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sábado, mayo 19, 2018

La guitarra Jaguar '65 de Kurt Cobain


En algún momento de 1991, Kurt Cobain compró una guitarra Fender modelo Jaguar '65 que encontró en un anuncio de LA Recycler. 

Supuestamente la guitarra había pertenecido a uno de los Everly Brothers y ya tenía diversas modificaciones cuando él la adquirió a un precio ridículamente bajo: un switch de tres pasos tipo Gibson, un tercer control de volumen y dos pastillas dobles humbucker DiMarzio. 

Cobain comenzó a usar esta guitarra durante la grabación de Nevermind –hay quienes aseguran que fue lo primero que se compró con el cheque que Geffen le otorgó– y se le puede ver con ella en casi todos los conciertos de Nirvana entre 1991 y 1992 de los que se tiene registro visual. 

Festivalpladsen, Roskilde, Dinamarca. 26/6/92
Un mes antes de que su cadáver fuera encontrado por un electricista, Cobain había estado tocando una guitarra modelo Jagstang en la gira de In Utero –la guitarra es un híbrido de los modelos Mustang y Jaguar que Fender había diseñado exclusivamente para él–, pero la guitarra Jaguar '65 se volvió un objeto codiciado por admiradores y coleccionistas. 

Existen varias leyendas alrededor de esta guitarra. 

Algunos dicen que Kurt Cobain se la regaló a Eric Erlandson. 


Otros dicen que la guitarra fue quemada junto a Kurt y que las cenizas de ambos permanecieron en la misma urna hasta que Courtney Love hizo una fiesta con sus amigos y se las fumaron.

En el vigésimo aniversario luctuoso de Kurt Cobain, Fender sacó a la venta una réplica de esta guitarra. 

La réplica tenía los mismos rasguños que la Jaguar '65 de Kurt Cobain y su precio oscilaba entre los $17, 000, para diestros, y los $27, 000 MXN, irónicamente, para zurdos*.


La búsqueda de esta guitarra es la premisa de Guitarra Jaguar, la segunda novela de Erick de Kerpel. 

El jueves pasado fue la presentación del libro en la Librería Mauricio Achar.  

*Cobain era diestro, pero tocaba una guitarra zurda. La Jaguar '65 era originalmente uno de los modelos más económicos de Fender. 

sábado, enero 26, 2013

¿En serio es tan difícil tocar en una banda?

Tenía alrededor de 13 años y acababa de entrar a la preparatoria, cuando escuché Nevermind por primera vez. Cuando descubrí que Cobain tenía un par de meses muerto, me sentí decepcionado. Yo, que hasta entonces sólo había asistido a un concierto de Michael Jackson en El Estadio Azteca y que tenía alrededor de medio año escuchando a Guns N' Roses, me sentí frustrado por haber descubierto a Nirvana tan tarde. Estaba en plena pubertad, así que fue algo muy dramático darme cuenta que jamás podría escucharlos en vivo.


Escuché diariamente ese álbum durante meses, memoricé las letras de las canciones, y más tarde vi algunos videos de Nirvana. En el video de Smells Like Teen Spirit, Cobain tocaba una guitarra Fender Mustang y en el video promocional de Live! Tonight! Sold Out!! tocaba About A Girl con una Fernandes tipo Stratocaster. Ambos videos me impresionaron por muchas razones, pero como soy zurdo lo que más me impresionó fue que Cobain tocara la guitarra con la mano izquierda.



Yo no sabía que en realidad él era diestro y que sólo tocaba la guitarra como zurdo, así que estaba tan impresionado por su música, por  las letras de sus canciones, por la potencia de su voz y, principalmente, por el hecho de que tocara como zurdo, que quise formar mi propia banda.  

En un par de años aprendí a tocar varias canciones de Nirvana en una guitarra acústica. Era una enorme y pesada guitarra de tianguis, a la que sólo tuve que cambiarle las cuerdas -la 1a en el lugar de la 6a, la 5a en el lugar de la 2a, y así, sucesivamente- para tocarla como zurdo. 

Luego quise experimentar con el sonido de la guitarra eléctrica. Al principio estaba convencido de que encontraría fácilmente una Stratocaster negra como la que usaba Cobain en la gira de Nevermind, pero la realidad fue que nunca vi una sola guitarra zurda en las tiendas de música que visité. 


Mi primera guitarra eléctrica fue una Yamaha de color rojo, para diestros. Aún recuerdo el aroma de las cuerdas -como a naftalina- y lo ligera que se sentía esa Yamaha -el tamaño del brazo era sorprendentemente pequeño- en comparación con la guitarra acústica. También le cambié las cuerdas para poder tocarla como zurdo, pero era casi imposible usar el tahalí para tocar de pie. 


Antes de que se me ocurriera adaptar esa guitarra eléctrica Yamaha como lo hacía Jimi Hendrix con las Stratocaster -poniéndole un clavo para correa donde era necesario-, consideré la posibilidad de aprender a tocar la guitarra como diestro, pero nunca pude. Ni siquiera podía coordinar los dedos de la mano izquierda en las cuerdas 5a y 6a para tocar el principio de Come As You Are. Era una cosa frustrante, y además me dolía la cabeza después de practicar un rato.  


Durante muchos años me sentí frustrado con esa guitarra Yamaha, y me limité a tocar la enorme y pesada guitarra de tianguis. Sin embargo, en el último año de preparatoria conocí a un tipo al que también le gustaba Nirvana. 

Él tocaba la batería y el bajo, y tenía una banda con uno de sus primos y otro compañero de la escuela. Me enseñó a tocar el bajo de Love Buzz, de Sliver y de Aneurysm, y pronto nos hicimos más o menos amigos. 

Después, él me pasó algunos cassettes con demos de su banda. La verdad no le presté mucha atención a los demos, porque su banda también tocaba Hotel California y canciones de esa clase. Una vez fui a su casa a un ensayo y acordamos que yo entraría en la banda, pero como él quería que yo cantara -y además alguien que lo conocía mucho más que yo, me advirtió que él podía robarme la guitarra-, jamás regresé. 


Dejó de interesarme tocar en una banda varios años porque me dediqué más a leer y a escribir y además porque mi hermano tocaba la batería en Nos Llamamos. 
Ellos ensayaban casi a diario en la casa, junto a mi recámara. En cierta forma, escucharlos tocar en vivo y componer sus canciones satisfizo mi deseo de estar en una banda. No me había puesto a pensar que yo escuché su disco mucho antes de que saliera a la venta.


Hasta que gané mi propio dinero y dejé la casa de mis papás pude comprarme mi primera guitarra para zurdos. Era una imitación de una Stratocaster, pero para mí era mucho mejor que la Yamaha, sólo porque podía colgármela fácilmente con el tahalí. Luego compré una Epiphone SG para zurdos, de mucho mejor calidad que la imitación de Stratocaster, y después compré una Squier Stratocaster zurda y poco a poco fui adquiriendo pedales, micrófonos y amplificadores. 


Cuando aprendí a tocar canciones de otros grupos que también me gustaban, comencé a componer mis propias canciones y le sugerí a mi hermano que formáramos una banda, pero nunca funcionó. Supongo que teníamos -o tenemos- intereses distintos. 

Luego quise formar una banda con otras personas. Les compartí algunos demos de algunas de mis canciones -las que menos me gustaban, porque las que sí me gustan son muy personales- y no pasó de allí. 


Nunca he podido tocar en una banda formalmente. Cuando he querido, las personas involucradas se han mostrado interesadas al principio. Después, simplemente han dejado que pase el tiempo. Obviamente, no me pondría a llorar si me dijeran que les parezco un pésimo guitarrista o que mis canciones son horribles, o que no tienen suficiente tiempo. 

Supongo que seré solista.

martes, junio 23, 2009

Una vez tocaron Nos Llamamos y Candy en un feo bar de Santa Úrsula


Llovía intensamente, y la gente corría en la calle, en busca de refugio. Tuve la impresión de que las llantas de los automóviles patinaban en el asfalto y de que emitían el mismo sonido que emite el unicel cuando alguien lo rompe. 

La música sonaba a todo volumen, adentro del Jetta rojo de mi papá. Rasheed, un amigo de la banda que siempre los acompañaba a todas partes y que había sido el baterista en algún periodo, puso en el estéreo un disco de David Bowie. Cuando sonaba Rebel, Rebel se sintió inspirado y empezó a decir tonterías que me parecieron de lo más graciosas. Él y yo habíamos bebido y fumado poco antes de salir a la calle, y todo nos parecía hilarante. 


Estábamos a unas cuadras del Estadio Azteca. Íbamos a un bar en donde tocarían Nos Llamamos y Candy. Yo nunca había escuchado a Candy, pero Rasheed me había dicho que su música no sonaba muy distinta a la de otras bandas de garage, pero que tenían un bajista fenomenal, y yo tenía curiosidad por confirmarlo.

El bar era el enorme patio de una casa, y el ambiente parecía más el de una tardeada que el de un bar con música en vivo. Había chavitos no mayores a veinte años y que se veían más interesados en bailar y beber tequila que en escuchar música en vivo. Todo ese ambiente me decepcionó. 

Estuvimos sin hacer nada realmente, alrededor de una hora, hasta que llegó Candy. De inmediato, noté que a ellos también los había decepcionado el lugar. Eran sólo dos hombres y una mujer. Mientras ellos acomodaban sus instrumentos, vi a la mujer acomodar un Fender Bass Precision y supe a qué se había referido Rasheed cuando me había dicho que tenían un bajista fenomenal. 


Cuando Valentina se puso el bajo eléctrico -y probablemente cuando comenzó a tocar las primeras líneas de Butterfly- me pregunté por qué nunca me había interesado tener una novia así, una novia que tocara en una banda. Por alguna razón pensé que sería sensacional conocerla y sin embargo no hice ningún intento por acercarme a ella. Me dio la impresión de que tal vez el guitarrista era su pareja, y no quise incomodar a nadie.

Cuando salimos del bar, Candy y Nos Llamamos se pusieron a platicar. Me subí al Jetta rojo de mi papá y allí los esperé con Rasheed. Después de un rato, los de Candy subieron a un Jetta blanco y Nos Llamamos volvieron al auto. Estaban sumamente molestos porque Candy había exigido más dinero que ellos, para pagarle a su mánager. 

A la distancia, vi a Valentina. Ella estaba sentada en el asiento del copiloto, y me pareció que hacía una cara que significaba que todos le habíamos caído mal. Tal vez sólo estaba decepcionada del lugar. 




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ÉSTE ES UN EXTRACTO (UN BORRADOR) DE UN LIBRO QUE PUBLICARÉ ALGÚN DÍA.