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viernes, junio 24, 2016

De lo increíble a lo trágico


Hace diez años la selección de Argentina eliminó a la selección mexicana de futbol en Leipzig, en los octavos de final del mundial de Alemania 2006.

El equipo del Director Técnico Ricardo La Volpe había calificado sin problemas al mundial.

En la eliminatoria, la selección sólo había perdido en Columbus y en Puerto España.


Un año antes, en La Copa Confederaciones, su equipo le había ganado a Japón y a Brasil en Hannóver y había empatado con Grecia en Fránkfurt.

En Hannóver, en las semifinales de ese torneo, habían perdido contra los argentinos en penalties. 

En Leipzig, en el partido por el tercer lugar, habían perdido 4 a 3 contra los anfitriones.


La prensa internacional había destacado el nivel de juego de los mexicanos durante La Copa Confederaciones y pronosticaba que el Mundial 2006 podría ser el mejor mundial de toda la historia de la Selección Nacional. 

Sin embargo, la relación del Director Técnico con
 algunos jugadores y con la prensa nacional se había deteriorado y la selección de México había tenido un mal desempeño en el torneo mundialista.

La selección había formado parte del Grupo F y le había ganado a Irán en Nüremberg, había empatado sin goles contra Angola en Hannóver –era la primera Copa del Mundo de los africanos– y había perdido contra Portugal en Gelsenkirchen. 


Con 4 puntos, apenas habían conseguido el pase a octavos de final.



El partido contra los sudamericanos en el Zentralstadion parecía el escenario perfecto para que la selección mexicana avanzara al quinto partido, por primera vez en su historia.

Tradicionalmente la Selección Nacional juega mejor contra equipos "fuertes" y cuando nadie tiene expectativas positivas de ella. 

Ambas condiciones se cumplían en las vísperas de ese encuentro de octavos de final y todo indicaba que ese partido sería la oportunidad que el futbol mexicano había estado esperando para cobrar revancha deportiva de las derrotas que otros equipos mexicanos habían sufrido contra otros equipos argentinos*. 

Además, los jugadores del equipo de La Volpe conocían a ese equipo argentino: la mayoría de ellos había conseguido su primera victoria en un partido oficial contra la selección argentina en La Copa América Perú 2004 y había enfrentado a los argentinos en la semifinal del 2005 en Hannóver. 


Ese mismo 24 de junio del 2006, los alemanes ya habían derrotado a los suecos en Münich y esperaban en el partido de cuartos de final a la selección que ganara en Leipzig. 

Si la selección mexicana avanzaba al quinto partido, también podría cobrar revancha deportiva contra la selección alemana que le había ganado un año antes en el Zentralstadion. 


También podría cobrar revancha deportiva de las derrotas que habían sufrido otras selecciones mexicanas contra los teutones en los mundiales de México 1986 y de Francia 1998.

A pesar de estos pormenores, un sector de la prensa mexicana se limitaba a juzgar el trabajo de Ricardo La Volpe y a cuestionar su continuidad como Director Técnico. 


Aunque su equipo había tenido un mal desempeño en la ronda de grupos del Mundial 2006, el objetivo de la selección siempre había sido llegar a los cuartos de final. 

La relación entre la prensa y La Volpe nunca había sido la mejor y la prensa había aprovechado los malos juegos para atacarlo. 

La prensa no podía perdonarle que hubiera dejado fuera del mundial a Cuauhtémoc Blanco, 
que se encontraba quizá en el mejor momento de su carrera y que ya había demostrado su calidad en Francia 1998, en Corea-Japón 2002 y en varias ediciones de La Copa América y de La Copa Confederaciones. 

Cada vez que la prensa lo cuestionaba, Ricardo La Volpe se limitaba a responder que Cuauhtémoc Blanco "no encajaba en su sistema de juego".

En realidad, el asunto entre los dos parecía ser más personal que deportivo**. 



La selección argentina que dirigía José Néstor Pékerman llegaba a Leipzig de una manera totalmente distinta a cómo lo hacían los mexicanos. 

Su equipo había vencido a Costa de Marfil, había goleado a Serbia y Montenegro y había empatado contra Holanda. 


La selección argentina era ampliamente favorita, no sólo para avanzar a los cuartos de final, sino para ganar La Copa del Mundo.


Tenían un equipo tan completo que se daban el lujo de mantener en la banca a Lionel Messi. 



Alrededor de la una de la tarde (hora de México), comenzó el partido en el Zentralstadion. 

La Volpe sorprendió con una alineación que incluía a José Antonio Castro y a un jovencito zurdo de 19 años***. 


José Néstor Pékerman dejó en la banca a Carlos Tévez, a Pablo César Aimar y a Lionel Messi. 

En los primeros minutos del partido, Lionel Scaloni concedió el primer tiro de esquina, al despejar el balón en el área argentina. 

Pável Pardo e
nvió un centro al área y Jared Borgetti remató con la cabeza.


El balón pasó unos centímetros por encima del travesaño
. 


Unos minutos después, 
Javier Mascherano le cometió una falta a José Antonio Castro a unos metros del área argentina. 


Pável Pardo cobró la falta y envió un centro al área.


Mario Méndez se adelantó a un defensa argentino y rozó el balón con la cabeza.


Rafael Márquez apareció completamente solo del otro lado del área 
y anotó. 


¡No habían transcurrido ni diez minutos, y la selección mexicana ya iba ganando! 


Aún se festejaba el gol mexicano, cuando Andrés Guardado le cometió una falta a Esteban Cambiasso en los límites del área mexicana. 

Juan Román Riquelme pateó el tiro libre.


El balón se estrelló en la defensa y se fue a tiro de esquina.


El jugador del Villareal envió un centro a primer poste.  


Jared Borgetti marcaba a Hernán Crespo y quiso evitar el remate del delantero albiceleste, pero envió el balón al fondo de las redes. 


En un lapso de cinco minutos, el partido se había empatado. 


Al final del primer tiempo, el guardameta Patricio Abbondanzieri realizó un saque de meta y le pasó el balón a Gabriel Heinze. 

El argentino estaba distraído y Francisco Fonseca le arrebató el balón.


"Kikín" se enfiló al área y Gabriel Heinze le cometió una falta, para detenerlo. 


Era el último hombre de la defensa. El suizo Massimo Busacca, de acuerdo con el reglamento, debía expulsarlo, pero sólo marcó la falta y lo amonestó.


La selección argentina dominó el resto del partido. 


Pável Pardo y Andrés Guardado tuvieron que abandonar el partido, lesionados. 

Cuando el partido estaba por terminar, Pékerman metió a jugar a Carlos Tévez, a Pablo Aimar y a Lionel Messi. 


Oswaldo Sánchez evitó algunas anotaciones. 


En las postrimerías del partido, las cámaras de televisión enfocaban constantemente a Diego Armando Maradona en las tribunas del Zentralstadion.

Se veía al borde de un infarto. 


Durante los últimos minutos del tiempo regular, las dos selecciones se dedicaron más a defender y a no cometer errores que a atacar. 

El partido se fue a tiempos extras.

Todo indicaba que el juego se decidiría en penalties, como un año antes en La Copa Confederaciones. 

Sin embargo, Juan Pablo Sorín, en una jugada que parecía intrascendente, controló la pelota en la banda izquierda y le envió un pase a Maxi Rodríguez hasta la otra banda. 

Maxi Rodríguez recibió el balón con el pecho. 

Estaba en los límites del área mexicana y lo marcaba de cerca Gonzalo Pineda.


Antes de que cayera el balón al césped, disparó con la pierna izquierda, hizo el mejor gol de su carrera y 
nos eliminó. 

_________

*En La Copa América Ecuador 1993, la selección que dirigía Miguel Mejía Barón –y que llegaría al Mundial de Estados Unidos 1994– había enfrentado en dos ocasiones a la selección argentina de Alfio Basile.


Los mexicanos jugaron un futbol vistoso que le gustó a la prensa, sorprendieron a los sudamericanos, golearon a la selección de Perú en cuartos de final y eliminaron a los anfitriones en semifinales. Aunque fueron uno de los mejores equipos del torneo y tenían la experiencia de haber empatado contra los argentinos en la fase de grupos, perdieron la final 2 a 1 con un gol de Batistuta. 

**Cuando Cuauhtémoc Blanco era un novato, Ricardo La Volpe era Director Técnico del América. Según Blanco, La Volpe era una pésima persona y trataba mal a los jugadores. Años más tarde, La Volpe se hizo Director Técnico del Atlas y Blanco se convirtió en la figura del América y se burló de La Volpe después de anotarle un gol al Atlas. 

***Andrés Guardado.

lunes, junio 13, 2016

¿Por qué La Copa América no incluye realmente a América?



Hace poco más de una semana comenzó la Copa América Centenario en Estados Unidos. Ayer Perú eliminó a Brasil en la fase de grupos. La semana pasada Venezuela prácticamente eliminó a Uruguay. El viernes a Messi le bastó jugar 10 minutos para anotarle 3 goles a Panamá y ayudarle a Argentina a ganar 5 a 0. 


El sábado Estados Unidos le ganó a Paraguay y calificó como primer lugar de su grupo. También Colombia perdió 3 a 1 contra Costa Rica y quedó como segundo lugar de ese grupo. 

México jugará hoy contra Venezuela. Ambas selecciones buscan el primer lugar del grupo y, de esa forma, evitar potencialmente a Argentina en los cuartos de final. 


Este torneo se realiza por primera vez fuera de Sudamérica, porque se celebra su aniversario 100. Aunque durante algún tiempo se le llamó Copa Sudamericana de Naciones, luego se le cambió el nombre a Copa América. Nunca me ha parecido justo que se le llame así. Este torneo no sólo se ha jugado en 99 ocasiones en Sudamérica, sino que, hasta 1993, cuando México y Estados Unidos asistieron como invitados, sólo fue disputado por selecciones de Sudamérica. 


Otra cosa que no me gusta de la Copa América es la frecuencia con que se juega. Normalmente se disputa cada dos años -aunque en ocasiones se ha llevado a cabo cada año o cada tres años- y la mayoría de las selecciones ofrecen un pobre espectáculo, tal vez precisamente porque se disputa con mucha frecuencia. 


¿La Copa América no sería un mejor torneo si se disputara cada 4 años, como la Eurocopa, y que fuera un pequeño mundial de selecciones del continente americano, como lo es la Eurocopa para los europeos?

A veces da la impresión de que los sudamericanos no quieren poner en riesgo el prestigio que tienen, o quizá simplemente nos consideran muy inferiores a ellos.


domingo, abril 10, 2016

Adidas prefirió lo tradicional


Hace unas cuantas semanas, Adidas presentó el uniforme que vestirá la selección mexicana de futbol a lo largo del año. En el verano se jugará La Copa América Centenario y por primera vez participarán equipos de todo el continente americano (como se supone que debería ser siempre), así que tenía la impresión de que Adidas no dejaría pasar la oportunidad de sorprender a los aficionados. 

Adidas tenía muchas opciones de dónde escoger para diseñar un uniforme para La Copa América 2016: los dos uniformes negros que se usaron durante La Copa Mundial de Sudáfrica 2010 y La Copa Oro 2015; el uniforme rojo que se usó en La Copa Mundial de Brasil 2014; y los uniformes tradicionales verde y blanco. 





Habiendo tantas opciones, Adidas se decidió por lo tradicional.

Primer uniforme: playera verde, con rayas verticales en dos tonos (que no se distinguen a simple vista), calzoncillos blancos y medias blancas. 
Segundo uniforme: completamente blanco. 

Aparentemente, la mayoría de los aficionados prefieren estos dos uniformes, o tal vez a Adidas le tiene sin cuidado lo que el aficionado prefiera. Hasta cierto punto, aunque no comparta esta opinión, entiendo que la gente se sienta identificada con la playera verde (¡la selección ha perdido tantos partidos importantes vistiéndola!), pero ¿por qué el segundo uniforme tenía que ser completamente blanco? El blanco es muy simple. Hasta las ligas amateurs de futbol están repletas de equipos que se visten así. 

Adidas me decepcionó.  

miércoles, junio 04, 2014

Nuestra máxima aspiración es llegar al mundial


Ayer, en el Estadio Soldier Field, la Selección Mexicana de Futbol perdió contra la Selección de Bosnia-Herzegovina. 

En Brasil, Bosnia-Herzegovina compartirá el Grupo F con Argentina, Irán y Nigeria. Los europeos clasificaron a la competencia mundialista después de jugar diez partidos. Sólo perdieron dos; uno como local -contra Eslovaquia- y uno como visitante, contra Grecia. 

La Selección Mexicana compartirá el Grupo A con Brasil, Croacia y Camerún, y fue uno de los últimos equipos en conseguir su clasificación al mundial, al vencer a Nueva Zelanda en la repesca, después de una desastrosa eliminatoria en CONCACAF. 


El encuentro de ayer en Chicago fue el penúltimo partido de preparación para México antes de su debut contra Camerún en el mundial, pero fue el primero que pierde bajo la dirección del técnico Miguel Herrera.

Miguel Herrera sólo ha dirigido siete veces a la Selección Mexicana: los dos partidos de la repesca contra Nueva Zelanda y cinco partidos amistosos. 

A pesar de la derrota, sus resultados, en términos generales, son favorables. 
Bajo su dirección, el equipo le ganó a Nueva Zelanda -los dos juegos de la repesca-, a Corea del Sur, a Israel y a Ecuador; y empató contra Nigeria y contra Estados Unidos. 

Desde luego que lo más importante es que consiguió el boleto al mundial. 


Sin embargo, bastó la derrota de ayer para que un sector de la prensa escrita comenzara a cuestionar la calidad del trabajo de Herrera. 

Este sector de la prensa está profundamente preocupado porque "está claro que, a escasas semanas del mundial, el técnico no ha encontrado la alineación ideal, ni mucho menos un estilo de juego..."


La situación parece alarmante, pero no es nada nueva. 

Que yo recuerde, sólo cuando Menotti, Mejía Barón y La Volpe dirigieron a la Selección Mexicana, el equipo tuvo un estilo de juego bien definido. 

A los tres técnicos, tanto la prensa como los federativos -más que los resultados- se encargaron de echarlos. 

Existe el rumor de que ninguno de esos técnicos estuvo dispuesto a aceptar las imposiciones de jugadores que les hicieron los dueños de los equipos de Primera División y/o Televisa. 



El problema con la Selección Mexicana, va más allá de este mundial. 

El problema es el futbol mexicano; la mentalidad de quien produce y de quien consume el futbol mexicano. 

Nadie -ni los federativos, ni la prensa, ni los aficionados- parece estar interesado en tener un representativo que siempre esté en los primeros diez lugares del top mundial. 

Lo único que realmente parece prioritario es clasificar al mundial cada cuatro años. 



Cuando los federativos buscan a un técnico para que dirija a la selección, no lo buscan por su propuesta de juego sino como una solución.

De otra manera no se entendería por qué han repetido en ese cargo directores técnicos que fracasaron en el mundial.

Bora Milutinovic dirigió a la selección en las eliminatorias para el mundial de Francia '98, después de que en México '86 no lograra llevar al equipo a las semifinales, aunque, irónicamente, ésa ha sido la mejor actuación de un equipo mexicano en mundiales. 

Ya clasificado al mundial de Francia '98, el serbo fue despedido y en su lugar quedó Manuel Lapuente, que había fracasado rotundamente como técnico de la Selección en La Copa Oro de 1991.


Javier Aguirre hizo todo lo posible para perder en los octavos de final del mundial de Corea-Japón 2002, contra Estados Unidos en Jeonju (sacó a Ramón Morales, que era el único jugador desequilibrante de la selección, después de que Brian McBride anotara el primer gol de los norteamericanos; mantuvo en la banca a Francisco Palencia, que había tenido una estupenda Copa Libertadores con Cruz Azul y que en ese semestre jugaba en Europa; y metió a los veteranos Luis Hernández y García Aspe para retirarse en ese partido con la Selección); y después llegó a "rescatar" al equipo para clasificar al mundial de Sudáfrica 2010 y en el último juego de la fase de grupos de ese mundial hizo todo lo posible para no ganarle a Uruguay -como, por ejemplo, sacar a Andrés Guardado que estaba jugando muy bien, y mantener en la banca a Javier Hernández, que ya le había anotado un gol a Francia- y quedar como segundo de grupo y enfrentar a Argentina y perder escandalosamente en Johannesburgo, también en octavos de final.


No lo dicen abiertamente, pero para la federación, para las televisoras y para los patrocinadores de la selección llegar al mundial es su máxima aspiración, porque es un gran negocio. 

Tal vez los aficionados no lo sabemos, pero llegar al mundial también es nuestra máxima aspiración. 


Cada cuatro años, contratamos Sky para tener la cobertura completa del mundial.
Cada cuatro años, el país se detiene -incluso en periodo electoral- cuando juega la Selección.
Cada cuatro años, gastamos millones de dólares en mercancía relacionada con la Selección Nacional. 
Cada cuatro años, empeñamos todo lo que tenemos para acompañar al equipo al mundial.
Cada cuatro años, hasta a los que no les gusta el futbol, hablan de futbol.

Y cada cuatro años, nos basta con quedarnos en octavos de final. 


Obviamente la Selección Mexicana de Futbol no ganará el mundial en Brasil. 

Hasta parece poco probable que avance a los octavos de final, pero no porque Herrera no tenga una alineación ideal ni un estilo de juego, sino porque siempre habrá otro mundial al cual clasificar. 

viernes, agosto 30, 2013

Juro que yo no era así antes de conocerte


"¿Por qué ya no me besas, como antes?", me pregunta con su voz de borracha. Tiene hipo. Con el rabillo del ojo, veo que ni siquiera es capaz de hacer algo tan sencillo como llevarse una mano a la boca. 

Encojo los hombros y volteo a mirarla por un breve instante. Aprisiono el volante con las dos manos y aprieto la mandíbula. La fuerza me hace sentir un ligero dolor en las muelas. 

Es de madrugada y no hay vehículos a la vista, pero temo que justo en ese breve instante aparezca un loco a toda prisa y se estrelle contra nosotros. Hace un par de noches, ocurrió un accidente cerca del lugar donde estamos. El automóvil iba a toda velocidad y se estrelló contra un muro de contención. Quedó deshecho. Ningún tripulante sobrevivió.


Ella me sonríe desde el asiento del copiloto -hace una mueca idiota- y sus ojos alcoholizados parecen cansados y vehementes a la vez. Tiene un cigarrillo en los labios y lo enciende. 

"Ten cuidado con la ceniza", le advierto. 

Mientras el semáforo pasa del rojo al verde, recuerdo como logré hacerme del Sedán. Es de color azul marino, modelo '83, idéntico al primer automóvil que le recuerdo a mi papá. Mi mamá me ha dicho cientos de veces que antes de ese Sedán, mi papá tuvo un Caribe y que me gustaba subir a dar la vuelta en él cuando era un bebé -supuestamente era la única cosa que podían hacer para que yo dejara de llorar-, pero no lo recuerdo en absoluto.


Este Sedán se lo compré a un apostador con todos mis ahorros -quería viajar a Seattle y hacer un tour por todos los sitios emblemáticos donde tocó Nirvana, como el Paramount Theatre, el Crocodile Cafe y el Pier 48- y fue una baratija. 

El hombre estaba desesperado y necesitaba urgentemente dinero para pagar sus deudas. 


Según él, había apostado todo su patrimonio a que la selección sub-17 perdería la final del mundial en Lima. Estaba seguro que Brasil aplastaría a México en el Estadio Nacional. Le gustaba mucho el futbol y había estado en El Estadio Universitario, en los cuartos de final de México '86, cuando la selección perdió en penales contra Alemania. También en New Jersey, cuando la selección perdió en penales contra Bulgaria, en los octavos de final de Estados Unidos '94. Y en Jeonju, en la decadente derrota contra Estados Unidos, en los octavos de final de Corea-Japón 2002. 

Cuando le di el dinero, me dijo que desde entonces le había perdido fe a las selecciones nacionales, porque siempre perdían los partidos decisivos. Era de lo más natural que pensara que la selección perdería esa final.  


No he cumplido más de dos semanas con el automóvil. 

Continúo conduciendo y ella le da una larga chupada al cigarrillo y me echa el humo en la cara. El olor me provoca náuseas. Las náuseas me recuerdan la primera vez que vi a Nancy.

Salíamos de una cantina en El Centro Histórico. Ella iba con las amigas de uno de mis hermanos, y me atrajo en cuanto la vi. Lo que más llamó mi atención fue su rostro. Tenía un increíble parecido con el rostro de PJ Harvey. 


Nos Llamamos tocó esa noche y ella bebió más de la cuenta y vomitó enfrente de mí. Todos se quejaron, pero yo me ofrecí a llevarla en taxi hasta su casa -vivía en Los Reyes, La Paz- y ella aceptó. 

El recorrido a su casa fue largo. Sentí lástima por ella, pero ella sólo apoyó la cabeza en mi hombro y se quedó dormida. Yo sospechaba que esa noche sólo se le habían pasado las copas y que no sabía beber. Estaba muy equivocado. 


Cuando llegamos a su casa, me dio las gracias y me besó en la mejilla. Sus labios estaban fríos y olían a jugos gástricos. Fue un poco espeluznante, pero me gustó. 

Antes de que yo le dijera algo, abrió la puerta de su casa y se metió trastabillando.

De vuelta a mi casa, me tocó un taxista que escuchaba Rid Of Me y no pude dejar de pensar que todo ese asunto era una especie de señal. Jamás imaginé que en menos de un mes, Nancy y yo comenzaríamos a salir.

El vodka es su bebida favorita y vomita a menudo. La he visto cientos de veces vomitar y le he sujetado cientos de veces el cabello mientras vomita, para evitar que se ensucie. 


Vomitar para ella es parte de la experiencia de embriagarse y yo me estoy convirtiendo en un emetofóbico. Juro que no era así antes de conocerla. 

"No me siento muy bien", dice. Su rostro se puso lívido de un momento a otro.

Abruptamente arroja el cigarrillo por la ventanilla y entonces sé qué va a ocurrir.

Antes de que logre orillarme para estacionar el Sedán, el tapete del asiento del copiloto ya está lleno de jugos gástricos. 

"No es agradable besar a alguien que acaba de vomitar", le respondo.

Tengo unas intensas arcadas y vuelvo a encender el motor del Sedán.