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sábado, junio 29, 2024

tienes que ser una novela miniatura

«Una novela miniatura es lo que debes ser, tienes que ser una novela miniatura», me repito cuando he llegado a un punto muerto, cuando estoy perdido, cuando no sé qué más escribir, cuando el alcohol ya no es un aliado sino un enemigo, cuando las redes sociales ya no son un pasatiempo sino un obstáculo. 

Hace veinte o treinta minutos, cuando todo esto comenzó, puse un DVD que encontré el otro día, mientras limpiaba el mueble de madera en el que guardo decenas de discos compactos, de cassettes, de VHS's y de DVD's. Quién sabe cuándo compré el DVD, lo más seguro es que aún vivíamos en la CDMX, que tenía pocos meses el concierto de Pastel, del aniversario XXX de Fobia al que habíamos asistido, que en MixUp todavía vendían más discos compactos y vinilos que cómics, y que MixUp no se había convertido en un santuario de Taylor Swift. 

Cuando todo esto empezó, hace veinte o treinta minutos, la música me remontó a ese concierto de Fobia, a los días previos a ese concierto, cuando acababan de publicar mi primer paper como autor corresponsal, cuando acabábamos de ir hasta Polanco a las oficinas de Pengüin Random House a entregar el ejemplar de La chica de humo, esa burda novela que escribí para concursar por el Premio Mauricio Achar 2018. 

Estaba en otra frecuencia, en la realidad del presente, angustiándome por el futuro cercano y por la rutina de la incertidumbre, y pensando en cuánto necesitaba ir a la playa –confesándome Lo que realmente necesitas es ir a la playa y embriagarte con la brisa del mar–, pero la música de Fobia poco a poco fue hipnotizándome y cuando sonó “La Iguana” me acordé de lo importante que había sido esa canción cuando escribía esa burda novela. 

Llegó la parte del coro...

 Para que nunca me digas que no
Para que nunca me digas que no
Para que nunca me digas que no
Para que nunca me digas que no

... y me acordé de muchas cosas. 

Entonces, cuando escribía esa burda novela (que ahora tiene que ser una novela miniatura), escuchaba mucho esa canción. No sé por qué tenía la impresión de que el enamorado de Columba –la protagonista de La chica de humo–, escuchaba mucho esa canción y que pensaba mucho en Columba cada vez que la escuchaba. No sé por qué, a pesar de que la impresión era tan fuerte, nunca escribí nada sobre esta canción de Fobia en esa burda novela.

De pronto, me descubro aporreando el teclado de la MacBook Air como un boxeador enfurecido, como si hubiera heredado las habilidades pugilísticas de mi abuelo –¡el gran Kiko Serratos!–, porque el DVD de Pastel, del aniversario XXX de Fobia, reproduce una canción que no conozco, o que, creo, nunca haber escuchado. O, si lo he hecho, nunca le he prestado suficiente atención. Y me pregunto «¿Se trata de “Mundo Feliz”?» y, entonces, las imágenes resplandecen de tal forma en los límites de mi campo visual, que no puedo ignorar el televisor. 

El televisor es mi aliado, es mi entrenador personal, es quien me aconseja cuando suena la campana y termina un round y camino hacia una esquina del ring y me dice que no aporree a mi rival, que deje de aporrear el teclado de la MacBook Air, que me concentre, que vuelva a pensar en qué cosas estoy escribiendo, que últimamente el alcohol ya no ha sido un aliado sino un enemigo, que no divague, que las redes sociales ya no son un pasatiempo sino un obstáculo, que las drogas no deben ser el camino ni la meta, que las drogas sólo pueden sacar a la superficie lo que uno viene pensando desde hace tiempo, que las drogas no escriben novelas por arte de magia.

Hasta ahora sólo he escanciado tres o cuatro dedos de Jack Daniel's y alrededor de 300 ml de Coca Cola en un vaso de vidrio. Aún no le he dado un sorbo al whisky, pero sólo porque no quiero que este impulso de escribir, y que ha nacido con esta canción de Fobia, se muera. No he bebido sólo porque no quiero que este impulso que apareció cuando puse el DVD del aniversario XXX de Fobia, muera. 

Podría perderme y divagar en el millón de cosas que ocurrieron alrededor de La chica de humo, en cómo fueron los meses previos al concierto de Fobia, al que asistimos el viernes 21 de septiembre del 2018 en El Palacio de Los Deportes, cuando todavía vivíamos en Agua Caliente, cuando aún no nos mudábamos a Lerma de Villada, cuando ni siquiera sabía dónde está la universidad en la que trabajo actualmente porque he ganado tres evaluaciones curriculares y porque antes ocupé una causal; cuando tenía casi un año sobreviviendo con el estímulo económico del SNII, cuando estaba en el limbo, cuando ya no era posdoc, cuando (como ahora) tampoco había ninguna posibilidad de concursar por una plaza indeterminada; cuando el Edificio XYZ había sufrido daño estructural en el terremoto del 2017 y mis colegas de entonces y yo teníamos unos meses asilados en la oficina de divulgación de la ciencia, cuando esporádicamente entraban a esa oficina tres estudiantes de licenciatura –dos chicas y un chico– y me veían pero era invisible para ellos –¿indigno de su atención?– y ni siquiera me saludaban (¿qué será de ellos?, ¿habrán concluido satisfactoriamente sus licenciaturas?, ¿serán estudiantes de posgrado?, ¿sus tutores los tratarán como basura?, ¿ya tendrán varios papers como autores corresponsales?, ¿existe el karma...?); cuando, esporádicamente, una de esas chicas le decía a su tutora de licenciatura, a unos metros de mí, que quería cambiar su proyecto de tesis, que le interesaba más montar una línea de investigación sobre “sadomasoquismo en modelos animales” y su tutora la miraba con incredulidad y decepción; cuando llegaba a la oficina de divulgación de la ciencia otra chica que estudiaba la maestría y que sí me saludaba porque le había impartido algunas clases –¿se llamaba Rossana?– y siempre me preguntaba si ya había escuchado tal o cual canción de Faith No More, porque, al terminar una clase, le había comentado algo sobre una playera que ella llevaba puesta –la de la portada de un álbum de Daniel Johnston que hizo famosa Kurt Cobain– y entonces le recomendé escuchar a Sweet 75 –la banda que formó Krist Novoselic después de la muerte de Kurt Cobain– y porque ella me recomendó escuchar cualquier proyecto de Mike Patton y yo no me acordé en ese momento que él había sido el cantante de Faith No More.

Podría perderme y divagar más, enfocarme en que ahora ya no estoy en la zona, en que mis torpes dedos siempre chocan con una tecla que no quiero aporrear y en que tengo que estar corrigiendo una y otra vez lo que escribo, pero no quiero que este impulso muera.

«Una novela miniatura es lo que debes ser, tienes que ser una novela miniatura», me repito cuando he llegado a un punto muerto, cuando estoy perdido, cuando no sé qué más escribir, cuando el alcohol ya no es un aliado sino un enemigo, cuando las redes sociales ya no son un pasatiempo sino un obstáculo; cuando me dispongo a escribir otra vez La chica de humo, pero quiero que sea una novela miniatura, que tú la puedas leer en un solo día, que te transmita lo mismo que me transmite a mí esta canción de Fobia, o cualquier canción que a ti te guste, o cualquier cosa que te haga sentir en la zona, o cualquier cosa que a mí me guste, que nos guste a los dos, porque Fobia, en realidad, no es mi banda favorita, me cae bien Paco Huidobro, una vez me lo encontré en Guitar Gear y nos tomamos una foto y fue un tipo muy amable, sino porque Fobia, más bien, es una especie de “gusto culposo”, pero eso no importa, lo que importa es que tú y yo pasemos un buen rato, principalmente yo, que escribo para mí mismo, para darme gusto a mí mismo, porque necesito escribir.

lunes, marzo 22, 2021

La noche en la zona M | Alberto Chimal (2019)


Es el futuro, dentro de varios siglos. El mundo, tal y como lo conocemos, se ha caído. México ya no es México, sino un territorio conformado por sub-territorios gobernados por bárbaros que conquistan a otros sub-territorios. La gente de Chapultepec, aborrece a la gente de El Centro. Los de Azcapotzalco, o los de Buenavista, hacen negocios con los sub-territorios que les convienen. Los Jefes de El Centro y de Chapultepec pelean a muerte. Todos temen a “los troceados”, que habitan las zonas M, las zonas que no son de nadie. 

Los recursos no renovables se han agotado y la gente sobrevive desempeñando labores monótonas y esenciales para optimizar el agua y la comida. Todo se recicla, incluso los cadáveres. Las leyendas y los mitos que esparcen los Jefes de cada sub-territorio y sus soldados, mantienen a sus habitantes enajenados y condenados a una vida de esclavos. 
La gente vive pocos años y teme a lo desconocido, como al principio de la historia de la humanidad. 

Los vestigios de la tecnología son un tesoro. Las protagonistas se encargan de almacenar toda la información de la civilización que van encontrando en tianguis en los que se trafica toda clase de enseres y artefactos de otra época. 

Esta novela te hará reflexionar sobre la viabilidad de ese futuro que estamos creando, mientras recorres las calles de la Ciudad de México y las imaginas a través de los ojos de un grupo de habitantes de un mundo post-apocalíptico que nunca conocieron la Ciudad de México, tal y como tú la conoces. 

domingo, julio 26, 2020

Hasta la muerte | Amos Oz (2009)



Este libro fue el primero que compré en Toluca –creo que teníamos como un mes de habernos mudado a vivir a Lerma–, pero terminé de leerlo hace apenas un mes. 

Nunca había leído a Amos Oz. (Puede parecer algo morboso, pero me interesé en su obra cuando me enteré de su muerte.)
  
Ya que tengo malas experiencias con otros autores que he leído por primera vez –sus libros oscilan entre las 500 y las mil páginas–, ya que me enteré de la muerte de Amos Oz en twitter, ya que en twitter también me he enterado de otras muertes de otros escritores, ya que otros escritores en twitter me han recomendado ampliamente a otros autores que han muerto y ya que he acabado decepcionado y aburrido después de haber leído tres párrafos de las obras de los autores que me han recomendado ampliamente en twitter, para empezar con la obra de Oz, escogí esta pequeña novela. 

Según algunos críticos, Hasta la muerte, incluye dos de las mejores novelas cortas de Amos Oz. Las dos novelas son muy distintas, aun cuando, paradójicamente, versan sobre el mismo tema: el temor a la muerte.

Comencé a leer la primera novela de este libro casi al mismo tiempo que estalló la huelga del Situam, en febrero del 2019. 

Puesto que la huelga duró cuatro meses y estalló apenas unas semanas después de que comenzó el trimestre, prácticamente cuando tenía unas semanas de haber ingresado a trabajar y de haber recibido mi primera quincena de sueldo (ni siquiera había conocido a todos los integrantes del departamento), me costó mucho trabajo seguir la trama de la novela y dejar de pensar en la incertidumbre de la huelga y en mis potenciales problemas económicos.   

Apenas pude leer un par de páginas, antes de abandonar la lectura por tiempo indefinido. 


En algún momento, cuando la huelga ya había concluido, intenté retomar la lectura de Hasta la muerte; sin embargo, cada vez que lo hacía, las primeras páginas de la novela me remontaban a mi estado mental de la huelga y ese estado mental me llevaba a abandonar la lectura una vez más. 


El año pasado, comencé a leer tres o cuatro novelas simultáneamente –descubrí que me resulta más fácil concluir una lectura si puedo intercambiar entre libros, cuando alguno de ellos empieza a aburrirme– y retomé la lectura de Hasta la muerte cuando comenzó la cuarentena. 


Entonces también leía A la sombra de las muchachas en flor, Bailando en la oscuridad y ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?


En la primera novela de este libro de Amos Oz, Amor tardío, el protagonista se llama Shraga Unger y es un anciano que trabaja como diplomático del gobierno israelí. Aparentemente, su trabajo lo ha llevado a lugares recónditos de Israel, a hablar del antisemitismo ruso.


En el transcurso de la novela, Unger presiente su muerte y atestigua la muerte de todas las tradiciones judías de las que ha hablado frente a multitudes de todo tipo, durante toda su vida.


La segunda novela, Hasta la muerte, ocurre en Europa, en algún punto cercano al nacimiento de Jesús de Nazaret. 


El protagonista es Guillaume de Toulon, un sujeto de la nobleza europea que ha perdido a su esposa debido a una extraña enfermedad y que ha decidido peregrinar con sus súbditos y con sus esclavos en busca de “La Tierra prometida”.


En su trayecto, saquea todos los poblados por los que pasan y él humilla a todos los judíos con los que se encuentra, hasta que contrae una misteriosa “enfermedad del espíritu” que lo lleva a descubrir el verdadero mensaje de Dios: para bien o para mal, todos somos iguales. 


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Me gustaron la prosa y la narrativa de Amos Oz.


Ésta es una de esas novelas de cabecera a las que siempre puedes recurrir y a las que siempre les encontrarás algo novedoso.

lunes, enero 06, 2020

Los Desesperados de Joselo Rangel


Después de un libro de cuentos –One Hit Wonder (2015)–, Los Desesperados (2018) es la primera novela de Joselo Rangel.

En esta novela, Joselo desarrolla una historia de rock, de amor y de extraterrestres, basándose en las vicisitudes que enfrentan dos bandas mexicanas de rock independiente –Los Desesperados y Los Chicle Bomba– mientras pasan de tocar para un puñado de fieles admiradores a firmar un contrato con una disquera internacional, a grabar un disco en un sofisticado estudio de grabación, a abrir un concierto a The Libertines, a dar giras por todo el mundo, a experimentar los excesos del rock n' roll –el consumo de una droga ficticia lleva a uno de los músicos a interactuar con su álter ego, encarnado en El Principito del rock latino– y a tocar en festivales importantes. 

La historia está narrada de un modo fluido y ameno –no es indispensable leer una y otra vez la misma página para captar el mensaje– y aborda temas en los que Joselo –¿alguien se atrevería a cuestionar que es una voz autorizada para hablar del rock mexicano y de la música contemporánea?– es experto. 


Todos los personajes, directa o indirectamente, viven en el mundo de la música y tienen elementos que los hacen interesantes por sí mismos, pero Joselo los dota de una fuerza vital* que les permitiría continuar por su propia cuenta en otros relatos.

¿Es probable que estos personajes hayan adoptado características de otros músicos de la vida real con los que Joselo ha compartido giras... o fiestas?, ¿es probable que algunos eventos de Los Desesperados se hayan llevado a cabo en la vida real, más o menos de la misma forma en la que están narrados en la novela...?

Supongo que sí. 

Si no lo es, prefiero pensar que así fue y que Joselo se basó, principalmente, en sus propias experiencias con otros músicos –vividas a lo largo de más de treinta años de trayectoria–, para contarnos esta historia. 

(Considero una pérdida de tiempo leer textos sobre temas que el escritor no conoce realmente y considero un fastidio cuando un autor –omitiendo su falta de imaginación para crear a partir de lo que tiene a su alcance– anuncia que viajará a algún sitio exótico –¿Las Vegas, Jaipur, Ruanda...?— para “inspirarse” a escribir “una gran novela”. Uno debería escribir por necesidad, sobre las experiencias que le ocurren; no debería buscar a priori experiencias “extrañas” y escribir sobre ellas para cumplir con cierto número de novelas publicadas al año.)


La novela tiene algunos pasajes en los que Joselo “acomoda las cosas” para profundizar en anécdotas relacionadas con el mundo del rock n' roll –tal vez las conoce de primera mano–, tales como: cuáles son los detalles que hacen especial a la White Falcon de Neil Young, por qué es tan singular una Chet Atkins, por qué no son tan populares los bajos Music Man, cuáles son los pedales de guitarra que usa Johnny Greenwood... cuál es el verdadero talento de un secre de batería en comparación con un huesero... cuál es la verdadera motivación de un frontman de una banda de rock supuestamente subversiva... cómo llega un periodista de rock –tirando mala onda y aprovechando sus influencias– a convertirse en el periodista de rock nacional...

Aunque la novela tiene algunos tintes trágicos –por ejemplo, la muerte de una estrella pop “más rockera que los rockeros”–, en general, es divertida y cómica. 

La recomiendo ampliamente, incluso a quienes no les gusta Café Tacuba.
(También cabe la posibilidad de que un fan from hell** de Café Tacuba, se sienta indignado al terminar de leer Los Desesperados.)



P. D. Yo también creo que al rock mexicano, le hace falta un muertito.

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*No sé me ocurre otro término. 
**Debes leer Los Desesperados para entender el chiste.

sábado, diciembre 14, 2019

Seis formas de morir en Texas | Marina Perezagua (2019)


Cuando leí la sinopsis de este libro –publicado en México, en septiembre del 2019–, hace más o menos dos meses en la sucursal de Gandhi de Francisco I Madero, me interesó tanto en la novela –incluso Salman Rushdie, recomendaba a la autora– que terminé comprándolo.

Después de leerlo, debo decir que no cumplió con mis expectativas y que la sinopsis resultó mejor que la trama. 

La historia se desarrolla alrededor de tres vidas ligadas a un corazón que fue traficado en el mercado negro de órganos de China –la autora cita alrededor de 30 artículos relacionados con la persecución de personas y con el tráfico de órganos en el comunismo chino, con los trámites legales que deben cumplirse para que se lleve a cabo el trasplante de un órgano en países de primer mundo como Canadá, con la farmacodinamia de las sustancias que se emplean en las inyecciones letales, con los protocolos que deben seguirse en las prisiones cuando alguien ha sido condenado a muerte y con la vida en prisión de un condenado a muerte–, pero no me gustó la forma en la que la narró. 

Me atrevo a decir que el 90% del libro –277 páginas, divididas en 5 partes, exceptuando la bibliografía– son cartas. No tengo nada en contra de que los autores usen cartas o extractos del diario de algún personaje de sus novelas para contar una historia y aumentar la cantidad de páginas de su obra y así dar la impresión de que escriben cientos de palabras*, pero en el caso de Seis formas de morir en Texas fue un recurso que me pareció redundante... y, a ratos, aburrido. 

Tantas cartas –escritas por un personaje cuya única preparación académica la recibió a través de los libros a los que tuvo acceso en prisión– me aturdieron.

También me parecieron una trampa y me hicieron dudar de la seguridad de la autora en su propia obra para explotar los argumentos de la trama y para contar su historia. 

En ellas hay metáforas, analogías y reflexiones que difícilmente podrían ocurrírsele –según yo– a una persona cuyo único contacto con el conocimiento son los libros que pudo leer en prisión. (¿Es creíble que una persona que perdió la vista desde los seis años y que nunca ha acudido a la escuela -de hecho, aprendió a escribir y a leer en prisión–, emplee, por ejemplo, una analogía sobre la ecolocalización de los delfines para explicar que los ciegos no tropiezan todo el tiempo con lo que está a su paso?) 

Ni siquiera el lenguaje de las cartas me pareció consistente: o era muy académico y formal, o muy cursi y pueril. 

La novela tiene varios elementos que pudieron haberla convertido en una de las mejores novelas del año: la espiritualidad y la codicia que conviven en un país oriental cuya cultura difícilmente guarda relación con nosotros, la relación amor-odio entre una adolescente adoptada con problemas de drogodependencia y su padre biológico, las cifras estratosféricas en el mercado negro del tráfico de órganos, los conflictos de un individuo que profesa una religión que sobrepone la verdad, la benevolencia y la tolerancia a toda necesidad humana, los detalles clínicos de la extracción y del trasplante de un órgano, la apreciación de la vida en una prisión, un atroz asesinato... pero estos elementos fueron relegados a una serie de cartas entre tres personas. 

Estas tres personas –Robyn, el padre de Robyn y Xinzàng– se encuentran cuando una de ellas va a dar a la prisión por un asesinato y es condenada a muerte.

Las vidas de los protagonistas se relacionan con el corazón de un individuo al que le fue extraído ilegalmente el órgano en una prisión y con la obsesión de su nieto por recuperarlo y por devolverle el shen a su abuelo para que éste pueda descansar en paz. 

Más allá de la enorme cantidad de cartas que constituyen la novela, el final –exceptuando uno o dos capítulos previos en los que el narrador lo justifica– es lo mejor (y no porque sea el final de la novela, sino porque es realmente la mejor parte escrita de toda la trama.) 

______________

*Es un recurso tan común en la literatura que me lleva a pensar que tal vez el autor de una novela que recientemente ganó un concurso (y que emplea este recurso en esa novela), aún no había terminado de escribir la obra ganadora cuando le dijeron que sería el ganador de ese concurso. 

sábado, noviembre 16, 2019

Serotonina de Michelle Houellebecq



Florent-Claude Labrouste –el protagonista de esta novela– es un ingeniero agrónomo de cuarenta y seis años de edad que trabaja como burócrata para una empresa vinícola importante. 

Su vida, aparentemente, es la clase de vida que la mayoría de la gente de su edad desearía tener. 

Vive en un departamento en un barrio elegante. Está acostumbrado a comer en restaurantes gourmet. Filosofa acerca de su existencia, leyendo a Marcel Proust y a Thomas Mann. Se transporta a su casa de campo, a las afueras de Francia, en un buen automóvil. 

Sin embargo, padece depresión. 

También tiene una novia japonesa que se muda a vivir con él, por temporadas. Ella es más joven que él y muy superficial. Ella no se cansa de tratarlo como un anciano que debe cuidarla y cumplirle todos sus caprichos. En varias ocasiones incluso le ha dicho que su relación no es seria y que ni siquiera planea presentarle a sus padres.

Claude-Florent descubre que Yuzu tiene una vida secreta y entonces algo ocurre en su cerebro y decide abandonarla y desaparecer. 

A partir de ese momento, Houellebecq nos adentra en los problemas que enfrenta un hombre deprimido que depende del Captorix –un inhibidor de la recaptura de serotonina, uno de los fármacos empleados para tratar la depresión– para sobrellevar su existencia. Los efectos colaterales de este antidepresivo incluyen náuseas, pérdida del apetito sexual e impotencia.

Claude-Florent viaja a lugares remotos de Francia a bordo de su Mercedes 4X4 y se aloja en habitaciones de hoteles en los que debe inventarle mil pretextos a las recepcionistas para que no le tengan lástima y para que no lo etiqueten como un viejo solitario que no tiene con quién pasar la Navidad.

Todo esto ocurre mientras la Unión Europea se hunde y él acepta que su existencia no tiene sentido y añora a las mujeres que ha amado y recuerda las circunstancias en las que las conoció y en las que rompió con ellas. Se pregunta por qué ha acabado solo. 

También se aloja en un bungalow en las profundidades de un bosque y descubre a un pedófilo y se reencuentra con un viejo amigo de la universidad que atraviesa un divorcio y una crisis económica. Aprende a usar una Smith & Wesson de cañón corto, una Magnum 357 y una Steyr Mannlicher. 

Se involucra en un levantamiento de armas de un grupo de agricultores y es testigo de una trágica muerte que lo orilla a sopesar la posibilidad de dejar los antidepresivos y de acabar con su vida cuando los antidepresivos dejen de surtir efecto. 

Serotonina es la segunda novela de Michelle Houellebecq que leo. Comencé a leerla a finales de agosto y terminé de leerla ayer a las tres de la mañana. Los últimos capítulos coincidieron con una pérdida que todavía no asimilo. 

Será una de las novelas que siempre estaré leyendo. 

viernes, noviembre 15, 2019

I'm So Tired, I Can't Sleep


¿Recuerdas cuando te acostabas a las tres de la mañana, después de escribir relatos en los que aparecían las mujeres que te quitaban el sueño...?, ¿recuerdas que antes de acostarte, te fumabas tranquilamente un cigarrillo (como si fuera el último que te fumarías en la vida) mientras pensabas cómo serían esas mujeres en realidad...?, ¿recuerdas que a la mañana siguiente podías levantarte temprano y estar despierto todo el día, sin ningún problema...?

Ahora, te despiertas a las tres de la mañana, no puedes volverte a dormir y difícilmente tienes tiempo para escribir sobre cualquier tema que no sean minutas de reuniones, informes técnicos de proyectos financiados por el gobierno o artículos de investigación original que nunca terminas de escribir porque no te enorgullece la metodología con la que fueron recabados los datos.

Ahora, te despiertas de alguna pesadilla en la que huyes de un asesino o de una persona que quiere hacerte la vida imposible. (Es lo usual en una carrera académica en la que debes publicar la mayor cantidad de artículos para no perecer y en la que siempre ha habido individuos poco éticos dispuestos a quedarse con el crédito de tus experimentos.) Una de cada tres ocasiones, te despiertas porque estás ahogándote. (Son los estragos de la cirugía en la que te suturaron una porción del estómago con el esfínter inferior del esófago para evitar que ascendieran los jugos gástricos a la garganta y terminaran erosionándola y provocando un tumor cancerígeno, además de hacer que continuaras odiando tu existencia). Una de cada tres ocasiones, te despiertas de algún sueño del que hubieras preferido no despertar. (¿Por qué sueñas que eres un niño y que es un día cualquiera en la escuela y que no te molestan las niñas que te gustaban...?)

Ahora no importa cómo sea la noche, lo más probable es que a la mañana siguiente siempre estarás somnoliento. 

Mientras estás mirando el techo o cierras los párpados y tratas de evocar algún recuerdo agradable o de inventar una historia basada en tus malos pensamientos (y obligarte a soñarla) y sólo transcurren las horas y no puedes volverte a dormir, te preguntas si acaso estás en una edad en la que ya no es tan fácil tener sueños. 

Mientras transcurren las horas y sigues mirando el techo o cerrando los párpados y recordando los rostros y las voces de las mujeres que te gustaban y que nunca te atreviste a invitar a salir a algún lado por temor a aburrirlas o por temor a que te rechazaran, terminas divagando y creyendo que no hay una gran diferencia entre tú y el amargado científico de La Ciudad de los Niños Perdidos que tampoco podía dormir (excepto que tú rara vez puedes realizar experimentos actualmente), y te alegra saber que al menos no has llegado a un punto de desesperación en el que consideres robarle los sueños a los niños para que tú puedas soñar. 

Cada vez despiertas con más frecuencia a las tres de la mañana y cada vez te cuesta más trabajo volverte a dormir. Antes era divertido estar despierto a las tres de la mañana e invocar a Jack Kerouac e imaginar las alucinaciones de su delirium tremens en Big Sur, pero ahora el sueño es la tierra prometida y estar despierto es el infierno. 

No tienes que reflexionarlo demasiado: sólo cuando estás enfermo y tomas altas dosis de paracetamol (o sólo cuando tienes un dolor intolerable y tomas varias pastillas de Tramadol), puedes mantenerte dormido toda la noche de corrido. 

¿Recuerdas cuando tu pretexto para consumir hipnóticos y ansiolíticos era el estrés de los últimos años del doctorado y que entonces no tenías problemas para dormir...?, ¿recuerdas que la relación con tu jefe al final era muy tensa y que llegaste a detestar el trabajo y que detestaste ir a trabajar y que sin embargo no tenías problemas para dormir...? 

Ahora, ya tienes cinco años sin fumar y ya no bebes alcohol (sólo tres o cuatro cervezas o whiskeys al mes) y definitivamente tienes problemas de mantenimiento del sueño y sin embargo no quieres acudir con un especialista porque te imaginas que terminará recetándote algún medicamento que podría modificar otra vez tu flora intestinal y otra vez volverte ansioso, paranoico y nauseabundo... y porque también temes la posibilidad de volverte dependiente a las pastillas para dormir.

En la eternidad del insomnio, te acuerdas de un texto de Guillermo Fadanelli que hablaba sobre por qué les tenía lástima a quienes deseaban la inmortalidad sin haber considerado lo triste que debe de ser la eternidad, y crees comprender a qué se refería... y también crees que nadie podría negarte que el insomnio es una probada de la eternidad a la que se enfrentan los vampiros... y también te acuerdas de haber leído en esa época Miedo y Asco en Las Vegas y esta asociación te lleva a recordar los efectos del Spice en una ciudad fronteriza de Estados Unidos y te acuerdas de cómo todo transcurría lentamente y de cómo todo tenía un carácter sexual innegable y de cómo todo parecía bañado de bienestar y de superficialidad, al ritmo de los primeros acordes de Purple Haze que te hacían dudar si tú también tenías una Stratocaster blanca como la de Jimi Hendrix.

Sólo quieres volverte a dormir, acomodas la almohada en otra posición por enésima vez, y te preguntas: ¿pastillas para dormir o THC sintético...?, ¿THC sintético...?, ¿paranoia...?, ¿ansiedad...? 

Estás cansado de mirar el techo y estás cansado de ser incapaz de conciliar el sueño y recuerdas automáticamente las letras de una canción de Kurt Cobain. Una parte del coro de esa canción define exactamente cómo te sientes, y también define la eternidad del insomnio y el lento transcurrir de los minutos... o eso crees. 

Decides que le sacarás provecho al insomnio y que te pondrás a leer las últimas páginas de Serotonina. 

domingo, junio 23, 2019

All In, Sinatra | Pedro Zavala (2018)


Con All In, Sinatra, Pedro Zavala fue uno de los dos ganadores del Premio Mauricio Achar 2018.

Hasta el 2019, ha habido cinco ediciones de este concurso de novela para jóvenes escritores y ésta es la segunda novela ganadora que leo*. El jurado siempre había dictaminado un solo ganador. En esta ocasión, hubo dos. 

Probablemente se deba a que participé en esta edición... o probablemente se deba a que lo primero que dijo uno de los miembros del jurado cuando Librerías Gandhi anunció a los ganadores, fue que Zavala había comenzado a escribir All In, Sinatra con una beca del FONCA... o probablemente se deba a que mi concepto de "joven escritor" involucra a un escritor que no es conocido, que no ha convencido a un comité especializado en Cultura y Arte para que le dé una beca por escribir y que quizá no tiene más de un par de novelas publicadas... pero tardé más de un año en decidirme a comprar la novela. 

Espero que esta reseña no refleje mi imparcialidad. 

All In, Sinatra es una novela que se desarrolla principalmente en casinos de Las Vegas. 

Génesis Montesinos, su protagonista, es un académico de edad avanzada, cuyos máximos logros han sido obtener un Doctorado en Letras y un cubículo en una Universidad. 

De algún modo (poco claro), viaja a Las Vegas decidido a acabar con su vida, pero gana una fortuna en un casino y esta experiencia cambia su perspectiva y lo lleva a despilfarrar en cosas innecesarias como un adolescente, a conocer a jugadores, a jóvenes outsiders y a mafiosos del mundo de las apuestas. 

La adrenalina de apostar y de enfrentarse a la posibilidad de perderlo todo, hace que Montesinos se sienta más vivo que en toda su vida y que se atreva a hacer cosas que nunca se habría atrevido a hacer, cuando lo más importante que había conseguido había sido el máximo grado académico y un cubículo en una universidad. 

Aunque el autor recurre al método de "hojas sueltas" del diario del protagonista, su narrativa y sus recursos literarios me parecieron originales. 

Zavala describe el mundo de los apostadores –de hecho, cada uno de los capítulos lleva por título algún término relacionado con el póker–, la personalidad psicopática de algunos apostadores, y los lujos, los excesos y las bajezas que los rodean. 

El sábado acabé de leerla. La lectura me llevó dos semanas. 

Sólo me resta hacer un par de preguntas: ¿acaso no hay concursos más ad hoc para escritores que son capaces de ganar una beca del FONCA...?, ¿hay algún concurso apropiado para quienes ni siquiera hemos intentado concursar por una beca del FONCA...? 


*Da click en el enlace, si quieres leer mi reseña de Adiós a Dylan, ganadora de la Edición 2016.

domingo, mayo 19, 2019

Nueve semanas y media | Elizabeth McNeill (1978)


Guillermo Fadanelli, en uno de los relatos de Plegarias De Un Inquilino, habla de los escritores que "sacan la espada" para "atacarse" entre sí –según él, más que un ataque, es un modo de reconocer, "con cierto nivel de inteligencia", la calidad del otro–, y pone de ejemplo una novela de Hemingway en la que describe a F. Scott Fitzgerald y a su esposa como "sujetos frívolos y con pocas virtudes", cuando, en el fondo, el mensaje del escritor nacido en Oak Park, Illinois, era rendirle una especie de homenaje a Fitzgerald por El gran Gatsby.

Según Fadanelli, las dádivas entre escritores, surten el efecto opuesto: más que ser elogios, son una estrategia diplomática para no decirle abiertamente al otro escritor que su obra es malísima. 

En este contexto, siguiendo la premisa de Fadanelli y adoptando la actitud de un escritor –¿qué necesitas para que la sociedad te reconozca como tal?, ¿tener, al menos, una novela publicada, aunque tú mismo hayas pagado por su publicación...?, ¿salir en la televisión y que allí digan que eres escritor...?, ¿tener un blog lleno de anuncios y encabezados amarillistas, en el que escribes todos los días y en el que "opinas polémicamente" sobre temas "de interés común" que, en el mejor de los casos, sólo sublevan al lector o le dan la falsa impresión de que sus defectos no lo hacen idiota, sino más inteligente y auténtico...?, ¿aprovechar la menor oportunidad para presumir en redes sociales, "tus pensamientos más privados" y "tus vicios más excéntricos", como si fueran fragmentos de una novela que estás escribiendo...?, ¿que todo mundo sepa, incluyendo tus mascotas, que "siempre" has escrito...?–, debería decir que Nueve semanas y media ha sido la mejor novela que he leído en toda mi vida. 



Un fin de semana, una de mis primas mayores llegó al departamento en el que mis papás, mis hermanos y yo vivíamos a finales de los ochenta. Ella quería pedirle prestada la videocasetera a mi papá, o que la "dejara" ver una película. 

En esa Betamax habíamos visto Los Gremlins, Volver Al Futuro, Los Gonnies, Los Muchachos Perdidos, La Historia Sin Fin, Batman... Aunque también habíamos visto varias películas poco aptas para niños –las adaptaciones de Los Niños del Maíz y de Cujo, así como la saga de Charles Bronson en El Vengador Anónimo–, mi prima había conseguido una película de la que "todo mundo hablaba", pero que, al mismo tiempo, no parecía ser algo que ella quisiera ver en presencia de mi papá. 

Mi prima le dijo a mi papá que era una película de "amor enfermizo", o algo así. 

Ya no recuerdo si mi papá le prestó la videocasetera, pero estoy seguro que ella y mi papá nunca vieron en el departamento esa película. 



Kim Basinger y Mickey Rourke actúan en la adaptación de esta novela. Jamás la he visto, y, después de leer el libro, no estoy muy convencido de hacerlo, aun cuando catapultó a ambos actores como sex-symbols y "rompió paradigmas" debido a su contenido "altamente pornográfico"... en 1986.  

Elizabeth McNeill es el seudónimo bajo el cual, supuestamente, una ejecutiva de una gran empresa neoyorquina escribió esta novela que fue publicada en 1978. 

La historia está llena de detalles de la vida de ejecutivos neoyorquinos que viven en lujosos departamentos, que tienen exquisitas bibliotecas repletas de libros "carísimos, extraños y especializados en arte", que hacen sus compras en tiendas para "clientes exclusivos" en las que se ponen a la venta "artículos exclusivos" con precios estratosféricos, que comen alimentos con ingredientes importados de "recónditos países con culturas incomprensibles" y preparados "por las más expertas" manos de chefs... 



La autora conoce a un hombre, aparentemente inofensivo y galante, en una feria callejera de Nueva York. Conforme la trama avanza, ella se enamora de él, aun cuando él tiene "una manera especial" de "mostrarle" su afecto. En su relación, hay una especie de "amor-odio" y las vejaciones y la sumisión de la protagonista son el factor común. 

Tal vez en 1978 (incluso en 1986), la historia rompió paradigmas, pero yo creo que no lo hizo para toda la gente, sino para un grupo particular de personas acostumbradas a vivir bien y a entretenerse excéntricamente. 

(En cierta forma, los protagonistas me hicieron pensar en la gente de hoy que repite en redes sociales la opinión de su gurú político, pero sin entender lo que su gurú político opina, sino, más bien, por automatismo, para "dejar claro" que no son como "esos monstruosos e iletrados sujetos" que "quieren todo gratis" y que "no le echan ganas" y que por eso viven en la pobreza.) 

La historia de McNeill se me hizo tediosa, difícil de seguir, y no me atrapó jamás. 
Tiene unos cuantos momentos sórdidos que sí me gustaron, pero en general relata una vida que no me interesa vivir, una vida de un círculo social al que no pertenezco y al que no me gustaría pertenecer. 

Hace un año la leí y, apenas hoy, mientras re-leía a Guillermo Fadanelli, se me ocurrió escribir sobre ella.  

Tal vez cuando la lea otra vez, mi opinión cambiará y no me parecerá tan mala. 

Cuando la película cumplió 30 años
Una reseña de Los Niños del Maíz

domingo, marzo 03, 2019

El Inframundo | Bernardo Esquinca (2017)


Bernardo Esquinca es un escritor que nació el 4 de enero de 1972 en Guadalajara. 
Su obra ha sido catalogada por los expertos como weird fiction o "ficción de lo extraño", ya que emplea elementos de terror y de narrativa policiaca para crear un mundo ficticio*. 

Inframundo (2017) es su sexta novela, y trata de lo siguiente: 

Mientras los españoles sobrevivientes escapan de Tenochtitlán en su Noche Triste, Blas Botello –el astrólogo de Hernán Cortés–, pierde la vida tratando de salvar "El Santo Grial", un misterioso libro de su autoría que supuestamente contiene información del futuro.  

A través de los siglos, el libro pasa por varios dueños a quienes hace perder la razón y la vida en circunstancias extrañas, independientemente de que éstos lo hubieran buscado obsesivamente o de que fuera el libro quien "los llamara" para que lo encontraran "por accidente".

En la actual Ciudad de México, Max Siniestra –uno de los miembros de México Viejo, una sociedad de coleccionistas de libros– está obsesionado con "El Santo Grial" y lo pierde y supone que los hermanos Escamilla –los miembros más antiguos de México Viejo– se lo han robado, y comete todo tipo de fechorías para recuperarlo.



Al mismo tiempo, Casasola –un experiodista de Nota Roja– conoce "circunstancialmente" a Danielle –una médium que lo comunica con su abuelo fallecido prematuramente– y se involucra con El Consejo de Periodistas de Nota Roja Muertos para dar fin a una maldición que sólo él puede terminar, mientras recurre a La Hermandad del Abismo –una secta de vagabundos de la ciudad que posee información codiciada– para dar con el paradero de una escort que tiene un trabajo final con el pervertido dueño de una librería de viejo ubicada en Donceles.

La historia transcurre en la Antigua Ciudad de México, en las calles de El Centro Histórico y de la Avenida Insurgentes –desde la fundación de la librería Porrúa hasta el México actual, pasando por el terremoto de 1985– y tiene un desenlace que deja abiertas varias preguntas.

La recomiendo. 
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Páginas: 232.
Tiempo de lectura: 1-2 días.
Cuatro partes. I: El Santo Grial; II: Muertos Vivos; III: El Portal; IV: El Inframundo y La Ciudad Antigua. 
Pros: la narrativa es fluída y las descripciones de los eventos son concisas; aparece un personaje del mundo literario de Bef**. 
Contras: a algunas palabras les faltan letras o acentos (1a. Edición de Almadía***; Noviembre 2017) y de repente un personaje cambia de apellido; y, siendo muy exigente, en la tercera parte, el autor recurre a un elemento del mundo literario de Stephen King**** (en particular, de la novela 11/22/63) para justificar un elemento importante en el desarrollo de la trama. 

*Breve Biografía del autor.
**Bef (@monorama) también ha tomado prestado a Casasola para alguno de sus textos. 
***@Almadía_Edit
****Seguramente Stephen King retomó esta idea de otros autores.