miércoles, julio 26, 2006

Pudimos conocernos en El Factory, mientras tocaba Bengala



Tus ojos y los míos se encontraron muchas veces, a lo largo de la noche. 
Se te notaba en la mirada que estabas dispuesta a hacer cualquier cosa.
Todas tus amigas estaban ebrias y te veías harta, dispuesta a abandonarlas. 

Caminaste hacia la barra y te seguí a distancia.
Ordenaste un Bloody Mary y me buscaste entre la multitud.   
Tu rostro adoptó un semblante torturado que decía 


"¿Qué esperas? ¿Cuándo vas a hablarme?" 

Yo tenía un dilema. Odio hablar con desconocidas. Además, una de tus amigas ebrias me había gustado y creí que sería de muy mal gusto llegar a charlar contigo. 

Cuando Bengala empezó a tocar en El Factory, le dijiste a una de tus amigas ebrias -tenía que ser precisamente la que me había gustado- que ellos sonaban a una mala versión de Pink Floyd

No me lo vas a creer, pero yo estaba pensando lo mismo.
Me reí.

Me miraste de nuevo -sentí tu mirada- y no pude sostenértela. 
También percibí cierta ansiedad de tu parte, y pensé que tal vez estabas buscando lo mismo que yo en ese lugar. Pensé que tal vez querías romper con la monotonía. 

Mientras el alcohol estallaba en mi cerebro y estaba a punto de hablarte, creí que todo era parte de una alucinación. Me sorprendí pensando en algo que me habían dicho en una estúpida entrevista de trabajo


("Una sonrisa abre muchas puertas")

y me sentí patético, un perdedor. 

Sin embargo hice mi mejor esfuerzo y sonreí, pero ya no estabas. 

Bengala anunció la última canción de la noche, y te busqué desesperadamente. 
Jamás volví a verte; ni a ti, ni a tus amigas ebrias.

¿Acaso fuiste sólo una alucinación? 

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