sábado, febrero 28, 2026

love in the 90s is paranoid


Damon Albarn dice que el amor es paranoico en los noventa, y, por primera vez, le presto atención a la letra y entiendo a qué se refiere, y, de algún modo, la canción mueve algo dentro de mí, justamente por eso le pedí esta canción a Alexa, en cuanto llegué a la casa me puse a leer un capítulo de Cómo entrevistar a una estrella de rock, más precisamente el capítulo en el que Fernando García entrevista al susodicho.

Me quedé solo en la casa, Lizzie está con sus papás y ya fui al baño y ya les di de comer Royal Canin a los gatos, “Girls & Boys” me remonta a la universidad, cuando acabó la huelga en la UNAM, también me remonta a la película de Danny Boyle –¿cuándo la vi?–, a los libros de Irvine Welsh, a una obra de teatro en la que Osvaldo Benavides interpretó a Rents, en un teatro de San Ángel, en estos días se cumplieron 30 años del estreno de la película de Danny Boyle, asistieron a esa premier Damon Albarn y Noel Gallagher, supongo que también asistió Irvine Welsh, supuestamente él escritor escocés vendrá a México a una Feria del Libro, ¿no sería genial tener un libro suyo autografiado y una foto con él?, vivimos los finales de la era moderna y ni siquiera eso –un libro autografiado por el autor de Trainspotting, ni una foto con él–, llamaría la atención de la Generación Z o de los millennials más jóvenes en ninguna red social, ellos son más de ir con la corriente, de podcasts y Reels con grandes efectos audiovisuales, de IA.

Estos recuerdos me remontan a mis 20s, a hoteles de paso, a noches sin fin, a confusión, a malos viajes de mota, a gente malvibrosa en fiestas de potenciales internos en AA, a Pachamamas de noche y una versión degradada de yuppies durante el día, a punkrockers posers, a mujeres hermosas con sus cabelleras rizadas y con sus ojos espectacularmente oceánicos, a gente que me miraba en esas fiestas de alcohólicos que rondábamos los veintitantos años de edad como si fuera un animal exótico, como si acabara de ser capturado y puesto en libertad en una fiesta de alcohólicos cultos de clase alta.

Nunca le he prestado mucha atención a la música de Blur, no creo haber escuchado nunca Parklife de principio a fin –¡antes pasábamos todas las tardes después de clases, grabando música de CDs a cassettes!–, aunque tengo 13, debí de comprarlo mucho tiempo después de que saliera a la venta, pero cuando salió a la venta la huelga de la UNAM me tenía confinado al ostracismo y pasaba un montón de horas viendo MTV, y en MTV pasaban a todas horas los videos de “Song 2” y de “Coffee & TV”, pero medio me acuerdo de cuando Blur y Oasis –el britpop– sepultó a Kurt Cobain y compañía, acababa de entrar a quinto de prepa cuando “Wonderwall” sonaba por todas partes, mi círculo cercano era más del tipo de Oasis que de Blur –hace rato sonaba “Wonderwall” en Universal Stereo, mientras volvíamos a la casa...

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