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martes, noviembre 22, 2022

Hoy juega la selección

Martinoli, García y Campos están en la tv. La selección mexicana está a unos minutos de debutar en el mundial de Qatar. Le echo un vistazo al vaso de agua, espero a que se diluya la vitamina C y me dispongo a bebérmelo. Katz está enferma desde hace una semana, tiene tos y ya está mejor, pero estoy tomando mis precauciones. No quiero enfermarme. 

Hoy no salí a correr. Estoy desvelado, me acosté a las dos de la mañana y me levanté a las siete. Me pasé toda la tarde y toda la noche de ayer grabando un video para mi canal de YouTube. También vi una serie de tv sobre el mundial, en Amazon Prime. 

El video que grabé es un experimento: no escribí guión, ni nada similar; apenas tomé unas notas sobre algunos datos relevantes. Todo lo que hay ahí, se me ocurrió en el momento. El video tampoco tiene una súper producción y está destinado al fracaso. A la gente le laten los videos con muñequitos y con música bonita. Mi propósito con este video es saber qué tan bueno o malo soy para hablar de futbol y para hacer los pronósticos de los partidos de la selección nacional. No sé si grabaré un video antes de cada partido de la selección en este mundial. A lo mejor me aburro y éste es el único video que grabo. 

Tengo este canal de YouTube desde hace más de diez años y mis videos con más vistas (1.4 K) son cortos, irrelevantes y bobos: dos minutos del Edificio S de la UAM Iztapalapa en los días posteriores al terremoto del 19 de septiembre del 2017 y dieciséis segundos en los que estoy tocando “Breed” con mi guitarra Jazzmaster zurda. También tengo un par de videos de divulgación de la ciencia y solía compartir algunas de mis clases de Psicología Biomédica al público en general, pero un grupo de estudiantes decidió usarlos como evidencia de “lo nefasto” que soy (falso: soy un estupendo docente que nunca está satisfecho y al que le apasiona la docencia y que, trimestre a trimestre, busca cómo mejorar) y entonces me encabroné y cambié todos esos videos a modo “privado” y entonces dejé de crear contenido de neurociencias. 

Es bien complicado caer en el gusto de la gente: a un fulano que se la pasa tres horas “debatiendo” en un podcast a qué hora le gusta ir al baño, “lo carga en hombros”; a un fulano que no sabe nada pero que habla con mucha seguridad como si supiera de todo, también “lo carga en hombros”; si subo un video en el que toco la guitarra porque me gusta tocar la guitarra y el video, por alguna extraña razón, se hace viral, la gente siente la obligación de comentar “tu guitarra está desafinada” (¿me van a enviar gratis un pedal PolyTune, o sólo tienen la necesidad de llamar la atención?), que así no se toca la canción (¿me van a enseñar a tocar con arpegios, o sólo tienen que llamar la atención?), que no le gusta mi video (no es obligatorio que lo vean ni que me lo digan; ni los conozco, ni pienso conocerlos), o que ellos sí que conocían el Edificio S, que, prácticamente, antes de que lo demolieran porque sufrió daños estructurales en ese terremoto, ellos vivían allí. (Por cierto: yo padecí ese terremoto en el tercer piso de ese edificio).

Ahora que planeo crear contenido sobre el mundial de Qatar (si no desisto), no me sorprendería que los comentarios, si los hubiera, fueran en el sentido de “yo no veo futbol; soy muy listo”; “¡qué terrible!, ¿a quién se le ocurrió hacer un mundial en Qatar?”; “déjame corregirte: se escribe “Catar”. Jaja, La gente es súper predecible, pero se cree súper especial. 

Faltan quince minutos para las nueve de la mañana. Ya me bañé, ya me vestí, ya desayuné, ya lavé los trastes, ya barrí y trapeé, ya les di comida blanda a los gatos y ya les cambié el agua y la arena. Estoy quedándome dormido. Tomo el vaso con agua, lo muevo hacia un lado y hacia otro, revolviendo su contenido para apresurar la disolución de la vitamina, y le doy un sorbo. 

Siento cómo la vitamina efervescente atraviesa mi garganta y desciende por mi esófago. Carraspeo. Me siento raro. Estoy nervioso.

Desde hace casi diez años, no veo futbol regularmente. Ya estoy hasta la madre del futbol mexicano, que está bajo las órdenes de un puñado de empresarios codiciosos a los que les vale madre la competencia, que sólo quieren hincharse los bolsillos con millones de dólares, que hacen cosas en contra del espectáculo, que tienen a casi diez extranjeros por equipo en la liga mexicana, que llevan a jugar cien veces al año a la selección mexicana contra equipos de poca importancia a Estados Unidos, que meten a la selección a jugadores que venden muchos Powerade, que les pagan millones de dólares a los jugadores y que esperan que los equipos extranjeros les paguen muchos millones de dólares por los jugadores mexicanos que les interesan... y, sin embargo, aquí estoy: sentado frente a la tv, escuchando a Martinoli, a García y a Campos, preparándome para ver otro partido de la selección nacional en un mundial de futbol. 

La selección nacional es uno de mis gustos culposos, y no puedo evitar sentirme viejo y miserable y acostumbrado a las decepciones, que comenzaron con aquel mundial de Estados Unidos 1994, cuando, un domingo de junio, la selección de Mejía Barón salió al Estadio John F. Kennedy, en Washington DC, y perdió contra los noruegos, pero luego, unos días más tarde –en martes y en viernes, en Orlando y en New Jersey, respectivamente–, le ganó a los irlandeses y empató con los italianos y calificó a octavos de final, contra todo pronóstico, como primera del Grupo E –“el grupo de la muerte”–, pero que fue eliminada trágicamente en penalties contra los búlgaros que lideraba Hristo Stoichkov, en New Jersey. 

Desde entonces he visto de todo por tv: a la selección de Manuel Lapuente, ganarle, un sábado por la mañana, a la selección de Corea del Sur; a la selección de Javier Aguirre, ganarle, un domingo por la madrugada, a la selección de Croacia; a la selección de Ricardo La Volpe, ganarle, un sábado por la mañana, a la selección de Irán; a la selección de Javier Aguirre, empatar, un viernes por la mañana, con la selección de Sudáfrica; a la selección de Miguel Herrera, ganarle, un viernes por la mañana, a la selección de Camerún; a la selección de Juan Osorio, ganarle, un domingo por la mañana, a la selección de Alemania... Desde hace 32 años las he visto perder en octavos de final, y no sé por qué insisto. 

Tengo clarísimo que el futbol mexicano es malo, que nunca a ningún directivo le interesará tener a una gran selección que esté entre las mejores selecciones del mundo; que los directivos, a pesar de lo que digan los medios (vendidos), tienen una mentalidad tercermundista: que sólo les importa el dinero; que la pasión (o ignorancia) de los aficionados es tan grande que nunca van a castigar a los federativos. 

Desde uno de los palcos de prensa del Estadio 974, ese fabuloso estadio construido con 974 contenedores de metal y que será desmantelado después del mundial, los tres comentaristas hablan sobre la sorpresiva derrota de la selección argentina contra los saudí árabes, que jugaron hoy, más temprano. Todos daban como favorita a la selección argentina para ganar ese juego contra los asiáticos (también la dan como favorita para ganar su tercera Copa del Mundo en tierras catarís y darle el único título que le falta a Lionel Messi), y empezaron ganando el partido pero luego les anularon 3 goles por fueras de lugar y acabaron desesperándose y los saudí árabes les anotaron dos goles en un lapso de diez minutos. 

Vi entre sueños ese partido. Lo transmitieron por tv a las cuatro de la mañana, pero encendí la tv a las cinco y no aguanté. Recuerdo algunas jugadas entre sueños. Recuerdo a Messi, a Di María, a De Paul y a Lautaro Martínez lamentándose por cada uno de los fueras de lugar, y también recuerdo a los aficionados argentinos incapaces de dar crédito a lo que acababan de presenciar en el Estadio de Lusail: Arabia Saudita –esa selección desconocida de ese país de Medio Oriente cuya frontera colinda con Qatar– derrotó a los campeones de La Copa América 2021 y de La Finalíssima 2022; a esa selección que ostentaba un récord de 36 partidos sin conocer la derrota. 

Mientras estoy en estos pensamientos, Campos toma el micrófono y les dice a Martinoli y a García que este juego de la selección mexicana, en el Estadio 974, es el “quinto partido” que está buscando la selección mexicana en este mundial. 

Parece que nadie le entiende, pero tiene mucho sentido lo que dice: si la selección de Gerardo Martino, contra todo pronóstico, ganara este juego, en su siguiente partido, que se disputará el próximo sábado 26 de noviembre en el Estadio de Lusail, estaría más cerca de la clasificación a octavos de final, y, además, podría “hacer historia” y eliminar del mundial a los argentinos. Los argentinos, después de la derrota inesperada de hoy, tienen que ganar el siguiente juego para seguir “con vida” en el mundial. Ahora, ellos tendrán la presión en su contra. Siempre se había hablado de que ese juego entre mexicanos y argentinos sería un partido “de trámite” para los sudamericanos.

Las palabras de Campos se quedan en el aire, me pongo a pensar en si ese sería “el pequeño salto” que le hace falta dar al futbol mexicano desde hace 32 años –tener la motivación de eliminar, en fase de grupos, a una selección favorita para ganar el mundial–, pero la transmisión se corta y aparece una cascada de comerciales que me devuelven a la realidad.  

Hoy es martes 22 de noviembre del 2022. Faltan quince minutos para que comience el partido entre las selecciones de Polonia y de México. Los comerciales no paran y no puedo dejar de pensar en que no me he perdido ningún partido de debut mundialista de la selección, en 32 años. Tampoco puedo dejar de pensar en que soy un iluso: en que, cada 4 años, desde 1994, he estado sentado frente a algún televisor, sintiéndome raro y nervioso, esperando a que comience un partido de futbol. 

domingo, diciembre 01, 2019

¿Quién es Carlos Salcido?


Carlos Salcido nació el 2 de abril de 1980 en Ocotlán, Jalisco.

Según Wikipedia, antes de incursionar en el futbol, Salcido trató de entrar a Estados Unidos como inmigrante en varias ocasiones y trabajó como limpiador de camiones y como obrero en una fábrica de vidrio.

En un partido con sus amigos, lo observó el Director Técnico del Club Deportivo Oro y lo invitó a formar parte del equipo. Salcido sólo aceptó jugar cuando le ofrecieron $1, 000 MXN semanales. 

Antes de afianzarse con la titularidad como lateral izquierdo de la Selección Nacional que dirigía Ricardo La Volpe en vísperas de La Copa del Mundo de Alemania 2006, fue campeón en la "Primera A" con los Gallos de Aguascalientes (Invierno 2000), jugó con el Club Deportivo Tapatío (en dos periodos) y de allí saltó a las fuerzas básicas del Guadalajara.



Bajo la dirección de Óscar Ruggeri debutó sin éxito en Primera División con el Guadalajara (2001), regresó una temporada al Club Deportivo Tapatío (2002) y volvió al Guadalajara (Apertura 2003) y finalmente consiguió la titularidad.

Durante el año 2005, disputó La Liga y La Copa Libertadores –con el Guadalajara– y el proceso eliminatorio de clasificación al Mundial 2006 y La Copa Confederaciones 2005 –con la Selección Nacional– y se convirtió en el jugador profesional con más minutos jugados en todo el mundo.

Después del Mundial de Alemania 2006, jugó en el PSV Eindhoven y se convirtió en el segundo futbolista mexicano –sólo detrás de Rafael Márquez–, mejor pagado y más pretendido en Europa. En Holanda, ganó dos veces la Eredivisie (2006-2007 y 2007-2008) y una vez la Supercopa (2008). 



En el 2010, llegó al Fullham Football Club y allí fue titular indiscutible e incluso apareció en dos ocasiones en el equipo ideal de la Premier League. Supuestamente, dejó el equipo por problemas personales relacionados con dos robos en la casa en la que vivía en Londres.  

En el Torneo Apertura 2011 regresó al futbol mexicano a jugar con Tigres de la UANL y fue campeón de Liga (Apertura 2011) y de Copa (2014).  

Entre ambos torneos, disputó Los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y ganó la Medalla de Oro como refuerzo mayor de edad de la Selección Olímpica que dirigía Luis Fernando Tena. 

Bajo la dirección de Matías Almeyda regresó al Guadalajara en el Apertura 2014 –¡la transacción alcanzó los 12 millones de dólares!– y fue campeón de Liga (2017), de Copa (2015 y 2017) y de Supercopa (2015-2016). 

Supuestamente tenía planeado retirarse con el Guadalajara, pero el Director Técnico José Saturnino Cardozo* lo relegó a la banca y tuvo que aplazar su retiro y emigrar al Veracruz**.



Su periodo como jugador del Veracruz estuvo caracterizado por problemas de descenso y por adeudo de pagos del dueño del equipo a todos los trabajadores del club. 

El 23 de noviembre del 2019, Carlos Salcido disputó con el Veracruz su último partido como futbolista profesional en El Estadio Akron contra el Guadalajara.

A lo largo de su trayectoria, se desempeñó como defensa central, como lateral izquierdo y como volante defensivo.

Con la Selección Nacional, jugó tres Copas del Mundo (Alemania 2006, Sudáfrica 2010 y Brasil 2014), dos ediciones de La Copa Confederaciones (2005 y 2013) y tres ediciones de La Copa Oro Concacaf (2005, 2007 y 2011.)  

Nunca olvidaré aquella anotación suya en Hánnover contra la selección argentina, ni las olimpiadas en las que fue capitán y en las que le ganaron la Medalla de Oro a la selección de Brasil en Wembley.

No sé qué opinión tengan otros aficionados sobre este jugador, pero yo creo que su carrera merecía otro final.



____________

*Irónicamente, el paraguayo llegó al equipo teniendo un récord de casi un año sin ganar un partido como Director Técnico. Tras quedar eliminado de La Liguilla, su permanencia en el Guadalajara no superó el año. No ganó un solo torneo y perdió todos los clásicos contra el América y fue eliminado en La Copa por los Pumas de la UNAM.

**En sus últimos días con el Veracruz, Salcido fue el portavoz de sus compañeros de equipo en un comunicado de prensa al finalizar un partido que se habían negado a jugar contra Tigres de la UANL para protestar sobre su situación económica, y, unos días después, fue señalado por Fidel Kuri –el dueño de ese equipo, acusado de no pagarles a los trabajadores de toda la institución, ¡por más de seis meses!– como un jugador que "ya iba de salida", ante la condescendencia de los miembros de la Federación Mexicana de Futbol.

Información consultada en Wikipedia.

jueves, mayo 09, 2019

Domingo 9 de mayo de 1993


Aristóteles, en De Memoria et Reminiscencia, uno de sus múltiples libros, postuló sus ideas acerca de la memoria humana*. 

El gran epistemólogo griego –cuyos hallazgos incluso han repercutido en temas como la evolución y la catarsis–, creía que la fuerza asociativa entre eventos similares, contrastantes y que ocurrían en el mismo lugar y al mismo tiempo, influían en la formación de nuestros recuerdos.

Creía que la memoria era un almacén de recuerdos personales que reflejaban nuestras experiencias en el mundo y que los tres procesos asociativos –similitud, contraste y contigüidad– que influían en su formación**, también recibían la influencia de otras dos fuerzas: la frecuencia y "la facilidad innata" para recordar "ciertos eventos, con ciertas características". 

Aunque estas ideas tienen más de dos mil años, más o menos son vigentes en las teorías contemporáneas del aprendizaje y de la memoria. 


Un gran porcentaje de mis recuerdos, guardan alguna relación con algún evento deportivo. 

Recuerdo eventos irrelevantes, con lujo de detalle, debido a que ocurrieron al mismo tiempo que algún partido de futbol. 

Otro tipo de recuerdos permanecen en mi memoria, simplemente porque el partido de futbol era lo más importante que ocurría en mi vida: tal vez "la facilidad" para Aristóteles era el componente emocional que nos permite recordar (particularmente) ciertos eventos.

Hoy escribo esta entrada porque recuerdo claramente lo que ocurrió hace veintiséis años.  

Lo único que hacía en esa época –aparte de ir a la escuela, de tomar clases, de hacer tareas y de tener una novia a quien sólo veía en la escuela y a quien llamaba por teléfono de vez en cuando– era ver futbol.



El domingo 9 de mayo de 1993, la Selección Mexicana de futbol disputó su pase al mundial de Estados Unidos 1994. 

Fue su último partido eliminatorio y enfrentaron a la selección de Canadá en Toronto.

El equipo dirigido por Miguel Mejía Barón había superado a casi todos sus rivales durante la eliminatoria –vencieron a todos en El Estadio Azteca; derrotaron a Honduras en Tegucigalpa y perdieron contra El Salvador en El Estadio Cuscatlán– y, sin embargo, su pase al mundial no estaba seguro: si perdían en el Estadio Varsity, los canadienses calificarían a La Copa del Mundo.

Cuatro años atrás, en mi último año de primaria, había visto algunos partidos del mundial de Italia 1990. La Selección Mexicana no lo había disputado, debido a un castigo que le había impuesto la FIFA, así que la posibilidad de ver a mi país representado en un mundial (¡por primera vez en mi vida!) era lo máximo. 



Toda la semana había estado esperando ese partido. 

Uno de mis tíos llegó a la casa –ahora que lo pienso, creo que él se había peleado con su esposa y no quería estar solo– y se sentó en la sala, junto a mi papá.

El juego comenzó alrededor del mediodía, pero yo ya había encendido el televisor desde temprano. 

Raúl Orvañanos, Enrique Bermúdez, Eduardo Trelles, Juan Dosal, desde un palco, y Fernando Schwartz, desde la cancha, hacían comentarios. Se les escuchaba optimistas. 

¡Después de ocho años, la selección estaba cerca de volver a disputar un mundial!

Las tomas de las cámaras de televisión eran semiprofesionales. 
La cancha se veía muy lejos. Apenas se distinguían los números de los jugadores en los uniformes. Los mexicanos vestían playera verde y pantaloncillos y calcetas blancas. El uniforme de los canadienses era rojo con vivos en blanco. 

El estadio era muy pequeño, pero estaba a su máxima capacidad. 
Parecía que el calor era insoportable. 

Miguel Mejía Barón veía el juego desde las gradas –lo habían expulsado en el partido previo– y su auxiliar era Javier Aguirre. 



A los pocos minutos, los canadienses cobraron una falta a unos metros del área mexicana. 
Un jugador puso la pelota en el césped y envió un centro. 

El balón llegó al área mexicana, superando a los defensas. 

Un canadiense cabeceó en los límites del área chica y habilitó a otro canadiense. 
El segundo canadiense remató a unos metros de la línea de meta, frente a la portería. 

Jorge Campos no pudo detener el balón. 

Los canadienses tomaron la ventaja. 

Con ese marcador –y contra todo pronóstico–, la selección mexicana estaba fuera del mundial.

Los comentaristas, mi papá, mi tío y yo estábamos desconsolados. 

¿Deberíamos esperar otros cuatro años, para tener la posibilidad de ver a la selección en un mundial...?



Casi al final del primer tiempo, tras una serie de forcejeos por el balón en la banda izquierda del ataque mexicano, Ramón Ramírez le mandó un pase a Luis Miguel Salvador.

El delantero del Atlante esquivó a dos defensas y envió un centro raso al área canadiense. 

El balón le rebotó a David Patiño a la altura de la marca de cal del penalti.

La jugada se complicó y los defensas estaban a punto de arrebatarle el balón al extremo de la UNAM, pero Hugo Sánchez apareció oportunamente y pateó el balón con el pie izquierdo y empató el marcador. 

Enrique Bermúdez gritó el gol y Hugo Sánchez celebró con la clásica cabriola que había hecho famosa jugando en el Real Madrid. Después lo rodearon y lo abrazaron Ramón Ramírez, Miguel Herrera, Claudio Suárez, David Patiño, Luis Miguel Salvador...

Ocho años atrás, en el mundial de México 1986, Hugo era la máxima figura del equipo que dirigía Velibor Milutinovic, pero no había conseguido darle una gran satisfacción a la afición. 

Cuatro años atrás, él estaba en el mejor momento de su carrera y era uno de los máximos goleadores en Europa, pero había tenido que ver los partidos del mundial italiano desde las gradas, como comentarista invitado de Televisa.

El mundial de Estados Unidos sería su último mundial.  



Casi al final del partido, Claudio Suárez envió un largo pase desde el área mexicana hasta el vértice del área canadiense. Luis Flores "le ganó con el cuerpo" la posesión del balón a un defensa canadiense y, trompicándose, logró enviar un centro raso.

Hugo Sánchez, con la marca personal de otro defensa, apenas punteó el balón y prolongó su trayectoria hasta la marca de cal del penalti.

Javier El Abuelo Cruz –junto con Hugo Sánchez y Luis Flores era otro sobreviviente del equipo de Velibor Milutinovic– seguía la jugada y apareció sin marca. 

Acababa de entrar a jugar en el segundo tiempo, pero estaba lesionado y apenas podía caminar.

El Abuelo pateó el balón con el pie derecho y lo envió al fondo de las redes, ante la dramática estirada del arquero Craig Forrest.

Raúl Orvañanos, emocionado de un modo en el que jamás lo había escuchado, gritó 


¡El Abuelo! 
¡Estamos en el mundial!

mientras Javier Cruz***, corría, cojeando visiblemente, a la banca del equipo mexicano a celebrar su anotación y el inminente pase al mundial. 

Yo también quería gritar, pero guardé la compostura. 
Mi papá y mi tío celebraron el gol, pero no perdieron la cabeza. 
Ellos ya habían visto a la selección mexicana en otros mundiales. 
La habían visto perder escandalosamente contra la selección de Italia en Toluca.
La habían visto perder escandalosamente contra las selecciones de Túnez, de Alemania y de Polonia en el mundial de Argentina.
La habían visto perder la clasificación para los mundiales de Alemania y de España.
La habían visto perder en Nuevo León contra la selección alemana.  



Así comenzó mi maldición. 

Durante siete mundiales he visto a la selección mexicana.
A pesar de que nunca ha avanzado a los octavos de final, continúa emocionándome verla jugar en un mundial. La emoción ya no es tan intensa como al principio. 

A lo mejor, en un futuro no muy lejano, el mundial será irrelevante para mí. 

Sin embargo, aun ahora, veintiséis años después de ese partido en El Estadio Varsity, siento escalofríos cuando recuerdo los gritos de Raúl Orvañanos y todos estos detalles llegan a mi mente. 

_______

*Nunca he leído el libro original. Lo que escribo aquí, lo encontré en Historia de la Psicología de David Hothersall.
**Debido a sus estudios sobre embriogénesis en pollos –si les arrancaba el corazón, morían; si les golpeaba la cabeza, seguían vivos–, a la influencia de la cultura egipcia –cuando embalsamaban a alguien, el corazón no era un órgano importante– y a la relevancia del ágora en su época –era "el corazón del pueblo", en donde los griegos se reunían a discutir asuntos de todo tipo–, creía que "el alma" residía en el corazón.
***Ni él ni Luis Flores ni David Patiño fueron convocados al mundial de Estados Unidos 1994. Hugo Sánchez jugó el partido inaugural contra la selección de Noruega, se quedó en la banca en los partidos contra Irlanda e Italia y estuvo a punto de ingresar en los minutos finales del partido de octavos de final contra Bulgaria. Luis Miguel Salvador fue al mundial, pero no jugó un solo minuto. 

Hugo Sánchez es humano

jueves, marzo 28, 2019

Fecha FIFA: México vs Chile / México vs Paraguay


El viernes 22 de marzo, Gerardo "Tata" Martino debutó como Director Técnico de la selección mexicana de futbol.

En la primera Fecha FIFA del año, la selección mexicana enfrentó a la selección de Chile, dirigida por el colombiano Reinaldo Rueda.

La alineación de Martino fue la siguiente: Guillermo Ochoa, Jesús Gallardo, Carlos Salcedo, Héctor Moreno, Luis Rodríguez, Édson Álvarez, Andrés Guardado, Carlos Rodríguez, Hirving Lozano, Rodolfo Pizarro y Raúl Jiménez. 

El partido se llevó a cabo en el Estadio Qualcomm de San Diego, California, y el conjunto mexicano lo ganó tres goles a uno. 

Anotaron Raúl Jiménez (penaltie), Héctor Moreno e Hirving Lozano. 
Nicolás Castillo descontó para los chilenos.  


El martes 26 de marzo, la selección mexicana enfrentó a la selección de Paraguay, dirigida por el argentino Eduardo Berizzo, en el Estadio Levi's en Santa Clara, California. 


La alineación de Martino fue la siguiente: Raúl Gudiño, Jesús Sánchez, Diego Reyes, Néstor Aráujo, Miguel Layún, Jonathan Dos Santos, Édson Álvarez, Erick Gutiérrez, Diego Lainez, Javier Hernández y R. Alvarado. 

La selección mexicana ganó cuatro goles a dos. Los anotadores fueron: Jonathan Dos Santos, Gómez Portillo (AG), Javier Hernández y Luis Montes. 
Hernán Arsenio y Derlis González descontaron para los guaraníes. 

En ambos partidos, la Selección Nacional mostró un sistema de juego más ordenado que el del equipo que dirigió Juan Carlos Osorio durante los últimos cuatro años, a pesar de que Gerardo Martino apenas pudo contar con el equipo completo una semana.

Los rivales tal vez fueron menos exigentes de lo que se esperaba, pero fue un buen comienzo.

Los medios de comunicación, sin embargo, se enfocaron en las ausencias de Carlos Vela y de Jesús "Tecatito" Corona en la convocatoria.

sábado, julio 28, 2018

Siempre es la misma función, el mismo espectador



Por séptima ocasión consecutiva, el mundial terminó para la selección de México en octavos de final. 

En New Jersey, nos eliminó la generación de Hristo Stoichkov en penalties. 


Nunca sabremos por qué Miguel Mejía Barón no metió a jugar a Hugo Sánchez, ni por qué decidió que su equipo dejara de atacar en los tiempos extra cuando los europeos ya no podían ni correr. 


En Montpellier, Luis Hernández nos acercó al quinto partido, al anotar un gol cuando comenzaba el segundo tiempo. 


Pero bastaron dos remates de cabeza de Klinsmann y de Bierhoff, casi al final del partido, para dejarnos en la misma situación
. 

17/6
En Jeonju, la generación de Landon Donovan nos borró del campo de juego. 

Nunca sabremos por qué Javier Aguirre no metió a jugar un solo minuto a Francisco Palencia, 
ni por qué sacó a Ramón Morales de la cancha cuando empezaba a ser peligroso para los defensores estadounidenses.


Francisco Palencia era el único delantero mexicano que jugaba en Europa y había sido fundamental en el subcampeonato de Cruz Azul en La Copa Libertadores más reciente y también en la clasificación a Corea-Japón 2002.


Javier Aguirre decidió meter a jugar a Luis Hernández (28') en lugar de Ramón Morales y a Alberto García-Aspe (78') en lugar de Gerardo Torrado, para que se despidieran de la selección.


23/6
En Leipzig, los argentinos nos eliminaron con un gol excepcional de Maxi Rodríguez.

Tal vez el mejor gol y el más importante de su carrera. 


Nunca sabremos si Cuauhtemoc Blanco habría marcado una gran diferencia en el equipo que dirigía Ricardo Antonio La Volpe de haber sido convocado al mundial de Alemania 2006.


Tampoco sabremos qué habría ocurrido si el árbitro suizo Massimo Bussaca se hubiera atrevido a expulsar a Gabriel Heinze, al final del primer tiempo en el Zentralstadion.


Tampoco sabremos qué habría ocurrido si Pavel Pardo y Andrés Guardado no hubieran tenido que abandonar el partido por lesión. 



27/6
En Johannesburgo, los argentinos (¡otra vez!) que dirigía Diego Armando Maradona -los mismos que perdieron posteriormente 4 a 0 contra los alemanes en Ciudad del Cabo-, nos dejaron fuera. 

Nunca sabremos por qué Javier Aguirre (¡sí, otra vez!) le restó importancia al último juego de la fase de grupos de ese mundial.


(El técnico ya había mostrado su verdadera cara en Jeonju, ¿o no?)

Si la Selección Nacional hubiera derrotado a los uruguayos en Rustenburg, habría evitado a los argentinos y habría enfrentado a 
Corea del Sur en octavos de final.


Tampoco sabremos por qué Javier Aguirre se aferró a darle más minutos a Guillermo Franco cuando era evidente que Javier Hernández estaba en mejor momento.



Javier Hernández había sido campeón goleador en la Liga de México y lo acababa de contratar el Manchester United.

Los pocos minutos de juego que tuvo en Sudáfrica 2010 le bastaron para anotarle a las selecciones de Francia y de Argentina.

Guillermo Franco, en cambio, no anotó un solo gol, aunque jugó tres partidos del mundial. 


Tampoco sabremos por qué Javier Aguirre puso a jugar como medio de contención a Adolfo Bautista 
-¡siempre había jugado como delantero!- en ese partido de octavos en el Soccer City Stadium. 

(Cinco años atrás, Adolfo Bautista había sido un jugador clave en el Guadalajara, tanto en el partido que le ganaron 4 a 0 al Boca Juniors en La Copa Libertadores, como en la final de La Liga de México que le ganaron al Toluca, pero en ese año mundialista su desempeño había bajado considerablemente. Jugaba con los Jaguares de Chiapas).

Los albicelestes anotaron al comienzo del primer tiempo en un claro fuera de lugar y después aprovecharon un error de Ricardo Osorio para aumentar la ventaja, pero fueron ampliamente superiores.


En Fortaleza, la selección de Países Bajos nos eliminó con un penaltie que cobró Klas Jan Huntelaar a cinco minutos del final. 

Al principio del segundo tiempo, dos Santos anotó el gol más importante de su carrera con la Selección Nacional, pero el equipo de Miguel Herrera fue superado por los europeos en los últimos minutos del juego. 

Nunca sabremos qué habría ocurrido si el árbitro portugués no hubiera marcado falta de Rafael Márquez sobre Arjen Robben.

Tampoco sabremos por qué casi todos los jugadores que estuvieron en esa cancha de Brasil tuvieron unas eliminatorias desastrosas, ni por qué José Manuel de la Torre, Luis Fernando Tena y Víctor Manuel Vucetich los dirigieron sin éxito. 


Ese equipo fue el penúltimo en clasificar al mundial de Brasil 2014 y t
uvieron que ganarle a la selección de Nueva Zelanda en el repechaje.

Jamás sabremos si hubieran podido eliminar a Países Bajos en tiempos extra. 


El lunes 2 de julio del 2018, se repitió la historia de los últimos 28 años.

En la Arena Samara, la selección de Brasil ganó sin dificultades.

Aunque el equipo de Juan Carlos Osorio le había ganado a los alemanes en Moscú y a los surcoreanos en Rostov y tenía seis puntos, jugó el tercer partido de la fase grupos sin haber calificado a octavos de final. 

Le bastaba empatar en Ekaterimburgo contra los suecos para quedar en primer lugar del Grupo F y así evitar a los brasileños. 

Desde el sorteo, cuando se conocieron los rivales de la Selección Nacional en Rusia 2018, se pensó que el tercer partido contra los suecos sería decisivo para avanzar a octavos de final. 

Se especulaban una derrota contra los alemanes y una victoria contra los surcoreanos. 

Sorprendentemente, la selección sueca sería la única del Grupo F que perdería contra los alemanes y sin embargo ganaría 3 a 0 a los mexicanos en Ekaterimburgo. 

¿No es sospechoso?



El equipo de Juan Carlos Osorio salió a ese partido como un equipo sin ambición.

Desde el primer minuto del juego, Guillermo Ochoa tuvo que esforzarse al máximo para evitar un gol sueco.

En un lapso de 20 minutos, los europeos se cansaron de fallar opciones claras de gol y Guillermo Ochoa evitó que cayera su arco en diversas ocasiones. 

Siempre era la misma jugada de los europeos: un centro al área, un jugador que remataba a la portería o que habilitaba a otro jugador en una mejor posición. 

Los mexicanos no encontraban el modo de contrarrestar el repetitivo ataque de Suecia.

Todo esto resultaba absurdo: Juan Carlos Osorio había convocado a jugadores altos, con el pretexto de diseñar una estrategia que le permitiera competir contra equipos cuyo ataque se basara en el juego aéreo.


                              
También era absurdo porque parecía que alguien les hubiera ordenado no hacer gran cosa en ese partido, para enfrentar a Brasil en octavos de final. 

Su desempeño fue semejante al del equipo de Javier Aguirre contra Uruguay en el tercer partido de la fase de grupos de Sudáfrica 2010, cuando perdieron y no lograron evitar a los argentinos.

También fue semejante al desempeño del equipo de Javier Aguirre que perdió sorprendentemente contra Estados Unidos en los cuartos de final de Corea-Japón 2002.

Hasta en ese sentido se repitió la historia, pero pasó inadvertida para la mayoría de los aficionados que esperaban que la Selección Nacional ahora sí avanzara al quinto partido.

No sería descabellado que Televisa volviera a poner a Javier Aguirre como Director Técnico de la Selección Nacional, debido a una "emergencia".

Quizá esa emergencia sea United 2026.   



A pesar de la escandalosa derrota contra los suecos, en algunos medios de comunicación ya habían perdido la objetividad, tal y como sucede cada cuatro años.

Decían que la selección de México ya le había ganado a la selección de Brasil una final de La Copa Confederaciones (1999) y una final de Juegos Olímpicos (2012).

¿Por qué no podíamos pensar que se les podía ganar en un mundial? 

Se les olvidaba un pequeño detalle: la selección de Brasil no había perdido en octavos de final desde Italia 1990 y buscaba ganar su sexta Copa del Mundo. 

¿Qué tal si los altos mandos de la Federación Mexicana de Futbol, dieron la orden en las dos ocasiones (contra Uruguay en el 2010 y contra Suecia en el 2018) para que la Selección Nacional no exhibiera su mejor nivel en esos partidos decisivos? 

¿Qué tal si realmente lo que preocupa a los dueños del futbol mexicano es que la Selección Nacional enfrente a un rival a modo en octavos de final y que tenga posibilidades de eliminarlo?

¿No es sospechoso que Javier Aguirre haya sido acusado de amaño de partidos en La Liga Española y que él haya sido quien dirigía a la Selección Nacional precisamente cuando tenían un rival a modo en los octavos de final en un mundial? 



De avanzar a cuartos de final, ¿qué seguiría para los dueños del futbol mexicano? 

¿Tendrían que rehacer el negocio del futbol, para continuar capturando la atención del aficionado? 

¿Los aficionados serían más difíciles de convencer con la ilusión del quinto partido? 

¿Los futbolistas se sentirían con mayores derechos y exigirían que hubiera filtros más estrictos para contratar a extranjeros y más facilidades para el jugador mexicano? 

¿Se sentirían apoyados entre ellos, capaces de ganar torneos importantes y de llamar la atención del futbol mundial y finalmente formarían un Sindicato que buscara evitar malos tratos y que aboliera el pacto de caballeros, entre otras cosas? 

¿Será posible que a los dueños del futbol mexicano les importe tanto el dinero y que estén tan cómodos con la situación que ha imperado en los últimos 28 años, que prefieran vender la ilusión del quinto partido, en lugar de mejorar la calidad del futbol mexicano y aspirar a ganar una Copa del Mundo? 

Si tienes un producto que genera ventas multimillonarias, independientemente de que lo aplasten 7 a 0 en el torneo más viejo del continente, o de que tenga casi 30 años quedándose en octavos de final, o de que avance sin problemas al mundial de Rusia 2018 pero sin ganar ningún torneo en cuatro años, ¿por qué deberías cambiar la fórmula?


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En estos 28 años, jamás he escuchado a ningún federativo comprometerse a ganar un mundial. Ni siquiera a llegar a semifinales. 

Cada cuatro años es la misma promesa. 

"Vamos al quinto partido". 

Ni siquiera ahora que se ha anunciado que México será sede de United 2026, ningún federativo se ha comprometido a nada. 

Supongo que cuando se acerque ese mundial, empezarán a decir

"Ahora sí vamos al quinto partido".

Supongo que los aficionados seguirán entusiasmándose con esa ilusión y que tal vez hasta el "vasco" Aguirre estará entre los candidatos para dirigir a la Selección Nacional.

¿Acaso sería tan difícil trabajar con un plan ambicioso, cuya meta sea llegar a semifinales de una Copa del Mundo? 

Dos generaciones de futbolistas mexicanos ganaron campeonatos mundiales juveniles (Perú 2004 y México 2011) y otra generación ganó la medalla de oro en Los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

¿Qué habrían hecho otros países de haber tenido a estas tres generaciones de futbolistas?

¿Alimentar su liga local con extranjeros y dejar a esas generaciones de futbolistas en el olvido, tal y como lo hicieron los federativos mexicanos?

No podemos ignorar las millonarias ganancias que genera la Selección Nacional y La Liga MX.

Hay dinero de sobra para invertir en el futbol mexicano. 

Lo que falta es el interés para destacar en un mundial. 


Mexicanos en Rusia
La Federación Mexicana de Futbol no tiene toda la culpa de que la Selección Nacional lleve casi tres décadas quedándose en los octavos de final de los mundiales.

Los aficionados son cómplices de esta mediocridad. 

No me refiero a los aficionados que ocasionalmente ven un partido de futbol por televisión, o que ocasionalmente van al estadio a ver a su equipo favorito. 

Me refiero a esos aficionados que apoyan incondicionalmente, que carecen de memoria y que están dispuestos a vender su patrimonio para viajar al mundial cada cuatro años.

Me refiero a esos aficionados que hacen desfiguros en las sedes mundialistas y que creen estar en todo su derecho para lanzar gritos que a otras personas pueden sonarles homofóbicos. 

Me refiero a los aficionados que compran todo lo que esté relacionado con la Selección Nacional -¡al comenzar el mundial de Rusia, la playera de la selección era más cara que la de Alemania!-, a los aficionados que adquieren boletos por decenas de dólares para asistir a los soporíferos partidos que se juegan en Estados Unidos contra selecciones improvisadas.



Me refiero a los aficionados que semana a semana abarrotan los estadios de La Liga MX, aunque la mayoría de los partidos de ligas amateur sean más intensos que los de la temporada regular y que los partidos de ida de la "fiesta grande".

Me refiero a los aficionados que cada torneo compran los uniformes de su equipo favorito -el de local, el de visitante, el alternativo y el de color verde parecido al de la Selección Nacional-, sin importar lo feos y llenos de publicidad que estén.

Me refiero a los aficionados que contratan Sky sólo para ver un clásico empate entre "dos grandes" del futbol mexicano, o para agradecerle a Sky que los obligue a pagar una renta para ver el partido por el tercer lugar del mundial de Rusia 2018. 

Ustedes aficionados, al igual que los codiciosos empresarios del futbol mexicano -incluyendo a las televisoras mexicanas que prefieren que la selección juegue un partido amistoso en California contra la selección de Gales que en Wembley contra la selección de Inglaterra-, tienen la culpa de que no hayamos progresado en tres décadas y de que nuestra máxima aspiración sea llegar al mundial y pasar a cuartos de final. 

La Selección Nacional ya no jugará La Copa América, ni ningún equipo de La Liga MX jugará La Copa Libertadores, así que el próximo mundial será más difícil.

Jamás sabremos hasta dónde podría llegar la Selección Nacional, si ustedes no se conformaran con la ilusión del quinto partido. 

Siempre es la misma función, el mismo espectador