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miércoles, diciembre 13, 2017

Tus ropas caen lentamente


A finales de los ochenta, Soda Stereo ya era una banda muy popular en México. Sus canciones sonaban en la radio todo el tiempo. Entonces yo era un niño y, sin embargo, recuerdo haber escuchado “Persiana americana”, “Cuando pase el temblor” o “Nada personal” mientras íbamos a ver a los abuelos en el auto de mi papá, o mientras mi mamá preparaba la comida y escuchaba la radio. No estoy seguro, pero tal parece que la influencia de Soda en la música latinoamericana era ya innegable. Tampoco estoy seguro de que entonces hubiera habido una audiencia tan culta como la de nuestros días, que no se cansa de denunciar que Soda plagiaba canciones y ritmos de otros continentes.

A pesar de tener estos recuerdos de mi infancia, empecé a escuchar a Soda seriamente, cuando Cerati promocionaba Fuerza Natural. La banda nacida en los sótanos de Buenos Aires ya se había desintegrado y había dado un memorable concierto final en El Estadio de River. MTV y otros medios importantes habían estado transmitiendo incansablemente “De música ligera” grabada en vivo en ese último concierto, en donde Gustavo se había despedido con un “Gracias totales” que terminó convirtiéndose en una especie de eslógan del rock n' roll. 

Ya había escuchado a Cerati en un Vive Latino y en un festival donde también tocaron Café Tacuba y Placebo, pero no le había prestado mucha atención a su música. 

Sólo recuerdo que en algún momento dijo que tocaría una canción de Luis Alberto Spinetta y que las mujeres no dejaban de gritar mientras él lo decía.

Creía que Soda Stereo era una banda sobrevalorada y que la carrera solista de Gustavo Cerati dependía de su imagen.  




https://es.wikipedia.org/wiki/Spinetta/García
Sin embargo, se me ocurrió escuchar rock argentino, cuando faltaban unos meses para que comenzara el mundial de Sudáfrica 2010.

La selección argentina siempre ha sido el némesis de la Selección Nacional -los había eliminado con un gol de Maxi Rodríguez en el mundial anterior y les había ganado la final de La Copa América de 1993-, y no quería quedarme con la idea de que a los argentinos sólo les importaba el futbol.  

Javier Aguirre haría todo lo posible para que su equipo enfrentara al equipo de Diego Armando Maradona en Johannesburgo y para que fuera eliminado por segunda ocasión consecutiva por los argentinos en los octavos de final de un mundial, pero yo descubriría Artaud y Clics Modernos.

Esos álbumes me harían escuchar a Soda Stereo.  



He leído artículos en revistas de música y tweets de gente que trabaja en la industria de la música y que critica severamente a Soda Stereo. 

Los acusan de plagiar canciones de bandas europeas desconocidas y de haber tenido una gran influencia anglosajona en sus inicios.

No soy experto en música, pero no conozco a muchas bandas tan populares como ellos y que hayan evolucionado como ellos. 

Sus álbumes pasaron del punk, del reggae y del  jazz al funk, y del sonido de Nueva York al shoegaze, antes de tener un sonido propio.

Su primer álbum suena a The Police, pero el último suena a Soda Stereo. 

Nadie puede negar que son una de las principales bandas del rock en español.



Descubrí a Soda Stereo poco antes de Gustavo Cerati sufriera el accidente cerebrovascular que lo mantendría en coma durante varios años.

Fuimos a ver el espectáculo de SEP7IMO DIA.

Fue un espectáculo asombroso.

Será lo más cerca que estaré de Soda Stereo en vivo.


lunes, mayo 14, 2007

Saga Mama à Vive Latino 2007



Uno de mis hermanos es músico. Tal vez se debe a que, cuando éramos niños, mis papás nos llevaban al teatro con frecuencia y a que, en una ocasión, después de ver Kumán, nos encontramos a Cristal y Acero en un restaurante cercano al teatro. 

Esta banda de heavy metal había musicalizó la ópera rock del alienígena que vivía en la selva, y mi hermano –tenía entre cuatro y cinco años de edad, o menos– quedó impresionado.

En el restaurante, los músicos se sentaron a unas mesas de nuestra mesa y él se les quedó mirando. Vestían playeras sin manga y pantalones de mezclilla rotos; traían melenas de león y sus brazos estaban llenos de tatuajes (entonces los tatuajes no eran una tendencia: incluso no eran tan comunes en las estrellas de rock) y sus rostros eran un enigma detrás de las gafas de sol. 


El sábado, él me invitó al Festival Vive Latino. 

Tiene una banda -toca en muchos lugares- pero en esta ocasión tocó la batería con Los Licuadoras y tocó el bajo con Jessy Bulbo.

Tenía algunos boletos extra y vales para comida y bebidas.

Su novia pudo entrar con una cámara para tomar videos y fotografías. 

Uno de nuestros conocidos ingresó al festival con otra clase de cosas. 


Siempre trae algo encima. Creo que nunca lo he visto sobrio en ningún concierto. 

Es una persona hilarante y divertida. 

Una vez estuvo dispuesto a dejarse arrastrar por la corriente de un río, sólo para impedir que un cigarrillo se le mojara. 

Mientras intentaba cruzar de una orilla a la otra, el agua fue cubriéndole poco a poco todo el cuerpo. 

Cuando el agua le llegó a las rodillas, se sacó el carrujo de una bolsa de los pantalones y se lo puso en los labios. 

Todo iba bien hasta que el agua le llegó al cuello. 


Tuvo que inclinar la cabeza hacia atrás para mantener el carrujo en la superficie, como si fuera el tubo de un snorkel. 


Contuvo la respiración brevemente y alguien le dio la mano desde la otra orilla, para sacarlo del río. 


Escuchamos a Monocordio en el Escenario Verde, y anduvimos caminando de un escenario a otro sin quedarnos demasiado tiempo escuchando a otras bandas. 

Cuando iban a dar las seis de la tarde, nos fuimos al Escenario Rojo.

No faltaba mucho tiempo para que Gustavo Cerati tocara allí. 

Todos con los que fui al festival querían escuchar al argentino. 

Acaba de sacar un álbum que se llama Ahí Vamos.

Yo no conozco realmente su música. 
En todo caso, me resulta un poco aversiva. 


Mi otro hermano va a la preparatoria y escucha mucho a Gustavo Cerati -sólo Bocanada y Siempre Es Hoy-, y ya me tiene un poco harto, así que yo no tenía mucho interés en escucharlo. 

Sin embargo, a esa hora no había ningún otro artista que me interesara y como no quería regresarme solo a la casa y tener que pagar yo solo el taxi, me quedé allí con los demás.

Antes de Gustavo Cerati, salió a Alex Lora a tocar en ese escenario.

Empezó a llover. 

Nunca me ha gustado El Tri, pero debo reconocer que su espectáculo fue muy divertido. 

(Tal vez me dio esa impresión porque no me he sentido bien. 
Hay una mujer que me interesa. 
Estuvimos saliendo un tiempo, pero ella volvió con su ex.
Todas las canciones cursis de El Tri me hicieron echarla de menos).  

De Wilson net - Trabajo propio, Dominio público, https://commons.wikimedia.org
Alex Lora tiene muchos años en este negocio. 
Sabe cómo hacer que su público participe, coree sus canciones y se ría de sus chistes.
Es un malhablado muy divertido. 

Cuando dejó de llover, el escenario se quedó a oscuras aproximadamente media hora. 

Finalmente salió Cerati, y el sonido fue impecable.
Me pareció muy largo el concierto.
No podía ignorar a las mujeres que gritaban como histéricas, cuando cantaba Puente. 

Tocó Té para Tres y Bajan, -dos covers de Luis Alberto Spinetta, uno de los máximos exponentes del rock argentino-, pero no recuerdo nada. 

Creí que tocaría algún éxito de Soda Stereo, pero aparentemente tiene tantos admiradores que no lo necesita. 

Gustavo Cerati, 5 de Mayo del 2007

lunes, junio 05, 2006

Sólo quiero escapar de mi reflejo


Estoy completamente borracho, balbuceando conmigo mismo frente al espejo.

Me resulta vergonzoso reconocer mi reflejo. Es como si el tipo del espejo fuera un yo inferior y más salvaje y más real. 

Bajo la mirada al lavamanos, escapando de mi reflejo, y contengo los deseos de vomitar. Abro el grifo del agua y me mojo las manos. También me mojo la cara y los cabellos. Los pensamientos se agolpan en mi cerebro, como en una ráfaga.


Otro chico, igual de borracho que yo, se pone junto a mí. Miro su calzado. Usa unas zapatillas deportivas Adidas, y parece que tienen una mancha de vómito. 


Levanto brevemente la mirada y nuestros reflejos coinciden en el espejo. Sonreímos como autómatas.

Le hago algún comentario bobo. Cuando hablo con extraños, no es una buena señal. Les cuento cosas ofensivas y después tengo que huir. 


Siempre que termino en estas condiciones en el baño de algún bar, me prometo que no volveré a beber.  


Vuelvo a bajar la vista, después de lamentar mi falta de control. 


El chico me da una palmadita en la espalda y se larga.



¿En qué estaba pensando antes de venir al baño?


Lo último que recuerdo es que bebía una Heineken, mientras sonaba alguna canción de rock en español -tal vez Soda Stereo- y que alguien cercano a mí hablaba sobre Nos Llamamos -una de las bandas undeground que le gustan-, cuando me percaté de que una mujer me miraba con insistencia. 


Luego ella se acercó a la barra, sin dejar de mirarme, y comenzamos a charlar.


Me dijo que se llamaba Gisselle y que a menudo viene a La Capilla Sixtina.
Fue inevitable recordar a una chica de la preparatoria que me gustaba mucho. 
Gisselle guardaba un parecido asombroso con ella. 

Luego algo se le cayó, tuvo que agacharse a recogerlo... y no pude evitar seguirla con la mirada. 


Cuando Gisselle se incorporó, volteo a verme con una amplia sonrisa.

Sus ojos parecían un par de luciérnagas en la penumbra. 

Y me preguntó:



"¿Te gustó lo que viste?"

***
ÉSTE ES UN EXTRACTO (UN BORRADOR) DE UN LIBRO QUE PUBLICARÉ ALGÚN DÍA.