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sábado, abril 08, 2023

cuenta hasta diez

Juego con el cigarrillo (apagado) en los dedos de una mano. Hago malabares. Prolongo la abstinencia al máximo (¡en mayo, cumpliré ocho años sin fumar!) y me recuerdo a mí mismo lo que ya sé: que esta adicción es tonta, que no recaí (sólo me fumé varios cigarrillos, un día, en diciembre del 2022, y otro día, en marzo del 2023, me fumé 3 cigarrillos); que todo está mal, que soy débil (sólo me fumé varios cigarrillos un día, en diciembre del 2022, y otro día, en marzo del 2023), que estoy enfermo; que nunca dejas de fumar; que sólo prolongas tu abstinencia al máximo; que el tabaquismo es una espiral que lleva a otros vicios, que el tabaquismo es un vicio que no mejora nada, que empeora mi condición física, que me roba el aire (como cuando pongo a prueba a mis pulmones y me sumerjo en la alberca una vez a la semana y salgo a la superficie tras apenas diez segundos debajo del agua y acepto que aprendí a nadar como un salvaje debajo del agua), que jode mis pulmones, que me sofoca, que puede provocarme cáncer, que me hace carraspear, que me aletarga, que me impedirá correr 6 kilómetros en menos de 25' (tres veces a la semana) y que no me generará ningún placer excepto el de terminar con los malestares (el mal humor, la sudoración, la ansiedad) de la abstinencia. 

Ya no sé ni qué escribo: estoy viendo a futuro, y pensando en el espantoso color de mis dedos de nicotina y en el espantoso aroma a llanta quemada, impregnado en mis dedos de nicotina; y en las múltiples enfermedades respiratorias que contraería cada año, y en mi incapacidad para subir las escaleras de todos los edificios del mundo sin asfixiarme, en la eterna fatiga que me perseguiría a todas partes; y también estoy pensando en el teclado de la vieja laptop Sony que usaba cuando padecía tabaquismo, cuando no tenía una Mac, cuando fumaba casi tres cajetillas de lunes a viernes y casi cuatro cajetillas en fin de semana –¡en ayuno, caminando, subiendo escaleras, al final de algún experimento, después de impartir una clase, después de cada comida, en una conversación sobre cualquier cosa, bañándome, viendo una película, escribiendo, escuchando música...!–, y en cómo el teclado de esa vieja laptop quedó marcado con quemaduras de cigarrillo para recordarme el infierno del tabaquismo, y también para recordarme cuántos cigarrillos me fumaba entonces, en automático, mientras, tal y como lo hago ahora, escribía en este blog (por ejemplo) y no reparaba en cuántos cigarrillos me fumaba, ni tampoco me daba cuenta del espantoso aroma del tabaco que quedaba impregnado en el departamento en el que vivía.

Juegas con el cigarrillo (apagado) en los dedos de una mano, haciendo malabares y prolongando la abstinencia al máximo y pensando en todas estas cosas, mientras tu apraxia te ataca: ese automatismo de escribir mal una palabra, de saltarte una letra, de poner una vocal, o una consonante, en lugar de otra vocal, o de otra consonante; esa compulsividad de saber que escribiste mal una palabra y de regresar a corregir esa palabra, y de sentirte frustrado porque no puedes dejar de cometer errores (si aprendes a usar el teclado de una Sony VAIO, no puedes re aprender a escribir en el teclado de una Mac), y porque no puedes dejar de aporrear las teclas hasta que las palabras estén escritas correctamente; esa compulsividad de regresar, una y otra vez, a la misma palabra mal escrita para corregirla; esa compulsividad de sentir que cada palabra mal escrita es una piedrita en el zapato que no te deja avanzar y que te saca ámpulas y que te revienta los pies; esa compulsividad de sentirte frustrado porque cada palabra mal escrita es también como tu infernal mito de Sísifo privado: que la rutina de regresar a corregir las palabras, conforme intentas vaciar una idea en la hoja en blanco –la idea que se esfuma lentamente, como el día–, así como vacías tu estómago cuando has comido un alimento podrido, te mantiene dándole vueltas al mismo tema, sin llegar a ningún lado y sin concluir un párrafo: como si estuvieras lavando trastes y el fregadero nunca se vaciara. 

Pasan todas estas cosas, mientras el sol va ocultándose y el sofocante calor de abril se va debilitando, y mientras Alexa reproduce los gritos iracundos (y la angustia y las frustraciones) de Kurt Cobain, que escupe sus vísceras desde el más allá... 

(he was born scentless and senseless/ 

he was born a scentless apprentice/ 

go away...!/ go away...!/, go away...!) 

... y haces una pausa, y reflexionas, y dejas de aporrear el teclado y contemplas el cigarrillo en una de tus manos, y crees que una vocecita interior te murmura al oído «¿No puedes superarlo?», y que esa vocecita recalca «¡Ya pasaron casi treinta años desde su muerte! ¡Hay millones de músicos nuevos a quienes podrías escuchar!», pero la ignoras (después de todo, esa vocecita eres tú mismo, o un fragmento de ti mismo, perdido en las profundidades, o en la superficie, de ti mismo), y, entonces, una cosa lleva a otra cosa y recuerdas ese artículo que leíste en Internet hace unas semanas, cuando no tenías esta abstinencia y este antojo de cigarrillo; ese artículo que trataba sobre por qué, conforme envejecemos, nos rehusamos a escuchar música nueva. 

Sigues haciendo malabares con el cigarrillo apagado y tratas de pensar por qué no escuchas música nueva. Intentaste con Cloud Nothings y con Kurt Vile, pero no fue lo mismo. Estás convencido de que, tomando como referencia las explicaciones de ese artículo (la maduración psicosocial, más precisamente), tú no escuchas música nueva, porque: a) no quieres romper los vínculos emocionales que tienes con la música que escuchaste en la adolescencia, y b) ya tienes una personalidad definida (o sea que no escucharías música nueva, como lo hace un adolescente, para pertenecer a un grupo de amigos, ni para que ese grupo moldee/refuerce tu personalidad); y sales de estas cavilaciones (así como sales, una vez a la semana, a tomar aire, cuando te sumerges en la alberca y nadas debajo del agua y tus pulmones se quedan sin aire) y te preguntas qué pensaría Kurt Cobain de la música actual, qué pensaría él de todos estos artistas plásticos que todo mundo escucha en el 2023 y que ni siquiera saben cantar, y cuyos principales objetivos parecen consistir en verse bien, en moverse bien en el escenario, en vender dos o tres hits al año y en ganar millones de dólares.

Te preguntas qué pensaría el difunto líder de Nirvana, de la música de estos artistas plásticos que no proponen nada, más allá de vivir en la superficie de las cosas. Te preguntas qué pensaría de los seguidores de estos artistas plásticos que no quieren quebrarse la cabeza y que sólo quieren pasar un buen rato; que sólo escuchan tracks, que nunca escuchan álbumes completos, y que parecen aspirar a lo mismo que los artistas plásticos a los que veneran: fama y fortuna (¿dónde has escuchado esto?)  

Te preguntas si Kurt Cobain usaría sus redes sociales; si él tendría twitter o facebook o mastodon o telegram o un canal de youtube, y qué opinaría de la mayoría de los influencers y de los podcasters que adora todo mundo en el 2023 y que venden cualquier cosa que sus patrocinadores les pidan que vendan, y que, a pesar de ser unos vendidos (o, precisamente, por eso), hacen declaraciones osadas, que dicen cosas como «La especie más evolucionada, pasó, de escuchar a Eddie Vedder, a escuchar a Bad Bunny», o «Soy súper humilde: tengo veinte playeras Calvin Klein del mismo color, diez Levi's 501 y tres pares de los sneakers Michael Jordan de edición limitada». 

Vuelves a aporrear el teclado y a luchar con tu apraxia y con tu abstinencia. 

Continúas haciendo malabares con el cigarrillo apagado (es un Lucky Strike pesadísimo), y admites que ya casi no escuchas a Nirvana, que hoy pusiste In Utero porque se trata de una fecha especial, porque, hace casi 30 años, un electricista, que iba a instalar una alerta de seguridad en la casa del matrimonio Cobain-Love (en Lake Washington), descubrió el cadáver de una de las principales estrellas de rock de la década de los noventa, en el invernadero de esa casa; porque, un día como hoy, hace 29 años, ese electricista, que, al principio, creería que no se trataba de un cuerpo humano, sino de un maniquí que estaba tumbado en el suelo del invernadero, después confirmaría que se trataba de un cadáver humano y llamaría a una estación de radio, o a la policía, para dar la noticia; porque has leído decenas de veces, en distintas fuentes, cómo se supone que fueron los últimos días de Cobain, y cómo la policía llegó al invernadero ese domingo 8 de abril de 1994 y confirmó lo que había visto el electricista: que se trataba de un cadáver humano, en particular del cadáver de Cobain; y que Cobain tenía una Remington en el pecho y un disparo en la cabeza; y que también reportó que en el suelo había parafernalia de junkie –cucharas, encendedores, jeringas– en una caja de puros y una nota escrita a mano (clavada, con una pluma, en una maceta), a unos metros del cadáver; y que, en tiempo récord, cerró el caso y concluyó que Cobain se había suicidado.

La canción está a punto de terminar. 

Repasas cómo crees que fueron los últimos días de Cobain: cómo, el 31 de marzo o el 1 de abril, se fumaba un cigarrillo en Exodus, mientras Gibby Haynes –el cantante de los Butthole Surfers– le contaba sobre el paciente que había escapado de ese lugar, saltándose la barda («nadie está aquí en contra de su voluntad: basta con decirle al personal de Exodus que ya no quieres estar aquí, para que te dejen salir por la puerta principal») y Cobain pensaba que esa sería la forma ideal de escapar de la rehabilitación; cómo llevaba a cabo su plan, sin siquiera haber transcurrido 24 horas internado, y se saltaba la barda de Exodus; cómo el 1 ó 2 abril se encontró a Duff McKagan en el aeropuerto de Los Ángeles; cómo llegó a Seattle y descendió del avión y tomó un taxi y llegó a su casa en Lake Washington; cómo se tumbó a dormir un par de horas en cualquier recámara de su casa; cómo despertó y después encontró al niñero de Frances Bean y a la novia del niñero, acostados en otra habitación; cómo el 2 o el 3 de abril intentó comunicarse por teléfono con Courtney Love; cómo salió a buscar heroína y alquiló una habitación en el hotel Aurora; cómo su esposa lo declaró desaparecido y contrató a un detective y canceló todas sus tarjetas de crédito; cómo el 1 o el 2 de abril llamó por teléfono a Mark Lanegan y cómo Mark Lanegan nunca le contestó; cómo estuvo desaparecido varios días; cómo, supuestamente, el 4 de abril, comió en un restaurante de comida mexicana, en una plaza de Seattle, y volvió a su casa; cómo, el 5 de abril, tomó una escopeta que tenía escondida en un armario, y que había comprado previamente con su amigo Dylan Carlson, y cómo tomó una caja de municiones que también tenía escondidas; cómo se metió, con la escopeta y con las municiones, al invernadero de su casa; cómo se fumó cuatro o cinco cigarrillos y escribió una carta para su esposa y para su hija; cómo cargó la Remington, puso Automatic For The People en un reproductor de cds y preparó una dosis letal de heroína; cómo se sentó en el suelo del invernadero y se puso la Remington en el pecho; cómo se inyectó la heroína y, antes de que los efectos de esa dosis de heroína (que, de cualquier modo, lo habría matado), estallaran en su sistema nervioso, se puso el cañón de la escopeta en la boca y jaló el gatillo; cómo el electricista encontraría su cadáver hasta el 8 de abril, y confundiría su cadáver con un maniquí, y luego llamaría a la estación de radio o a la policía...

También pienso en todas las teorías de la conspiración que circulan sobre la muerte de Cobain –¿lo asesinaron?, ¿estaba a punto de desenmascarar a una red de poderosos pedófilos?, ¿planeaba divorciarse de Courtney Love?, ¿su esposa presentía el final de su matrimonio y el final de Nirvana y el final de la mina de oro que era Cobain?, ¿él cambió su testamento antes de morir?, ¿había disuelto a Nirvana?–, pero la canción llegó a su fin y el cigarrillo captura toda mi atención y me quema las manos. 

Ya no resisto más. Y no quiero recaer. Me repito «¡en mayo, cumplirás siete años sin fumar!», y me siento frustrado y aborrezco la abstinencia y también aborrezco a todos esos académicos que publican artículos sobre neurobiología de las adicciones y que nunca han sufrido el infierno de la abstinencia (ni siquiera para una droga socialmente aceptada, como la nicotina), y que nos señalan a los adictos como si no tuviéramos fuerza de voluntad y como si fuéramos unos débiles, unos seres inferiores que sólo seguimos instrucciones, y que somos incapaces de hilar un conjunto de ideas en un texto, o de tomar una decisión, después de evaluar los pros y los contras; y, a veces, también quisiera gritar furiosamente como Kurt Cobain lo hacía y destrozar una Stratocaster zurda como él lo hacía al final de sus conciertos y conectar emocionalmente con miles de personas como él lo hacía, pero, sólo puedo hacer malabares con un cigarrillo, lidiar con mi abstinencia de casi siete años, resistirme y prolongar mi abstinencia al máximo, escribir tonterías (que nadie leerá, excepto si abandono este plano terrenal) sobre todas estas cosas... y contar hasta diez.

domingo, mayo 23, 2021

Serving The Servant | Danny Goldberg (2019)



En este libro cuasi-periodístico de 17 capítulos y más de 300 páginas, publicado por Harper Collins (2019), Danny Goldberg nos comparte su percepción de Kurt Cobain como líder de Nirvana, como estrella de rock y como persona (no necesariamente en este orden). 

Danny Goldberg –fundador de Gold Mountain Entertainment, junto con su colega John Silva–, conoció a los integrantes de Nirvana en noviembre de 1990, poco después del lanzamiento de Bleach –el álbum debut de Nirvana, publicado por la compañía discográfica independiente SubPop–, y se convirtió en su representante en los meses previos al lanzamiento del aclamado Nevermind. 

Su relación laboral con Nirvana abarca la breve trayectoria de la banda –desde que pasaron de tocar en pequeños clubes, para un puñado de personas, hasta que encabezaron los más importantes festivales de música, en arenas y en estadios con capacidad para miles de espectadores–, y le permitió ser testigo del meteórico ascenso de la banda al estrellato y estar involucrado en el proceso creativo, en las finanzas y en las campañas publicitarias de cada uno de los álbumes que la banda publicó con David Geffen Records (la compañía discográfica trasnacional con la que firmó Nirvana después de haber roto su contrato con SubPop), y terminó de manera prematura con la muerte de Kurt Cobain, así que la importancia de su opinión es incuestionable (cuestionar su opinión es otro asunto), tal y como lo avalan los personajes que elogian Serving the servant (de hecho, algunos de ellos son citados en el libro), entre los que se encuentran Michael Azerrad –autor de la biografía autorizada de Nirvana–, Thurston Moore –cantante y guitarrista de Sonic Youth– y Joan Jett. 

Para Danny Goldberg, Kurt Cobain no sólo era la estrella de rock y el líder de la banda más importante del mundo de la primera década de los noventa, sino el sujeto que le compartía sus inquietudes sobre el camino que quería que siguiera Nirvana –no le gustaba tener giras extenuantes ni tocar para miles de personas, pero quería vivir cómodamente y disfrutar a su familia–, que le pedía administrar minuciosamente los ingresos de la banda –cuando Courtney Love entró al mundo de Nirvana, ya no consideró justo que Krist Novoselic y que Dave Grohl recibieran las mismas regalías que él– y que le ayudara a lidiar con los ejecutivos de la disquera y con la prensa que siempre estaban metiéndose en su vida y poniendo en riesgo su estabilidad emocional. 

Asimismo, Goldberg conoció al artista visionario detrás de cada una de las decisiones de Nirvana –según él, Cobain planeaba meticulosamente cada uno de los movimientos de la banda para mantenerla en el inconsciente colectivo, como cuando amenazó con tocar “Rape Me” en los primeros instantes de la presentación de Nirvana en los MTV Video Music Awards de 1992, tanto para desafiar a los ejecutivos de MTV como para darle una probada a la audiencia de lo que sería el próximo álbum de estudio de la banda–, pero también conoció al furioso marido de Courtney Love que la defendió cuando fue exhibida por Lynn Hirchsberg en un artículo de Vanity Fair como una drogadicta embarazada, y también conoció al padre primerizo que viajó al Reino Unido a encabezar el Reading Festival de 1992 a los días del nacimiento de Frances Bean, cuando la prensa daba por hecho la disolución de Nirvana –tenían varios meses sin ensayar– y la banda dio uno de sus conciertos más memorables, y también conoció a la estrella de rock con problemas de adicción a la heroína, que fue incapaz de lidiar con la fama y que, en apariencia, nunca logró asimilar que, al haberse convertido en una estrella de rock y al haber triunfado con su banda a nivel mundial, había traicionado los principios éticos del punk –¡no te dejes seducir por el glamour y el dinero de la industria del rock n' roll!, ¡no te conviertas en un cliché del rock n' roll!– en los que siempre había creído.

De todos los libros que he leído sobre Kurt Cobain y Nirvana –son tantos, que ya perdí la cuenta–, quizá éste no sea el más objetivo –tiene algunos pasajes muy personales; sobre todo, los que están relacionados con los últimos días de Kurt Cobain–, pero, sin duda, es el más completo. 

––––––––––

Goldberg ha sido representante de artistas desde la década de 1960. Fue vicepresidente de Swan Song Records –la compañía discográfica creada por Led Zeppelin– de 1973 a 1975. Es un prolífico escritor (Bumping into geniuses: my life inside the rock n' roll business, 2009; How the left lost teen spirit, 2005) que ha trabajado para revistas como Rolling Stone y Billboard Magazine. Actualmente es presidente de Gold Village Entertainment. 

domingo, marzo 01, 2020

1 de marzo de 1994


El Aeropuerto Múnich-Reim está localizado al Este de Múnich, en un municipio de Bavaria conformado por los distritos de Trudering y de Reim. 

Hasta el 16 de marzo de 1992, fungió como el Aeropuerto Internacional de Múnich y después fue habilitado como un espacio para conciertos de rock y para raves. 

El 1 de marzo de 1994, Nirvana tocó el último concierto de su corta carrera en la Terminal 1 Flughafen München. 

La gira europea de In Utero tenía apenas un mes de haber comenzado y habían tocado en Francia, en Portugal, en España, en Italia y en Eslovenia.

Originalmente, darían otro concierto más en la Terminal 1, pero Kurt Cobain tenía laringitis y bronquitis –terminó en muy malas condiciones este concierto– y tuvo que cancelar la segunda fecha y el resto de la gira. 

Supuestamente, también estaba harto de Nirvana y tenía la intención de dar por concluída su relación musical con Krist Novoselic y con Dave Grohl. Supuestamente había estado tocando canciones acústicas con Pat Smear y quería quedarse con el nombre de la banda e invitar a músicos como Michael Stipe a colaborar con él. 

Los Melvins, a quienes Kurt Cobain admiraba –incluso intentó convertirse en su bajista, antes de formar Nirvana y les pintó la van en la que se trasladaron en su primera gira por Estados Unidos–, fueron la banda “telonera” de este concierto*. 



Nirvana abrió su presentación en la Terminal 1 con My Best Friend's Girl y con Moving In Stereo –dos canciones originales de The Cars– que cantó Krist Novoselic. 

Mientras tocaban Come As You Are, hubo una falla eléctrica que duró alrededor de diez minutos. Ante la tardanza, según algunos rumores en algunos clubs de fans de Nirvana (en internet), la banda estaba considerando la posibilidad de regresar al escenario a dar un concierto acústico, cuando se reestableció el servicio eléctrico. 

Kurt Cobain estuvo apático todo el concierto. 

La primera vez que se dirigió al público fue al finalizar In Bloom y sólo lo hizo para decirles que tocarían una canción de su primer álbum (About A Girl) y que su primer álbum se llamaba Bleach.

Cuando terminaron de tocar Lithium y Kurt Cobain ensayaba los acordes de Pennyroyal Tea, Krist Novoselic tomó el micrófono y le agradeció al público de Múnich por asistir al concierto. 

Novoselic también quiso ironizar y dijo que Nirvana estaba en declive, que el grunge estaba muerto, que el siguiente álbum de Nirvana sería de hip hop y que las letras de sus canciones hablarían de pistolas y de cómo les dispararían con ellas a los policías.  

Al finalizar Pennyroyal Tea, Novoselic quiso continuar con el discurso del hip hop, pero Cobain se molestó y lo interrumpió. Algunos admiradores de la banda aseguran que la relación entre los dos era muy mala desde la gira de In Utero por Estados Unidos y que la ruptura se hizo más notable en la gira por Europa**.


Kurt Cobain fue perdiendo la voz.

Floyd The Barber, Love Buzz, Aneurysm, Been A Son y Endless, Nameless ya habían dejado de formar parte del repertorio que tocaban en vivo durante esa gira.

Esa noche, además de continuar con la tradición y no tocar estas canciones, tampoco tocaron Smells Like Teen Spirit. En el concierto previo en Eslovenia, tampoco tocaron la canción que los hizo mundialmente famosos***. 

Kurt Cobain perdió la voz en School. 

Tocaron Polly, acompañados por la chelista Melora Creager. 

Durante Lounge Act, Cobain tuvo que dejar de cantar uno de los estribillos para recuperar la voz. 

En Rape Me y en Territorial Pissings, Cobain se quedó afónico. 
(Al final de cada canción, incluso se burlo de sí mismo.) 

Nirvana abandonó el escenario después de Territorial Pissings y regresaron a tocar The Man Who Sold The World, All Apologies, On A Plain, Blew y Heart-shaped Box. 

En Heart-shaped box –la última canción que tocaron en vivo en su carrera–, Cobain estaba exhausto y la cantó con desgano y con la voz fatigada. Ni siquiera pudo gritar en los coros. 

La interpretación de esta canción da una idea muy cercana de lo que fue todo el concierto. 

Algunas canciones del concierto en la vieja terminal aérea fueron filmadas con cámaras profesionales y terminaron en la sección de extras del DVD Live & Loud (2013). También existe un audio de todo el concierto –grabado con un equipo amateur–, que está disponible en YouTube.

Tres días después del concierto en la Terminal 1, Kurt Cobain ingresó en estado comatoso a la Unidad Hospitalaria Policlinico Umberto 1 en Roma, debido a una sobredosis de benzodiazepinas y champaña. 

A finales de marzo, cancelaría el contrato multimillonario por la presentación de Nirvana en Lollapalooza y el 8 de abril su cadáver sería encontrado por un electricista en el invernadero de su mansión en Lake Washington. 

Hoy se cumplen veintiséis años del último concierto de Nirvana.


A Note of Nirvana's Last Show
Setlist
The Melvan

___________

*Siendo admirador de esta banda de Montesano, Washington, Kurt Cobain adornó con algunos dibujos suyos la van que usaron durante su primera gira por Estados Unidos. La van ha sido subastada en dos ocasiones y nadie ha querido comprarla. 
**Este año circuló por internet una carta de Cobain dirigida a Novoselic que parece apoyar esta idea. En la carta, Cobain lo despide de la banda y le recrimina haberse convertido en alguien tan pasivo que le dejó toda la responsabilidad creativa a él. También se queja de que Buzz Osborne –el líder de los Melvins– quiere entrometerse en la dirección que debe tomar Nirvana.  
***En algunos sitios de internet, hay admiradores que aseguran que el concierto en Eslovenia fue un favor personal de Cobain a Novoselic –los padres del bajista nacieron en Yugoslavia– y que quería cancelar la gira desde entonces.   

viernes, diciembre 13, 2019

13 de Diciembre de 1993


Me gustaría saber exactamente qué hice el 13 de diciembre de 1993, pero lo único que sé con seguridad es que ese mes fueron las últimas vacaciones navideñas que pasé en la secundaria, que un hermano de mi abuela vino desde Estados Unidos a pasar la Navidad con nosotros y que, exactamente dos días después de mi cumpleaños, las selecciones de México y de Alemania jugaron un partido amistoso en El Estadio Azteca que les sirvió como preparación para La Copa del Mundo de 1994.

Quisiera estar seguro de que uno de los últimos días de clases de ese año hubo una kermés en la escuela, que sorprendentemente el director (que se peinaba como Hitler y que usaba un bigote como el de Hitler y que decían que castigaba severamente a los estudiantes revoltosos) permitió que todos los alumnos lleváramos ropa de civil a ese evento (el uniforme escolar era horrible –parecíamos reclusos–, pero la mayoría nos vestimos como niños en ropa de adultos) y que la canción más escuchada durante ese evento fue una de Vanilla Ice (o una de New Kids On The Block), pero lo más probable es que esté mezclando recuerdos de otros años. 



Me gustaría decir que escuchaba a Nirvana desde el primer año de secundaria –mis primeros días en la secundaria coincidieron con el lanzamiento de Nevermind–, que tenía algunas semanas escuchando In Utero –su lanzamiento ocurrió el 24 de septiembre de 1993 y el acceso a la música entonces era mucho más complicado que hoy–, que ya había escuchado All Apologies varias veces por la radio –el lanzamiento de este sencillo ocurrió el 6 de diciembre de 1993, pero yo sólo escuchaba una estación de radio que pasaba música pop en español– y que, obviamente, estaba enterado de que esa noche de lunes Nirvana tocaría en el Pier 48 de Seattle y que desde la mañana de ese día –independientemente de si tuve clases, o no– me la pasé pensando en ese concierto.

Me gustaría decir que sabía que MTV había planeado que Pearl Jam compartiera escenario con Nirvana y que Eddie Vedder se había enfermado y que entonces Kurt Cobain había accedido a que su banda tocara más tiempo del estipulado y que antes de ellos subirían al escenario una banda de rap (o de hip hop) y las Breeders.

También me gustaría decir que sabía que el evento sería grabado por MTV en su totalidad y que esperaba con ansías la Navidad porque MTV lo transmitiría ese día.


Quisiera decir que entonces ya sabía que Kurt Cobain y Dylan Carlson eran amigos y que incluso Cobain lo había citado en la letra de In Bloom y que los dos habían visto a un dealer unas horas antes del concierto a unas cuadras del Pier 48.

Quisiera no mentir cuando escribo que ya sabía que Kurt Cobain le había regalado a su dealer un pase para el backstage mientras se disponía a abandonar el automóvil en el que habían realizado la transacción y que miraba desde la ventanilla del asiento del copiloto a las decenas de admiradores que se dirigían al muelle a escuchar a su banda y que se sentía incómodo y que odiaba su status de estrella de rock.

Sin embargo, ni el mismo Tom Hansen sospechaba que publicaría una novela autobiográfica más o menos diez años más tarde y que en ella escribiría unos cuantos párrafos sobre estos detalles... ni mucho menos sospechaba que su adicción a los opiáceos lo mantendría alrededor de nueve meses en un hospital, a punto de perder una pierna, y que esa experiencia le serviría de inspiración para escribir American Junkie.

Yo nada más era un adolescente que había asistido sólo a un concierto en toda su vida –a uno de los últimos conciertos de Michael Jackson en El Estadio Azteca en los meses previos–, que desde entonces escuchaba exclusivamente casi todos los días Dangerous en un walkman Aiwa de regreso de la secundaria a la casa de sus papás, que no sabía de la existencia de MTV (además, no teníamos televisión por cable) y que iba a cumplir trece años en una semana. 


La única verdad es que hasta 1995 –más o menos en los meses previos al primer año de la muerte de Kurt Cobain– escuché algunas canciones del concierto Live & Loud de Nirvana del 13 de diciembre de 1993 y que fue grabado por MTV.

Un compañero de la preparatoria me prestó un cassette que había comprado en El Chopo y que traía algunas canciones del Live & Loud y del Unplugged In New York. 

Ya había escuchado el Unplugged, así que sólo me enfocaba en el lado B de ese cassette.
Incluía algunas canciones que ya conocía –para entonces, además del Unplugged, ya tenía Nevermind e In Utero– y lo escuchaba todos los días. 

Si no recuerdo mal, la primera canción de ese cassette era Drain You y le seguían Breed, Serve The Servants –era diferente a la versión de estudio porque Cobain cambiaba "father" por "sister" en el verso, y lo recuerdo bien porque esa parte del cassette de mi compañero tenía un silencio de unos cuantos segundos después de ese verso–, Rape Me, Heart-shaped Box, Scentless Apprentice, Lithium y The End Of The Show, que era una improvisación de ruido después de una versión poco afortunada de Endless, Nameless y que culminaba con feedback de la Stratocaster de Cobain confundiéndose con los gritos del público y con él mismo agradeciéndole y deseándole buenas noches al público. 



Cuando se cumplió un año de la muerte de Kurt Cobain, ya había televisión por cable en la casa de mis papás y MTV iba a pasar un especial de Nirvana –¡de todo el tiempo que habíamos tenido MTV, jamás lo habían transmitido!– y, obviamente, quería verlo.

Por desgracia, la fecha de su aniversario luctuoso coincidió con las vacaciones de Semana Santa y mis papás tenían otros planes: se  habían puesto de acuerdo con unos amigos suyos para salir a algún lugar a nadar, precisamente el día que MTV transmitiría ese programa. 

No pude convencer a mis papás de que me dejaran quedarme en la casa, ni los logré convencer de lo importante que desde entonces ya eran Nirvana y Kurt Cobain para mí. 

Recuerdo haber estado molesto y frustrado, sentado en el asiento trasero del automóvil de mi papá, escuchando el lado B de ese cassette en el walkman Aiwa e imaginando cómo habría sido ese programa especial de Nirvana y cómo habría sido ese concierto Live & Loud. 



Finalmente pude ver ese especial de MTV hasta el tercer semestre de la licenciatura –¡exactamente en abril de 1999!–, porque un compañero lo tenía en VHS y me lo prestó. 

Apenas en septiembre del 2013 –¡cuando se cumplieron veinte años del lanzamiento de In Utero!– salieron a la venta el DVD y una edición especial del álbum con un disco compacto que tienen el concierto completo. 

Obviamente, tengo los dos (curiosamente, el DVD lo he visto pocas veces). 

Hoy este concierto cumple veintiséis años y, mientras escucho The End Of The Show, me pregunto en quién me habría convertido de haber conocido a Nirvana desde la secundaria... o de haberme quedado ese sábado de abril de 1995 en la casa de mis papás y de haber podido ver el especial de MTV y el Live & Loud por televisión. 



Live And Loud

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Miércoles 22 de diciembre de 1993.
Estadio Azteca.
Alineación: Jorge Campos, Jorge Rodríguez, Juan de Dios Ramírez Perales, Ignacio Ambriz, Ramón Ramírez (Guadalupe Castañeda, 79'), Marcelino Bernal, Alberto García-Aspe (Benjamín Galindo, 46'), Joaquín del Olmo, David Patiño (Miguel Herrera, 46'), Luis Roberto Alves, Luis García.

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sábado, agosto 10, 2019

Pulp Fiction de Quentin Tarantino


Me gustaría decir que vi esta película cuando se estrenó en 1994 y que me impresionó tanto que durante algunos meses incluso quise estudiar en el CUEC y que desde entonces seguí la carrera de Quentin Tarantino.

Me gustaría escribir que ya había visto Perros de Reserva (1992) y True Romance (1993) y que había estado contando los días para el estreno de Pulp Fiction, y que esa noche de octubre en la que llegó a las salas de cine de México, mi novia consiguió boletos para una de las primeras funciones en El Palacio Chino y que la película nos impresionó tanto que la vimos docenas de veces y que cada vez que la vimos los dos salimos de la función burlándonos de Honey Bunny y de Pumpkin o imitando los pasos de baile de Mia Wallace y de Vincent Vega. 

Me gustaría escribir que desde antes de ver Pulp Fiction, ya había leído muchas cosas relacionadas con su filmación y que tenía entendido que Tarantino había escrito el guión en Ámsterdam y que ya sabía que Steve Buscemi hacía un papel secundario –disfrazado de Buddy Holly– como mesero del Jack Rabbit Slim's –y que, claramente, era una alusión irónica a su papel como El Señor Rosa en Perros de Reserva*–, y que también sabía que Vincent Vega era hermano de El Señor Rubio de la misma película.

Me gustaría escribir que ya había escuchado muchos rumores de la película y que tenía entendido que Mickey Rourke y que Daniel Day Lewis habían sido considerados para los papeles de Butch Coolidge y de Vincent Vega, y que estaba convencido de que Quentin Tarantino aparecía en los agradecimientos de In Utero (1993) porque le había ofrecido el papel de Lance –el dealer de Vincent Vega– a Kurt Cobain. 


Sin embargo, cuando la película fue estrenada yo no tenía ni catorce años, tampoco tenía novia y acababa de entrar a la preparatoria. 

Ese año, probablemente vi en el cine Mentiras Verdaderas y La Máscara, y me quedé dormido en El Rey León**. 

Además, aunque hubiera sabido del estreno de esta película –y todas estas cosas relacionadas con su filmación– y hubiera conseguido boletos para verla en el cine, quién sabe si me habrían permitido entrar a la función –era una película Clasificación C– y, en todo caso, si me hubiera logrado colar a la sala –no parecía, precisamente, mayor de edad–, quién sabe si habría disfrutado la narrativa no lineal de la trama.

Este año se cumplieron veinticinco años de su estreno y han estado proyectándola en Cinemex. 
Son las once de la noche y acabo de salir de la función. 

Siempre había querido verla en el cine. 

La primera vez que la vi, la vi en un cine club de la facultad. 
Entonces tenía una novia –según ella, ya la había visto en La Cineteca Nacional– y estábamos en el segundo semestre de la carrera.
Nos veíamos solo en la escuela...

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*En una de las primeras escenas de esta película de 1992, El Señor Rosa deja claro que considera una estupidez dejarles propina a las meseras. 
**Hace poco fui a ver la nueva versión de esta película y no me resultó familiar ninguna escena. 

domingo, noviembre 18, 2018

El concierto Unplugged de Nirvana para MTV


Hace 25 años fue grabado el MTV Unplugged In New York de Nirvana. 

Para entonces, los artistas más populares –desde Aerosmith y The Cure hasta Lenny Kravitz, Neil Young y Bob Dylan–, así como las bandas relacionadas con "el sonido Seattle", habían grabado –o estaban por grabar– un concierto Unplugged para MTV. 

Nirvana era quizá la banda más popular en el mundo, y la gente de MTV había estado persuadiéndolos (sin éxito), durante un par de años para que ofrecieran un concierto unplugged. 

Lo clásico era que las bandas invitadas por MTV, tocaran versiones acústicas de sus canciones más conocidas. 

Pearl Jam y Alice in Chains –por citar algunos ejemplos de bandas contemporáneas a Nirvana– tenían varias canciones cuya adaptación al formato unplugged no representaba un cambio tan drástico en comparación con las versiones originales. 

Nirvana tenía pocas canciones acústicas –Polly, Something In The Way, Dumb– y empleaba efectos de distorsión y de feedback que parecían difíciles de adaptar al formato unplugged.

Tal vez por eso habían rechazado la oferta de MTV. 



Cuando llegaron a un acuerdo, MTV le pidió a Nirvana que tocara versiones acústicas de todos sus éxitos, pero Nirvana se rehusó a seguir con la fórmula y le anunció a MTV que además tendría unos invitados sorpresa. 

Los ensayos para el concierto unplugged fueron un desastre –las canciones de los Meat Puppets no sonaban como Nirvana quería, la versión acústica de Pennyroyal Tea con Pat Smear en los coros tampoco satisfacía a Kurt Cobain y nadie de la banda apoyaba la idea de limitarse a tocar versiones acústicas de sus canciones más conocidas. 

Unos días antes del concierto, MTV sospechaba que el concierto sería un desastre. 

Nirvana pasó de ensayar una kilométrica lista de canciones, a tocar ocho canciones de su autoría, una canción religiosa que los Vaselines habían hecho más o menos popular en Escocia, tres canciones de los Meat Puppets –los hermanos Kirkwood fueron invitados a subir al escenario para tocarlas–, un éxito de David Bowie y una canción de Ledbelly que Kurt Cobain había tocado en el álbum debut de Mark Lanegan y que desde entonces había tocado ocasionalmente en algunos conciertos. 



De todos los éxitos que la gente esperaba escuchar esa noche, Nirvana sólo tocó Come As You Are –All Apologies sería otro de los sencillos de la banda, pero el lanzamiento de In Utero tenía unos meses y la audiencia no estaba familiarizada con esa canción, ni con Dumb ni con Pennyroyal Tea.

Kurt Cobain pidió que la escenografía pareciera un funeral y quería que el álbum unplugged de Nirvana fuera semejante al álbum debut de Mark Lanegan. 

También hizo que conectaran su guitarra acústica Martin D18-E de 1959* a un amplificador Fender Reverb –el feedback es evidente en The Man Who Sold The World– y decidió improvisar una versión solista de Pennyroyal Tea –en la primera edición del álbum en cassette, se escucha cometer un error a Cobain antes del estribillo final. 

La actuación de Nirvana sorprendió a sus admiradores y a la gente que consideraba que era una banda efímera y sin mucho talento. 

El alarido final de Kurt Cobain en Where Did You Sleep Last Night? se convirtió en uno de los momentos icónicos de los conciertos unplugged. 

Originalmente, MTV Unplugged In New York sería lanzado como parte de un álbum doble que incluiría este concierto y un concierto eléctrico, pero fue lanzado como álbum sencillo en noviembre de 1994, unos meses después de que el líder de Nirvana fuera hallado sin vida en el invernadero de su casa en Lake Washington. 

Hay muchas historias relacionadas con aquella noche de noviembre de 1993**.

Da click en el siguiente enlace, si quieres saber cuándo compré este álbum: 
Whisky en Navidad.

O en los siguientes enlaces, si quieres saber: 
*¿Quién tiene la guitarra Martin D18-E que Kurt Cobain tocó en el MTV Unplugged?
**Three Feet From God: An Oral History of Nirvana "Unplugged"
  

sábado, mayo 19, 2018

La guitarra Jaguar '65 de Kurt Cobain


En algún momento de 1991, Kurt Cobain compró una guitarra Fender modelo Jaguar '65 que encontró en un anuncio de LA Recycler. 

Supuestamente la guitarra había pertenecido a uno de los Everly Brothers y ya tenía diversas modificaciones cuando él la adquirió a un precio ridículamente bajo: un switch de tres pasos tipo Gibson, un tercer control de volumen y dos pastillas dobles humbucker DiMarzio. 

Cobain comenzó a usar esta guitarra durante la grabación de Nevermind –hay quienes aseguran que fue lo primero que se compró con el cheque que Geffen le otorgó– y se le puede ver con ella en casi todos los conciertos de Nirvana entre 1991 y 1992 de los que se tiene registro visual. 

Festivalpladsen, Roskilde, Dinamarca. 26/6/92
Un mes antes de que su cadáver fuera encontrado por un electricista, Cobain había estado tocando una guitarra modelo Jagstang en la gira de In Utero –la guitarra es un híbrido de los modelos Mustang y Jaguar que Fender había diseñado exclusivamente para él–, pero la guitarra Jaguar '65 se volvió un objeto codiciado por admiradores y coleccionistas. 

Existen varias leyendas alrededor de esta guitarra. 

Algunos dicen que Kurt Cobain se la regaló a Eric Erlandson. 


Otros dicen que la guitarra fue quemada junto a Kurt y que las cenizas de ambos permanecieron en la misma urna hasta que Courtney Love hizo una fiesta con sus amigos y se las fumaron.

En el vigésimo aniversario luctuoso de Kurt Cobain, Fender sacó a la venta una réplica de esta guitarra. 

La réplica tenía los mismos rasguños que la Jaguar '65 de Kurt Cobain y su precio oscilaba entre los $17, 000, para diestros, y los $27, 000 MXN, irónicamente, para zurdos*.


La búsqueda de esta guitarra es la premisa de Guitarra Jaguar, la segunda novela de Erick de Kerpel. 

El jueves pasado fue la presentación del libro en la Librería Mauricio Achar.  

*Cobain era diestro, pero tocaba una guitarra zurda. La Jaguar '65 era originalmente uno de los modelos más económicos de Fender.