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miércoles, agosto 23, 2017

Estática de televisión, zumbido de abejas y estrellas de rock femeninas


El lunes 14 de agosto, Blondie y Garbage tocaron en El Palacio de Los Deportes y dieron el último concierto de la gira Rage And Rapture. 

Esta gira comenzó en julio, recorrió varias ciudades de Estados Unidos 
y sirvió de promoción para Pollinator y Strange Little Birds, los más recientes álbumes de estudio de ambas bandas. 

Los precios de los boletos fluctuaban entre los $500 y los $3000, pero el jueves anterior hubo una promoción de 2X1 y compré dos boletos por $700. 


Apenas el viernes compré Strange Little Birds y me puse a escuchar ese álbum y el resto de los álbumes que ya tenía.    

Hacía más de 15 años que no escuchaba a Garbage y su música me trajo recuerdos.

Cuando salió su primer álbum, estaba en el segundo año de la preparatoria y pasaba muchas horas viendo MTV. 

Los programas que más veía eran Beavis & Butthead, Conexión, Hora Prima y Raizónica. 

También pasaban muchos videos de Garbage. 

De todos los que pasaban, el que más me gustaba era Queer. 

Shirley Manson se veía tan impresionante en ese video que me obsesioné con la idea de tener una novia que se pareciera a ella.
  

Tenía curiosidad por escuchar a Butch Vig -fue productor de Gish, de Nevermind y de Siamese Dream, y luego formó su propia banda y comenzó a emplear loops- y a Eric Avery -el bajista original de Jane's Addiction-, que había grabado algunas canciones de Strange Little Birds y que acompañaba a la banda de Wisconsin en esta gira.


Blondie en realidad nunca me había llamado mucho la atención. 


Aunque se trata de una de las bandas más reconocidas del punk rock -son contemporáneos de Ramones y de Television- y del new wave, sólo conocía canciones como 
Heart Of Glass, Call Me y The Tide Is High.

Debbie Harry a los 21 años de edad era mesera, bailarina a go-go y le servía tragos a celebridades de la época, vestida como conejita de Playboy, pero se convirtió en una influyente estrella de rock femenina. 

Chris Stein, además de ser guitarrista, co-fundador de la banda y compositor de algunas de sus canciones más conocidas -Dreaming, Heart Of Glass-, es un reconocido fotógrafo que trabajó con Andy Warhol y que documentó la escena punk de Nueva York de la década de los 70.

Clem Burke, también conocido como Elvis Ramone por haber tenido un paso fugaz en los Ramones, además de tocar la batería, financia un proyecto de neurociencias cuyo propósito es estudiar los cambios plásticos que ocurren en los cerebros de los bateristas.

Antes de escucharlos en vivo, consideraba a Blondie una banda pop que combinaba la música disco con el reggae. 


Nos bajamos en la estación Velódromo a las 6 de la tarde.

En el camino hacia El Palacio de Los Deportes pasamos por algunos puestos en los que abundaban las playeras para mujeres con el rostro de Debbie Harry. 

También había algunos puestos donde vendían las versiones japonesas de algunos álbumes de Blondie, de Garbage, de The Cure y de NIN.

(Supuestamente Butch Vig trabajó en una mezcla de Fixed, Trent Reznor le dijo que esa mezcla era una "basura" y de esa anécdota proviene el nombre de la banda.)

En el puesto de mercancía oficial de Garbage había tazas y pines, playeras y stickers, llaveros y gorras.  



Nunca había comprado boletos en esa parte de la sección C. 

Estábamos a un costado del escenario y teníamos una vista excelente. 

Garbage salió a tocar a las 8:45. 

Abrieron su show con No Horses -esta canción no aparece en ningún álbum de estudio; sólo está a la venta en formato digital y sus ganancias están destinadas a la Cruz Roja Internacional-, Sex Is Not The Enemy y #1 Crush. 


Casi todas las canciones de Strange Little Birds que tocaron, no las conocía el público.

Las canciones más ovacionadas fueron I Think I'm Paranoid y Cherry Lips (Go Baby Go!)

El setlist de Garbage f
ue casi idéntico al que estuvieron tocando en sus últimas presentaciones en Estados Unidos, e incluyó a la mayoría de sus canciones más conocidas. 

Shirley Manson se dio tiempo para contar anécdotas relacionadas con la grabación de The World Is Not Enough -una canción que fue utilizada para promocionar la película de James Bond- y para expresar su admiración hacia Debbie Harry.


También aprovechó para agradecer al público mexicano -y en especial a la comunidad LGBT- que los ha apoyado durante más de 20 años de trayectoria. 


Terminaron su show con versiones alternativas de Stupid Girl y Only Happy When It Rains. 


Shirley se equivocó en algunos coros y el público tardó en reconocer de qué canciones se trataba. 

La última canción que tocaron fue Vow.  

Shirley Manson abandonó 
el escenario a rastras y Butch Vig se despidió de manera entusiasta.  



Blondie salió a tocar a las 10:20, mientras una enorme pantalla detrás del escenario proyectaba estática de televisión y algunas bocinas emitían un ruido blanco que se confundía con el zumbido de las abejas. 

Clem Burke usaba una playera del CBGB -el legendario club de Nueva York donde la banda comenzó a tocar en la década de los 70-, Chris Stein traía gafas oscuras y saco, y Debbie Harry vestía como abeja. 


La gente había recibido bien a Garbage, pero fue evidente que la mayoría estaba allí para escuchar a Blondie. 


La banda neoyorquina abrió su show con One Way Or Another. 


Tocaron sus canciones más famosas, varias canciones de Pollinator, un cover de Bob Dylan -Rainy Women #12 & 35-, un cover de Céline Dion -My Heart Will Go On- y se despidieron del público con Dreaming. 

Las última canción fue una sorpresa para mí, pues sólo conocía el cover de los Smashing Pumpkins que cantaba D'Arcy Wretzky.  

Blondie me gustó más de lo que había imaginado. 

Nunca me había puesto a pensar por qué sobrevivieron a la música disco y por qué siguen vigentes después de casi 40 años de trayectoria.

Es injusto que su canción más popular sea Heart Of Glass. 



Algunas fotos son de Ocesa. 
Setlist de Garbage
Setlist de Blondie
Clem Burke Drumming Project

jueves, diciembre 13, 2007

Dicen que en las neurociencias no hay espacio para el amor





Tenemos más de media hora recorriendo el desierto. Salimos del DF a las 7 de la mañana. Supuestamente estamos a menos de media hora de Nuevo León. El sol ya se está ocultando detrás de las montañas. Estoy poniéndome ansioso. Necesito salir a estirar las piernas. Estoy sudando copiosamente y presiento que mi rostro está cubierto de acné. 

Vamos a un congreso sobre medicina del sueño. Todos estamos hartos del recorrido. Sólo hicimos una parada para desayunar, apenas saliendo de la ciudad. Nadie habla. Hay una tensión insoportable en la camioneta, y el ambiente es muy diferente a la forma en que todos se comunican en los seminarios de cada lunes. Sospecho que este silencio es más real que la convivencia que he visto en los tres meses que tengo en el laboratorio. 


Somos once personas dentro de la Ichi Van que rentó mi futuro tutor de doctorado.
Yo estoy sentado en la parte trasera de la camioneta, en un lugar que he estado cambiando por turnos con un alumno que, al igual que yo, está preparándose para ingresar al doctorado en la próxima convocatoria. Es un lugar incómodo, y resulta imposible permanecer en él más de una hora. 

De repente, el tedio me hizo quedarme dormido, y acabo de despertar. Soñaba que alguien ponía  Hanging On The Telephone y que sonaba mi teléfono celular -estoy estrenándolo, porque mi futuro tutor de doctorado insistió en que adquiriera uno para que pudiera localizarme a cualquier hora-, mientras unas compañeras -que se la han pasado contándome que han asistido a más de seis congresos sobre medicina del sueño en su estancia en el laboratorio-, conversan sobre los huicholes. Sospecho que ellas consumen alucinógenos y no sólo alcohol y marihuana, como me han presumido.   


En el sueño, una ex novia me llama por teléfono. Está muy interesada en saber qué he hecho desde que dejamos de salir y yo simplemente no me siento cómodo para hablar con ella. Además, la señal es pobre y casi no la escucho. Me incomoda su llamada y le cuelgo cuanto antes. Tengo casi seis meses saliendo con una chica que es perfecta y hemos estado hablando sobre la posibilidad de vivir juntos. El único problema es que sus papás creen que no soy un buen partido para ella -no tengo auto y no me visto de traje y zapatos como los novios de sus otras hijas- y no está segura de que la dejen vivir en unión libre conmigo. 

Ésta es la primera ocasión, desde que salimos, que dejaré de verla por una semana. La echo de menos. Preferiría estar con ella en cualquier otra parte. 


En cuanto le cuelgo el teléfono a mi ex, la esposa de mi futuro tutor de doctorado -quien nos ha acompañado a este viaje con su hija, para aprovechar la cercanía con Texas e ir de compras a MacAllen- me pregunta si todo está bien y le respondo que sí, y de inmediato me cuenta lo difícil que es separarse de la novia para asistir a congresos. Mi tutor le lanza una mirada poco amistosa y le dice que en las neurociencias no hay espacio para el amor. Su mujer me mira asombrada y exclama "¡Tienes síndrome de Cushing!"

Decido dejar las cosas como están y contarles sobre Clem Burke, Debbie Harry y el CBGB mientras suena la batería en The Tide Is High, pero los dos me ignoran. Mi futuro tutor dice que esa clase de información es información basura. 

Me despabilo y miro algunos cactus y el Cerro de La Silla a lo lejos, a través de la ventana, para distraerme. En verdad extraño a mi novia, y me preocupa y me molesta más de lo que quiero admitir la forma en que sus papás me ven. Ni siquiera la dejan salir por las noches conmigo y a sus hermanas las dejan volver a la casa hasta el día siguiente, siempre y cuando vayan con sus respectivos novios. 


A todas las reuniones familiares a las que la he acompañado, su papá, sus tíos y los novios de sus hermanas se la pasan hablando de automóviles. Es infernal. Nunca falta quién me pregunte cuándo voy a comprarme el mío.  

La extraño.  


ÉSTE ES UN EXTRACTO, UN BORRADOR, DE UN LIBRO QUE PUBLICARÉ ALGÚN DÍA.