domingo, marzo 09, 2025

Aquí está la cabeza sin cuerpo, más allá no hay nada


Caminé más de una hora, desde Hidalgo hasta Tlatelolco, ya ninguna estación del metro estaba abierta, traía mi mochila y la MacBook, tenía muchísimo trabajo y hacía muchísimo calor, y Karina y yo nos habíamos separado, precisamente, en Hidalgo –en el último convoy de la última estación de la línea azul que daba servicio–, entre decenas de mujeres con pañuelos morados y verdes que gritaban consignas. Esa multitud de mujeres apoyándose entre sí, me había estremecido –¡vaya lugar común!–, había resultado contagiosa; en el momento, sentí que una especie de éxtasis (¿de protesta...?, ¿de rebeldía...?, ¿contra el sistema...?, ¿contra la injusticia...?) recorría mi piel como la descarga eléctrica de una anguila, y me remontó a lo que había sentido 6 años atrás, cuando avanzaba entre otra multitud en una marcha por la avenida 5 de mayo, exigiendo el final de una huelga que iba a cumplir 3 meses, en una universidad que creía que se convertiría en mi hogar académico. Por fuera del metro, me acerqué a La Alameda Central, siempre guardando mi distancia, apenas para observar a las mujeres que marchaban para congregarse con otras mujeres en algún punto de El Centro Histórico. Otra vez sentí esa especie de descarga eléctrica recorrer mi piel. De pronto, me acordé de cómo me había sentido cuando avanzaba entre otra multitud que se precipitaba por la calle de Añil hacia El Palacio de Los Deportes la noche en la que Pearl Jam tocó por primera vez en México. Entonces tenía veintipocos años. Ni siquiera conocía a Karina. 

Ver y escuchar a esos grupos de mujeres era tan contagioso y tan similar a lo que había sentido en la marcha del 2019 y en la caminata desde Velódromo hasta El Palacio de Los Deportes en el concierto de Pearl Jam del 2003, pero a la vez resultaba imposible de dimensionar. Karina quería estar en la marcha y se sentía segura en ese contingente de mujeres a las que había conocido meses atrás en un grupo de Facebook, yo sólo la había acompañado a la estación Hidalgo. 

Varias calles alrededor de Juárez y de Bellas Artes estaban cerradas, así que caminé por Reforma y por Eje Central y crucé Eje 1 Norte, la mochila ya era un peso demasiado incómodo, traía los audífonos puestos, no recuerdo qué iba escuchando, quizá algo de rock en español –a Santa Sabina, a Las Ultrasónicas, a Julieta Venegas, no sé, alguna canción que me hizo reparar en que casi nunca escucho rock en español y en que casi nunca escucho rock en español hecho por mujeres–, a lo mejor Rita cantó desde otra dimensión...

Aquí está la cabeza sin cuerpo;
más allá, no hay nada...

... y tenía sed pero mis piernas aún respondían, no mostraban signos de cansancio, probablemente se debía a que estaba acostumbrado a correr entre 70 y 80 kilómetros al mes, y me sentía feliz por Karina y sin embargo no dejaba de pensar en que tenía muchísimo trabajo, en que el trimestre más o menos había empezado en la universidad, en que la convocatoria del SNII acababa de ser publicada, en que tenía 3 años sin modificar mi CVU porque mi distinción estaba vigente, en que el SNII tenía una nueva plataforma y que no la conocía del todo, en que sólo tenía poco más de 2 semanas para llenar mi solicitud y enviarla al SNII, en que era Investigador Nacional Nivel I y en que buscaría la promoción al siguiente nivel. 

La sed era insoportable, me detuve a unos metros de un semáforo, cerca de una estación del metrobús, un vagabundo pasó junto a mí, se parecía vagamente a Dave Pirner, y olía horrible, y puse cara de “pocos amigos” para evitar cualquier confusión, para guardar distancia, no era que no estuviera dispuesto a ayudarlo sino a que temía que me confundiera con un novato; a la distancia vi que el metrobús iba hasta la madre, saqué mi botella de la mochila, el vagabundo y su aroma ya eran historia, y tomé un poco de agua y me sentí aliviado momentáneamente. Hacía muchísimo calor pero el calor era muchísimo mejor que el frío, y volví a pensar en todo el trabajo que tenía que hacer, en los 2 cursos de licenciatura que comenzaba a impartir, uno que ya conocía duraba 3 horas y otro que tenía que preparar desde cero duraba 6.5 horas. Y también pensé en que tenía que impartir 3 charlas de divulgación de la ciencia –una para el Sleep Fest y otras 2 para conmemorar la Semana del Cerebro–, y en que también iba a moderar una mesa redonda de “Sustancias psicoactivas y cerebro”; así se llamaba el evento ya cuando me involucraron, yo no le puse el título. 

Suspiré, quién sabe a cuántos grados estábamos, el sol de marzo me hacía pensar en que la primavera ya estaba en su clímax, quizá sólo era un efecto del calentamiento global, pero yo prefería ese sofocante calor que el invierno, era mil veces más práctico ir con una playera y con Levi's y con calcetas y con sneakers que ir con todo lo anterior y además con un suéter de lana y con una chamarra gruesa y con un gorro grueso y con guantes de lana y apenas poderte mover, avanzar por las calles como si fueras un muñeco de Navidad con 2 articulaciones. 

Proseguí mi camino, ya había quedado atrás Garibaldi y me adentraba en La Lagunilla, creo que vi cómo la luz del sol chocaba contra el asfalto y del asfalto emergía un vapor apenas distinguible, cuando sonó mi teléfono, y contesté, un colega me dijo brevemente que nos habían dado 4 días para terminar el plan de estudios en el que estábamos trabajando desde el verano pasado, y entonces me acordé de que colaboraba en la elaboración de ese plan de estudios para una nueva licenciatura, con él y con otro colega, y en que, entre los 3, habíamos desarrollado alrededor de 40 tópicos para esa licenciatura, que habíamos incluido programas de estudios para cada tópico, bibliografía para cada tópico, potenciales docentes para impartir cada tópico y potenciales métodos de enseñanza y de evaluación para cada tópico, entre otras cosas. Y, sin embargo, esa nueva licenciatura que nos acercaría a mi interlocutor y a mí a “La Tierra Prometida” de un concurso de oposición, no estaba garantizada.

Antes de colgar, mi colega me dijo que acababan de enviar un paper a revisión al Journal of Affective Disorders y entonces, cuando colgamos, recordé que tenía unos cuantos días para terminar de contestarles a los 3 referees de una revisión, en la que era primer autor, que habíamos enviado al Journal of Neuroimmunomodulation a finales de diciembre; nos habían respondido en febrero y ya estábamos en el Round #2, y los referees prácticamente ya habían dado su Vo Bo y el paper estaba a punto de ser aceptado para su publicación, excepto que uno de ellos –el más exigente de todos– nos había pedido extender la discusión y explicar por qué no habíamos incluido estudios con animales libres de gérmenes. Ese referee también sugería incluir una figura que resumiera los puntos más importantes de la revisión. Hacía más de un año que había propuesto esa revisión al grupo de investigación con el que había colaborado, y, en realidad, como que a nadie le parecía importante, a todos les valía madre; más bien, hasta una de las Investigadoras Principales de ese grupo de investigación me había hecho sentir como un novato, como si ese fuera mi primer paper, como si nunca hubiera escrito nada en inglés, como si nunca hubiera escrito nada en español; en fin, cosas que uno debe digerir, a veces, cuando nadie te arropa, cuando no tienes un equipo de campaña que te apoya, que incluso enfatiza cuándo su protegido se acaba de amarrar las agujetas y se dispone a dar un paso por un pasillo de la universidad. Era una revisión narrativa de la literatura de antibióticos en modelos animales de enfermedades neurodegenerativas y de enfermedades neuropsiquiátricas. Evaluábamos el impacto de esos antibióticos en la microbiota intestinal; algunos estudios revelaban efectos neuroprotectores de los antibióticos; otros estudios mostraban que los antibióticos exacerbaban tal o cual enfermedad. También hablábamos del eje intestino-cerebro y su relación con la depresión, con el Alzheimer y con el trastorno del espectro autista. 

Metí mi botella en la mochila y me sentí agobiado. ¡Tenía poco más de 2 semanas para terminar todo ese trabajo!

Retomé el paso –¿cuántos kilómetros había caminado ya?– y vi a varias personas saliendo de edificios de oficinas, probablemente era ya la hora de la comida, y me acordé de otra marcha –¿la del 8 de marzo del 2017...?–, en particular de una situación incómoda con un fulano de Facebook. Una ex amiga había compartido una nota sobre esa marcha del 2017 en su muro de Facebook, la nota decía que un contingente de mujeres había corrido a un hombre –a un periodista más o menos famoso–, que quería marchar con ellas, y no entendí exactamente qué había hecho ese periodista para que las mujeres lo corrieran de la marcha, y se me ocurrió preguntarle a Gina qué había pasado –Gina y yo nos conocíamos desde el 2007– y no me contestó, pero sí lo hizo este fulano, quien resultó ser uno de esos personajes que sólo necesitan leer un breve comentario tuyo en Facebook para hacer toda una radiografía de tu vida, meterse en tu cabeza, y adivinar todos tus movimientos: qué hiciste ayer y qué harás en los próximos veinte años, cuál es tu máxima aspiración, cuál es tu máxima motivación..., y el punto es que ese fulano me atacó, me llamó machista, me llamó retrógrada, me llamó ignorante, aseveró que yo no respetaba a las mujeres, que nunca pensaba en mi mamá ni en mis abuelas..., y veinte mil cosas más. Luego, cuando le dije que leyera bien lo que le había preguntado a Gina, tuvo que disculparse. 

Llegué a otro semáforo en rojo y me pregunté qué sería de Gina y de ese fulano –¿Gina estaría también en esa marcha del viernes 8 de marzo del 2024...?, ¿el fulano seguiría leyendo comentarios en Facebook y jugando al adivino...?– y de pronto tuve un mal presentimiento: ¿qué tal si algún medio masivo de comunicación, sólo para tener algo de qué hablar ese día, provocaba un acto de vandalismo, a lo mejor infiltraba a unos esquiroles en la marcha para que arrojaran piedras y luego apareciera todo esto en la tele y algunos de mis ex compañeros de la primaria o de la secundaria, o algunos de mis vecinos o de mis familiares políticos, satanizaran la marcha. 

No podía apartar de mi mente cuánto deseaba que Karina estuviera bien con ese contingente de mujeres que había conocido en un grupo de Facebook, cuánto quería que disfrutara sentirse parte de algo más grande que los dos, más grande que todos esos tontos hombres que tienen abuela, madre, hermana, esposa e hija y que sin embargo no se enteran de nada, excepto de lo que les dicen por tele, por radio y por redes sociales; ya no me importaba ni el calor ni el cansancio que iban resintiendo mis piernas. También me dolía la espalda. Hacía tiempo que la mochila era mucho más que un peso incómodo.

Estaba a unos pocos kilómetros de mi destino y me sentí agobiado otra vez, volví a pensar en que tenía mucho trabajo y poco tiempo para resolverlo, odié un poco mi situación, nada era seguro, todo era temporal, como siempre, y también pensé en que estaba fuera de sitio lo que estaba haciendo: no podía darme la oportunidad de caminar y caminar desde Hidalgo hasta Tlatelolco, cada segundo era un segundo que podía aprovechar para adelantar trabajo. 

Finalmente, entre las dos y tres de la tarde, llegué al departamento de mi hermano y nos pusimos a platicar, me dijo que mi cuñada también estaría en la marcha, que también sería la primera marcha de mi cuñada, que mi cuñada también estaba muy feliz por integrarse a la marcha, y yo le dije que estaba enterado, que incluso mi cuñada y Karina se encontrarían en algún punto de la marcha. 

La tarde transcurrió y ellas dos se comunicaron con nosotros varias veces por What's, y mi hermano y yo salimos a comer, tenía planeado trabajar en un poco de todo lo que tenía que hacer, pero ya no hice nada, estaba exhausto, y después fuimos por ellas en el auto de mi hermano, creo que las vimos en El Monumento a la Revolución o en Garibaldi, ya eran más de las siete de la noche, y Karina y yo regresamos a la casa después de las nueve, y ella me dijo que la había pasado muy bien, y me contó muchas cosas, algo sobre un hombre que había ido a estropear la marcha, un provocador que se empecinó en pasar con su moto precisamente en medio de los contingentes de mujeres, y también me contó muchas cosas tristes, muchas historias de mujeres que quisiera que nadie tuviera que vivir, que quisiera que no fueran reales y que nadie tuviera que soportar, y me dijo que en la marcha se encontró a algunas conocidas que no veía desde hacía mucho tiempo y que también vio a algunas celebridades, y que se sintió contagiada de esa rabia y de esa felicidad que sólo las mujeres pueden entender por sobrevivir en un mundo gobernado por hombres idiotas, de esos que tienen abuela, madre, hermana, esposa e hija y que no se enteran de nada y que sólo repiten lo que les dicen maliciosamente en tele, en radio y en redes sociales. 

Pasé algunos sábados y domingos trabajando sin descanso, pero, eventualmente, resolví todo lo que tenía que hacer en poco más de dos semanas, me adapté a mi horario de 9.5 horas de clases a la semana, impartí las 3 pláticas de divulgación que tenía que impartir, les respondí a los 3 referees, alguien me ayudó con la figura que había solicitado el referee más exigente y envié mi solicitud al SNII.

Hace un año de todo esto, en el recorrido obtuve la distinción de Investigador Nacional Nivel II y la licenciatura en la que trabajábamos dos colegas y yo se fue al diablo, y la revisión fue publicada en el Journal of Neuroimmunomodulation, y no estoy trabajando en ninguna universidad por el momento, y no me he quedado con los brazos cruzados, he participado en 6 convocatorias para plazas de académico de tiempo completo en los últimos 4 meses, en cada una de ellas buscan a personas que no tienen mi perfil –a psicólogos clínicos que no necesariamente los evalúa el área de Biología y Química del SNII; a biólogos y a químicos y a psiquiatras que no necesariamente distinguen entre condicionamiento clásico y condicionamiento operante–, y ya publiqué otro paper como primer autor en febrero –mi paper #20 en inglés–, pero nada de esto, que se supone que debería importar y acercarte a “La Tierra Prometida” de la academia, realmente importa. Hace un año de todo esto y ya estoy harto de vivir de mis ahorros, parece que estoy condenado a ir de un trabajo temporal a otro, por la eternidad. Parece que estoy condenado a tener que tomar mis precauciones, a pensar en que siempre puede haber peores momentos. Las cosas cada vez están peores para mí, a pesar de todo lo que hago, pero todas las mujeres a las que amo, quiero o estimo, están aquí; puedo verlas todos los días que quiera verlas, puedo escucharlas todos los días que quiera escucharlas, puedo comunicarme con ellas todos los días que quiera comunicarme con ellas, y eso es lo único que en verdad importa.

*Nada es cierto, todo es cierto, una columna que podrías leer en un diario de circulación nacional, si pudiera escribir los 365 días del año.

sábado, febrero 22, 2025

Bleed All Over



Hace 3 años intuí que esta clase de vida, en este lugar al que nos mudamos en el 2018, estaba yéndose al carajo, que jamás conseguiría lo que deseaba. Hace 3 años, salía de mi primera entrevista de una evaluación curricular, un concurso para obtener un contrato temporal como académico. Habíamos más de 20 concursantes, terminaba la larga pandemia del Covid-19, todo mundo quería encontrar un trabajo. De un día para otro, después de haber sido Profesor Visitante, con la categoría de Profesor Titular A, durante 3 años, el Director de la División y la Jefa de Departamento me habían comunicado que ya no entraba en planes del Departamento, que no renovarían mi contrato (podían renovármelo por 6 meses más), que en mi lugar contratarían a otro candidato (no me tardé más de cinco minutos en PubMed para darme cuenta de que el candidato tenía un parentesco académico con mi exjefe y que ni siquiera estaba en el SNII), y no tenía ninguna otra opción más que concursar por esa evaluación curricular. Nadie me había advertido que allí acabaría mi contrato y no había previsto nada.

Al salir de la entrevista, me sentía tenso y no podía dejar de pensar en el peor escenario: perder el concurso y quedarme sin empleo en esa universidad en la que había trabajado 3 años. Evaluaba qué sentido había tenido invertirle más de 8 horas de trabajo diarias –en la pandemia, impartía alrededor de 13 horas de clase por semana, y además estaba en 2 ó 3 comisiones y en un consorcio de investigación y era miembro de unas prácticas profesionales–, y ejerciendo labores que excedían mis funciones –escribir minutas, realizar cotizaciones, coordinar traslados de equipos desde el extranjero, presidir un Consejo Editorial.

Lo primero que hice fue revisar Twitter. El primer tweet que leí era el de alguien que decía, desde tu cuenta, que acababas de morir. Era el 22 de febrero del 2022. Gané esa evaluación curricular, me dieron la categoría de Profesor Asociado D, ¡un nivel abajo de Profesor Titular A!, con alrededor de 15 horas de clase por semana, sin oportunidades para hacer investigación y con un contrato de 2 trimestres al año. Debí entender que en esa universidad no habría nada más para mí, pero gané otras 2 evaluaciones curriculares, concursé por una Jefatura de Departamento y en la convocatoria 2024 el SNII me ascendió a Investigador Nacional Nivel II, pero, oh sorpresa, todo empeoró.

domingo, febrero 16, 2025

Los lunes en los tianguis



Desde hace un par de lunes vamos al tianguis de Metepec, me ha servido para distraerme, para sepultar ese algo terriblemente triste y solitario que tienen los lunes, me ha servido para no pensar en que ninguna puerta se abre, en que esto es apenas el principio, en que apenas en octubre dejé de tener un ingreso fijo y que no encontraré nada bueno muy pronto, no he querido escribir, apenas escribo lo básico en mi diario, no he disfrutado nada, he estado leyendo a Bram Stoker, he estado tomando un curso de capacitación en línea tres días a la semana, este curso lo tomo por curiosidad pero parece un fraude, hay mucha gente desesperada por generar ingresos, quien lo imparte tiene todo el look de un vende humo, nos conectamos a YouTube alrededor de 400 personas.

Desde hace un par de lunes vamos al tianguis de Metepec, todo lo que hago está empañado por mi estado de ánimo, es como si mis ojos y mi mente tuvieran una especie de neblina, como si me persiguiera una especie de sopor que no me deja ver claramente nada, ni disfrutar nada; independientemente de ello, hace unos días fue el Superbowl y no lo vimos, pero una canción sonó en el espectáculo del medio tiempo y el tipo que la canta también la baila de un modo pegajoso y no he podido sacármelo de la cabeza, y mientras transcurría el Superbowl, Lizzie y yo salimos a Town Square, y estaba tomándome mi Açai Refresher cuando yo siempre tengo la razón –un sujeto menor que yo y que conocí en el 2017, cuando estaba en el postdoc, y que luego me encontré en un concierto en el Alicia y con quien, más o menos desde que estuve concursando y ganando 3 evaluaciones curriculares consecutivas, con contratos de 2 trimestres al año y 15 horas de clase a la semana en el Distrito IV, hablé por teléfono dos o tres veces al año–, me mandó un Whats y luego otro y otro, aparentemente tenía muchas ganas de conversar y de “generar polémica”, es un tipo que me recuerda a mí mismo cuando acababa de entrar a la universidad, cuando idealizaba la academia y al mismo tiempo no le daba la menor importancia a la universidad, cuando me la pasaba leyendo novelas y poesía en lugar de estudiar a Skinner o a Mechoulam, en fin, yo siempre tengo la razón me empezó a decir cosas sobre divulgación de la ciencia, su discurso no me late, ¡por Dios!, unos colegas de la UV y yo estamos por publicar un paper en una revista Q1, escribí prácticamente yo solo el paper en 3 meses, tengo más de 20 papers publicados en revistas en inglés, hace casi 11 años fue mi examen de grado del PhD, he impartido más de 60 pláticas de divulgación de la ciencia y más de 70 cursos de licenciatura, y yo siempre tengo la razón, básicamente, insistió en que él tiene más que decir sobre la ciencia que yo, no me late su discurso, a veces es del estilo «todos tenemos derecho a pensar lo que nos dé la gana»  (excepto si alguien pone en entredicho lo que yo pienso), y, en fin, su rollo fue subiendo de intensidad, y simplemente me desgastó y ya no quise contestarle, me recordó que lo invité así, casi de la nada, a dar una clase a uno de los grupos a los que les impartía Interdisciplina. 

El tipo parece no darse cuenta de nada, para él es como si él y yo nos conociéramos desde el kínder, como si fuéramos pares, como si tuviéramos el mismo recorrido en la academia, y, ¡perdón!, pero no. El otro día me sacó de onda encontrármelo accidentalmente en redes sociales pidiendo informes para tomar un curso en línea ¡con Todokoro!, uff, ¡cuántas veces le dije que tengo media docena de papers publicados con Todokoro, que mi PhD lo estudié en su laboratorio...!, pero, claro, yo siempre tengo la razón, sólo me dio por mi lado, ni siquiera me preguntó nada sobre este curso de adicciones que quiero impartir en el Centro Neurológico y de Sueño, ni siquiera le interesó (aunque es un sujeto que pidió informes sobre el curso de adicciones que impartirá Todokoro y aunque es un sujeto al que le interesa la ciencia y el conocimiento), ni me preguntó nada al respecto, ni pudo descubrir que no sólo tengo media docena de papers publicados con Todokoro sino que he impartido ¡alrededor de 300 horas! de Neurofarmacología y Adicción en Distrito IV, ¿qué podría yo aportarle sobre el tema, si (en su mente) los dos nos conocemos desde el kínder...?, es más probable que (en su mente) Ruzzarín o Rudy III tengan una opinión más informada sobre neurofarmacología y adicciones y cannabis que yo. 

Ir al tianguis también me recuerda que Lizzie y yo íbamos al tianguis cuando Distrito IV estaba en huelga y Lizzie y yo teníamos que vivir de nuestros ahorros, esa tampoco fue una buena época, pero, en perspectiva, al menos sabía que no duraría toda la vida, que la huelga terminaría en algún punto, pero el punto es que ir al tianguis es terapéutico en general, me ayuda a sentir que “conecto” con un montón de gente que sobrevive y que no parece lamentar su estilo de vida, sino que disfruta lo que hace, estar vendiendo sus frutas, sus verduras, sus gorditas, sus quesadillas, sus pescados, sus carnes frías, pero también, ocasionalmente, me trae estos flashbacks. 

Lo que hacen todas estas personas para sobrevivir no tiene nada de académico, pero es igual de importante. O tal vez más importante que la academia. No creo que los vendedores de tianguis tengan dos pies izquierdos, no creo que estén pensando siempre en cómo tener más poder y en cómo rodearse de gente manipulable que siga sus órdenes. Creo que son más listos que un académico estándar, que saben responder a los madrazos de la vida y que saben cuándo les conviene asociarse con alguien que puede hacerlos crecer, en lugar de seguir órdenes para conservar sus chambas. 

Ir al tianguis cada lunes también me recuerda cuando vivíamos en Agua Caliente, allí también se ponía un tianguis todos los lunes, era un poco diferente a éste, pero, en general, la gente también parecía disfrutar su estilo de vida. Visitar ese tianguis de Agua Caliente también me hacía recordar cuando iba a otros tianguis, cuando estaba en la prepa, cuando iba algunos domingos al tianguis de San Juan, en los límites entre Iztapalapa y Neza, y me gustaba ver otro tipo de cosas allí, también vendían las cosas que venden en un tianguis de lunes, pero me gustaba ver tennis, discos compactos y playeras de rock. Algunos puestos de ese tianguis de San Juan también se ponían los sábados en El Chopo. Allí me compré varios discos que escuché toda la prepa –Bleach, Blood Sugar Sex Magik, Live Through This... –, en fin, todo era tan diferente, todo esto ocurrió en una época que parece quedar a varios siglos de distancia, cuando ni siquiera había entrado a la universidad, cuando no pensaba en absoluto en cómo sería mi vida adulta, cuando aún no había conocido a personas poderosas y manipuladoras, cuando aún no había tratado a aspirantes a divulgador de la ciencia que no le dan crédito a nadie más que a ellos mismos y a las celebridades que no saben nada de nada pero que tienen un millón de seguidores, o que son unos sociópatas, en fin, hoy es domingo 16 de febrero y son las 18: 12, mañana también (espero) iremos al tianguis, y me pregunto cuándo habré digerido estas visitas de cada lunes al tianguis y podré escribir algo que me guste sobre cómo ir al tianguis de Metepec ha movido algo dentro de mí.

domingo, febrero 02, 2025

Caminar en círculos

Esta tos nerviosa no me deja en paz, me tomo un té de limón, son las 3 de la mañana del domingo 2 de febrero del 2025, han sido 3 ó 4 meses del carajo, me siento mal, me acosté temprano, estoy enfermo de la cabeza, como esos personajes de las novelas de sci fi que están paranoicos y que piensan que la CIA los está espiando, sólo quería apagar mis sentidos y mi mente, encendí la televisión, desperté hace una hora y ya no puedo volver a dormir, y no quiero pensar en que nada ha funcionado, no quiero pensar en que he hecho más de lo que debería haber hecho para obtener una plaza indeterminada, no quiero decirlo pero ahí están mi CV, mis papers, los cursos y las charlas de divulgación de la ciencia que he impartido, y también ahí está lo que piensa la mayoría de los estudiantes que han tomado mis cursos, y tampoco quiero decirlo pero ahí están un montón de comprobables objetivos más como muestra. 

El punto es que nada de lo anterior sirve realmente, realmente sólo somos un dato más, excepto si tenemos suficientes recursos para hacernos publicidad, excepto si tenemos conectes con influencia que nos abran las puertas, o eso que es como tener “un golpe de suerte”, la academia es una de esas cosas que la gente romantiza y que en realidad son horribles, me han dicho varias veces que debes estar en el momento apropiado, que las cosas no ocurren por una razón, que las oportunidades llegan en el momento que deben llegar, pero ¿y si, más bien, todo lo que ha ocurrido, ha ocurrido porque está más que claro que nunca tendré una oportunidad como la que he buscado incansablemente...?

Vuelvo a toser y me pregunto cómo hizo esa estrella de rock para tener todo lo que siempre había deseado antes de los 27 años, me pregunto si tuvo un “golpe de suerte”, si leyó La Historia del Rock I, II y III, si supo cómo rodearse de personas influyentes y generosas, y también me pregunto por qué tengo esta sensación de estar caminando en círculos, por qué tengo la impresión de que no estoy llegando a ningún lado, como aquella vez, cuando me perdí en El Cerro del Tepozteco –debieron de ser también las 3 de la mañana– y acabé tumbándome en una cueva para protegerme de la lluvia, junto al cráneo de una vaca que debió de precipitarse por ese barranco mucho mucho tiempo atrás. 

Escucho esta triste canción de Trent Reznor, sólo toca el piano y canta en un volumen bajo, la canción parece hablar sobre una mujer que está muriéndose o ahogándose, relata algo que suena como a la ruptura de una pareja o a la despedida de algo más grande que una relación sentimental, a que uno de los dos hizo algo imperdonable y que las luces en el cielo están de testigo, los fans especulan muchas cosas en internet, que él habla de su verdadero amor, que la canción está emparentada con “Beside you in time”, Search Labs dice que el mensaje es que “todos tenemos nuestro lugar”, sólo Trent Reznor sabe qué estaba sintiendo y pensando cuando escribió esa canción, lo que yo siento cuando la escucho no tiene nada que ver con lo que creo que cuenta, sólo me transmite esta sensación de caída, de resignación, sólo me dice que también yo debo dejar de romantizar la academia, que ya está muerta para mí, que fue uno de los amores de mi vida, que debo aceptar que sólo soy un dato más, que debo darle vuelta a la página, que debo reinventarme una vez más.

sábado, febrero 01, 2025

I do not want this



Estábamos casi en la quiebra, viviendo más o menos al día, cuando vino Mark Lanegan a dar un concierto en El Plaza. Apenas pude comprar un par de boletos, nuestros ingresos no me permitieron más que comprar una pequeña litografía, conseguir que él me la firmara, estrecharle una mano, aceptar que ese contacto sería lo más cercano que estaría a Kurt Cobain, y tomarme una foto con él. La banda trajo un montón de mercancía: libros que escribió Mark Lanegan, álbumes que no están a la venta en ninguna parte ni disponibles en ninguna plataforma de streaming, playeras y sudaderas de él y de su banda, stickers, cosas así. Me hubiera gustado comprar algo más. Pero, como ya dije, nuestros ingresos no me permitieron más que comprar la pequeña litografía y el par de boletos para su concierto. No todo fue malo: el día del concierto fue publicado mi primer paper como autor corresponsal, mi paper #7 en total.

Luego de un año más o menos conseguí un contrato temporal en otra universidad, tuvimos que mudarnos de ciudad, y todo pintaba mucho mejor, parecía que ésa era la manera de ingresar definitivamente a la academia, de obtener el trabajo de mis sueños, excepto que al mes de haber entrado a trabajar, apenas habiendo cobrado mi primera quincena, la universidad estalló en huelga. Estuvimos así 3 meses, sobreviviendo con los pocos ahorros que nos quedaban del último año fatal –habíamos sobrevivido con $10, 000 MXN mensuales– y teniendo que recurrir a pequeños préstamos para cubrir la renta y los gastos diarios. En marzo, cuando la huelga apenas cumplía un mes, Courtney Barnett vino a México. Ni siquiera pude comprar un par de boletos. Teníamos el dinero contado, no podíamos permitirnos un viaje a la CDMX. Mucho menos comprar un par de boletos para un concierto.

Ahora estamos otra vez en este círculo vicioso. Las condiciones no son tan malas como en el 2018 ni como en el 2019, ahora soy Investigador Nacional Nivel II, tengo más de 20 papers publicados, he impartido más de 40 cursos de licenciatura y posgrado, he impartido más de 60 pláticas de divulgación de la ciencia, he hecho mucho más de lo que debería haber hecho para obtener la oportunidad de concursar por una plaza indeterminada, he conseguido mucho más que cualquier persona con 10 años de trabajos temporales, y heme aquí, esencialmente quejándome de la mala fortuna que he tenido. Queriendo ignorar que he permanecido en el SNII y que no he recibido el estímulo económico del SNII durante más de medio año porque no he tenido contrato con ninguna universidad en los últimos 3 ó 4 meses de los 3 últimos años.

También he concursado por plazas de académico de tiempo completo en 6 universidades distintas en los últimos 4 meses, en todas me dicen que no soy psicólogo clínico o que no soy psiquiatra o biólogo o químico, nadie quiere ver que estoy más preparado que un psicólogo clínico y que compito con psiquiatras, con biólogos y con químicos, y hemos vivido de nuestros ahorros casi 3 ó 4 meses de cada uno de los últimos 3 años, y espero que un paper en el que soy primer autor sea aceptado para publicación en los siguientes días, y los gastos continúan, el trabajo no remunerado no para, las oportunidades escasean, y J Mascis viene a México.