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domingo, diciembre 07, 2014

The Money Will Roll Right In




Hace más de dos meses me enteré que Mudhoney daría un concierto en El Circo Volador, pero creí que algún conocido tendría interés en escucharlos y que iríamos juntos.

Estuve esperando en vano -tal vez se deba principalmente a que conozco a pocas personas- y terminé comprando un par de boletos el mismo día del concierto.

Me sorprendió no saber de alguien que quisiera ir al Circo Volador porque casi toda la gente que conozco -y que me encuentro en otros conciertos- escucha a bandas que se volvieron exitosas, en parte, gracias a Mudhoney. 

Considerarse admirador de Nirvana, de Pearl Jam, de Soundgarden o de Alice In Chains -por ejemplo- y no conocer a Mudhoney, es un poco absurdo.  

Es como hablar todo el tiempo de automóviles, tener un automático y jamás haber aprendido a conducir un auto de transmisión manual. 


Mudhoney se formó a mediados de los 80's, después de la disolución de Green River -una banda de hard rock en la que tocaban Mark Arm, Steve Turner, Stone Gossard y Jeff Ament- y pronto se convirtió en una de las bandas más influyentes de la escena underground de Seattle. 

Le abrieron las puertas a toda una generación de músicos que tocaban en ese circuito, aunque no alcanzaron la misma fama que muchos de ellos.  

Conocí su música, cuando estaba en la preparatoria.

Un compañero que tocaba la batería en una banda, me prestó un cassette que había comprado en El Chopo. 

El cassette traía algunas canciones del Reading Festival de 1992, en el que Nirvana tocó The Money Will Roll Right In.

Esa canción era original de una banda de Los Ángeles llamada The Fang, pero Mudhoney la tocaba regularmente en sus conciertos. 

Tuve curiosidad por escuchar la versión de Mudhoney, pero era muy difícil conseguir sus álbumes. 

Poco a poco logré escuchar Superfuzz Bigmuff (1988), Every Good Boy Deserves Fudge (1991), Piece Of Cake (1992), March To Fuzz (2000) y Since We've Become Translucent (2002).

Desde hace unas semanas, escucho Vanishing Point (2013), el álbum que los trajo de gira a la Ciudad de México.



La idea de ir al Circo Volador en compañía de algún conocido era sólo un pretexto. 

Me he sentido mal y no he tenido muchos deseos de salir a ninguna parte. 

Desde septiembre he estado bajo tratamiento médico -tomo píldoras de Nimesulida y recibo inyecciones subdérmicas de Paspat, para tratar un extraño malestar en la garganta- y no he fumado ni bebido alcohol.

Lo peor es que aun cuando evito las cosas que me gustan, no he notado mejoría.

Cuando como algo ligeramente jugoso o grasoso -como un durazno o una rebanada de pizza-, se me dificulta tragar saliva y pasar aire por la garganta, y me pongo muy ansioso.

Estar en estas condiciones es infernal y deprimente, pero tengo que concluir el tratamiento y esperar a que surta efecto. 



Regresé al Circo Volador a las 8 de la noche, con Elizabeth.

En comparación con otros eventos semejantes -como cuando Sonic Youth vino por primera vez a México-, había pocas personas. 

Éramos tan pocas personas que el concierto cambió de lugar a última hora y se llevó a cabo en el vestíbulo del Circo Volador.

Mustang '66 y Yokozuna tocaron antes de Mudhoney.

Los técnicos de Mudhoney subieron al escenario alrededor de las 10:30. 

Montaron la batería de Dan Peters -el mismo sujeto que toca en la versión de Sliver que aparece en Incesticide- y afinaron una Gretsch plateada, una Gibson roja y un Fender Precision Bass. 

Otros técnicos verificaron los pedales de Steve Turner y el micrófono de Mark Arm. 

Alrededor de las 11 de la noche, se apagaron las luces del foro.

Aunque había sido una larga espera, nadie en el público parecía molesto. 

En ese momento apenas caí en la cuenta de que sería una experiencia fabulosa escucharlos en vivo, en un lugar tan pequeño, más parecido a un bar que a una sala de conciertos.


Mark Arm, Steve Turner, Dan Peters y Guy Madisson subieron al escenario.

Le echaron un vistazo al público, sonrieron y se colocaron sus instrumentos. 

Su actitud me pareció un poco fría, en comparación con los conciertos que daban en Europa o en Estados Unidos y que había visto en diversos videos de YouTube.

(Ya habían venido de gira con Pearl Jam en el 2005, pero no sé cómo les fue.)

Sin decir una sola palabra, Mark Arm se colocó la Gretsch plateada y miró de reojo a Steve Turner y a Dan Peters.

Comenzaron a tocar Sonic Infusion, una canción larga y con tintes de psychedelic rock. 

El público tardó en identificarla, pero poco a poco fue entrando en una especie de hipnosis. 

Después de esa canción, Steve Turner tocó los primeros acordes de You Got It. 

La gente empezó a saltar como loca en el vestíbulo de El Circo Volador.

Apenas unos segundos más tarde, Mark Arm le lanzó una mirada reprobatoria a Turner y Turner dejó de tocar.

Arm se llevó una mano a la garganta, se cubrió la boca y tosió. 

Se veía un poco irritable. 

Guy Madisson se acercó al micrófono y dijo que Mark Arm había enfermado al llegar a la Ciudad de México. 


Luego de esa pausa tocaron I Like It Small, una de las canciones de Vanishing Point. 

La canción es una parodia de la batalla existente en la industria de la música entre los músicos independientes y los comerciales. 

Después de algunas canciones poco conocidas, Mudhoney tocó los primeros dos hits de la noche: Sweet Young Thing y Touch Me, I'm Sick.

La gente se puso a hacer slam y el foro empezó a impregnarse del olor de la marihuana quemada. 

Luego hubo un descanso para el público y la banda tocó varias canciones de Vanishing Point. 

Cerraron la primera parte del concierto con The Only Son Of The Widow From Nain. 

Volvieron al escenario después de algunos minutos, a tocar otros dos hits: Here Comes Sickness e In N' Out Of Grace. 


En In N' Out Of Grace, en la parte donde Dan Peters toca solo, el slam se salió de control y algunas personas comenzaron a "surfear" entre la gente como si fueran pelotas de playa, como en los conciertos grunge de la década de los 90's.

Dan Peters prolongó al máximo esa parte de la canción, mientras Mark Arm y Steve Turner miraban al público, atónitamente.

Aunque me quedé con ganas de escuchar Mudride y Suck You Dry, esta fabulosa experiencia terminó con The Money Will Roll Right In. 

Jamás habría imaginado que ésa sería la última canción. 

Iba vestido casi como señor, pero alguien entre el público me empujó y me metió al slam. 

De repente olvidé todos mis problemas de salud y lo lamentable que ha sido dejar de fumar y de beber alcohol. 

La noche siguiente Mudhoney tocó en El Pasagüero. 

Aunque el boleto sólo costaba $200 con la entrada del concierto del viernes, ya no tuve fuerzas para ir. 

http://www.setlist.fm/setlist/mudhoney/2014/circo-volador-mexico-city-mexico-4bcdd7be.html

lunes, febrero 17, 2014

El guitarrista blanco que cantaba y que tocaba la guitarra como negro


Nadie sabía si realmente era un veterano de la guerra de Vietnam o si sólo era un desertor. Cuando estaba ebrio, él mismo decía que había venido a México escapando de los militares de su país. Poco antes de que Estados Unidos invadiera Vietnam, había sido activista político. Al comienzo de la guerra, el gobierno había perseguido a personas como él. 


Redyke me contó que una noche, al volver de un mítin a su casa, abrió la nevera para tomar una cerveza y observó algo que lo hizo cambiar de parecer respecto a su activismo. 

Detrás del six pack de Budweiser, creyó ver un par de cebollas y no les prestó importancia. Tomó una cerveza del six y entonces se dio cuenta de que no se trataba de un par de cebollas sino de un par de globos oculares. Los ojos parecían mirarlo desde el más allá. El nervio óptico le colgaba a cada globo como un cable espeluznante. Redyke se quedó inmóvil. Ni siquiera pudo gritar. Se puso paranoico y decidió huir de Estados Unidos.


Otro día me contó que había vivido en Tijuana y en Baja California Sur y que había jugado beisbol. Una vez me confesó que él mismo había estado en la guerra. Se le entornaron los ojos y me miró con una mirada de loco. 

'Está cabróun no deschavetarte si vuelves vivo de la guerra, y' know?', dijo, mientras su semblante adoptaba un aspecto sombrío. 

  
                                  

La primera vez que vi a Redyke, él estaba tocando una canción de Neil Young en la calle. Tocaba una Gibson Les Paul '53, muy maltratada. La guitarra era de color negro, tenía humbuckers y estaba conectada a un pequeño amplificador Marshall. Redyke tocaba y cantaba al mismo tiempo. Su voz y su habilidad para tocar la guitarra me hicieron pensar en artistas negros de blues.

Redyke tenía todo el aspecto de un hombre blanco de unos sesenta años. Me acerqué a él y él me miró brevemente. Sonrió sin dejar de cantar ni tocar la guitarra. Su mirada me pareció desconcertante, y detecté algo diabólico en su sonrisa.                     
          
                                     

Redyke estaba sentado a la sombra de un árbol, en un parque. Conforme tocaba la guitarra, golpeaba rítmicamente sus pies contra el suelo y parecía estar en trance. De un momento a otro, dejó de tocar.  Volvió a sonreírme y me preguntó: "¿Tendrás alguno cigarrillou para mí?" Sus dientes relucían de manera diabólica y acentuaban su sonrisa.

Le ofrecí un cigarrillo. 



Luego, comenzamos a platicar sobre música. Me dijo que había escuchado a The Doors en vivo, y que justamente esa noche se habían llevado preso a Jim Morrison. También me dijo que le gustaba Janis Joplin y que había conocido a Jimi Hendrix personalmente antes de que fuera famoso. Tuve la impresión de que inventaba muchas cosas. 

Al despedirme, se me ocurrió ofrecerle un billete. 

Redyke dijo "Oh, no... Nada de esouu... ¿Qué te parece si mejour vienes déspues a platicar?" 

Unas semanas más tarde, volví. Redyke se veía mucho más viejo.
En cuanto me vio, dejó de tocar la guitarra y me saludó. 


Me contó que tenía problemas con el alcohol y que había hecho un pacto con el diablo y que estaba muy arrepentido. Bajó la mirada y se me ocurrió preguntarle qué clase de pacto había hecho con el diablo. 

"¿Tú crees que tocou y cantou como negrou sólo pourque sí?", dijo. Me explicó que su alcoholismo era el precio que había tenido que pagar por esos talentos. 

Continuó:
"Lo que necesitou en verrrdad es oulvidarrr la guerra..."

Después de varios meses volví al parque y vi a Redyke. Se veía como un anciano en sus últimos años de vida. Estaba tocando la guitarra y seguía cantando, pero hacía las dos cosas de manera fatal. Luego, lo invité a tomar una cerveza, pero se rehusó. Dijo que ya no bebía y que el diablo le había quitado sus talentos. Quise preguntarle algunas cosas sobre la guerra y me dijo que no sabía nada. 

La verdad, yo creo que Redyke simplemente se aburrió de hacer música.