mis oídos piden un poco de paz. Esta canción es la pista que abre el cuarto álbum de estudio de Placebo, y este álbum hoy cumple 20 años. 

Por la mañana, me enteré accidentalmente de este aniversario –tiene muchos años que no escucho a Placebo–, y he estado escuchando Sleeping With Ghosts todo el día: mientras me medía la glucosa, mientras les daba comida blanda a los gatos, mientras recogía la arena de los gatos, mientras me bañaba, mientras desayunaba, mientras tomaba el sol, mientras me daba un receso (después de estudiar un capítulo sobre la teoría del punto fijo y la teoría del ajuste y la teoría lipostática y la teoría glucostática, y la lipogénesis y la adipogénesis y la regulación a corto y a largo plazo de la ingestión de alimento), mientras me comía una manzana, mientras transcurría la mañana y llegaba la tarde y me alistaba para ir a nadar...

Me comía una manzana y continuaba escuchando este álbum, y recordé que siempre me ha gustado la guitarra eléctrica de “Bulletproof Cupid” y me pregunté por qué nunca había aprendido a tocarla en la guitarra. Katz me platicaba que un familiar sería intervenido quirúrgicamente de emergencia, Brian Molko cantaba “English Summer Rain”, y recordé cuando mi papá estuvo casi 3 meses en un hospital por una peritonitis, casi a la par del lanzamiento de este álbum, y, para no clavarme con la noticia, le pedí a Alexa que tocara “Bulletproof Cupid” (otra vez) y me acabé la manzana y tomé mi guitarra acústica y revisé un video en YouTube para ver cómo la tocaba Brian Molko en vivo y entonces comencé a imitarlo y a tocarla, mientras Katz pasaba a otro tema –cuánto la entusiasman las clases de natación que ha tomado desde hace casi dos meses–, y entonces la música me atrapó y me remontó al año 2003, cuando Sleeping With Ghost salió a la venta y lo escuchaba casi todos los días –no los conocía realmente, pero era una de las pocas bandas sobrevivientes de la música que había escuchado durante mi adolescencia– y, en verdad, era un idiota sin ninguna credencial académica y no sabía tocar la guitarra y no sabía qué quería hacer con mi vida; cuando le hablaba a muchas personas que ya no forman parte de mi vida; cuando una de esas personas que formaban parte de mi vida, me dejó plantado, con el corazón roto –yo me lo gané, a pulso– y con un boleto extra en la mano para el Festival Alternativo que se llevaría a cabo en El Foro Sol en noviembre del 2003 y que tendría como acto estelar a Placebo, después de Café Tacuba, después de Gustavo Cerati y después de algunas bandas como Kinky y después de algunas artistas como “la mala” Rodríguez.

Tras un par de repeticiones del video –Placebo tocaba en París, o algo así–, aprendí, más o menos, a tocar “Bulletproof Cupid”. Se acercaba la hora para ir a nadar, y Katz me acabó de contar lo que me estaba contando y luego se puso a revisar su cuenta de Instagram en su teléfono celular. Yo seguía en mi propio mundo y me acordé de algunos detalles de ese Festival Alternativo –las chicas se volvieron locas con Gustavo Cerati, sobre todo cuando cantó “Puente”, y fui terriblemente prejuicioso con él, y su actuación, incluso cuando tocó una canción de Luis Alberto Spinetta, me pareció poco relevante– y de cuánto me impresionó esta canción, con la que Placebo abrió su actuación. 

Faltaban unos cuantos minutos para que saliéramos a nadar, y no resistí a la tentación de tomar mi Jazzmaster (Brian Molko tocaba una Jazzmaster en El Festival Alternativo– y enchufarla al amplificador y grabarme con un micrófono y con mi teléfono celular y luego escuchar cómo sonaba mi interpretación de “Bulletproof Cupid”, y lo hice, y luego reproduje el video y no me gustó cómo tocaba la guitarra.

Nos fuimos a nadar y luego volvimos y después comimos, y volví a tocar la canción dos o tres veces, y, más o menos, quedé satisfecho.

Subo sigilosamente a la recámara, la canción suena, busco en el escritorio un encendedor que compré el domingo en la madrugada y mi cerebro sólo está pensando en encender un cigarrillo, en que voy a fumarme ese cigarrillo, en que voy a convertirme, temporalmente, en ese adulto joven que escuchaba Sleeping With Ghosts casi todos los días, en que romperé mi abstinencia de tabaco –el tabaquismo nunca te abandona: sólo estás en abstinencia– y en que soy otra persona, una que no sólo tiene algunas credenciales académicas y una fabulosa pareja, y que nunca va a ser plantado por nadie más, sino que, además, toca la guitarra –que, a diferencia del 2003, tiene más de cinco guitarras eléctricas que ha comprado, en lugar de comprar un auto–, y que no necesita ensayar muchas horas una canción como “Bulletproof Cupid”, pero que continúa lamentando no haber disfrutado a Gustavo Cerati –fue la única vez que lo escuché en vivo– y haber abandonado El Foro Sol cuando Placebo tocaba “Where Is My Mind?”, para haber tomado un taxi y haber escuchado al cínico taxista decirle a otros taxistas por radio “Están cayendo como manzanas del árbol”, refiriéndose a los clientes. 

lunes, mayo 14, 2007

Saga Mama à Vive Latino 2007



Uno de mis hermanos es músico. Tal vez se debe a que, cuando éramos niños, mis papás nos llevaban al teatro con frecuencia y a que, en una ocasión, después de ver Kumán, nos encontramos a Cristal y Acero en un restaurante cercano al teatro. 

Esta banda de heavy metal había musicalizó la ópera rock del alienígena que vivía en la selva, y mi hermano –tenía entre cuatro y cinco años de edad, o menos– quedó impresionado.

En el restaurante, los músicos se sentaron a unas mesas de nuestra mesa y él se les quedó mirando. Vestían playeras sin manga y pantalones de mezclilla rotos; traían melenas de león y sus brazos estaban llenos de tatuajes (entonces los tatuajes no eran una tendencia: incluso no eran tan comunes en las estrellas de rock) y sus rostros eran un enigma detrás de las gafas de sol. 


El sábado, él me invitó al Festival Vive Latino. 

Tiene una banda -toca en muchos lugares- pero en esta ocasión tocó la batería con Los Licuadoras y tocó el bajo con Jessy Bulbo.

Tenía algunos boletos extra y vales para comida y bebidas.

Su novia pudo entrar con una cámara para tomar videos y fotografías. 

Uno de nuestros conocidos ingresó al festival con otra clase de cosas. 


Siempre trae algo encima. Creo que nunca lo he visto sobrio en ningún concierto. 

Es una persona hilarante y divertida. 

Una vez estuvo dispuesto a dejarse arrastrar por la corriente de un río, sólo para impedir que un cigarrillo se le mojara. 

Mientras intentaba cruzar de una orilla a la otra, el agua fue cubriéndole poco a poco todo el cuerpo. 

Cuando el agua le llegó a las rodillas, se sacó el carrujo de una bolsa de los pantalones y se lo puso en los labios. 

Todo iba bien hasta que el agua le llegó al cuello. 


Tuvo que inclinar la cabeza hacia atrás para mantener el carrujo en la superficie, como si fuera el tubo de un snorkel. 


Contuvo la respiración brevemente y alguien le dio la mano desde la otra orilla, para sacarlo del río. 


Escuchamos a Monocordio en el Escenario Verde, y anduvimos caminando de un escenario a otro sin quedarnos demasiado tiempo escuchando a otras bandas. 

Cuando iban a dar las seis de la tarde, nos fuimos al Escenario Rojo.

No faltaba mucho tiempo para que Gustavo Cerati tocara allí. 

Todos con los que fui al festival querían escuchar al argentino. 

Acaba de sacar un álbum que se llama Ahí Vamos.

Yo no conozco realmente su música. 
En todo caso, me resulta un poco aversiva. 


Mi otro hermano va a la preparatoria y escucha mucho a Gustavo Cerati -sólo Bocanada y Siempre Es Hoy-, y ya me tiene un poco harto, así que yo no tenía mucho interés en escucharlo. 

Sin embargo, a esa hora no había ningún otro artista que me interesara y como no quería regresarme solo a la casa y tener que pagar yo solo el taxi, me quedé allí con los demás.

Antes de Gustavo Cerati, salió a Alex Lora a tocar en ese escenario.

Empezó a llover. 

Nunca me ha gustado El Tri, pero debo reconocer que su espectáculo fue muy divertido. 

(Tal vez me dio esa impresión porque no me he sentido bien. 
Hay una mujer que me interesa. 
Estuvimos saliendo un tiempo, pero ella volvió con su ex.
Todas las canciones cursis de El Tri me hicieron echarla de menos).  

De Wilson net - Trabajo propio, Dominio público, https://commons.wikimedia.org
Alex Lora tiene muchos años en este negocio. 
Sabe cómo hacer que su público participe, coree sus canciones y se ría de sus chistes.
Es un malhablado muy divertido. 

Cuando dejó de llover, el escenario se quedó a oscuras aproximadamente media hora. 

Finalmente salió Cerati, y el sonido fue impecable.
Me pareció muy largo el concierto.
No podía ignorar a las mujeres que gritaban como histéricas, cuando cantaba Puente. 

Tocó Té para Tres y Bajan, -dos covers de Luis Alberto Spinetta, uno de los máximos exponentes del rock argentino-, pero no recuerdo nada. 

Creí que tocaría algún éxito de Soda Stereo, pero aparentemente tiene tantos admiradores que no lo necesita. 

Gustavo Cerati, 5 de Mayo del 2007