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sábado, febrero 22, 2025

Bleed All Over



Hace 3 años intuí que esta clase de vida, en este lugar al que nos mudamos en el 2018, estaba yéndose al carajo, que jamás conseguiría lo que deseaba. Hace 3 años, salía de mi primera entrevista de una evaluación curricular, un concurso para obtener un contrato temporal como académico. Habíamos más de 20 concursantes, terminaba la larga pandemia del Covid-19, todo mundo quería encontrar un trabajo. De un día para otro, después de haber sido Profesor Visitante, con la categoría de Profesor Titular A, durante 3 años, el Director de la División y la Jefa de Departamento me habían comunicado que ya no entraba en planes del Departamento, que no renovarían mi contrato (podían renovármelo por 6 meses más), que en mi lugar contratarían a otro candidato (no me tardé más de cinco minutos en PubMed para darme cuenta de que el candidato tenía un parentesco académico con mi exjefe y que ni siquiera estaba en el SNII), y no tenía ninguna otra opción más que concursar por esa evaluación curricular. Nadie me había advertido que allí acabaría mi contrato y no había previsto nada.

Al salir de la entrevista, me sentía tenso y no podía dejar de pensar en el peor escenario: perder el concurso y quedarme sin empleo en esa universidad en la que había trabajado 3 años. Evaluaba qué sentido había tenido invertirle más de 8 horas de trabajo diarias –en la pandemia, impartía alrededor de 13 horas de clase por semana, y además estaba en 2 ó 3 comisiones y en un consorcio de investigación y era miembro de unas prácticas profesionales–, y ejerciendo labores que excedían mis funciones –escribir minutas, realizar cotizaciones, coordinar traslados de equipos desde el extranjero, presidir un Consejo Editorial.

Lo primero que hice fue revisar Twitter. El primer tweet que leí era el de alguien que decía, desde tu cuenta, que acababas de morir. Era el 22 de febrero del 2022. Gané esa evaluación curricular, me dieron la categoría de Profesor Asociado D, ¡un nivel abajo de Profesor Titular A!, con alrededor de 15 horas de clase por semana, sin oportunidades para hacer investigación y con un contrato de 2 trimestres al año. Debí entender que en esa universidad no habría nada más para mí, pero gané otras 2 evaluaciones curriculares, concursé por una Jefatura de Departamento y en la convocatoria 2024 el SNII me ascendió a Investigador Nacional Nivel II, pero, oh sorpresa, todo empeoró.

martes, abril 05, 2022

5 de abril de 1994


Según los forenses, moriste a las 11: 30 am del 5 de abril de 1994. Un electricista halló tu cadáver 3 días después en el invernadero de tu casa en Lake Washington. Iba a instalar un sistema de vigilancia y te confundió con un maniquí. Estabas tumbado en el suelo, con una Remington en el pecho. Te habías metido el cañón de la escopeta en la boca y te habías disparado.

Ya perdí la cuenta de las veces que he escuchado tus canciones, de los libros que he leído sobre ti y de los rumores que he escuchado sobre tus últimos días. Nadie sabrá nunca qué pasó. Habías escapado de un centro de rehabilitación, te habían visto comiendo budín en un restaurante mexicano, te habían visto en una taberna buscando a alguien...

Lo único que sí sé es que, de no haber sido por tu música, nunca me habría interesado aprender a tocar la guitarra y que la música no sería tan importante para mí.


viernes, noviembre 26, 2021

Diego parecía un jugador de otra galaxia

Son las vacaciones de verano. Mi papá y yo nos hemos quedado solos en el departamento. Él mira la tele. La selección de Brasil enfrenta a la selección de Argentina, en Turín. Son los octavos de final del mundial de Italia '90. Los brasileños han dominado todo el partido. Tienen grandes jugadores: Jorginho, Branco, Dunga, Alemao, Careca, Müller... Nadie apuesta un peso por los argentinos. Han avanzado gracias a dos empates contra la URSS y contra Rumania. Perdieron contra Camerún. 

Maradona de repente toma el balón en medio campo y esquiva a varios brasileños que intentan detenerlo como sea. Los comentaristas de la tele dicen que Diego está lesionado –después de conseguir su segundo scudetto con el Nápoles en la temporada que recién terminó, los defensas de los equipos rivales de la dura liga italiana le han dejado los tobillos destrozados y durante el mundial el equipo médico de la selección Argentina ha tenido que infiltrarlo varias veces–, pero aun así es tan hábil que parece un jugador de otro planeta, que juega a otra velocidad y que ve el futbol de una forma que nadie más puede ver. 

En la misma jugada, en unos cuantos segundos, Diego se ha quitado de encima a seis brasileños. Casi cayéndose, ve a Caniggia desmarcado. Con la pierna derecha –la menos hábil–, le da un pase. Caniggia recibe el balón y esquiva a Taffarel y manda el balón al fondo de las redes. Con ese gol, Argentina elimina a Brasil.

Así te conocí –ni siquiera había cumplido 10 años–, y prefiero recordarte así. 

sábado, julio 03, 2021

El rey lagarto


En la penumbra, mientras el personaje interpretado por Kiefer Sutherland se transformaba y lideraba a su pandilla, logré distinguir un póster que colgaba de una de las paredes de la cueva. Posabas con el torso desnudo y con los brazos estirados; tu larga cabellera rizada caía por tu frente, cubriéndote las orejas, y casi te llegaba a los hombros; tus ojos marrones miraban fijamente a la cámara y te hacían ver como un paria que desafiaba al mundo entero a través de la lente que capturaría esa imagen para la posteridad. Tuve la sensación de que una corriente eléctrica se precipitaba desde el fondo de mis órganos vitales, hasta recorrer mi columna vertebral y mi cuero cabelludo, y no pude evitar asociar la fotografía con un Jesucristo moderno en la cruz, dispuesto a morir para salvar a los pecadores del mundo terrenal. 

La escena apenas duró unos cuantos segundos, pero bastó para impresionarme significativamente, para que colapsaras mi pequeño mundo de juguetes y de caricaturas y de libros para niños, y para que el enigma de tu existencia comenzara a perseguirme. 

Al final de la película, durante los créditos, mientras mi mente infantil digería la trama, seducida ante la posibilidad de la juventud eterna, una canción completó la impresión que había provocado la escena del póster. La música y las letras de la canción se combinaban de un modo que resultaba bello y macabro a la vez, como el mensaje de la película. Había una voz varonil y grave que decía con una entonación melancólica que la gente es extraña y que los rostros salen de la lluvia y que son feos cuando uno está solo.  

Mi papá me dijo que te llamabas Jim Morrison y que habías sido el cantante de The Doors. 

Hoy se cumplen cincuenta años de tu muerte.