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miércoles, enero 10, 2007

Asesino mi imaginación


  
No se cuántos días he permanecido acostado.
Los días transcurren sanguinolentos, como una burbuja de aire atrapada en el pecho.
Los días van dejando resabios de melancolía en la almohada. 
Me estiro en la cama y no me decido a levantarme. Sólo sé que siempre miro el reloj cuando marca las 3 a.m. y me siento lánguido. 

Estaba soñando que mis papás y yo visitábamos una enorme biblioteca y que la biblioteca se convertía en un centro comercial. Una vendedora que vestía uniforme de color verde, nos guiaba a través del lugar. De repente, la mujer se convertía en un libro con ojos y cabello, y mientras avanzaba como un ent desprendía un agradable aroma a ébano.
Ella se detenía en un rincón de la tienda, y exclamaba: 'Bien, queridos visitantes, ahora es el momento de presentarles este nuevo producto...', y su rostro se deformaba poco a poco, de la misma forma en que una hoja de papel a la que se le ha prendido fuego. Empezaba a tener una crisis de pánico, cuando ella volvió a aparecer como la vendedora que vestía uniforme verde. Entonces exhibió el producto, que era realmente nuevo. Se trataba de una enciclopedia de los nahuales. Ella me alargaba un volumen de la enciclopedia y yo le echaba un vistazo. Naturalmente hallaba un montón de artículos de Carlos Castaneda. En el índice, destacaban una serie de títulos muy inquietantes, tales como: Respiros de fe, Lamentaciones de oxígeno, Cuarentena de la percepción...
Y en fin, me decido. Me quito las cobijas de encima, pongo un pie en el suelo y... enciendo el televisor para asesinar mi imaginación.


***
ÉSTE ES UN EXTRACTO (UN BORRADOR) DE UN LIBRO QUE PUBLICARÉ ALGÚN DÍA.



domingo, diciembre 24, 2006

Misteriosas caminatas a lo largo del desierto de Arizona



A veces quisiera creer en los nahuales.

A veces quisiera creer que existe una especie de tercer ojo, o un nivel de consciencia en el que no importa el mundo tal y como lo conocemos.

A veces me gusta pensar que cuando recibo un fuerte golpe en la cabeza, ese tercer ojo se abre y que entonces puedo acceder brevemente a otro nivel de consciencia. 

A veces me gusta pensar que durante algunos segundos, puedo escucharme a mí mismo desde mis vísceras y que al mismo tiempo yazco en el fondo de una piscina y que todos los sonidos provienen del exterior.

A veces me pregunto si todos mis sentidos son líquidos y si Carlos Castaneda envejeció drásticamente en una conferencia en Ciudad Universitaria mientras hablaba de los viejos tiempos en los que se columpiaba de los árboles o se transformaba en cuervo y huía de las brujas que querían acabar con él.

A veces me pregunto si en realidad todos los niños sabíamos qué clase de adultos seríamos cuando creciéramos y si los ángeles nos pusieron un dedo entre los labios para que guardáramos silencio y si la marca que nos dejó ese contacto entre la nariz y los labios es un vestigio de ese acuerdo. 

A veces me emociona la llegada de la Navidad y me pongo a pensar en estas cosas.