domingo, febrero 01, 2026

whatever colors you have in your mind



La oleada de cortisol de las 3 AM me despierta, giro mi cuerpo hacia la izquierda y luego hacia la derecha, me obligo a mantener los párpados cerrados, es como una vieja pesadilla al revés, la oleada interrumpe puntualmente mi sueño, no sé desde cuándo pero suele pasar cuando no estoy pasándola muy bien, y no quiero levantarme de la cama, no necesito confirmar la hora en el reloj de la mesita de noche, estoy incómodo, mi cuerpo no se siente como mi cuerpo, sé que no podré volver a dormir. 

Meto una de mis manos debajo de la almohada, busco una posición más cómoda en la cama, pero esquivo al gato que tengo en los pies, luego esquivo al gato que tengo en la cabeza, pesa alrededor de 7 kilos y está ocupando el 70% de la almohada, también esquivo a la gatita que está apoyada junto al gato de 7 kilos, más allá, en el otro extremo de la cama, está mi esposa, tengo una gran familia pero apenas puedo estirarme en la cama, y me resigno a no encontrarme más cómodo y tengo un insight, descubro por qué suelo levantarme de la cama con contracturas en la espalda y en el cuello, y porqué, algunos días, estoy en stand by todo el día.

Boca arriba, sobre la cama, con los brazos cruzados alrededor del pecho, como si fuera un vampiro en su ataúd, escucho la respiración de los tres gatos y de mi esposa, sin duda tengo una gran familia –“una vamfilia”, como diría Colin Robinson de la serie What we do in the shadows–, pero los gatos a veces están encima de mí y no puedo hallar una posición cómoda en la cama. 

Recorro la habitación con la vista, aún está oscuro, dejo que la oscuridad entre en mis ojos, que mis ojos se adapten a la oscuridad, total, ya sé que no podré volver a dormirme, y así ha sido casi toda esta semana, y, si no recuerdo mal, la anterior. 

En la medida de mis posibilidades, muevo un poco la cabeza hacia la derecha, se me ocurre que tengo que matar el tiempo mientras transcurre la madrugada, me acuerdo de cómo hace más o menos veinte años, cuando estaba en mis veintes, a veces no podía dormir porque tomaba mucho café y porque comía muchas cosas irritantes y tenía gastritis y las noches eran eternas, son otros tiempos ahora, no tengo gastritis, pero, igual que hoy, hace más o menos veinte años, tampoco podía dormir, también me acuerdo de haber intentado leer algo súper aburrido hace más o menos veinte años –Ulises, de James Joyce, por ejemplo–, también me acuerdo de esa sensación de la gastritis en mi cuerpo, como si una liga estuviera presionándome el vientre y como si no pudiera moverme ni siquiera un milímetro en la cama, me acuerdo de haber estado en posición fetal, más o menos como ahora, algunas cosas no cambian en más o menos veinte años. 

Tomo lentamente el teléfono de la mesita de noche, veo de reojo la hora en el reloj y confirmo la hora, otra vez es la hora de la vieja pesadilla al revés, otra vez la oleada de cortisol me ha despertado, y entonces enciendo el teléfono, quiero ponerme los audífonos y escuchar música para entrar en una especie de trance que me permita ahuyentar todos estos pensamientos del pasado que me dan vueltas en la cabeza y que no me dejan volver a dormir. 

Ayer, en la cena, encontré a un tiktoker tocando una canción de Guns N' Roses y la música me remontó a la adolescencia, cuando escuché por primera vez Use Your Illussion II, cuando no había tenido ningún problema serio de salud, cuando no sabía nada de enfermedades serias, cuando no sabía nada de odiar tu propia vida ni desear esfumarte porque el malestar es incompatible con tu existencia, porque los síntomas de la enfermedad hacen imposible imaginar tu vida 5 segundos más allá del presente.

Ayer, antes de cenar, me sentí mal, como casi todos los días del 2026, y trataba de desasirme de la horrenda sensación de carraspeo y de sofocamiento con mis propias flemas, tuve un ataque de tos, y aparecieron este tiktoker y esta canción, esta canción de Guns N' Roses es una opción para matar el tiempo mientras transcurre la madrugada. 

Muevo los ojos dentro de mí mismo un par de veces con los párpados cerrados, como si quisiera resetear mi existencia, es el último día de enero, todo el mes he estado teniendo días malos, ataques de tos, carraspeo, y hoy no hace tanto frío, y me acuerdo del año pasado, vagamente recuerdo que hace un año el frío era despiadado en la casa, no tenía problemas de salud como hoy, enviaba alrededor de 3 solicitudes a 3 Instituciones de Educación Superior al mes, iba saliendo del hérpes Zóster, no generaba ingresos, Katz y yo acabábamos de ver Nosferatu y Flow en el cine, leía a Han Kang y a Bram Stoker, todos los días eran inciertos, íbamos al tianguis de Metepec todos los lunes, ahora sólo estoy divagando, deben de ser ya las 3:30 AM, sólo estoy usando mi mente para no enfocarme en lo único que ha estado preocupándome este mes: mi salud.

Los ataques de tos y el carraspeo son despiadados, no puedo ignorarlos, en enero he tenido ataques de tos a diario, por las mañanas, mientras me visto, mientras termino de desayunar, mientras me dirijo al trabajo, he tenido ataques de tos y carraspeo por las noches y por las tardes, y el carraspeo me deja exhausto, de pronto tengo la sensación de que hay una flema atorada en la garganta, de pronto trato de aclararme la garganta pero la flema sigue allí, es una sensación incómoda, el sistema nervioso autónomo se apodera de mi consciencia, no puedo dejar de darme cuenta cómo está haciendo todo lo posible por expulsar a ese agente extraño de la garganta, mi cuñada me ha dicho que debo de tener irritada la garganta, que debo ir a ver a un gastroenterólogo, me acuerdo de que en mayo de este año cumplo 10 años de haber pasado por el quirófano, me acuerdo de los horribles síntomas del ERGE, era imposible imaginar mi vida 5 segundos más allá del presente, también me acuerdo de que el carraspeo era muy parecido a este carraspeo, que no podía dejar de carraspear durante varios minutos, que era consciente de la actividad de mi sistema nervioso autónomo, que no podía dejar de darme cuenta de que todo el tiempo estaba secretando saliva, de que el ruido que hacía al intentar aclararme la garganta era insoportable para mí mismo, que el acto, en sí, era automático y consciente, una paradoja del sistema nervioso autónomo, y me acuerdo de una que otra vez que tuve que salirme de alguna oficina o de algún seminario o de alguna junta importante porque ni siquiera yo mismo soportaba el ruido que hacía al intentar aclararme la garganta una y otra vez.

En lo que val del 2026 he tenido 3 ó 4 episodios de carraspeo que me han puesto al borde de un ataque de ansiedad, que me han hecho acordarme de todas estas cosas, es imposible ignorar estas cosas que normalmente hace mi sistema nervioso autónomo sin que me dé cuenta, sólo cuando todo está jodido me doy cuenta de todo está jodido porque soy consciente de mi sistema nervioso autónomo, cuando intento aclarar mi garganta y carraspeo varias veces y sin embargo la flema sigue allí y al cabo de unos segundos crece, ocupa todo mi esófago, y ya no puedo pasar saliva y siento que me asfixiaré, una terrible necesidad de escupir y carraspear se apodera de mis pensamientos, ayer todo esto pasó mientras veía una película de David Lynch, y hace 2 semanas todo esto pasó mientras veía un partido de la NFL por tv –¿Seattle Seahawks vs Chicago Bears?–, y no quiero ni imaginarme cómo sería si me diera uno de estos ataques de tos y de carraspeo en la calle, a mitad de la nada, en el Tren Insurgente, por ejemplo, no quiero que se repita nada de esto, no quiero volver a vivir lo que viví hace 10 años. 

Finalmente me pongo los inalámbricos y los sincronizo con el teléfono, y busco “Breakdown” en el catálogo de Amazon Music —¡The Warning es el artista que tienen como representantes del género “hard rock”!, ¡qué horror!, ¡hay que ser muy tonto para no ver lo evidente: que es más importante la publicidad y el efecto halo...!, ¡que Joseph Goebbels está presente en el Siglo XXI...!—, y una idea cruza mi mente y dejo de buscar a Guns N' Roses: antes de sincronizar los inalámbricos leí American Psycho, estoy en la página 370: Bateman vuelve al apartamento de Paul Owen un año después de haber asesinado allí a un par de scorts, el capítulo me hizo sentir nauseabundo, cerré el libro y me metí a ver mis redes sociales en el teléfono –y todo esto parece haber ocurrido entre sueños, con los gatos en la almohada, en mis pies y en mi brazo–; un post en la página de Ministry en Facebook dice que Filth Pig salió a la venta el 30 de enero de 1996 y que la banda allí toca un cover de “Lay lady lay”, y ésta es la idea que cruza mi mente, me dio curiosidad escuchar el cover de Bob Dylan, y ahora quiero escuchar el álbum y lo busco en Amazon Music y le doy play y cierro los párpados y vuelvo a mi posición de Laszlo Cravensworth en su ataúd, y cierro los párpados otra vez y lo escucho desde el principio, medio me quedo dormido de nuevo, no sé si todo esto ya pasó tal vez ya lo escuché de principio a fin varias veces, tal vez entre sueños se me ocurrió buscar información de Ministry en Wikipedia, tal vez leí que Al Jourgensen nació en Cuba, que el sonido de Ministry en su primera etapa era más new wave y synthpop que metal industrial, que en esos tiempos le abrieron varios conciertos a The Police, en la gira de Synchronicity, que Palm 69 es el álbum que les catapultó a la fama, que Filth Pig es su sexto álbum de estudio y que Al Jourgensen estaba deprimido durante la composición y grabación de Filth Pig y que la banda no suele tocar canciones de este álbum en ningún concierto. 

Escribo estas líneas, ya son casi las 9 AM, he tenido uno que otro ataque de tos, no sé si saldré a correr, sólo quiero sentirme bien, volver a ser como cualquier persona que no se da cuenta de lo que hace su sistema nervioso autónomo, es desquiciante estar al tanto de tu sistema nervioso autónomo, no podría volver a vivir los síntomas del ERGE otra vez.