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sábado, junio 20, 2026

Bleach your works

Trato de sacarme de la cabeza unas ideas que me desquician y entonces imagino cómo era esa campaña de concientización sobre el VIH a finales de los 80, mientras Nirvana recorría la Costa Noroeste de EEUU en una van y trasnochaban en casas de gente a la que habían conocido horas antes en algún concierto, cuando el lanzamiento de su álbum debut era inminente y aún no habían decidido cómo lo llamarían –¿Too many humans?–, y se topaban en las calles de San Francisco con la publicidad de esa campaña –Bleach your works– y entonces Kurdt Kobain –así aparecería en los créditos del álbum debut de Nirvana–, tuvo un insight.

También imagino esa atmósfera apocalíptica y gris de finales de los 80, el fin de la era de Reagan y de su campaña antidrogas y de la guerra fría; imagino la guerra del Golfo cocinándose para la administración de Bush, y también imagino a Jason Everman fungiendo como mecenas de Nirvana –no tocó ninguna canción en Bleach pero absorbió los $600 USD que costó la grabación del álbum en los Reciprocal Studios de Jack Endino y apareció en los créditos– y como segundo guitarrista de la banda, en algunos conciertos de la gira de Bleach, antes de que Cobain lo despidiera por “diferencias artísticas” (básicamente por su estilo metalhead) y se convirtiera en bajista de Soundgarden y, eventualmente, abandonara la música para enlistarse en el ejército de EEUU y luego ser condecorado como “héroe de guerra” por combatir en Irak.

También divago y me imagino a mí mismo escuchando Bleach el mismo año de su lanzamiento, tal vez el día de mi cumpleaños, en los walkman Aiwa que mi papá acababa de regalarme; me veo a mí mismo colocando el cassette y dándole play y adentrándome a ese álbum publicado el 15 de junio de 1989; en mi viaje, “los tíos de EEUU” vinieron de visita a México en diciembre de 1989 y me trajeron de regalo de cumpleaños ese cassette de SubPop –nada más lejano de la realidad: ni yo era tan importante para ellos, ni éramos tan apegados, ni tenían idea de que me gustaría “el sonido Seattle”; habría sido más probable que me regalaran un álbum “Tex-Mex” o algún Amo del Universo difícil de conseguir en México–, pero sigo divagando –todavía no logro sacarme de la cabeza estas ideas que me desquician: enfermedades, deudas, trámites burocráticos– y también imagino cómo me voló la cabeza ese álbum en ese mundo ficticio, cuántas veces escuché “Blew”, “Floyd The Barber”, “About A Girl”, “School”...

Pero, en fin, la verdad es que en diciembre de 1989 –cumplo años el 20 de diciembre y “los tíos” regularmente venían de visita a México para las fiestas de fin de año– todavía estaba en la primaria, y, aunque mis primos son más grandes que yo, no éramos muy cercanos (ahora tampoco lo somos), y, además, según yo, a finales de los ochenta, ellos no escuchaban a bandas de Seattle; más bien, creo que les gustaba el rock en español –desde La Maldita Vecindad y Héroes del Silencio, hasta Caifanes, Fobia y Maná– y quizá uno de ellos escuchaba a Scorpions y a Guns N' Roses –lo sospecho porque medio recuerdo haberlo visto algunas veces con playeras de Scorpions o de Axl Rose–, y ninguno podría haber despertado mi curiosidad por Nirvana.

Lo más seguro es que en diciembre de 1989, la música no fuera tan importante para mí, que escuchara (accidentalmente) a todos esos grupos y artistas pop que mi mamá ponía en la casa –Miguel Bosé, Mecano, Pandora, Flans, Yuri, Amanda Miguel–, y sé que no me perdí el estreno mundial del video de “Bad” de Michael Jackson y que veía alguna que otra caricatura de la programación del canal 5, y que por las tardes una que otra vez me sentaba en la sala junto a mi mamá y la acompañaba a ver por televisión alguno de los melodramas del canal de las estrellas –¿La casa al final de la calle?, ¿Luz y sombra?–; sé que no veía partidos de futbol por la tele; seguramente, me shockeaban las películas de Freddy Krueger –¿a quién se le había ocurrido que un personaje se te apareciera en tus sueños y que tus pesadillas podían matarte?–, no dejaba de jugar con la consola Sega –mi papá acababa de comprarla, y era toda una novedad– y la idea de tocar una guitarra ni siquiera había cruzado mi mente.  

Según yo, en 1989, Los Simpson tenían poco tiempo al aire en la tele mexicana y casi religiosamente cada domingo veía alguna VHS –¿o Betamax?– que mi abuelo o que mi papá conseguían “por ahí”: Robocop, Last Recall, Nico, Back To The Future, Nightmare On Elm Street... Mi vida era muy diferente a lo que es ahora.

Hace unos días Bleach cumplió 37 años y, más o menos cada año que ha transcurrido desde que soy consciente de este álbum, reflexiono sobre dos o tres cosas de mi vida y sobre lo importante que es la música para mí. Este año no es la excepción: me acuerdo de cuando compré mi primer ejemplar de Bleach en el Tianguis de San Juan –antes de que la gentrificación y que “el turismo de barrios” pusieran al Tianguis de San Juan “en órbita”–, cuando lo compré ya estaba en la prepa y ya había escuchado el MTV Unplugged In New York, Nevermind e In Utero, y apenas sabía tocar en la guitarra algunas partes de algunas canciones de Nirvana –“Smells Like Teen Spirit”, “Come As You Are”, “Pennyroyal Tea”, “About A Girl”– y lo compré en el puesto de un tipo que también tenía un puesto en el Tianguis del Chopo, el tipo vendía álbumes de bandas del “sonido Seattle”, pero, sobre todo, de Pantera y de Anthrax y de Sepultura y de Metallica y de Black Sabbath, y de esa clase de bandas, el sujeto era totalmente un metalhead: cabello largo, por debajo de los hombros, y bien cuidado, pendientes en ambos lóbulos, brazos tatuados...  

Cuando reflexiono en estas dos o tres cosas sobre mi vida, también me acuerdo de esas “tardes mágicas” y ociosas, cuando volvía de la prepa a la casa de mis papás, la casa estaba vacía, y me encerraba en mi recámara y escuchaba Bleach de principio a fin, y medio tocaba por intuición alguna canción de Bleach en la guitarra, medio pensaba en cómo sería tener mi propia banda, en cómo sería componer una canción, escribir la letra de una canción, pensaba en cómo serían los ensayos, en cómo sería lanzarme a la batería al final de un concierto, como Kurt en esa fotografía que quedaría inmortalizada en mi mente, que pasaría a la posteridad de mi memoria, que se convertiría en un archivo permanente de mis pensamientos, que tomó Tracy Marander y que acabó en el booklet de Bleach.

¿Sería quién soy este día de junio del 2026, si hubiera escuchado ese álbum hace 37 años?

martes, junio 15, 2021

Bleach (1989)


Hace 32 años la disquera independiente SubPop publicó Bleach. Supuestamente el título del álbum debut de Nirvana proviene del slogan “bleach your works”, que formaba parte de la campaña publicitaria de concientización sobre el SIDA en Estados Unidos, a finales de los ochenta, dirigida a los heroinómanos, conminándolos “a limpiar con lejía” su parafernalia para controlar la propagación del virus. En algún libro cuentan que a Kurt Cobain se le ocurrió titular así al álbum, mientras la banda estaba de gira y circulaban en la camioneta de Krist Novoselic por las calles de San Francisco y se encontraban anuncios con este slogan en cada esquina de la ciudad.

Bleach fue grabado en el estudio Reciprocal Recording de Jack Endino –un productor conocido por su trabajo con otras bandas que tenían contrato con SubPop, como Mudhoney y Soundgarden–, en Seattle. A pesar de que Nirvana apenas comenzaba su carrera, ya tenía cierta reputación en Olympia, Washington, e incluso ya habían intentado firmar con otras disqueras, como K Records y Touch & Go. La experiencia que habían adquirido al tocar en clubes y en algunas fiestas, les permitió llegar al estudio de grabación de Jack Endino con una buena cantidad de horas de ensayo acumuladas y grabar la mayoría de las canciones de Bleach en una sola toma, en treinta horas y en cuatro sesiones, entre diciembre de 1988 y enero de 1989.

Puesto que Bruce Pavitt –uno de los propietarios de SubPop– no consideraba a Nirvana una de las mejores bandas de su sello discográfico –apostaba más por otras bandas nuevas, como Tad y Blood Circus– y no confiaba en las decisiones de la banda, incluso se involucró en la secuencia de las canciones de Bleach y esta situación demoró el lanzamiento del álbum hasta junio de 1989. 

En el mismo sentido, aun cuando las producciones de las bandas estelares de SubPop no superaban los $1000 dólares, y el costo, excepcionalmente, lo absorbía la disquera –o les “prestaba”, como anticipo, el dinero a las bandas–, la grabación de Bleach tuvo un costo de $600 dólares y el gasto lo absorbió Jason Everman, quien tocó en Nirvana durante algunos meses como segundo guitarrista. (Después de tener algunas diferencias “artísticas” con Cobain, quien consideraba que su presencia le daba un sonido demasiado heavy metal a la banda, se convertiría en bajista temporal de Soundgarden y luego se enlistaría al Ejército de Estados Unidos y combatiría en las guerras de Irán y de Afganistán.) (A pesar de que no tocó en ninguna de las canciones ni contribuyó en ninguna de las composiciones de Bleach, aparece en los créditos y en la portada del álbum). 

Además de Cobain —que aparece en los créditos del álbum como Kurdt Kobain— y Krist Novoselic, los bateristas Chad Channing y Dale Crover participaron en el álbum. 
Channing –quien más tarde sería reemplazado por Dave Grohl–, tocó la batería en la mayoría de las canciones; Dale Crover –el baterista de los Melvins–, tocó la batería en “Floyd The Barber”, en “Paper Cuts” y en “Downer”. 

Exceptuando “Love Buzz” –el cover que Nirvana había hecho a la canción de la banda europea Shocking Blue y que previamente había sido seleccionado por Pavitt y por Jonathan Poneman —el otro propietario del sello discográfico— para ser lanzado en la primera entrega del Club de Sencillos de 7" que recibían anualmente los suscriptores de SubPop–, todas las letras de Bleach son de la autoría de Kurt Cobain. 

A pesar de que la canción “About a girl” tiene un sonido pop (con una influencia más o menos clara de The Beatles), como resultado de la estrecha relación de Nirvana con los Melvins y de la admiración de Cobain por Mudhoney, el álbum tiene más similitudes con el heavy metal de los ochenta y con el hard rock de los setenta que con “el sonido Seattle” de los álbumes posteriores de Nirvana. 

Aunque la crítica especializada consideraba que Bleach era un álbum primitivo e identificaba a Nirvana como “unos sujetos que sonaban como Mudhoney, pero que no eran tan buenos como Mudhoney”, algunos músicos reconocidos como Thurston Moore –guitarrista y compositor de Sonic Youth– quedaron sorprendidos por el sonido del álbum e impulsaron la carrera de Nirvana (incluso Sonic Youth influirían en la decisión de Nirvana por terminar su contrato con SubPop y firmar con la disquera trasnacional de David Geffen).

Las letras de las canciones de Bleach tienen un tono oscuro y pesimista. Abordan la desesperanza, la claustrofobia, el abuso sexual y la rebelión contra los estereotipos de la sociedad, y sus protagonistas se encuentran en la barbería esperando ser afeitados por un grupo de sodomitas o están cautivos como mascotas en una jaula, recibiendo un trato indigno de los humanos a quienes idolatran. 

Supuestamente, Cobain escribió las letras de todas las canciones de Bleach en un par de días, durante la grabación del álbum y bajo una tremenda presión, pues SubPop quería que Nirvana encajara en el sonido “grunge” que los periodistas de rock comenzaban a asociar con la disquera y con las emergentes bandas de Seattle de aquella época.

Sin embargo, entre los demos de Nirvana que han sido publicados desde la muerte de Kurt Cobain en compilaciones oficiales, como With the lights out, o no oficiales, como Outcesticide, y en documentales como Montage of heck, hay algunos que datan de los meses previos a la grabación de Bleach y en los cuales se encuentran algunas versiones preliminares de “About a girl” –una canción que Kurt Cobain compuso para Tracy Marander, su novia de entonces y quien tomó la fotografía de la portada del álbum–, y otras versiones de “Sifting” y de “Blew” con letras distintas.

Junto con “School”, “Blew” y “Negative Creep”, “About a girl” formó parte del repertorio de canciones de Bleach que Nirvana continuó tocando hasta su última gira de 1994. Este álbum fue re-editado en 1992, tras el éxito de Nevermind, y re-masterizado en el 2009, cuando se cumplieron veinte años de su lanzamiento. Si el lector de este blog sólo conoce las canciones más populares de Nirvana, Bleach podría cambiar radicalmente la impresión que tiene de su música.