domingo, junio 18, 2017

No se me olvida el 7-0


Hace un año la selección nacional perdió estrepitosamente contra la selección de Chile en Santa Clara, California. Eran los cuartos de final de La Copa América 2016, y Juan Carlos Osorio llegaba a ese torneo con una racha de 9 partidos ganados y un empate. La selección chilena era el campeón defensor. Un año antes, neutralizando casi por completo a Messi, había ganado la final disputada en Santiago contra Argentina. 



Desde el principio, ni la prensa ni la afición estuvieron de acuerdo con la elección de Osorio como técnico de la selección. De un partido a otro, cambiaba casi toda la alineación -incluyendo a los porteros- o hacía que los futbolistas jugaran en posiciones que no les correspondían. El equipo no jugaba a nada. 

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La selección había ganado casi todos los partidos de Clasificación a la Copa Mundial de Rusia 2018 y en esa Copa América había ganado de último minuto a Uruguay, había vencido a Jamaica y había empatado contra Venezuela con un asombroso gol de Jesús Corona. Un sector de la prensa decía que México podría ganar el torneo, pero ese partido contra Chile mostró la verdad: la fragilidad de la defensa, la desorganización en el medio campo y la falta de contundencia en el ataque. 



Hoy la selección juega contra Portugal en Kazan su primer juego en La Copa Confederaciones. Portugal llega como campeón de Europa, después de vencer a Francia en Saint-Denis, y México llega como campeón de la CONCACAF, después de vencer a Estados Unidos en Pasadena. 



Toda la semana he visto notas en internet en las que un sector de la prensa mexicana dice que la selección tiene suficiente nivel para ganarle a Portugal -e incluso para ganar este torneo-, aun cuando hace una semana, en un gris y aburrido partido en El Estadio Azteca, no pudieron vencer a la selección de Estados Unidos y hace menos de un mes perdieron un partido amistoso contra el equipo B de Croacia. 



Esas notas me suenan como a promesas de políticos en campaña electoral.

martes, mayo 02, 2017

Keret en la librería Mauricio Achar


Hace más de un mes aparté dos lugares para la Conferencia Magistral de Keret. La cuota de recuperación incluía un ejemplar de Tuberías y una firma de autógrafos. En ese momento no recordaba exactamente por qué, pero tenía la vaga impresión de que no me habían gustado mucho esa clase de eventos literarios. 

A mi esposa le gustan mucho los libros de Keret y desde que le conté de la conferencia quiso asistir. De hecho, a ella le gusta tanto Keret que yo empecé a leerlo porque me dijo que Kurt Cobain era uno de los personajes de Pizzería Kamikaze




Llegamos a la librería Mauricio Achar más de una hora antes del evento. No había nada que hiciera alusión a la conferencia de Keret. Mi esposa preguntó dónde sería la conferencia y entonces subimos al primer piso por las escaleras eléctricas. Yo esperaba que hubiera una fila, o algo así, pero no había nada ni nadie afuera del recinto.  

Aparentemente éramos los primeros en llegar y alguien nos dijo que podíamos comenzar a hacer la fila, pero no quisimos. La librería en general estaba semidesierta y bajamos a comprar algo para beber. Parecía un martes cualquiera.


No tardamos más de treinta minutos, pero cuando regresamos al recinto ya había unas diez o quince personas formadas en una fila. Al cabo de unos cuantos minutos, la fila se hizo más y más numerosa. Hasta había personas que ni siquiera habían pagado la cuota de recuperación, intentando colarse. Me puse un poco impaciente, porque me incomoda la gente que quiere pasarse de lista. 




Poco antes de las 7, la fila empezó a avanzar y entramos al recinto. Nos tocaron dos asientos muy cerca del escenario, que no era más que un par de sillones y una mesa con un ejemplar de Tuberías.

El lugar estaba lleno cuando empezó la conferencia. Keret habló en inglés y hubo traducción al español más o menos simultánea. El inglés de Keret fue fácil de entender, así que la traducción muchas veces estuvo de sobra. La conferencia fue divertida, Keret contó muchas anécdotas de su vida como escritor, las circunstancias en las que había escrito ciertos relatos y terminó con una serie de consejos para escribir. 




Hubo una sección de preguntas al final de la conferencia, y fue entonces cuando recordé exactamente por qué no me gustan mucho los eventos literarios. Las preguntas fueron de lo más estúpidas. Aunque los organizadores solicitaron que las preguntas fueran breves, las personas seleccionadas para realizarlas hicieron caso omiso. Todas comenzaron adulando a Keret y terminaron preguntándole cualquier cosa. Un tipo hasta se atrevió a sugerirle que escribiera una historia de él -allí, haciéndole esa pregunta-, y una mujer -que probablemente llegó tarde a la conferencia- hasta le preguntó por qué escribía. 

Sin embargo, el momento más insoportable de la sección de preguntas fue cuando una mujer de cabellos verdes y atuendo punk empezó a decirle que Mundos Paralelos había cambiado su vida -claro, después de presumir que ella también era escritora o editora, o ambas cosas- y que quería saber si Keret creía en lo que escribía porque ella estaba convencida de que esos Mundos Paralelos existían en algún lugar. Durante más de una hora, Keret nos había contado que le gustaba la ficción literaria y que no le importaba que sus historias carecieran de congruencia.   




Esa mujer me impacientó y me sentí aliviado de no estar en los zapatos de Keret. Me imaginé cuántas situaciones de esa clase tienen que enfrentar los escritores en las conferencias. Seguramente acaban rendidos, preguntándose por qué tienen que pagar ese precio. Me acordé del capítulo de Mujeres donde Bukowski está hospedado en el mismo hotel que Burroughs, antes de dar una conferencia. La persona que los contrató a los dos le dice a Bukowski que Burroughs no ha salido de su habitación en ningún momento y que le parece que está exagerando y que no debería esconderse de sus admiradores, y Bukowski le dice que él comprende a Burroughs y que los lectores pueden llegar a ser los personajes más insoportables del mundo y que los peores son aquéllos que además creen tener vocación de escritor. 


Estábamos sentados a unos metros de Keret y del traductor, pero en cuanto acabó la conferencia y los organizadores dijeron que Keret firmaría los ejemplares de Tuberías, toda la gente enloqueció y los que llegaron más tarde se formaron en los primeros lugares de la fila. Los organizadores fueron incapaces de poner orden, y mi esposa y yo tuvimos que esperar casi dos horas para conseguir el autógrafo de Keret.

Había personas que llevaban otros libros de Keret y que le pedían que dedicara cada uno de ellos a una persona distinta. Había otras personas que abusaban del tiempo de Keret y de los demás y se la pasaban contándole que ellas también escribían y que sólo estaban buscando una oportunidad. Había familias que hacían que Keret se tomara fotografías con cada uno de los integrantes de la familia y después con toda la familia completa.



Cuando finalmente llegó nuestro turno, yo sólo le dije a Keret que me gustaba mucho su relato de Kurt Cobain. Él nos firmó los ejemplares de Tuberías, los dedicó y nos hizo unos dibujos. 

Acabamos la noche cenando hamburguesas en un Vips de Miguel Ángel de Quevedo, y quejándonos de la gente que se pasa de lista. 

domingo, marzo 05, 2017

Kurt Vile tocó en El Plaza, pero no tocó mi canción favorita


Eran los últimos días de noviembre, llovía, hacía mucho frío y tenía más de una semana sin salir a la calle, cuando escuché a Kurt Vile por primera vez

Ocurrió de manera fortuita. Ni siquiera sabía que existía.

Él y su banda tocaban en una estación de radio de Seattle. La canción que tocaban era larga y tenía un ritmo hipnótico y lento que me hizo pensar en alguna tribu de África. 

En el sopor de la enfermedad, me pareció que la letra trataba de un sujeto que disfrutaba estar solo


La voz era peculiar -casi como un susurro desganado- y la guitarra eléctrica y la batería destacaban sobre todos los demás instrumentos. 


Las demás canciones no me agradaron tanto en ese momento, pero, como todavía permanecí varios días en cama y tuve mucho tiempo para escucharlas una y otra vez, eventualmente terminaron gustándome. 

Cuando pasó la enfermedad y pude salir a la calle de nuevo, ya identificaba varias canciones de Kurt Vile y ya hasta había encargado por internet su último álbum de estudio.


Justamente cuando el álbum llegó a la casa, Kurt Vile y su banda anunciaron que vendrían en febrero a la Ciudad de México. Fue una coincidencia de lo más oportuna, porque raras veces tengo tanto tiempo para escuchar música nueva y comenzar a interesarme en un artista nuevo y además tener la oportunidad de escucharlo en vivo. 

Compré boletos para el concierto, y escuché día y noche B'lieve I'm Goin' Down

En algunas canciones había ciertos destellos de optimismo, pero la música y las letras estaban llenas de pasajes melancólicos y sombríos, en general. 

Kurt Vile no sólo escribe la letra de todas sus canciones, sino que él compone la música y toca la mayoría de los instrumentos en sus álbumes. 

La prensa lo compara con Neil Young.  



Cuando llegó el día, mis expectativas eran muy altas. 

Estaba muy entusiasmado. Hacía tiempo que no me ilusionaba tanto asistir a un concierto. 

No tenía más de dos meses de conocer su música y estaba a unos minutos de escuchar cómo sonaba en vivo. Tenía muchas ganas de escuchar a Kurt Vile.

Estaba seguro que la banda tocaría Wheelhouse.

Llegamos como una hora antes del concierto. 



Afuera de El Plaza, había unas cincuenta personas. 

Había algunos puestos de mercancía pirata del concierto y unos extranjeros se veían muy interesados en los souvenirs. Uno de ellos intentaba darse a entender en un español muy rudimentario con un vendedor. Querían comprar unas gorras y unas playeras, y querían pagar en dólares porque no llevaban pesos mexicanos. Mi esposa me preguntó por qué no me acercaba a ayudarles a comunicarse con el vendedor, pero no le hice caso. 

Al vendedor le costó trabajo hacer un cálculo de lo que costaba su mercancía en dólares, pero al final llegó a un acuerdo con los extranjeros. 

Cuando terminaba la transacción, uno de los extranjeros me pareció vagamente conocido y me acerqué a él. Le pregunté si era el guitarrista de la banda y me dijo que sí, y sin pensarlo mucho se me ocurrió pedirle que me dejara tomarle una foto conmigo. 

Jesse Trbovich accedió y fue muy amable. 



Entramos al Plaza y me sentí un poco idiota porque mi esposa me dijo que a lo mejor los demás extranjeros también eran músicos de Kurt Vile y que yo simplemente los había ignorado. Tenía razón. En ese momento empecé a recordar sus rostros en algunos conciertos que había visto por internet. 

La última vez que había estado en El Plaza, todavía era un cine donde podías beber. 

En la planta alta había algunas butacas que parecían balcones de teatro y también había servicio de bar. A pesar de que el foro era pequeño, esa gente estaba muy retirada del escenario. Me dio la impresión -y lo confirmé más tarde- que a esas personas no les interesaba tanto la música, sino beber y platicar con música en vivo de fondo. 


Quisimos acercarnos lo más posible a la banda, pero ya estaban ocupados los mejores lugares. Aun así, nos quedamos a menos de diez metros del escenario. 

Conforme pasaban los minutos, la gente siguió llegando, aunque el lugar no se llenó por completo. Era un ambiente muy íntimo y me pregunté por qué no había ido a escuchar a Mark Lanegan cuando su banda tocó Blues Funeral allí. 

Trbovich y el resto de los extranjeros que habíamos visto comprando gorras y playeras, salieron al escenario después de las nueve.

Luego, salió Kurt Vile y la banda comenzó a tocar Dust Bunnies. 



Casi sin hacer una pausa, salvo para que su técnico -el extranjero que había intentado comunicarse con el vendedor de piratería afuera de El Plaza- le recogiera la guitarra Jaguar y le ayudara a ponerse un banjo, Kurt Vile tocó I'm An Outlaw. 

El sonido country de esa canción en su versión de estudio no me había agradado para nada, pero me gustó mucho cómo sonó en vivo esa noche. 

Luego tocaron Jesus Fever, la primera canción que todos en el público parecieron identificar por completo. 

Tal vez el momento más ovacionado fue cuando tocaron Pretty Pimpin'.  


La banda tocó durante más de una hora casi todo el álbum B'lieve I'm Goin' Down, algunos de sus éxitos de otros álbumes y hasta un cover de Bruce Springsteen

En algún momento, alguien en el público le pidió Wheelhouse a Kurt Vile, pero él se negó y dijo que sería en otra ocasión. 

En algunas canciones Kurt Vile se quedó solo en el escenario con una guitarra acústica. 

Fue impresionante y conmovedor cuando comenzaba a tocar. Parecía un hipnotista, o algo semejante. Yo sólo lo contemplé en silencio y creí entender por qué algunos periodistas lo comparan con Neil Young

Hasta estuve a punto de llorar cuando tocó Stand Inside.

Espero que Kurt Vile vuelva pronto a la Ciudad de México y espero que para entonces yo ya conozca mejor su música y que él toque mi canción favorita. 




viernes, febrero 10, 2017

El Sexto Piso



Luciano avanzó por las escaleras, mecánicamente. Subió hasta el rellano del cuarto piso, se detuvo y tomó un poco de aire. Notó que le costaba trabajo respirar. Nunca lo había considerado, pero su peso le resultaba un problema. Había subido casi seis kilos en un mes. Sintió cómo le escurría el sudor por la frente y acercó su nariz a una de las axilas. Olía horriblemente, como a Old Spice agrio. Luego, vislumbró una mancha de sudor en la camisa. Odiaba tener que subir tantas escaleras y que la actividad física le manchara la ropa. Aún faltaban un par de pisos.

Luciano volvió a subir las escaleras y llegó hasta el sexto piso, finalmente. Caminó a lo largo de un pasillo poco iluminado y se detuvo frente al número 666. Golpeó la puerta con los nudillos de la mano derecha, un par de veces. Esperó unos cuantos segundos, y volvió a golpear la puerta. Esta vez golpeó cinco o seis veces, con más fuerza. 

"¡Abre de una maldita vez!", vociferó. Fatigosamente, acercó una oreja a la puerta y sólo escuchó el débil maullido de Ripley, el gato de Yedvani, junto con un resuello que salía de alguna parte de su pecho. Después escuchó cómo el gato arañaba la puerta desde dentro, sin dejar de maullar. 


"Vamos, no tengo toda la noche, querida", pensó. Miró su reloj. Faltaban quince minutos para las once. Decidió que forzaría la puerta. Inspeccionó a su alrededor discretamente. Al percatarse de que no había nadie más que él en el pasillo, se puso delante de la puerta y dio unos cuantos pasos atrás. Calculó la fuerza requerida para tirar la puerta de un solo golpe, con base en la distancia a la que se encontraba, pero no se pudo mover. Una especie de sofocamiento lo detuvo. 

Luciano se desplomó junto a la puerta y se llevó ambas manos al pecho. Logró apoyarse contra una pared y sintió que se recuperaba. El pasillo olía a humedad y hacía mucho frío. Se sentó en el suelo, se recargó en la pared y cerró los párpados. 

Yedvani volvió al departamento cuando faltaban quince minutos para la medianoche. Estaba tan oscuro en el pasillo, que ella no se dio cuenta que había un cadáver a unos cuantos pasos de la puerta. 


lunes, enero 02, 2017

Si no te lo pido, no me hables de Jesús



Todo empezó una madrugada en la que bebía alcohol. Me sentí muy mal, como si tuviera algo atorado en la garganta, y como si eso estuviera asfixiándome y no pudiera permitirme ni siquiera tragar saliva. 

Fue una noche infernal, pero a la mañana siguiente, ya me sentía mejor. 


La frecuencia y la intensidad del malestar aumentaron con el tiempo, y tuve que acudir con un especialista. Seguí al pie de la letra los tratamientos médicos durante casi dos años. Tuve que cambiar mi dieta, dejar de fumar y dejar de beber alcohol. Hubo cierta mejoría, pero, cuando terminé los tratamientos, volví a sentirme mal y hasta un poco peor que al principio. 


Tanto medicamento me causó una horrible mononeuropatía y dañó terriblemente mi flora intestinal. Además de los calambres causados por la mononeuropatía, tenía náuseas y esofagitis todos los días, aunque comiera sanamente y no fumara ni bebiera alcohol ni ningún tipo de bebida azucarada o gaseosa. 


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No pasaba un día completo sin sentirme mal. Tras pedir la opinión de varios gastroenterólogos, opté por la cirugía.

Un miércoles me metieron al quirófano. Permanecí en el hospital hasta el viernes por la tarde. Cuando salí del quirófano, me sentía realmente mal, como si tuviera reflujo gastroesofágico. Supuestamente era un malestar normal porque me habían entubado durante el procedimiento quirúrgico. Tenía muchas flemas y estaba desesperado. No pude tomar agua sino hasta el jueves. Sentía que en cualquier momento me ahogaría con mis propias flemas. 



La primera noche en el hospital tuve que permanecer inmóvil, más bien dormitando y viendo la televisión. Repetían juegos de la Champions League todo el tiempo. Pasaban la semifinal entre el Real Madrid y el Manchester City, y otro partido del Villarreal. Odié el futbol. Tal vez desde entonces rara vez veo un partido de futbol.  

También por la televisión pasaban con frecuencia comerciales de la cobertura que harían en FOX durante las olimpiadas de Río de Janeiro. Me sentía tan abatido, que tuve que aferrarme a la idea de que cuando comenzaran las olimpiadas me sentiría mucho mejor. 


Estar acostado en la cama y apenas poderme mover todos esos días que permanecí en el hospital, también me resultó deprimente. La debilidad que sentí al salir del hospital fue todavía más deprimente. Apenas podía dar un paso. Caminaba lentamente y encorvado, como un anciano. Me dolía mucho la herida. 

En la casa sólo me sentía un poco incómodo por la herida y detestaba un poco la cicatriz que me quedaría. Algunos pedazos del hilo quirúrgico de la sutura sobresalían en mi abdomen, y eso me hacía sentir vulnerable. Tan sólo la posibilidad de que el hilo quirúrgico pudiera atorarse con otro objeto y desprenderse y causarme dolor, me atemorizaba. También me atemorizaba la posibilidad de que mis gatos me lastimaran accidentalmente.

Además de todo lo anterior, un día me impacienté. 

Durante la convalecencia, un familiar vino a verme a la casa. Dijo que había orado para mi pronta recuperación y que Gracias a Dios los médicos habían realizado bien la cirugía. Continuó con su discurso Bíblico. Dijo solemnemente "Tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Romanos 8:18". 



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Guardé silencio durante algunos minutos, tratando de despabilarme de esa horrible sensación. Desde niño, he odiado todo lo litúrgico. Cuando mis papás me obligaron a hacer la primera comunión y tuve que acudir al catecismo, no podía dejar de observar a la gente que estaba allí y sentirme infectado de un virus letal. La mayoría de ellos olían mal y se veían sucios, y sus rostros humildes reflejaban que creían ciegamente en Dios. Tal vez no tiene ninguna relación, pero no podía dejar de pensar en la gente de la Edad Media, en el fanatismo de la Inquisición y en la falta de higiene que provocaba epidemias que causaban miles de muertes. 

Cada vez que oigo rezar a alguien, no puedo evitarlo y pienso en todas estas cosas. 


El Triunfo de la Muerte. Peter Brueghel, 1562. 

Mi familiar continuó orando en mi casa, aun sabiendo que yo no estoy de acuerdo con sus creencias. Cada vez que tiene oportunidad de pregonar la palabra del Señor, no la deja escapar. No quise darle importancia al asunto, pero simplemente no pude ignorarlo. 

¡No había transcurrido ni una semana desde la operación! 

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Me sentía mal, débil, exhausto, sin ánimos de escuchar cosas que no me hacen falta.
Me exasperó y lo interrumpí. Le dije que la cirugía había salido bien, gracias a los médicos; no, gracias a Dios. Se disgustó, y me dijo que seguramente yo creía que los humanos proveníamos del chango. Yo le respondí que no proveníamos exactamente del chango, pero que desde luego tampoco proveníamos de un ser Todopoderoso.  


Entiendo, hasta cierto punto, que muchas personas necesiten creer en un Dios. Yo no hablo de Dios porque tengo una opinión negativa acerca de la religión y porque no necesito tratar de convencer a nadie de que está equivocado por creer ciegamente en un libro que fue escrito hace 1 500 años, por quién sabe cuántos miles de personas, con quién sabe cuántos miles de intereses que han ido cambiando a lo largo del tiempo. Considero que cada quién decide en qué creer, pero no soporto que nadie quiera imponerme sus creencias, o que me trate como si yo no supiera que en realidad estoy buscando a Dios.

No puedo evitar imaginarme que si tuviera un hijo, tarde o temprano alguien de la familia le impondría una creencia. La idea me tortura por muchas razones. No soportaría que alguien le inculcara cualquier tipo de creencia, aun sabiendo que yo no soy creyente. Odiaría tener un hijo sin sentido común. 

jueves, diciembre 08, 2016

Cuando Lee Ranaldo musicalizó Viaje A La Luna en el Auditorio Blackberry

El domingo por la tarde cumplí apenas 6 meses de haber pasado por una cirugía. 

Unas horas antes de ir a ver una serie de cortometrajes de Georges Méliès en El Auditorio Blackberry, me acordé.



No soy aficionado al cine de culto. En general no soporto las películas en blanco y negro. Nunca había visto El Viaje A La Luna. Tampoco estaba familiarizado con el trabajo de Méliès.

El evento me interesó porque los cortometrajes serían musicalizados en vivo.


La banda estaría integrada por John MedeskiKenny GrohowskyMike Rivard -a quienes tampoco conocía- y por Lee Ranaldo


Aunque sólo había asistido a otro evento semejante, cuando Antonio Sánchez musicalizó en vivo Birdman en El Teatro Metropólitan, y no me había gustado del todo, como Sonic Youth es una de mis bandas favoritas, no quise perderme la oportunidad de escuchar a Lee Ranaldo en vivo, una vez más.


No sabía qué esperar  del evento, pero estaba muy emocionado. Imaginaba que la mayoría de los asistentes sí serían aficionados al cine de culto y que no les interesaría tanto ver a los músicos como escuchar la forma en que la música complementaría los cortometrajes, así que creí que sería sencillo estar cerca del escenario y por eso compré boletos de pista. 



Llegamos casi una hora antes del evento. Afuera del auditorio, había unas cuantas decenas de personas formadas en tres filas. Era obvio que podríamos estar justo frente al escenario, si queríamos. Además de que había pocas personas, la mayoría de ellas iban vestidas como mucha gente que va vestida al teatro y no me pareció que quisieran estar de pie ni frente al escenario.


En el mezzanine del auditorio, vi a un grupo de personas que comenzaba a colocar mercancía sobre una mesa. Como aún no abrían los accesos a la pista, me acerqué a la mesa. Las personas estaban acomodando algunos discos de Lee Ranaldo, un pequeño libro escrito por Lee Ranaldo y algunos pósters del evento. Pregunté por los precios de los discos y un tipo amable me dijo que Lee saldría a firmar algunos discos después del evento, por si me interesaba. 

Compré un par de discos antes de que se acabaran.


Abrieron las puertas de acceso al auditorio y nos colocamos justo frente al escenario, a escasos metros de donde estaba la guitarra Jazzmaster de Lee Ranaldo


El evento fue mucho mejor de lo que esperaba. Aunque le presté más atención a la banda que a los cortometrajes, mis cortometrajes favoritos fueron Alucinaciones Farmacológicas y Fausto En Los Infiernos


A la salida, empecé a ponerme nervioso porque ya estaba obsesionado con la idea de que Lee Ranaldo me firmara uno de los discos que había comprado. 

Nos formamos rápidamente en una fila que habían hecho dos personas adelante de la mesa donde había comprado los discos, pero de repente salió gente de todas partes y fuimos a dar varios metros lejos de la mesa. 


Al cabo de unos cinco minutos, Lee salió al mezzanine. Por un momento, creí que no obtendría su firma, porque todo estaba lleno de gente. Sin embargo, me abrí paso a empujones entre varias personas que no habían respetado la fila y que tampoco habían comprado nada para que Lee se los firmara. 


A unos metros de él, escuché que le preguntaba su nombre a la persona que estaba antes de mí en la fila. Cuando llegó mi turno, le di mi nombre a Lee y le dije que se escribía igual que el de Proust, para evitar confusiones. 

Lee se rió y me dijo "Just like Duchamp, too".


Creo que no había estado tan nervioso en mucho tiempo; ni siquiera cuando me metieron al quirófano hace 6 meses y el anestesista comenzaba a platicarme cualquier cosa mientras la anestesia surtía efecto. 

  

lunes, diciembre 05, 2016

Si vas a escuchar a Eagles Of Death Metal, escúchalos en vivo


Durante casi todo un mes tuve faringitis y a finales de noviembre apenas estaba recuperándome. 

El domingo 20 por la mañana nos regalaron boletos para el Corona Capital 2016. Un primo de mi esposa tenía dos boletos y no podría asistir. 


Había estado haciendo mucho frío y yo no quería enfermar de nuevo, pero había un par de bandas que tocarían esa noche y que tenía ganas de escuchar. 


Courtney Barnett había tocado la noche del sábado en el mismo festival. Tengo más de un año escuchando su música y me gusta mucho, así que estaba arrepentido por no haberla escuchado en vivo.



En general, el festival tenía un cartel poco atractivo para mí y estaba plagado de música electrónica. Tampoco me interesaba Lana del Rey ni Grimes. 

De las bandas que tocaron el sábado, sólo quería escuchar a Courtney Barnett. 


De las bandas que tocarían el domingo, quería escuchar a Eagles Of Death Metal y a Suede


Mi esposa quería escuchar a Peter, Bjorn & John y, como yo había leído que el primer álbum de Warpaint lo había grabado John Frusciante, o algo así, tenía curiosidad por saber cómo sonaba. 


Acabamos de desayunar, limpiamos la casa, nos arreglamos y salimos como a las dos de la tarde.




Caminamos varios kilómetros a lo largo de la pista de El Autódromo Hermanos Rodríguez y llegamos justo a tiempo para escuchar a Peter, Bjorn & John en el escenario Doritos

Sólo había escuchado Young Folks, y me imaginaba que todas sus canciones sonarían así y que me aburrirían después de un rato, pero pasó lo contrario. Su sonido me gustó. No todas las bandas nórdicas suenan a Muse.   



Eagles Of Death Metal tocarían en el mismo escenario después. 

La gente que había escuchado a la banda sueca, se fue poco a poco y mi esposa y yo nos colocamos como a diez metros del escenario.   


A unos quince minutos de que la banda saliera a tocar, llegaron un montón de personas y unos adolescentes gigantes se pusieron justo enfrente de nosotros. Empezaron a fumar tabaco y marihuana como locos. El olor no fue lo peor, sino que nos taparon la visibilidad.


Una de las chicas que iba con los gigantes, se dio cuenta que sus amigos no nos dejaban ver el escenario y les dijo. Ellos se hicieron a un lado, pero casi de inmediato llegaron otros gigantes y ya no pudimos hacer nada.   



Podría presumir que empecé a escuchar a EODM porque me gustan mucho Queens Of The Stone Age y porque alguien me dijo que Josh Homme tocaba en las dos bandas, pero la verdad empecé a escucharlos por morboso, porque era la banda que tocaba en el Bataclán cuando ocurrió el ataque terrorista en París hace más o menos un año. 

Algunas personas murmuraban cosas relacionadas con ese suceso. 


En medio de música de mariachis, la banda salió al escenario a las 7 de la noche. Saludaron brevemente al público y Jesse Hughes dijo algunas palabras. 

La banda abrió con I Only Want You


Tocaron varias canciones que me gustaron mucho más que la mayoría de las versiones en estudio que había escuchado. 


Entre una canción y otra, Jesse Hughes habló mucho con la audiencia, aprovechó para recordar los aciagos sucesos de París y para agradecerle al público mexicano su entusiasmo. 

También se dio un momento para recordar a David Bowie, que había muerto apenas en enero, y la banda le rindió un homenaje con un cover de Moonage Daydream


La banda también tocó Save A Prayer, un cover de Duran Duran. Me gustó tanto esa canción que no he dejado de escucharla desde entonces.



Sólo tengo que decir una cosa: si vas a escuchar a Eagles Of Death Metal, escúchalos en vivo. 


Setlist Corona Capital 2016