
Sobrevivía a una mala temporada, a casi dos años de visitas a gastroenterólogos, a casi dos años de fármacos, diagnósticos fallidos y endoscopías que terminaron en una cirugía, sobrevivía a casi medio año de náuseas matutinas y de mononeuropatías provocadas por tantos fármacos, sobrevivía a casi medio año de odiar mi existencia, de sufrir ataques de pánico a la mitad de la nada, sobrevivía a la convalecencia de la cirugía, sobrevivía a una terrible faringoamigdalitis, estaba tumbado en la cama, lidiando con los escalofríos, como un junkie en abstinencia, apenas hablando lo indispensable sin sentir malestar y tomando líquidos como loco y evitando sales y grasas, cuando me encontré un video de Kurt Vile en YouTube.
Era un tipo alto y con el cabello largo y quebrado, nunca lo había escuchado, tenía una voz estilo “lazy”, como que cantaba despreocupadamente y arrastraba las palabras, también tocaba una Jaguar como la que hizo famosa Kurt Cobain a principios de los 90, y vestía Levi's y una camisa de leñador, y su banda –conformada por un baterista, por un bajista, y por un guitarrista que también hacía efectos con un sintetizador– lo acompañaban en una canción hipnótica en la que destacaba un arreglo de la guitarra eléctrica, su música sonaba a “indie-folk-oscuro” y esa canción en particular movió algo dentro de mí.
Había contraído faringoamigdalitis a mediados de octubre, estuve así durante casi todo el mes y volví a enfermarme por ahí de la segunda semana de diciembre, al salir de una cena de fin de año en casa de una colega de la universidad, tenía más de un mes en convalecencia cuando descubrí a Kurt Vile, no había salido a la calle en toda la semana, incluso yo, que no soy tan nómada y puedo estar encerrado en la casa muchos días, estaba mortalmente aburrido, sintiendo escozor en la garganta y en los ojos, con la nariz llena de mocos, con debilidad muscular, y esa canción sonaba a bienestar, hizo que pensara en que no podía estar enfermo toda la vida, en que me acercaba a la luz al final del túnel.
Llegué al canal de KEXP casi por accidente, a lo mejor atraído por el aspecto del sujeto de cabello quebrado y largo, a lo mejor atraído por su vestimenta, a lo mejor atraído por su Jaguar, a lo mejor mi estado de sopor hizo que sintiera que su música movía algo dentro de mí, que me pareciera “hipnótica” y “psicodélica”, como suelen sentirse las cosas del mundo después de que has estado enfermo tanto tiempo. La canción se llamaba “Wheelhouse” y el arreglo de la guitarra se repetía incesantemente, era la base de la canción, y se me quedó en la cabeza.
Vi el video varias veces más y luego busqué información sobre Kurt Vile en Internet. “Wheelhouse” era el track #5 de B'lieve I'm Goin' Down, «el sexto álbum de estudio del compositor indie-rock estadounidense Kurt Vile», el álbum tenía algunos meses de haber salido a la venta y Kurt Vile tenía, además, otros álbumes con una banda llamada The Violators. Según Wikipedia, Kurt Vile escribía todas las letras de sus canciones, componía la música de todas sus canciones y tocaba la mayoría de los instrumentos en sus álbumes de estudio. La prensa especializada lo asociaba con artistas como Neil Young y Bruce Springsteen; de hecho, con The Violators, Kurt Vile tocaba “Downbound train”, una canción original de Springsteen, en So outta reach, un EP lanzado en el 2011 por Matador Records.
Toda esta información que encontré en Internet me intrigó, quería escuchar más música de Kurt Vile, pero eran otros tiempos, aún me resistía a las plataformas de streaming (no tenía Spotify), así que compré B'lieve I'm Goin' Down en Amazon. Cuando llegó a la casa, la faringoamigdalitis ya casi había desaparecido y estuve escuchando el álbum de principio a fin, me dio la impresión de que sonaba a country y a folk, y que algunas canciones tenían ciertos destellos de optimismo, aunque la mayoría más bien sonaban melancólicas. Cuando ya había escuchado decenas de veces B'lieve I'm Goin' Down y más o menos me lo sabía de memoria y me reintegraba a mi trabajo de postdoc en la universidad, me enteré que Kurt Vile daría un concierto en El Plaza el 4 de febrero del 2017, y (obviamente) compré un par de boletos, ¿cuántas veces tienes la oportunidad de escuchar en vivo a un artista que acabas de conocer?
El sábado 4 de febrero llegó y Lizzie y yo caminamos desde el metro Patriotismo hasta El Plaza, quién sabe por qué me acababa de cortar el cabello, me veía y me sentía tonto, casi como me sentía cuando me obligaban a cortarme el cabello casi cada quince días en la secundaria, había estado lloviendo toda la tarde, iba con ropa de invierno, no quería volver a enfermarme, y no dejaba de sentirme tonto ni de preguntarme por qué había tomado esa decisión tan abrupta de cortarme el cabello tan corto.
Cuando llegamos al Plaza Condesa eran como a las 7 PM, y había unas cincuenta personas por ahí –entre ellas, “la reclu”, una locutora de radio que parece tener un contrato vitalicio como dobladora de los Oscars con TNT–, y también había puestos de mercancía (pirata) del concierto, y Lizzie y yo recorrimos algunos de los puestos y compramos un par de playeras y nos topamos a unos tipos que no hablaban muy bien español pero que estaban muy interesados en comprar unas gorras y unas playeras con la cara de Kurt Vile, y uno de los tipos trataba de comunicarse con un vendedor en un español muy básico.
Ese tipo se me hace conocido, le dije a Lizzie.
¿Es uno de los músicos que tocan con Kurt Vile?, me preguntó, y traté de recordar los rostros de los músicos que había visto en YouTube tocando “Wheelhouse”.
Se me ocurrió acercarme al puesto de gorras y playeras, y ayudarle a negociar al tipo extranjero con el vendedor, pero me puse a pensar en veinte mil escenarios posibles, no quería ser inoportuno ni meterme en donde no me llamaban.
El extranjero apenas hablaba dos o tres palabras en español y sólo llevaba dólares y el vendedor no entendía gran cosa de lo que le decía y tampoco estaba seguro de cuántos dólares tendría que cobrarle por las gorras y por las playeras.
¿Por qué no les ayudas?, me dijo Lizzie y me acerqué al puesto, pero entonces el extranjero y el vendedor ya habían llegado a un acuerdo. En ese momento tuve un insight: otro de los extranjeros del grupo se parecía mucho a uno de los músicos que había visto en YouTube durante la convalecencia y me acerqué a él (con mi corte de cabello de tonto) y le pregunté si él era el guitarrista de la banda y me contestó que sí y le pregunté si podíamos tomarnos una foto y él dijo que sí y posó con una de las gorras que el otro tipo le acababa de comprar al vendedor, así que tengo una foto con Jesse Trbovich en la que salgo con un corte de pelo de tonto.
Lizzie y yo entramos al Plaza, y no había reparado en que tenía más de quince años que no me paraba por allí, desde mucho antes de conocer a Lizzie, por ahí de los años dos mil, cuando la UNAM estaba en huelga y El Plaza era un cine en el que proyectaban películas de culto, hasta un par de veces vi una que otra película de Peter Greenaway o de Jean-Claude Lauzon, y unos tipos me siguieron varias cuadras al final de una función y me puse paranoico y prácticamente corrí hasta el metro Chilpancingo debajo de la lluvia, quién sabe quiénes eran, a lo mejor solo se trató de mi imaginación.
Volví al presente. Quién sabe desde cuándo, pero los tiempos de El Plaza como cine de culto habían quedado atrás, ahora era una sala de conciertos, creo que hasta los Melvins y Mark Lanegan ya habían tocado allí, y las butacas de la planta baja ya no existían y el primer piso era una especie de bar VIP. En ese momento había más gente en esa especie de bar que en la planta baja, tal vez la gente en esa lugar iba a pasar toda la noche bebiendo y platicando mientras Kurt Vile tocaba en vivo, como si estuvieran en cualquier otro bar de la Condesa, tal vez no.
Lizzie y yo buscamos un buen sitio en la planta baja, para entonces ya había unas treinta o cuarenta personas dispersas en la zona general, pero todavía encontramos un espacio libre como a seis metros de distancia del escenario, casi junto a las barras de contención que separan al público de los músicos, y, justo cuando encontramos el lugar, me dieron ganas de ir al baño.
Ahora vuelvo, le dije a Lizzie.
El concierto estaba programado a las 9 PM, todavía faltaba casi una hora, todavía nadie estaba borracho, así que la fila del baño no era muy larga. Mientras la fila avanzaba, me topé a dos o tres tipos que hablaban del Superbowl LI –el día siguiente jugarían los Atlanta Falcons contra los New England Patriots en el NRG Stadium de Houston– y que estaban convencidos de que ganarían los Pats. Otros tipos quién sabe por qué estaban en El Plaza, ni siquiera sabían quién era Kurt Vile, tal vez sólo habían ido al bar del primer piso, a conversar y a beber, con música en vivo de fondo. Llegó mi turno y oriné junto a José Manuel Aguilera, el guitarrista y cantante de La Barranca. Cuando salimos del baño, después de lavarnos las manos, nos miramos unos segundos, quería pedirle que nos tomáramos una fotografía, él quería que le pidiera que nos tomáramos una fotografía, entre los fans de los Pats y entre quienes no sabían quién era Kurt Vile (aunque estaba por empezar el concierto de Kurt Vile), nadie lo había reconocido, pero no pasó nada, me sentí incómodo, Aguilera me sonrío y me extendió la mano y tal vez se quedó esperando a que le pidiera una foto o un autógrafo.
Volví a donde estaba Lizzie, tratando de ahuyentar esos pensamientos que daban vueltas por mi cabeza –«pudiste haber ayudado a Jesse Trbovich y compañía a comunicarse con el vendedor...», «pudiste haberte tomado una foto con José Manuel Aguilera...», «no parecen esa clase de músicos insoportables que llevan guardaespaldas a todas partes...», «pero no hiciste nada...»–, en ese momento salió al escenario el tipo que había comprado las gorras y las playeras con el rostro de Kurt Vile afuera de El Plaza, acomodó algunos pedales de guitarra por aquí y por allá, y luego desapareció: formaba parte del staff de Kurt Vile.
Otros pensamientos me dieron vueltas por la cabeza –«si lo hubieras ayudado, a lo mejor te habría conseguido un autógrafo de Kurt Vile, o el setlist del concierto...», «eres tan tonto, tu corte de cabello es perfecto para ti...»–, preferí contarle a Lizzie sobre mi encuentro con Aguilera en los baños.
Te hubieras tomado una foto con él, me dijo.
De pronto ya sólo faltaban veinte minutos para las 9 PM y de pronto dieron las 9 PM y entonces se apagaron las luces de El Plaza y Jesse Trbovich y algunos de los extranjeros del grupo que había comprado las gorras y las playeras con el rostro de Kurt Vile salieron al escenario. Kurt Vile salió al final de todos, y el público les aplaudió a todos y la banda saludaron al público.
Kurt Vile se colocó su Jaguar y abrió el concierto con “Dust Bunnies”, el track #2 de B'lieve I'm Goin' Down. Cuando terminaron, el tipo del staff, el de la transacción de las gorras y de las playeras, salió al escenario y le ayudó a Kurt Vile a quitarse la Jaguar y a colgarse un banjo –el tipo aparentemente era el técnico de guitarra–, y la banda tocó “I'm An Outlaw”.
“Jesus Fever” fue la tercera canción de la noche y la primera que la mayoría del público identificó, entre una canción y otra, alguien del público pidió “Wheelhouse”, pero Kurt Vile se disculpó y dijo que tendría que ser en otra ocasión. Ni hablar. Luego tocaron “Pretty Pimpin”, la canción más celebrada hasta ese momento, y varias canciones que el público sí conoció. Entonces Kurt Vile se quedó solo en el escenario y tocó “Stand Inside”, esa canción me noqueó emocionalmente, me acordé de todos mis problemas de salud de los últimos años, sentí un nudo en la garganta, que las piernas me temblaban, tuve mi momento con el multi-instrumentista de Pennsilvania, nunca había sentido una conexión tan cercana con ningún artista, con ninguna canción en vivo, y no dejaba de preguntarme qué se sentirá conectar con millones de desconocidos, con tu voz y con una guitarra acústica..., qué se sentirá que la prensa te asocie con Neil Young...
Después de esta conexión tan cercana con “Stand Inside” y de sentirme, en cierta forma, en una especie de MTV Unplugged in New York, la banda volvió a subir al escenario. Tocaron otros veinte minutos, más o menos, y se enfocaron en canciones de B'lieve I'm Goin' Down. Como a las 10 PM cerraron con “Downbound Train” –el cover de Bruce Springsteen que tocan en So outta reach–, con “Baby's Arms” y con una larga sesión de feedback.
Las luces de El Plaza se encendieron poco a poco y poco a poco la gente salió del recinto y el técnico de guitarra apareció otra vez en el escenario y tomó del suelo el setlist y se lo entregó a una persona del público. «Si lo hubieras ayudado a comunicarse con el vendedor hace rato, a lo mejor te habría entregado el setlist a ti», pensé.
Este concierto ocurrió hace casi 10 años.
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