jueves, marzo 26, 2009

Los recuerdos son torbellinos de luz



La frecuencia convierte lo bello en algo horrible
También detiene los sonidos y los deja inmersos en el aire
Los deja en la naturaleza, estancados como las ramas de un árbol añoso

Puedes quedarte sordo sin perder la capacidad de escuchar
Puedes enamorarte sin llegar a conocer al amor de tu vida
Puedes aprovechar los malos hábitos de la gente para conseguir algo bueno

Pero no puedes escribir si no tienes al menos un minuto de paz

Las ideas pueden estar ahí, deslumbrándote como torbellinos de luz en la calle
Pero tu memoria puede estar perdida entre los resplandores de cosas sin importancia 

miércoles, febrero 25, 2009

¿Se avergonzaba de su nombre...?



Finalmente, después de haber estado planeando casi todo un año cómo acercarme a ella, me decidí a hablarle en los primeros meses de 1996. 

Ella era de cuarto año y siempre estaba en una mesa de ping pong con unos melenudos que jugaban futbol americano los viernes y que los otros días sólo fumaban tabaco empedernidamente.

Los melenudos parecían mucho más grandes que la mayoría de los estudiantes. 
Algunos de mis compañeros decían que los melenudos eran fósiles y que "mantenían bajo control" a los estudiantes, cuando las autoridades de la escuela se los pedían. 

Yo no creía en estos rumores, pero estaba convencido de que ella tenía un romance con uno de los melenudos y no quería meterme en líos. 

Siempre que la veía sentada en esa mesa de ping pong, junto a las canchas de basquetbol, ella se fumaba un cigarrillo y se ponía a leer.


En ese año, todos mis conocidos hablaban de Garbage.
Tenía poco tiempo que su álbum debut había salido a la venta.

Me gustaba el video de Only Happy When It Rains, pero aún no asimilaba que Butch Vig hubiera pasado de producir Siamese Dream y Nevermind a tocar la batería en una banda que empleaba loops. 

Los sencillos de ese álbum no me gustaban tanto como para comprarlo, así que me limitaba a ver sus videos por MTV. 

Todo cambió cuando vi el video de Queer. 

El formato del video, las tomas de las cámaras, la presencia de Shirley Manson seduciendo a un hombre que parece no tener la intención de salir del clóset, el repetitivo riff de la guitarra, el repetitivo beat de la batería y del sintetizador y la letra de la canción, me llamaron la atención.

Mientras veía a Shirley arrastrar al hombre del video y creía que se trataba de mí, me di cuenta de que la chica de la prepa que me gustaba, se vestía como Shirley. 

Al igual que Shirley, la chica de la prepa era de tez blanca, se pintaba los labios de negro y su cabellera también tenía un tono entre castaño y rojo. Creo que tenía algunos mechones rosas o morados. 

También se pintaba sombras alrededor de los ojos.

El maquillaje que usaba la hacía verse sofisticada y un poco mayor. 


El día que le hablé, había estado pensando en lo mucho que se parecía a Shirley Manson.

Por alguna razón, ella estaba sola en la mesa de ping pong. 
Tal vez los melenudos habían ido a traficar drogas a una de las calles aledañas a la escuela. 
Tal vez ese día tuvieron que ir a otra preparatoria a confrontar a los estudiantes. 

Me quedé de pie a unos metros de la mesa. 
Me cercioré de que los melenudos no estuvieran por ahí.
Me puse a pensar qué le diría y me acerqué a ella.

Ella le dio una chupada a su cigarrillo y dejó escapar el humo por la boca. 
Nos miramos brevemente. Cerró su libro. 
Leía Big Sur, o eso me pareció. 

No tenía experiencia hablando con mujeres y fui muy directo. 
La saludé y, sin más preámbulos, le dije que me gustaba. 

Sorprendentemente, ella no se molestó y me invitó a sentarme a su lado. 
Le pregunté si podíamos conocernos y ella me dijo que estaba bien.

("Soy de mente abierta... pero me gusta alguien más... y tengo meses esperando que me haga caso...")

Su voz sonó sobre actuada. 
Iba de un tono funesto a un tono amistoso y de un tono grave a un tono agudo. 

Ella me contó algunas hazañas del jugador de futbol americano que le gustaba –era un pelirrojo con frenillos y pecas que siempre llevaba un jérsey de los acereros de Pittsburgh–, y la interrumpí. 

Se me ocurrió preguntarle si le gustaba Garbage.
Enfureció. 

Me dijo que todo mundo le decía que se parecía a Shirley Manson y que ya estaba harta. 

(Resultaba imposible no compararla con ella.) 


Cambié de tema y le pregunté su nombre. 

Bajó la voz y me dijo su nombre casi en un murmullo, como si no quisiera que lo escuchara.
(¿Se avergonzaba de su nombre...?)

No lo entendí. 
(Tal vez dijo Alexa... o Teresa... 
No quise verme como un tonto y no le pregunté de nuevo.)

Durante unos minutos, ella siguió contándome otras cosas irrelevantes del melenudo.

Mientras tanto, me fijé en sus uñas. 
Las tenía pintadas con un barniz negro que se estaba cayendo. 
No sé por qué me inquietó esa imagen ni por qué me hizo preguntarme –en un buen sentido– qué clase de mujer sería ella para no darle importancia al barniz de sus uñas. ¿Tenía cosas más importantes en qué pensar, que en el barniz de sus uñas...?)

Luego, se levantó de la mesa de ping pong y me dijo que tenía que ir a clase. 

Creo que nunca le dije mi nombre, ni ella me lo preguntó.

Unas semanas después, ella empezó a andar con uno de los amigos de los melenudos.

Él no tenía, precisamente, aspecto de jugador de futbol americano –incluso parecía ser el bufón de los melenudos– y ella no se veía, precisamente, muy feliz a su lado. 
Tal vez creyó que así le daría celos al melenudo pelirrojo. Tal vez su novio contaba buenos chistes y tenía un gran corazón. 

Aunque nos vimos de frente varias veces y coincidimos en algún concierto en Ciudad Universitaria, jamás volvimos a hablarnos.

Hace unos minutos, mientras me decidía entre leer un artículo y preparar una clase, se me ocurrió salirme a caminar un rato por Las Islas y me fumé un cigarrillo y me puse a escuchar Queer y todos estos recuerdos llegaron a mi cabeza. 

Ahora no puedo dejar de preguntarme cómo se ve ahora la chica de la prepa y que habrá sido de su vida.  


sábado, enero 31, 2009

Martina encarnada en otro cuerpo



Son las 11:15 de un sábado
Nos Llamamos tocarán esta noche
Con los rockstars de Fenómeno Fuzz

Me siento abandonado
En El Café del Segundo Piso
Cuando la música rompe el hielo
Y te veo como una caricia de vapor

Eres sólo una mujer bailando en este inframundo adolescente
Pero tus ojos de éter me alcoholizan
Y destellan como una droga a la que no me puedo resistir

Ascie11nde como la bruma de la memoria después de

Las luces del café enturbian el olvido
Y Martina ha tomado posesión de otro cuerpo
Ella danza al ritmo de mi desolación
Y su cabellera de sol flota en la atmósfera 
Y sus ojos reverdecen como un arma secreta
Y su cuerpo se arrastra entre la música
Y aparece en mi memoria como la bruma de una borrachera

***
ÉSTE ES UN EXTRACTO (UN BORRADOR) DE UN LIBRO QUE PUBLICARÉ ALGÚN DÍA. 

miércoles, enero 28, 2009

¿Es culpa de los alumnos, o del doctorado?


Las horas pasan y los minutos estallan en mi cabeza.
El curso escolar comienza el próximo martes. Daré clase los martes y los miércoles de 10 a 12, y no me decido a prepararla. No tengo ganas ni entusiasmo. 

Desde hace tres años, imparto clases en la Facultad de Psicología. Al principio, lo disfrutaba muchísimo; ahora, no tanto. Casi todos los alumnos son perezosos y exigentes. Raras veces hay alguien que esté realmente interesado en aprender lo que yo enseño. Casi todos quieren terminar en un trabajo aplicando pruebas psicométricas para ganar mucho dinero, o imaginan que tendrán un bonito consultorio y que serán terapeutas y que saldrán por radio y televisión dando su opinión acerca de algún asesino serial. 



Sin embargo, creo que no disfruto tanto la docencia como antes, por culpa del doctorado. No por culpa de los estudiantes. Es absorbente -mi tutor raras veces reconoce mi dedicación-, y no me da tiempo para nada más. Casi casi debo pedir permiso para impartir mis clases. 

Raras veces puedo preparar mis clases de la manera en que solía hacerlo. Tengo otros compañeros de laboratorio que no tienen otra actividad más que estar en el laboratorio, y, a diferencia de mí, nunca tienen datos. 

No debería darle importancia a ciertas cosas, como cada vez que mi hermano me presenta a sus amigos y les dice "él es psicólogo, y está casado", porque en realidad no soy sólo eso. Pero aquí estoy, procastinando, pasando el tiempo en este blog, juntando palabras casi aleatoriamente. 

martes, enero 27, 2009

Spray de campos de lavanda



Camino despacio a través de la estancia

Me extravío en los confines del aromatizante ambiental Glade 

Los campos de lavanda salpican mis fosas nasales como lluvia de verano en forma de spray 
Los campos de lavanda se precipitan en mi bulbo olfatorio como una cascada de recuerdos
Los campos de lavanda  neutralizan el escandaloso olor de la yerba chamuscada

Su perfume me tranquiliza y me parece que voy avanzando entre nubes de espuma de mar
Siento que estoy en el interior de una cálida salmuera sonoamortiguada
Y no me importa nada más que mi capacidad para recordar cosas que nunca fueron

Mientras me sumerjo en la nostalgia efímera de todas las tardes
Pienso que la experiencia siempre involucra cierto nivel de paranoia
Y comienzo a preocuparme por las personas que puedan sorprenderme así

Odiaría si mis vecinos sospecharan que no se trata de que me guste mantener limpio el departamento 
Odiaría si mi familia supiera que necesito desconectarme de la realidad para soportar mi existencia 

Ellos no comprenderían nada




Cuando estoy paranoico, no puedo dejar de pensarte

Te encuentro en los rincones de mi memoria
Con tu suave cabellera rizada y tus ojos de sándalo
Emergiendo de las cosas irrelevantes que me obsesionan 

Avanzo muy despacio hacia la cama
Y me acuesto y me coloco los audífonos


Enciendo el ipod y cierro los párpados

Pienso que la almohada está hecha de cabellos
Y que los cabellos formaron parte de tu suave cabellera rizada
Y que soy un adolescente y que he vuelto a mi habitación
Después de un día cualquiera en la secundaria

Cuánto me gustaría volver a verte tal y como eras
Aunque fuera sólo durante un segundo



Quisiera contemplar tu mirada de leche de almendras
Y tu misteriosa dentadura llena de brackets
Y tu sonrisa fulminante que latía como una herida tibia
Y tus labios hinchados como un durazno a punto de madurar

Quisiera verte debajo del sol del mediodía

Todo transcurre en lentitud dentro de mi cabeza
Mientras intento recordarte exactamente como eras
Y el aromatizante ambiental Glade me remonta a tu rostro lleno de acné
Y vislumbro tu cuerpo en el patio de la escuela, desplazándose como un asteroide

Los audífonos a veces se incrustan como pájaros en las ramas de mi cabeza de árbol
Y hacen nidos de pájaros y me molestan como una piedra en los ojos
Y tengo que volver a cerrar los párpados para admirar la nostalgia dentro de mí