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miércoles, julio 09, 2025

And know I'm ready to close my mind



Camino por un pasillo de la universidad, busco un baño, estuve aquí casi 3 horas, los colegas me dieron un tour, conocí el laboratorio de neurociencias, tienen más de 10 cajas operantes de Skinner, ¡todas funcionan simultáneamente!, tienen un montón de laberintos y equipos para analizar muestras biológicas, también conocí la biblioteca, tres o cuatro lugares para comer dentro de la universidad, cada uno parece la sección de comida de cualquier plaza comercial pero con sillones y asientos súper cómodos, tanto en interiores como en exteriores, hay hasta un jardín para meditar, una cancha de béisbol, una capilla, cafeterías, auditorios, salas de cine, en fin, estoy menos tenso, esa sensación de tirarse al agua cada vez que voy a dar una clase o charla, no desaparece. Y eso está bien, el día que me dé igual, me dedicaré a otra cosa.

Toda la semana estuve trabajando obsesivamente en mi charla de 20 minutos. Desde que me desperté temprano esta mañana, lo único que quería era impatirla ya, terminar con la tensión.

Estoy a unos metros del baño y pienso en el futuro próximo en esta universidad. Hace veinte años, empecé aquí como profesor de asignatura; fue mi primera experiencia. También pienso en los detalles de mi charla de 20 minutos y la entrevista, de hace casi dos horas. También pienso en otras cosas del tour que me dieron mis colegas, percibo cierta incomodidad entre ellos, tal vez no se caen bien, tal vez es mi impresión. También pienso en si realmente tengo posibilidades de conseguir una posición de académico de tiempo completo a largo plazo, o si todo seguirá como siempre.

De repente, una canción suena en medio del pasillo, creo que proviene de un altavoz que está oculto en las paredes. Son sólo tres acordes de guitarra eléctrica, seguidos del bajo y de la batería, y los he escuchado otras veces. La guitarra suena distorsionada, tiene un sonido como de punk de los 70, un poco de fuzz, y sé que he escuchado estos acordes miles de veces, pero no puedo identificar qué canción es exactamente. Recuerdo vagamente a una mujer cantándola, quizá Kim Gordon, pero sé que no es una canción de Sonic Youth ni de Kim Gordon. Entonces, un hombre canta...

«So messed up I want you here
In my room I want you here»

... pero no reconozco la voz del hombre, me confunde aún más. Supongo que mi memoria esperaba una voz diferente, pero no sé exactamente qué tipo de voz. Es como si hubiera escuchado esta canción miles de veces antes y simultáneamente estuviera escuchándola por primera vez.

Me detengo y cierro los ojos. 

¿Cómo se llama esta canción?, me pregunto y escarbo en las profundidades de mis recuerdos. 

Es posible que hace veinte años, cuando tuve mi primera oportunidad como profesor de asignatura en la vida y en esta universidad, también haya caminado por este pasillo con la vejiga a punto de estallar y que también haya escuchado esta canción. Quizá esta canción forma parte de la programación de la estación de radio de la Ibero. Uno de mis colegas me contó que Carlos Velázquez, uno de mis escritores de cabecera, vendrá mañana a una entrevista, creo que hablará sobre El menonita Zen y sobre las ediciones de todos sus libros que ahora publicará Planeta. 

Hace veinte años ya existía esta estación, hasta Nos Llamamos y Los Silencios Incómodos vinieron a un programa que conducía un tal Uriel Waizel, creo que el programa se llamaba Clickaporte.

Aggh

Han pasado veinte años desde entonces y sin embargo otra vez estoy empezando de cero. Este sentimiento es tan familiar. Nadie me conoce aquí, nadie me recuerda, nadie sabe quién soy, nadie conoce mi trayectoria. Quién sabe a qué se dediquen los estudiantes a quienes les di clases aquí, volveré a ser profesor de asignatura en la Ibero, pero soy veinte años más viejo, tengo una experiencia de más de 70 cursos de pregrado y una decena de posgrado, he publicado casi 20 artículos en revistas internacionales evaluadas por pares, el más reciente fue publicado en febrero de este año y lo escribí prácticamente yo solo en tres meses, con todo y hérpes Zóster, en el desempleo, porque la universidad en la que trabajé casi 6 años prefiere contratar a psicólogos clinicos, a biólogos y a químicos, un SNII 2 con mi perfil de psicólogo biomédico, no les interesa, quién sabe qué piensan de la psicología y de la biomedicina, quién sabe cuánto les interesen los estudiantes.

Francamente no sé si ésta será mi última experiencia en la academia. Quizá deje de buscar plazas de académico de tiempo completo definitivo, quizá me gane la lotería este fin de semana y salde todas mis deudas y luego haga un viaje loco a Seattle y me lleve un libro de Chuck Klosterman y me noquee una iv de heroína y me sepulte en el país de Nunca Jamás, quizá me convierta en un frívolo tiktoker y me corte el pelo y me quite los aretes y cree un personaje que parezca psiquiatra o algo así, y luego vuelva a México y mande a volar a todos los sell outs que forman parte del sistema académico que conozco y que voltean a otro lado cuando ocurre una injusticia para no perder su chamba (como que, en consenso, aprueben que un pésimo profesor gane un premio a la docencia), quizá les recuerde a esos sell outs que ellos y yo comenzamos al mismo tiempo en esa universidad y que yo tengo un perfil mejor que el de ellos y que es incomprensible que ellos tengan ya plazas de tiempo completo definitivo y que yo continúe en el limbo, quizá me decida realmente a buscar dónde publicar una novela, quizá tú leas esto y digas Voy a darle una oportunidad a lo que escribe, quizá no todos somos iguales y algunos nos resistimos a ser autómatas y a actuar, pensar y hacer cualquier cosa como si estuviéramos fabricados en serie, quizá todo siga igual, quizá solo envejezca y las deudas vayan acumulándose, pero, en fin, como dijo Neil Young –quien no es el autor de esta canción que aún no identifico–, la música nunca muere. 

Aquí estamos de nuevo, y pase lo que pase, podré cerrar los párpados en algún momento y escuchar una canción que me guste.