sábado, octubre 03, 2026

You're The reason That I Write


Pasan de las 6: 30 AM. Tengo casi 1 hora despierto. Salí expulsado de un sueño del fin del mundo y estuve media hora en la cama echándole un ojo al gato bebé y tratando de volverme a dormir. Veddie está conociendo el mundo, no ha cumplido ni 3 meses de vida, y todo lo quiere morder y rasguñar, todo es nuevo para él, y además tiene mucha energía –de toda la familia, él es quien tiene más fuerza y vitalidad, ya los demás estamos viejos– y por eso, y por muchas otras cosas, hay que supervisar lo que hace. A veces su ímpetu y su energía las canaliza en sus hermanos y él juega con ellos y luego los muerde y los rasguña, y ellos se enojan y se defienden y pueden lastimarlo. 

Luego de echarle un ojo a Veddie me levanté de la cama y me medí la glucosa y batallé con mis achaques de las últimas 3 semanas, y ahora escucho en Amazon Music una playlist de los Pumpkins. Es una playlist que hice apenas el domingo pasado, y no sé por qué nunca había hecho una playlist similar. Los Pumpkins me traen buenos recuerdos. Escucho “Said Sadly...” y las voces y las guitarras de ¿D'Arcy Wretsky? y de James Iha atraviesan mis oídos y aporreo el teclado y me pregunto entre líneas qué sentido tiene escribir un blog. 

Independientemente de que escribo para mí mismo –y no pienso así porque lo decía Jack Kerouac–, cuando abrí este blog, en el 2006, Internet era muy distinto a lo que es hoy. Mi blog tenía muchas visitas y no necesitaba compartir nada de lo que escribía en este blog, en ninguna red social –ni siquiera había Facebook; sólo existían Hi5 y Myspace–, las visitas llegaban solas, aparentemente los internautas de entonces éramos más curiosos y más pacientes que los de hoy. A algunos internautas nos gustaba leer a autores conocidos, pero también leíamos a bloggers. En esos tiempos, usaba constantemente mi blog, y a veces escribía relatos y otras veces escribía algunas crónicas de conciertos, y recibía muchos comentarios de gente a la que nunca traté personalmente. Hace 20 años, nuestra capacidad de atención no estaba limitada a 3 minutos de Reels que nos prometieran –en vano– volarnos la cabeza. No había influencers ni había explotado la manipulación a gran escala a través de las redes sociales.

Mmmmh. Extraño esos años. Había más posibilidades, ahora todo es más difícil. Ya no encuentras cosas poco comerciales en Internet. Encuentras lo que a Internet le interesa que encuentres. Lo que a Internet le interesa que compres. De lo que todo mundo habla en Internet. Por eso la gente acaba adorando a Ruzzarín y a gente así, y asistiendo a conferencias en las que tipos de este estilo le cuentan al público sobre los 10 pensadores que cambiaron sus vidas. 

Trato de recordar cómo empecé a escribir en mi blog. Cuándo, exactamente, me enteré de blogspot y abrí mi cuenta. Claro: antes de los blogs, yo ya escribía. Empecé a escribir, cuando aprendí a escribir.

Aporreo el teclado de la Mac. La playlist ya saltó de “Said Sadly...” a “You're All I've Got Tonight”, y la chillona voz de Billy Corgan atraviesa mi cerebro y entre líneas sigo preguntándome qué sentido tiene escribir un blog, si ya nadie lee, si ya todo lo consumimos a través de Reels de 3 minutos, si el cerebro de la mayoría de los internautas ya está frito, si la mayoría de los internautas ya sólo scrollea para terminar con la abstinencia de redes sociales. Y a lo mejor no se enteran de que son dependientes a las redes sociales. No tendrían que saber que, para el sistema nervioso central, las redes sociales son como la cocaína y las anfetaminas. 

También pienso en que si David Foster Wallace hubiera tenido acceso a las redes sociales –acabó con su vida cuando Facebook daba sus primeros pasos–, seguramente ya habría escrito algún ensayo sobre este tema. Ya habría escrito algo sobre cómo las redes sociales son la nueva televisión, y que su alcance masivo e ilimitado, además, se aprovecha de que la gente, a lo largo de la historia de la humanidad, en general, ha sido súper manipulable y frívola y que no se ha caracterizado, precisamente, por tener mucho criterio. Estoy convencido de que Foster Wallace ya habría disertado en 100 páginas por qué a las personas les importa tanto lo que piensen los demás de ellas. Y tal vez ya habría expuesto que, a diferencia de la tele (que, al menos, tenía sus limitaciones: horas muertas sin programación, comerciales interrumpiendo los programas de televisión cada 15 minutos, los mismos programas de televisión grabándose en tiempo real y obligando a su audiencia a esperar una semana entera entre la emisión de un capítulo y otro), las redes sociales están disponibles 24/7, no están realmente reguladas –un niño que apenas está conociendo el mundo y un anciano que se hace pasar por un niño, tienen acceso a ellas–, y que son descarada y terriblemente manipuladoras. 

Tal vez Foster Wallace también habría especulado que las redes sociales son el principio de la extinción de la humanidad. Y quizá lo que ahora escribiré no tiene nada qué ver con lo anterior, pero ayer Lizzie y yo volvíamos a la casa, y el conductor del Uber venía escuchando una canción de Maluma que decía...

Que en mi carro tú te ves mejor
El cuarto huele a Christian Dior
Eres muy bonita pa' llorar por él 
No merece que seas fiel

... y se me ocurre que quizá esta canción, y que haya aparecido en un momento random de la vida, refleja perfectamente mi punto: qué clase de cosas le gustan a la mayoría de la gente, por qué Maluma y personajes como él –que, en general, no tienen ningún interés en aportarle ninguna reflexión a la humanidad, que no se caracterizan por tener alguna ideología anti-sistema, que en sus canciones no invitan a sus fans más que a comprar artículos lujosos y a pasarla bien, y mucho mejor si es en Hawai o en Dubai– son tan populares. 

Como decía, la playlist que escucho, la hice el domingo pasado (y quién sabe por qué, si, en una época de mi vida, escuchaba mucho a los Pumpkins, y en particular las canciones que puse en esta playlist), y la hice mientras leía a Carrère en este mismo lugar en el que ahora mismo aporreo el teclado de la Mac mientras divago sobre lo que podría haber pensado Foster Wallace sobre las redes sociales y me pregunto entre líneas cuál es el propósito de escribir un blog y, de paso, me acuerdo de un momento random de Maluma. (Por cierto, nunca había escuchado esta canción de Maluma).

Cuando hice esta playlist, tomaba un break –este semestre, igual que los dos semestres previos, imparto unas clases los lunes y una gran parte de mis fines de semana me la paso preparando clases— y trataba de comprender si El adversario es una novela dentro de una novela –en el capítulo 2 Carrère nos cuenta que le envió una carta al abogado de Romand, solicitándole que le comunicara a Romand que quería entrevistarlo porque quería escribir una novela sobre él, pero unas páginas más adelante Carrère insinúa que Romand nunca le contestó la carta, que ni siquiera está seguro de que el abogado le haya hecho llegar la carta a Romand, y, sin embargo, unas líneas más adelante, dice que, un par de años después de los asesinatos, cuando Carrère ya había desistido y concluido otro proyecto totalmente distinto, pero inspirado en los asesinatos cometidos por Romand, Romand finalmente aceptó la propuesta, pero ya no me quedó claro si a partir de este punto la novela ya es más ficción que realidad, o si es una novela dentro de una novela–, y quién sabe por qué en ese momento Alexa reprodujo una canción de los Pumpkins, o yo le pedí una canción de los Pumpkins, y luego la canción me remontó a un cassette con lados B de Mellon Collie & The Infinite Sadness y entonces hice la playlist.

El cassette en cuestión lo compré en El Chopo por ahí de 1997 ó 1998 y traía doce o trece tracks de la caja de The Aeroplane Flies High– el box set de los lados B de Mellon Collie & The Infinite Sadness, que debe de tener más de 50 tracks– y lo escuchaba mucho. En 1997 ó 1998 no sólo no había redes sociales: ni siquiera Internet era tan popular como ahora. Las plataformas de streaming como Spotify y Amazon Music todavía no eran viables. Si querías escuchar música, tenías que escuchar la radio, soportar los comerciales de la estación de radio y los comentarios de los locutores, o comprar los álbumes. Eso, a mí generación y a las generaciones predecesoras, nos hizo apreciar la música de otra forma, ser más pacientes, escuchar álbumes de principio a fin, clavarnos con las letras y ver de otro modo la vida. También había Malumas, por supuesto. Pero había otras opciones. No todo era música comercial con los reflectores encima.

La historia con esta playlist y con este cassette se remonta a la gira de los Pumpkins que los trajo a México por primera vez. Acababan de lanzar Adore, Billy Corgan había despedido a Jimmy Chamberlin por sus problemas de adicción a la heroína y D'Arcy Wretsky tenía un pie casi fuera de la banda (por sus problemas de adicción a la heroína), pero en una estación de radio eran un poco ajenos a esta situación y parecían súper entusiasmados con el concierto que los Pumpkins darían en El Palacio de Los Deportes –spoiler: ¡fue decepcionante!– y en las semanas previas al concierto transmitieron algún programa especial. El programa incluía una entrevista de Billy Corgan y no sé por qué pero recuerdo muy bien que el entrevistador contaba que el tipo medía casi 2 metros y que era muy imponente, que estaba totalmente rapado, que se veía como un personaje de Los Locos Adams y que contestaba las preguntas mientras se comía una tonelada de sándwiches. 

Los locutores de esa estación de radio aún elogiaban Mellon Collie & The Infinite Sadness –ya habían pasado 3 años del lanzamiento de Mellon Collie & The Infinite Sadness y la banda de Corgan había tomado una dirección distinta– y (a lo mejor por esa razón) en lugar de hablar de Adore, pasaron varios tracks de The Aeroplane Flies High –ahora mismo tengo un insight: creo que, antes de comprar ese cassette en El Chopo, grabé mi propio cassette directamente de ese programa de radio y debo de tenerlo por ahí–, o, así es como lo recuerdo. El punto es que, desde entonces, desde la emisión de ese programa de radio, escuchaba mucho estos tracks.  

Ahora la playlist ya saltó de los covers de The Cure –“A Night Like This”– y de Blondie –“Dreaming”–, a “Ugly”, y escuchar estas canciones me remonta a otras cosas en las que no pensaba en casi 30 años. 

Cuando los Pumpkins vinieron por primera vez de gira a México, en 1998, terminaba el segundo semestre de la licenciatura y estaba obsesionado con una chica de la facultad. Ella era un poco mayor que yo pero parecía tener toda la experiencia del mundo –no vivía con sus papás, había tenido una vida trágica, era un poco sombría y súper inteligente, interesante y culta; le gustaba bailar, ¡era bailarina profesional, tenía esa extraña conexión con el baile, con su cuerpo y con el movimiento!, y también escuchaba a Nirvana y también le gustaba leer, el autor que más leía creo que era Milan Kundera, y hacía muchas cosas que también me gustaban a mí y pensaba muchas cosas en las que me gustaba pensar. 

En unos cuantos meses, ella se convirtió en la chica con quien quería estar en ese momento de mi vida. Un día le hablé después de una clase y le pedí su número telefónico y la llamé otro día. Al principio las conversaciones fueron extrañas, hablar por teléfono no está en el top 10 de las cosas que más me gusta hacer, yo la llamaba de la nada y no tenía nada qué contarle, pero, justamente cuando más escuchaba este cassette de los Pumpkins que compré en El Chopo, ella y nos llevábamos mejor, las conversaciones fluían más, ella también me llamaba y hablábamos por teléfono una o dos noches por semana, y podíamos pasar 3 horas en el teléfono, y el punto es que ella tenía “un pretendiente” (más grande que ella) y sin embargo nos llevábamos tan bien que me lo dijo —él también era bailarín— y que no sabía qué hacer, que se la pasaba muy bien conmigo. Historia aparte, al final, ella y yo salimos un par de semanas en persona, como algo más que amigos, y fue un desastre. Luego ella abandonó la universidad y se enfocó en el baile y se fue a vivir a provincia, a estudiar a una academia de baile.

Mientras escribo estas líneas suena “Medellia Of The Gray Skies” y la canción me catapulta a 1997 ó 1998, y me acuerdo mucho de esta chica, es casi como si estuviera de nuevo en segundo o tercer semestre de la carrera, y me pregunto qué será de su vida –somos contactos en Facebook pero ella casi nunca usa Facebook, y la última vez que interactuamos debió de ser antes de la pandemia del Covid-19, y, antes de esa ocasión, tal vez interactuamos cuando acababa de pasar mi examen de candidatura en el doctorado, o sea, por ahí del 2010–, y tengo otro insight: esta canción era la que más me hacía pensar en ella, en la época en la que hablábamos por teléfono. Y nunca le presté demasiada atención a la letra, pero tenía la impresión de que la canción describía exactamente cómo me hacía sentir ella, cómo la percibía y cuánto la había idealizado en un año y cuán consciente era de que una relación entre los dos sería un desastre.

Ya van a dar las 8 AM y me tomé unos minutos para enfocarme en la canción y luego busqué información en Internet. Gemini AI dice “is a fragile, melancholic acoustic ballad about unrequited love, idealization, and profound emotional longing.” También dice que “Medellia Of The Gray Skies” fue el lado B de “Tonight, tonight”, que fue lanzada en 1996, y que los temas clave de la canción son la contradicción –Billy se refiere a alguien que es a la vez “an empty promise” y “an easy chair”, como si quisiera conciliar la desilusión, con un fuerte deseo de familiaridad–, la idealización contra la realidad –en frases como “You're a secret noticed” y “You're a mistery sky”, supuestamente Corgan coloca a su musa en un pedestal, y la ve como algo etéreo y celestial, pero también la ve distante y oscura, como los cielos grises–, y Gemini AI también dice que el tema central de la canción es la devoción y la vulnerabilidad, que en otras frases como “You're the emptiness of I” y “You're the reason that I write”, Corgan revela su dependencia emocional a esta musa. 

Sea como sea, “Medellia Of The Gray Skies” es una de esas canciones que me transmiten cosas que no necesito ni puedo explicar con palabras, y ahora mismo me ayudó a desviar mi atención de los achaques de las últimas 3 semanas en los que no quiero pensar. A veces me pregunto si los blogs volverán y si dentro de 30 años los internautas volverán a escuchar álbumes de principio a fin. Creo que no, que cada vez estaremos más alienados. Cada vez habrá más gente impaciente y más cerebros fritos, más cerebros en abstinencia de psicoestimulantes digitales.