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jueves, febrero 22, 2024

22 de febrero del 2022


Estabas sentado frente a la computadora, en una especie de trance maligno, alienado por las luces que emitía la pantalla —que parecían flashazos radioactivos de una resaca insoportable, que parecían una señal del fin de los tiempos—, esperando a que la Comisión te diera acceso a la sesión de Zoom. Las últimas semanas habían sido horribles. Habías pasado noches sin dormir, imaginando los escenarios más apocalípticos de los siguientes meses. Habías pasado días enteros revisando gacetas de distintas universidades, cargando documentos en distintas plataformas institucionales, llenando y firmando solicitudes en distintas convocatorias. Enviando correos-e a medio mundo de desconocidos.

Durante alrededor de dos años habías tenido “el empleo de tus sueños”. Y no podías dejar de pensar en que, en una realidad justa, ese sería el empleo al que correspondería (más o menos) tu CV: Profesor Titular A. Sin embargo, aunque no tenías motivos para quejarte –desde que obtuviste ese empleo, ya sabías que era temporal–, tampoco podías dejar de preguntarte por qué siempre tenías que estar cazando trabajos temporales; no podías dejar de pensar cómo podrías encontrar un empleo lo más pronto posible; por qué, cada 2, o cada 3 o cada 4 años, se repetía la misma historia; por qué siempre tenías que competir con biólogos, con químicos, con médicos y con psiquiatras; por qué los biólogos, los químicos, los médicos y los psiquiatras competían, casi exclusivamente, con biólogos, con químicos, con médicos y con psiquiatras. 

Concursaste por una evaluación curricular. 

Una evaluación curricular es un concurso abierto a personas con cierto perfil: con una licenciatura en X área (o áreas), con un posgrado afín a X área (o áreas), con experiencia específica en X actividades docentes o de investigación o de divulgación (o las tres). La ganadora o el ganador tiene un contrato de tres meses para impartir clases a nivel licenciatura, con el nombramiento de Profesor Asociado D –básicamente, un peldaño por debajo del nombramiento que habías tenido con el empleo de tus sueños– y es un contrato que no te permite crecer. En el mejor de los casos, pueden renovarte el contrato durante otros tres meses, pero no puedes planear nada a largo plazo: no puedes echar a andar ningún proyecto de investigación, no tienes recursos para hacer investigación, no puedes involucrar a ningún estudiante en ningún proyecto de investigación. Tienes que limitarte a impartir clases, a coordinar ciertas etapas de algunos proyectos de investigación de otras personas, a realizar actividades de difusión, a cubrir las necesidades que ningún académico contratado por tiempo indeterminado puede cubrir. 

Además de todo, en tu caso, nunca ha habido evaluaciones curriculares con tu perfil en los últimos trimestres del 2022 y del 2023, así que cuando los estudiantes empiezan a ubicarte –y piensas en que algunos de ellos podrían convertirse en tus estudiantes de licenciatura o de posgrado–, tienes que dejar la universidad y esperar, otros tres meses, a que sea publicada una evaluación curricular con un perfil similar al tuyo (puede llegar un momento en el que ya no haya evaluaciones curriculares), y esperar a que la Comisión esté de acuerdo con que tu perfil cubre los requisitos de la convocatoria (una vez me inscribí a una convocatoria y sólo pudo participar la persona ganadora) y a que te evalúe favorablemente en la prueba –una miniclase de un tema que te asigna un par de días antes de la prueba– y te declare (en caso de que así sea) ganador. 
 
En fin, estabas en esa especie de trance maligno, sentado frente a la computadora. No podías dejar de pensar en la posibilidad de perder esa evaluación curricular. No podías dejar de pensar en que ésa sería una señal para abandonar tu carrera académica definitivamente. No habías cumplido ni diez años de haber hecho tu examen de grado del doctorado y ya tenías tres años de experiencia posdoctoral y varios años como miembro del SNI —ya hasta tenías papers publicados como autor corresponsal— y más de diez años de experiencia docente, pero el futuro no era nada prometedor.

La Comisión aún no te daba acceso a la sesión de Zoom. 

Mientras la espera te desquiciaba y no podías evitar todos estos pensamientos catastróficos, repasaste los días previos: apenas el martes anterior habías enviado tu solicitud para concursar en la evaluación curricular, apenas el viernes anterior, el representante de la Comisión te había enviado un correo-e con una liga de Zoom y te había pedido que prepararas una presentación de diez minutos sobre un tema en particular y que te conectaras a la sesión de Zoom diez minutos antes del mediodía del 22 de febrero del 2022. 

El reloj en la computadora decía que ya eran las 12: 20. Tenías media hora esperando a que te dejaran entrar a la sesión de Zoom. Era –¿martes?– 22 de febrero del 2022.
 
La espera estaba desquiciándote. Ya no estabas seguro de nada. Ya no sabías si te habías equivocado de fecha. Revisaste rápidamente tu correo-e y confirmaste que ese –¿martes?– 22 de febrero del 2022 era tu Día D, uno más de los Días D de tu existencia. 

No tenías otra opción más que esperar. El estrés estaba alcanzando niveles discapacitantes. Te pusiste a
 estudiar dos o tres cosas que pudieran enriquecer la presentación que habías preparado, pero nada se te quedaba en la cabeza. 

Lo único que daba vueltas en tu cabeza era la parte del correo-e que te había enviado el representante de la Comisión y que decía: 

«Debe preparar una miniclase de diez minutos sobre el tema X, y debe estar preparado para que la Comisión le haga preguntas durante otros diez minutos».

Adquirir más información en ese momento en el que el estrés estaba llegando a un punto de no retorno, era contraproducente. Te acordaste de otros eventos similares. Muchas veces habías estado así: dándote cuenta de que, conforme más sabías sobre un tema, menos sabías sobre ese tema. La sensación era inherente a la academia, era tan familiar.

Todos los escenarios posibles relacionados con tu desempeño durante la entrevista, cruzaban tu mente, llegaban como escopetazos a tu cabeza, como un uppercut, y te dejaban viendo estrellitas que en realidad eran las luces de la pantalla de la computadora que emitían flashazos radioactivos.
 
Dieron casi las 12: 30. La Comisión finalmente te dio acceso a la sesión de Zoom. 

La entrevista terminó 40 minutos después. Tuviste la impresión de que no dijiste todo lo que querías decir. Tuviste la impresión de que habías perdido el concurso. No quisiste pensar en el futuro –¿cómo obtendrías ingresos durante los siguientes meses?, ¿hasta cuándo tendrías que vivir de tus ahorros?, ¿por qué, siempre, tenías que estar ahorrando y preparándote para escenarios catastróficos?– y te metiste a revisar twitter en tu teléfono. No buscabas nada en particular. Sólo querías distraerte. 

Apenas tenías unos cuantos segundos en la aplicación, cuando te topaste con un tweet.

Alguien, aparentemente muy cercano a Mark Lanegan, tuiteaba, desde la cuenta de Mark Lanegan, que Mark Lanegan acababa de morir. 

La noticia fue otro uppercut, otro escopetazo en la cabeza. 

Esto no puede estar pasando, te dijiste, con las manos temblorosas, como cuando acabó el terremoto del 2017 y saliste de aquel edificio que meses más tarde sería demolido por haber sufrido daño estructural. O como hacía unos minutos, cuando había acabado tu entrevista por Zoom con la Comisión. 

Se trata de un mal sueño, dentro de otro mal sueño, te dijiste. Cerraste los párpados y quisiste que el presente fuera un mal sueño. 

Tu mente ya estaba en otra parte. 

Recordaste aquellos días de interminables arcadas, cuando tenías que consumir un montón de antibióticos, cuando ningún tratamiento médico funcionaba y te resignabas a vivir miserablemente por el resto de tus días; cuando escuchaste The Winding Sheet y ese álbum te llevó a otros álbumes de Mark Lanegan, cuando las canciones de Mark Lanegan de pronto se convirtieron en un consuelo en los días más horrendos de tu vida; cuando, aquella noche de septiembre del 2018, en El Plaza Condesa, estabas a unos metros de Jeff Field, de Shelley Brian y de Mark Lanegan, escuchando “Wild Flowers” y sintiéndote nostálgico y eufórico al mismo tiempo, celebrando la vida, que ese día habían publicado tu primer paper como autor corresponsal y que tu salud mejoraba considerablemente. Te recordaste estrechando una mano de Mark Lanegan al final de ese concierto y diciéndole un lugar común: It was an awesome show!

Volviste a la realidad del presente. 
 
En unos minutos, todo mundo ya hablaba de Mark Lanegan en redes sociales. La situación te enfureció. Estabas confundido y triste. Podrías haber llorado o podrías haber gritado o podrías haber destrozado todo lo que estuviera a tu alcance. Pero no hiciste nada. Estabas tan molesto e indignado que olvidaste que acababas de concursar por un contrato de tres meses en la universidad y que habían concursado otras 13 personas y que probablemente algunas de ellas también tenían el nombramiento de Investigador Nacional I y que también tenían varios años de experiencia docente en universidades públicas y privadas. Que, seguramente, también estaban tan estresadas y tan frustradas como tú.
 
Durante más de cinco años habías estado escribiendo algunas cosas sobre Mark Lanegan en tus blogs, en cómo su música te ayudó a sobrellevar la miseria de una larga enfermedad que terminó en una cirugía, invitando a tus conocidos y a tus familiares a escuchar su música; diciéndoles que Mark Lanegan era un gran compositor, que también escribía poesía, que su trayectoria artística era muy amplia, que no sólo había sido mentor de Kurt Cobain, que no sólo había colaborado con un millón de artistas –PJ Harvey, Isobel Campbell, Duff McKagan, Kurt Cobain, Josh Homme, Dave Grohl, Alain Johannes–, que era un artista sin el reconocimiento que merecía.

En cierta forma, nos parecemos, murmuraste. 

Estabas exhausto. Los “filtros mentales” que normalmente impiden que externes todo lo que piensas habían bajado la guardia. Culpaste al estrés. Y al insomnio de las últimas semanas.

En unos cuantos minutos, gracias a las redes sociales, esas personas que siempre te habían ignorado cuando los invitabas a escuchar a Mark Lanegan, ya eran expertos en los Screaming Trees, en Mark Lanegan, en Devil In A Coma, en Sing Backwards And Weep.  

Hasta en ese sentido, se repetía la misma historia. Siempre te habías sentido identificado con artistas que morían prematuramente, cuando su música se estaba convirtiendo en una parte esencial de tu vida, antes de que el mundo los conociera porque la muerte no es negociable pero siempre es un negocio.

Ya pasaron dos años desde entonces, hoy es 22 de febrero del 2024, has concursado en otras dos evaluaciones curriculares (ya ganaste tres y ya le ganaste a más de 20 personas); a pesar de que has hecho todo lo que está a tu alcance para cambiar tu situación (como concursar por una Jefatura de Departamento), nada ha cambiado gran cosa: han pasado dos años desde la muerte de Mark Lanegan y el futuro sigue siendo incierto, quizá hasta todo esté peor. 

Ay, la muerte no es negociable pero siempre es negocio.

sábado, junio 06, 2020

Mis venas pueden arder


Escucho por enésima ocasión “Down In The Dark” en mi viejo iPod Classic de 120 GB. 

No me vuelve loco la tecnología: prefiero escuchar álbumes físicos que digitales –tengo una colección de cassettes, discos compactos y vinilos que probablemente está cerca de los mil– y de hecho me desagrada Apple –mi iPod está en perfectas condiciones y sin embargo está atravesando su época de “obsolescencia programada” y sólo reproduce tres canciones antes de que la batería se descargue por completo–, pero actualmente hay pocas opciones para escuchar álbumes físicos y solamente he tomado un descanso de mi trabajo.

Cierro los párpados, me pongo más cómodo en la silla frente a la computadora y me enfoco en la letra de esta canción. Pienso en un hombre que está esperando que la droga surta efecto y que le murmura a su amante que ella hará que la situación mejore un poco durante algún tiempo.

Me estiro un poco. Quisiera escribir que escuché a Mark Lanegan mucho antes de que “The Winding Sheet” fuera publicado por Sub Pop en mayo de 1990.

Sin embargo, primero escuché a los Screaming Trees (¿sería acaso cuando pude ver “Singles”, alrededor de 1998, o algo así...?) y, en particular, escuché por primera vez esta canción en la cual Kurt Cobain cantó y tocó la guitarra, cuando la descargué de Napster... hace casi 20 años. 

Era un adolescente, Internet era una novedad y estaba obsesionado con Nirvana –todavía me gusta su música– y supuestamente la canción era “una canción desconocida de Kurt Cobain”. 

Lo que he escrito hasta ahora, podría verse como una cosa muy ordinaria, pero tengo algo más que contar: hace casi tres años, en una etapa de mi vida muy contrastante, vi a Mark Lanegan, frente a frente, y nos estrechamos las manos después de un concierto. 

Su banda vino a la Ciudad de México. Estaban de gira, promocionando “Gargoyle” –su décimo álbum de estudio– y tocaron en El Plaza Condesa. Fue un concierto especialmente emotivo. Estuve al borde del llanto en varias ocasiones. En el sentido más freudiano del término, fue un concierto catártico. 

Por mas de cinco años, en los cuales pasé de ser un estudiante de posgrado mentalmente inestable a ser un investigador posdoctoral físicamente enfermo, había estado escuchando su música. 


Entre ambos eventos, viví algunos años miserablemente.

Cuando comencé mi investigación posdoctoral, me diagnosticaron reflujo gastroesofágico y me adherí a varios tratamientos médicos sin éxito. Independientemente de las terribles experiencias sofocantes inherentes a la enfermedad e independientemente de las interminables náuseas provocadas por el consumo de tantos antibióticos, los gastroenterólogos me dijeron que el reflujo estaba erosionando mi esófago de tal modo que era muy probable que la erosión progresara y produjera un tumor cancerígeno. 

En los meses previos a la cirugía que equilibró la situación, escuché la música de Mark Lanegan más que nunca. La asocié con mi decadente estado de ánimo y con la enfermedad, pero, de algún modo, de una manera positiva.

De su carrera solista, “Blues Funeral” fue el primer álbum que escuché –me lo regaló mi esposa casi inmediatamente después de que 4AD lo lanzara a la venta en México en febrero del 2012–, luego escuché “The Winding Sheet” –no pude resistirme al montón de artículos que había leído a lo largo de los años que lo señalaban como la gran influencia del “MTV Unplugged In New York” de Nirvana–, “Bubblegum”, “Gargoyle” y sus colaboraciones con Queens Of The Stone Age y con Duke Garwood.

Conforme escribo estas líneas, ya he escuchado casi todos sus álbumes. (Su trayectoria comprende más de 50 álbumes.) 

Podría intentar explicarme por qué “Bleed All Over”, “My Shadow Life”, “Emperor”, “St Louis Elegy”, “Deepest Shade”, “When Your Number Isn't Up”, “One Hundred Years”, “Bombed”, “Wild Flowers”, “Juarez”... me provocan escalofríos y por qué a la vez me transmiten un sentimiento de dicha, pero no lo haré.

En este caso, las palabras serían insuficientes. 


Quizá no sea un sujeto del todo ortodoxo. Se pelea con medio mundo en twitter. Hace poco lo hizo con uno de los miembros de Oasis que se burló de él (¿el cantante?) y lo desafío a solucionar el asunto de una buena vez. Con frecuencia, también termina dejándose llevar por los reclamos de los admiradores que lo denuncian en redes sociales porque no dejó que le tomaran una fotografía mientras estaba de vacaciones en algún sitio turístico de bajo perfil. 

Lanegan también desconfía de las versiones oficiales acerca del origen del COVID-19 y ha dado un par de entrevistas en las que se vislumbra que cree en la teoría de la conspiración de la red de telecomunicaciones de quinta generación. 

A pesar de todo lo anterior, lo respeto como artista. 

En realidad es uno de los pocos compositores que fueron capaces de dejar atrás “el sonido Seattle” de la década de los noventa. (Sé que los Screaming Trees son de Ellensburg, pero supongo que captas mi punto.) 

A un nivel todavía más personal, sus letras fueron una poderosa inspiración en mis peores días. Me hicieron pensar en mi enfermedad y me hicieron darme cuenta de que mi enfermedad no era la peor enfermedad del mundo. Fue algo irónico, porque realmente no me sentía nada bien. 

Algunas veces estaba harto de no ser capaz ni siquiera de comer cosas “normales” o de beber algo más que no fuera agua simple. Algunas veces odiaba mi vida. Tenía náuseas todo el día. Carraspeaba todo el tiempo. Comía sin hambre, sólo algunas cuantas cosas.  Comer era algo tan monótono que perdí algunos kilos. 

Día tras día, me despertaba sintiéndome enfermo, sin esperanzas y nauseabundo. Ni siquiera soportaba los olores ligeramente intensos. Me daban arcadas. Tenía que llevar una bolsa de emergencia a todas partes, en caso de que vomitara. Los síntomas eran tan intensos que ni siquiera podía leer un artículo de investigación o realizar una cirugía estereotáxica, de principio a fin. Siempre tenía que interrumpir mis actividades, para tomar “aire fresco” y combatir las arcadas. 


Para septiembre del 2018, finalmente estaba sintiéndome de nuevo como una persona normal. Había vuelto a comer comida normal e incluso podía tomarme una cerveza, o un refresco o un jugo de naranja. 

Estaba feliz. 
Además de que me sentía bien y de que me ilusionaba asistir al concierto de Mark Lanegan en El Plaza Condesa, precisamente un día antes del concierto mi artículo de investigación original más reciente fue aceptado en una revista y publicado. 

Como en cualquier otro proceso estándar de revisión por pares de mis previos artículos, la revisión del artículo tomó varios meses, pero ese artículo en particular fue importante para mí. No sólo fue el resultado de mis últimos tres tortuosos años de investigación posdoctoral, sino que fue, oficialmente, mi primer artículo como autor corresponsal.

Ese día del concierto, unos minutos antes de que comenzara el concierto, me hubiera gustado comprar “Phantom Radio” o “I Am The Wolf” en el stand de la mercancía oficial de la banda, pero no tenía mucho dinero. Compré una litografía. 

A los pocos minutos de que acabara el concierto, Mark Lanegan salió nuevamente a firmar autógrafos. 

Gracias a mi esposa –a ella no le gusta la música de Lanegan, pero me acompañó al concierto y se formó en la fila antes que yo– fui el primero de la fila. Fui el primer sujeto entre los asistentes al concierto que tuvo la oportunidad de pasar a la mesa en la que Mark Lanegan firmaría autógrafos. 

Él fue muy amable y me autografió la litografía que había comprado y también mi copia de “Uncle Anesthesia” –uno de los álbumes de los Screaming Trees que produjo Chris Cornell y uno de los que más me gustan. 

Me hubiera gustado decirle algunas cuantas cosas acerca de cómo su música cambió mi perspectiva de la vida cuando estaba más enfermo, pero no quería importunarlo y los organizadores del evento nos dijeron claramente que sólo teníamos un par de minutos. Tampoco quería comportarme como un admirador idiota. 

Sólo le dije: “It was a great show”. 

En varios niveles, realmente lo había sido para mí. 

Debajo de las tenues luces del foro, lo vi sonreír. Tal vez un poco forzadamente. Cuando lo hizo, no pude dejar de pensar que ese hombre había convivido con Kurt Cobain. 

Durante algunos segundos, miré su cabellera rojiza y luego sus ojos –traía unos gruesos lentes– y traté de calcular cuántas veces habría escuchado las mismas tontas palabras que yo le había dicho, y me sentí estúpido. 

Entonces le ofrecí una de mis manos y él cortésmente estrechó una de sus manos con la mía. 

Luego le di las gracias y me alejé, sintiéndome aturdido. (No puedo creer que me haya tomado casi tres años, volver a recordar este evento y procesarlo.)  

Hace unos días llegó a la casa mi copia de “Sing Backwards And Weep”. 

Por la noche, después de haber estado atendiendo mis responsabilidades académicas, me di un descanso y leí un par de páginas de sus memorias.

Traté de imaginar cómo habían sido en realidad las cosas que relataba. 

Luego, me distraje y me metí a revisar twitter. 

El primer tweet que leí era uno de Mark Lanegan. Jason Bonner acababa de compartir un viejo video en donde los Sex Pistols tocaban en vivo “Anarchy In The UK”, y Lanegan le decía que los Sex Pistols habían cambiado su vida. Yo acababa de leer precisamente una página de su libro en la que se refería a ese asunto. 

Esta coincidencia me remontó a estos recuerdos y decidí escribirlos aquí. 


Ahora, acabo de darme cuenta de que Mark Lanegan cambió mi perspectiva de la vida, cuando estaba harto de estar enfermo y enfermo de estar harto y de vivir miserablemente.   



jueves, septiembre 06, 2018

Flores Salvajes


La primera vez que Mark Lanegan vino a la ciudad, ni siquiera me enteré. Estaba terminando el doctorado y aunque escuchaba Blues Funeral (2013) regularmente, supe del concierto casi un año más tarde, cuando Soundgarden tocó en El Palacio de Los Deportes y yo esperaba, alcoholizado y desesperado, mi turno para pasar al mingitorio. 

Casi seis años después, Mark Lanegan y su banda regresaron a dar un concierto a la ciudad. 

Aun cuando la publicidad de este concierto se limitaba a anunciarlo como "uno de los padres del grunge que había colaborado con Kurt Cobain...", tuvo mayor difusión que el concierto del 2013. 

Los responsables de la publicidad no sólo asumieron que el término grunge es del agrado de todos los artistas asociados con este género, sino que su semblanza fue poco afortunada.

Identificar a Mark Lanegan como "uno de los padres del grunge que colaboró con Cobain", equivale a decir que Chris Cornell y que Eddie Vedder son "otros" padres del grunge que colaboraron con Rage Against The Machine y con Neil Young... sin mencionar a Soundgarden ni a Pearl Jam... ni mucho menos sus carreras solistas. 

Rolling Stone
Estrictamente, Lanegan no colaboró con Cobain, sino que fue Cobain quien colaboró con él en un par de canciones de The Winding Sheet (1990) -tocó la guitarra en Where Did You Sleep Last Night? e hizo coros en Down In The Dark.

Asimismo, según Dave Grohl, el álbum debut de Lanegan fue una influencia tan grande para Cobain (y, por ende, para Nirvana) que lo tomó como referencia para grabar el MTV Unplugged In New York (1994).  

Cobain no sólo quiso que el álbum acústico de Nirvana sonara a The Winding Sheet, sino que incluso cerró ese concierto con Where Did You Sleep Last Night? -de acuerdo con la crítica especializada, esta interpretación es uno de los momentos más emblemáticos tanto de la carrera de Nirvana como de los Unplugged de MTV.



De acuerdo con otras fuentes, la admiración que había entre Kurt Cobain y Mark Lanegan era inmensa. Junto con Krist Novoselic -entonces bajista de Nirvana- y Mark Pickerel -primer baterista de Screaming Trees-, formaron The Jury y grabaron unas cuantas canciones. 

El proyecto tenía como propósito rendirle tributo a Leadbelly y sin embargo no prosperó porque ninguno de los dos se atrevía a asumir el rol de líder. Algunas canciones de este fallido proyecto fueron publicadas en With The Lights Out (2004). 

También existe el rumor de que Courtney Love dijo en alguna entrevista que su esposo supuestamente quería que Mark Lanegan cantara Talk To Me y que le había dejado los derechos de la canción para que él hiciera lo que le pareciera mejor. 

No existe una versión de estudio de esta canción. Nirvana sólo la tocó en algunos conciertos y puede hallarse en un par de bootlegs de 1991 en Europa.

With The Lights Out (2004) incluye un video en el que la banda toca Talk To Me en el Crocodile Cafe de Seattle (1992), cuando aparecieron como banda sorpresa para abrir un concierto de Mudhoney, poco después de que Nevermind los hiciera mundialmente famosos.



El objetivo de la publicidad del concierto en El Plaza Condesa era llamar la atención de un público al que quizá no le interesara tanto la música de Mark Lanegan, sino estar en un evento que ningún millennial podía perderse. 

Esta estrategia de mercadotecnia abría la posibilidad de que el concierto fuera cancelado -siempre y cuando Kurt Cobain no estuviera tan bien posicionado* entre el público al que estaba dirigida la publicidad- y también abría la posibilidad de que se vendieran todos los boletos y de que el lugar fuera invadido precisamente por personas a las que hubiera enganchado la publicidad. 

La publicidad me molestó tanto que apenas compré boletos para el concierto hace una semana. 

Los artistas como Mark Lanegan son escasos. 
Los publicistas debieron darle el reconocimiento que merece y evitar asociarlo con el grunge y con un mártir del rock.


Los Screaming Trees -la banda en la que Lanegan debutó- no alcanzaron la misma popularidad que otras bandas del sonido Seattle de la década de los 90, pero grabaron cuatro EPs, siete álbumes de estudio -para hacer una comparación, ¡Nirvana sólo grabó tres álbumes de estudio!-, lanzaron tres álbumes recopilatorios y siete videos musicales.

Mark Lanegan tiene una trayectoria de más de treinta años, tiene diez álbumes de estudio como solista (Gargoyle es el más reciente) y ha colaborado con decenas de artistas como Duke Garwood, Josh Homme (QOTSA), Isobel Campbell (Belle & Sebastian), Mike McCready (Pearl Jam), Layne Staley (Alice In Chains), Izzy Stradlin y Duff McKagan de Guns N' Roses y Ben Shepherd (Soundgarden). 

Su música "abandonó el grunge" hace casi veinte años -el mismo tiempo que tiene viviendo en Los Ángeles y escapando de la etiqueta grunge- y ha incursionado en géneros como el blues, el folk e incluso la música electrónica. 

Jose Fernando Turrent 
URSS Bajo El Árbol abrió el concierto, pero no llegamos a tiempo -ni siquiera sabíamos que habría una banda telonera. Como llovía, el camino desde el departamento hasta el metro y desde Patriotismo hasta el foro fue más tardado. 

En el foro había más de cien personas y en el vestíbulo había mercancía oficial: playeras, álbumes que no se pueden conseguir fácilmente -Dark Mark Does Christmas (2012), Play Blues Funeral (2013) y Phantom Radio (2014)-, litografías y un libro con canciones y poemas de Mark Lanegan. 

Allí mismo había un anuncio de una firma de autógrafos al final del concierto. 
La gente decía que sólo se tendría acceso a ella, comprando mercancía oficial.

Llevaba mi copia de Uncle Anesthesia (1992), pero compré una litografía por si acaso. 

Mientras sonaba una canción de Alice In Chains -en twitter, algunos asistentes le habían pedido a Mark Lanegan que la banda tocara canciones de Mad Season esa noche y fue lo máximo que consiguieron-, buscamos un lugar. 

No había más de treinta personas frente al escenario. Encontramos rápidamente un sitio a pocos metros de él. 


En el escenario sólo había tres atriles, tres micrófonos, un par de amplificadores Fender, un sintetizador, una pedalera, un soporte para guitarra eléctrica y una Mac. 

En el concierto del 2013, la banda tocó casi todo el álbum Blues Funeral -de hecho, Play Blues Funeral fue grabado en esa ocasión y después fue lanzado de manera independiente por la misma banda-, algunas canciones de otros álbumes solistas de Lanegan e incluso un par de canciones de Screaming Trees. 

Mi apuesta era que en esta ocasión probablemente la banda se enfocaría en Gargoyle (2017) y que quizá tocaría algunas canciones de otros álbumes solistas de Lanegan. 


Eran alrededor de las nueve y media de la noche cuando Mark Lanegan salió al escenario, acompañado por Shelley Brien (teclados y sintetizadores) y por Jeff Fielder (guitarra eléctrica y secuenciador).

Saludaron al público y ocuparon sus lugares en el escenario: Brien a la izquierda, Lanegan al centro y Fielder a la derecha. 

Fielder conectó su Gibson SG Cherry a un amplificador Fender, manipuló algunos comandos en la Mac y así dio inicio el concierto con los primeros beats de When Your Number Isn't Up.

(No sé por qué esta canción siempre me remonta a un pasaje de American Junkie en el que imagino a Mark Lanegan llamando por teléfono a Tom Hansen, a las cuatro de la mañana, preguntándole dónde dejó escondida más heroína).  

El concierto duró casi dos horas e incluyó canciones de todos los álbumes de Mark Lanegan -apenas tocaron siete canciones de Gargoyle-, una canción que él nunca había cantado en vivo y una canción que no había cantado en más de diez años.

Como no había batería, la banda tocó versiones más tranquilas y más lentas que las versiones originales de casi todas las canciones -salvo aquellas incluidas en los álbumes Imitations (2013) y Field Songs (2001).  

La ausencia de batería no sólo hizo que la voz de Mark Lanegan fuera el centro de atención y que Jeffrey Fielder mostrara sus habilidades como guitarrista, sino que le dio un ambiente muy privado al concierto. 



El amplificador del sintetizador estuvo fallando toda la noche y  Shelley Brien tuvo que abandonar el escenario prematuramente, poco después de cantar la parte que PJ Harvey canta en la versión de estudio de Come To Me. 

Las últimas canciones fueron Phantasmagoria Blues, I Am The Wolf -una de las más conocidas de la carrera solista de Lanegan- y On Jesus' Program. 

Después de abandonar el escenario por unos cuantos minutos, Lanegan y Fielder volvieron al escenario a tocar Torn Red Heart, Bombed y Wild Flowers.

(Bombed y Wild Flowers son dos de las canciones que más escuchaba cuando estaba enfermo y todo el tiempo quería vomitar debido a los fuertes medicamentos que tomaba, así que fue un momento especial).

Halo Of Ashes -una de las canciones más populares de Screaming Trees- fue la última canción de la noche.

Lanegan y Fielder dejaron el escenario, entre aplausos y ovaciones del público. 

Poco después, cuando las luces de El Plaza ya estaban encendidas y la gente comenzaba a buscar la salida, Jeff Fielder regresó al escenario solo y dijo que Mark Lanegan saldría a firmar autógrafos en un rato.



Mientras caminaba en busca de la fila para la firma de autógrafos, me encontré a José Manuel Aguilera. Él pareció sorprenderse agradablemente de que alguien lo reconociera. Iba a pedirle su autógrafo o una fotografía, pero lo único que llevaba que pudiera ser firmado era el álbum de Screaming Trees y la pila de mi teléfono se había agotado. 

Fue al único músico que vi entre el público.

Mi esposa ya estaba formada antes de que acabara el concierto, así que fuimos los primeros (bueno, yo fui el primero porque ella me cedió el lugar). Esperamos alrededor de media hora.

La gente de seguridad se organizó bien y además quienes estábamos formados en la fila fuimos muy respetuosos en general. En otros eventos, las firmas de autógrafos suelen ser un desastre y  la gente no respeta las filas ni el tiempo de los demás.

Estuve menos de un minuto con Mark Lanegan, pero estreché una de sus manos y él me autografió la litografía y Uncle Anesthesia.

Sólo se me ocurrió decirle que había sido un gran concierto. 

Le hubiera preguntado si era cierto lo que dijo Courtney Love (si Kurt Cobain quería que él cantara Talk To Me) o si era cierto que Tom Hansen le dejaba dosis de heroína escondidas en su departamento. 



Da click aquí, si quieres leer acerca de la primera visita de Mark Lanegan a la Ciudad de México.
Da click aquí, si quieres leer una nota acerca de The Jury.
Da click aquí, si quieres leer el setlist de este concierto.

*Léase sarcásticamente.

El vocalista de la banda más popular de Ellensburg


Mark Lanegan (Ellensburg, Washington, 1964) es conocido por haber sido líder de Screaming Trees, una de las bandas relacionadas con el llamado sonido Seattle de la década de los 90, pero que no alcanzó la fama de otras bandas como Nirvana, Pearl Jam, Alice In Chains o Soundgarden.  

Los Screaming Trees publicaron alrededor de diez grabaciones entre 1985 y 1996, incluyendo EP's, LP's y compilaciones.   

A lo largo de su carrera, debido a diferencias artísticas entre los integrantes de la banda, se separaron en diversas ocasiones.

Sus álbumes más conocidos son Uncle Anesthesia (1991) -producido por Chris Cornell-, Sweet Oblivion (1992) y Dust (1996). 

En tanto que Sweet Oblivion logró sacarlos del anonimato -vendió alrededor de 30, 000 copias en Estados Unidos y contiene la canción Nearly Lost You, uno de los mayores éxitos de la banda-, Dust -un álbum que exhibió una gran influencia de blues y folk- llegó a ser disco de oro.

Este último álbum cuenta con la participación de Mike McCready como segundo guitarrista en Dying Days y All I Know.

Asimismo, durante la gira de Dust, Josh Homme -el futuro líder y guitarrista de Queens Of The Stone Age- los acompañó como segundo guitarrista. 

A pesar del éxito comercial que significó Dust, no fue suficiente para que Epic Records les renovara contrato y Screaming Trees se separaron definitivamente en el año 2000.  


The Winding Sheet (1990) fue el primer álbum solista de Mark Lanegan y cuenta con las colaboraciones de Kurt Cobain y de Krist Novoselic.

De acuerdo con Dave Grohl, este álbum impresionó tanto a Kurt Cobain que se inspiró en él para la realización de MTV Unplugged In New York. 

Otras fuentes aseguran que Kurt Cobain y Mark Lanegan eran grandes amigos y que intentaron formar una banda a la que llamaron The Jury, antes de que Nirvana fuera mundialmente famosa.

Los otros integrantes de The Jury eran Krist Novoselic y Mark Pickerel -el baterista original de Screaming Trees y que dejó a la banda antes de la grabación de Sweet Oblivion-, y la banda pretendía ser una banda de covers de Leadbelly. 

Supuestamente el proyecto nunca prosperó debido al excesivo respeto de Kurt Cobain hacia Mark Lanegan, pero la aparición de Where Did You Sleep Last Night? en The Winding Sheet y en Unplugged In New York refleja la admiración de ambos artistas hacia el músico y compositor estadounidense de blues y folk. 

Mark Lanegan ha dicho en algunas entrevistas que The Winding Sheet es resultado de varios demos e ideas que él y Kurt Cobain tenían planeado grabar juntos. 

En With The Lights Out (2004) aparecen algunos tracks -Ain't It A Shame, They Hung Him On A Cross, Grey Goose- que resultaron de este infructuoso proyecto. 

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Antes de la grabación de Dust, Mark Lanegan participó en un par de canciones en el único álbum de Mad Season (1995) y grabó como solista Whiskey For The Holy Ghost (1994). 

Después de la ruptura definitiva de Screaming Trees, su discografía solista continuó con Scraps At Midnight (1998), I'll Take Care Of You (1999), Field Songs (2001), Bubblegum (2004), Blues Funeral (2012), Imitations (2013), Phantom Radio (2014) y Gargoyle (2017).     

Ha colaborado con Queens Of The Stone Age (Rated R, Songs For The Deaf), Moby (Innocents), Slash, Nick Cave, Greg Dulli y Duke Garwood (With Animals), entre otros.

Su álbum solista más exitoso es Bubblegum y cuenta con la participación de Nick Oliveri, Josh Homme, PJ Harvey, Izzy Stradlin y Duff McKagan. 

A pesar de su amplia trayectoria, todos los anuncios que aparecieron en internet a lo largo del último mes para anunciar que Mark Lanegan Band tocaría el miércoles 5 de septiembre en El Plaza Condesa, lo identificaban como uno de los "padres del grunge que había colaborado con Kurt Cobain."

Ya veremos cuánta gente asiste al concierto, enganchada sólo por la publicidad.