sábado, junio 20, 2026

no escucho nada más


    
    Como casi a diario, independientemente de que tenga, o no, que salir a la calle, me desperté a las 6 AM. Desde hace unos años, soy la clase de persona que sigue esta «rutina» y que ni siquiera en Noche Buena o en Año Nuevo, ni en ningún otro día de asueto o en vacaciones –ni mucho menos el día de su cumpleaños– se despierta más allá de las 6 AM. 

    Ya hice mil cosas, ya me medí la glucosa, ya les di comida blanda a Yoko, a Jackson y a Gatusso, ya les cambié el agua de sus recipientes, ya les recogí la arena, ya jugué un rato con ellos, ya leí unos minutos esta infumable novela (pretenciosa) de Vila-Matas (tal vez no es el mejor momento de mi vida), ya ojeé algunas páginas del gigantesco libro de Bono que estoy leyendo desde diciembre del año pasado, ya salí a tomar el sol, ya me topé con algunos vecinos con problemas de mantenimiento de sueño como yo, ya son las 8 AM.

    Ahora solo quiero tomarme unos minutos de descanso, olvidarme de mis problemas por unos minutos –que la salud de Jackson no mejora, que el Ondansetrón, la Mirtazapina y el Ipakitine no están funcionando; que ya casi no come ni toma agua; que debo cumplir con mis obligaciones fiscales; que debo hacer varios trámites burocráticos y resolverlos hoy mismo, porque hoy mismo me los pidieron; que debo terminar de organizar estas treinta y tantas páginas de análisis estadísticos y escribir en inglés técnico y científico la sección de datos de este nuevo paper en el que estoy trabajando desde hace un mes–, pero apenas me acomodo en la silla para tomar el sol en la terraza, lo único que escucho es el motor de la aspiradora del vecino; otra vez está limpiando su auto, es todo un ritual que no suele llevar a cabo todos los días de la semana, ni siquiera todos los fines de semana de cada mes, excepto esta semana. Ya perdí la cuenta pero tal vez es la tercera vez que lo hace.

    A veces, cuando salgo a correr, el vecino de la casa 48 está en las mismas condiciones que el vecino de la casa 60: lavando su propio auto con una placer que me resulta totalmente inconcebible.

    Otras veces a estos dos vecinos se les une alguien más con una podadora en el jardín de otra casa y, entonces, cuando paso cerca de ellos, no escucho nada más que los motores de sus máquinas. Sepultan la música que traigo en los audífonos y en la cabeza. Todo esto también puede coincidir con el motor de un avión que pasa volando encima de los tres, justo en ese momento. O puede coincidir con el motor de un tráiler que lleva decenas de toneladas y miles de jerseys piratas de la selección mexicana de futbol y que circula por alguna avenida. O puede coincidir con el motor de una motocicleta de un Lorenzo Lamas que “ha salvado el día” y que vuelve a casa. (¡No soporto el ruido de los motores de las motos!, ¿en qué piensa una persona cuya máxima motivación, aparentemente, es subirse a una moto y hacer que gruña el motor de su moto...?)

Los terribles sonidos de todas estas máquinas me desquician, convierten un segundo en un infierno sin fin –ttrrr, ttrrr, ttrrr, ttrrr–, excavan con sus motores en las profundidades de mis membranas timpánicas, me enfurecen, me sacan de mis casillas, y no puedo dejar de pensar cómo todos estos sonidos cambian la presión atmosférica, aumentándola y disminuyéndola brutalmente. Tampoco puedo dejar de pensar en cómo todas estas vibraciones de aire entran por mis canales auditivos y hacen que mis huesecillos del oído medio enloquezcan. Es inevitable no pensar en todo esto porque todos estos temas forman parte de los temas que estudio por trabajo o por diversión, son ideas que constantemente están en mi cabeza, no googleo sobre estos temas para volarle la cabeza a nadie con mis conocimientos.

Además de que no suelo levantarme de la cama más allá de las 6 AM porque ya no puedo dormir, soy la clase de persona a la que le incomodan los ruidos en exceso. Aunque escucho música todos los días (¡no todo tipo de música!) y no podría vivir sin escuchar música, siempre traigo mis audífonos con cancelación de ruido o siempre que escucho música en mi casa, lo hago a un volumen moderado. A diferencia de algunos vecinos con quienes he tenido que lidiar en los distintos departamentos o fraccionamientos en los que he vivido, no me interesa que nadie descubra mis gustos musicales. 

Ocasionalmente escucho un zumbido en el oído izquierdo, ocasionalmente tengo tapado el oído izquierdo, la otorrino ya me dijo que la trompa de Eustaquio “está un poco tensa”, que no estoy quedándome sordo, que mi sistema auditivo no está dañado, que lo que tengo tiene un nombre —ototubaritis—, y sospecho que la ototubaritis aparece justo a la mañana siguiente de un día del carajo en el que estuve enojándome por las cosas que tengo que hacer con personas tóxicas, cuando, por ejemplo, me piden tramitar el mismo documento 4 veces, o resolver un arduo trámite que implica pedirles su tiempo y paciencia a dos o tres personas el mismo día que me piden resolverlo, para que, al final, insinúen que todo es por mi culpa y no por su incompetencia. 

Sospecho que la ototubaritis aparece cuando estoy tenso, cuando he pasado toda la noche apretando la quijada (sin darme cuenta), cuando Jackson apoya su cuerpo en mi brazo izquierdo y pasa la noche conmigo en esa posición y estoy preocupado por él y no quiero aplastarlo y me frustra que esté enfermo y que los medicamentos no estén funcionando y me pregunto por qué seres tan puros y bellos como él tienen que enfermarse y por qué personas del carajo viven muchos años, como Mumm-Ra, el Inmortal.

La ototubaritis no es tinitus. He estado en conciertos muy ruidosos –el de Pantera de 1996 ó 1997 en El Palacio de los Deportes, por ejemplo–, pero esto es totalmente diferente. Y mi aversión al ruido no tiene nada que ver con que soy quisquilloso. El ruido me molesta, me satura, es como una bomba de tiempo en mi cerebro. Y me refiero al ruido de las máquinas, y también a la música a todo volumen de los vecinos. 

    ¿Por qué estamos tan acostumbrados al ruido forzado, a la contaminación auditiva...?, ¿hay algo fascinante en aspirar los asientos de un auto y en usar una poderosa podadora cada tercer día...?, ¿estas actividades son terapéuticas para los dueños de los autos y para quien poda el jardín...? Tal vez no estoy entendiendo nada. 


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