miércoles, julio 09, 2025
And know I'm ready to close my mind
domingo, mayo 04, 2025
todo esto movió algo dentro de mí
Escuchaba esta canción, me preparaba mentalmente para ir al dentista, me cepillaba los dientes, me extraerían una muela del juicio, el dentista no era totalmente de mi agrado, ya sabes, era del tipo «Soy el Dr. Fulano y exijo un kilo de tortillas y traigo servilleta», pero la muela me dolía muchísimo, ya no soportaría otra noche en vela, el ketorolaco ya no era suficiente.
La clínica estaba en un barrio muy bonito, Paseo de Colón creo que se llama, y tenía una sala de espera muy pequeña, tan sólo estábamos 2 pacientes, uno muy separado del otro, y la recepcionista y uno que otro personaje que llegaba y pasaba directamente a algún consultorio, los tres llevábamos cubrebocas, la atmósfera era como del fin del mundo, me concentraba en la canción que sonaba en los audífonos...
... había estado escuchándola mucho, creo que hasta había medio intentado aprender a tocarla en guitarra, los Strokes nunca habían sido una de mis bandas favoritas pero era una canción que me había acompañado durante el dolor, no me remontaba más que a esa experiencia de dolor.
Una media hora antes de salir a la clínica me había mirado en el espejo y me había tomado una foto, pocas cosas me causaban el terror que me causaba ir al dentista, mis recuerdos se remontaban a la infancia, al consultorio de un dentista obeso que quedaba muy cerca del departamento en el que vivimos hasta 1990 mis papás, mis hermanos y yo, en general nunca había sufrido mucho, pero el ruido de los aparatos del dentista y estar sintiendo cómo te tallaba los dientes con esa especie de taladro que despedía un olor a tejido humano quemándose y también el penetrante aroma de los antisépticos y la cercanía del dentista, metiendo mano en mi boca, invadiendo mi privacidad, todo en conjunto, más bien me hacían tener una impresión desagradable de los consultorios dentales.
Tenía poco de conocer al dentista, vivía en el mismo fraccionamiento que yo, me lo habían recomendado unos conocidos, una que otra vez me lo había topado por allí, no recuerdo si ya había empezado a salir a correr al menos un día a la semana, no recuerdo si ya me habían hecho estudios de laboratorio y si ya sabía que me encontraba en un estado prediabético, pero, en todo caso, ya ubicaba al dentista, y tenía la impresión de que era un sujeto un tanto engreído, no exactamente como esos otros sujetos engreídos que también vivían en el fraccionamiento y que se ponían a lavar sus autos cada domingo –algunos tenían hasta tres autos y los usaban incluso para recorrer distancias menores a un kilómetro, como ir de sus casas a alguna de las tiendas del fraccionamiento– y que, mientras lavaban un Audi Q7, tenían abiertas las ventanas del Ford K y la música del reproductor del Ford K retumbando a todo volumen.
El dentista y yo apenas nos habíamos visto en su consultorio un par de veces, pero creo que él se sentía inferior a mí, pero él tuvo la culpa; en nuestra primera cita, entre junio y julio del 2021, se le ocurrió preguntarme a qué me dedicaba y cuando le contesté tal vez no me creyó –no había ido a cortarme el cabello en varios meses, traía dos pendientes, seguramente llevaba una playera y unos Levi's desgastados, nada que ver con el look de los profesionales de la salud o de los catedráticos– y me puso a prueba, me preguntó algo del cerebro, y de pronto ya estaba contándome que había impartido una clase en tal o cual universidad o que había ido a un congreso a Cancún.
Los minutos transcurrían, el dentista todavía no llegaba al consultorio, la canción de los Strokes agonizaba, además de todo tenía que lidiar con la impuntualidad del dentista, no quería estar allí, no quería pensar en que me extraerían una muela, en cuánto me dolería, prefería concentrarme en la otra misteriosa paciente escondida detrás de su cubrebocas a unos metros de distancia –¿cómo sería su rostro sin cubrebocas?, ¿a qué había acudido a la clínica?, ¿también tenía un insoportable dolor de muelas...?–, prefería concentrarme en que, a pesar de todo –la pandemia, esa atmósfera de fin del mundo, la interminable cantidad de trabajo en línea que tenía, el terrible dolor de muelas que había estado sintiendo en las últimas semanas–, tenía un trabajo y una fuente de ingresos estable.
Ya pasaron varios años de esto, no tengo ninguna muela del juicio, pero me encontré esta foto y escuché otra vez a Los Strokes y todo esto movió algo dentro de mí.
sábado, marzo 29, 2025
Soy humano y mi destino es ser mortal
Trato de enfocarme en cómo la canción es una especie de shot intravenoso de algún compuesto químico de los que mitiga el dolor físico y emocional y que además produce amnesia; no quiero pensar en el presente, no me gusta mi realidad; no quiero pensar en que no me gusta viajar en avión, en que, en mis más recientes vuelos, he tenido ataques de ansiedad; no quiero pensar en que podría estar a 10, 000 pies de altura sintiéndome atrapado, en una jaula; en que no habrá escape; en que todo estará en mi mente y en que, sin embargo, no podré hacer otra cosa más que cerrar los párpados y esperar a que el ataque termine.
Dárguelos canta, dice algo como «Soy humano y mi destino es ser mortal...», y aunque esta frase no tiene nada que ver con lo que pienso últimamente de mí mismo (creo), cobra un sentido diferente, así que prefiero concentrarme en la escena de Die Hard, cuando John McClane está en el avión que lo llevará a Los Ángeles, y me repito a mí mismo este mantra: «Tarde o temprano aterrizarás, tarde o temprano te registrarás en el hotel, tarde o temprano subirás a tu habitación y allí te podrás quitar los zapatos...»
*Nada es cierto, todo es cierto, una columna que podrías leer en un diario de circulación nacional, si pudiera escribir los 365 días del año.
sábado, marzo 22, 2025
ya pensaré con mayor claridad cuando vuelva a casa
Estoy de pie, recargado en la pared este (¿oeste...?, ¿norte...?, ¿sur...?) del Auditorio Polivalente, me siento exhausto, son como las 11 de la mañana, es el tercer día del Congreso de la SOMIMS, curiosamente mi primer Congreso de la SOMIMS también se llevó a cabo en Monterrey, eran otros tiempos, la ciudad era más insegura, nos recomendaron no salir a ningún lado, quedarnos en el hotel, durante ¡todo el Congreso!, y aun así nos dimos tiempo para salir al Parque Fundidora, apenas estaba preparándome para la entrevista de admisión al Doctorado en Ciencias Biomédicas, ya impartía 2 horas de un laboratorio de Sensopercepción en la Facultad de Psicología de la UNAM, pero no tenía ni idea de lo que me esperaba en la academia, si alguien me hubiera dicho que volvería a un Congreso de la SOMIMS en el 2025 como miembro de la Mesa Directiva y que entonces sería SNII 2, con más de 40 cursos de licenciatura y posgrado y más de 60 pláticas de divulgación de la ciencia y más de 20 papers publicados en revistas evaluadas por pares, pero sin haber sido profesor indeterminado un solo día de toda mi vida académica, tal vez no lo habría creído. Si alguien me hubiera dicho que daría una charla de alteraciones metabólicas asociadas a la restricción de sueño y que coordinaría un simposio al que invitaría a una experta en restricción de sueño y metabolismo, de la Universidad de Chicago, tal vez no lo habría creído. O si alguien me hubiera dicho que pasaría gran parte de una tarde charlando y caminando por la Universidad Autónoma de Nuevo León con un uruguayo experto en adicciones y orexinas/hipocretinas, del Sleep Research Center de la UCLA, tal vez tampoco lo habría creído.
| «¿Cómo dijiste...?
«Que se le botó un tornillo...»
«Ésa está buena, che...»
«¿Cómo dicen allá...?»
«Que se le descompuso el motor...» |
Si alguien me hubiera dicho que me encontraría casi medio año trabajando sin remuneración económica, viviendo de mis ahorros, lidiando con la frustración de ser SNII 2 sin cobrar el estímulo económico del SNII, que escribiría mi paper #20 en 3 meses y que sería publicado en medio de esa crisis, tal vez habría optado por no estudiar el posgrado en Ciencias Biomédicas y me habría enfocado en la búsqueda de otros intereses: en la escritura de narrativa literaria o en la música, por ejemplo.
Es sábado, deben de ser las 11 de la mañana, ya impartí mi charla, ya coordiné un simposio, la Dra. Erin Hanlon anda por ahí, ayer cenamos y platicamos muchas cosas, mi mente estaba en otra dimensión, no podía pensar en español, mucho menos en inglés, ella me preguntó qué pensamos en México de los ciudadanos de EEUU, si los vemos como vemos a Trump, o si distinguimos entre la administración de Trump y ellos, y también hablamos sobre las IAs y, obviamente, sobre ciencia.
| «I guess my favorite singer is Prince...»
«Really...? And what's your favorite song?»
«“Starfish and coffee”...»
«Oh...!» |
No he dormido bien, salí de la casa el miércoles, el día que cumplió 70 años Bruce Willis, mientras me dirigía al aeropuerto no podía dejar de pensar en las horribles experiencias que tuve en mis más recientes vuelos en avión, en junio, y tampoco podía dejar de pensar en lo que le decía a John McLane un pasajero del vuelo que los llevaría desde Nueva York hacia Los Ángeles, en Die Hard, esa película que veo casi religiosamente cada 24 de diciembre.
Estoy de pie, recargado en la pared este (¿oeste...?, ¿norte...?, ¿sur...?) del Auditorio Polivalente, me siento exhausto, son como las 11 de la mañana, es el tercer día del Congreso de la SOMIMS, un señor con saco y corbata se me acerca y me dice «Felicidades por tu plática, fuiste muy directo y claro» y me aprieta suavemente el brazo, luego me sonríe y vuelve a su asiento. El aire acondicionado está al máximo, ayer tuve que ponerme una frazada mientras escuchaba a otros conferencistas, se me tapó la nariz, soy muy friolento, acabo de salir a caminar por la Facultad de Medicina, por la mañana me parecía que era cualquier día entre semana, pero hace unos minutos todo estaba vacío, caía la tarde, me di cuenta de que era sábado, sólo tengo ganas de volver al hotel y tumbarme a dormir, estar en otra parte, me siento tan débil físicamente, estar en el congreso es como estar en una burbuja, ajeno a la realidad de cada día, viviendo el sueño que debería estar viviendo, el sueño que estaría viviendo si tuviera a un equipo de campaña apoyándome en una universidad (porque ¡vaya sorpresa! eso es más importante que tu trayectoria académica), he hablado con tantos colegas que no tienen por qué saber cómo estoy sobreviviendo, se me han acercado algunos estudiantes, como la chica que ayer se sentó frente a mí y que aprovechó un momento en el que le hacía una pregunta a una Dra. que hablaba sobre la incidencia de narcolepsia tipo 1 en México, y su micrófono dejó de funcionar.
| «Aprovechando la pausa, Dr., quisiera decirle que vi su contenido en redes...»
«¿En serio...?»
«¡Me encantó...!»
«¡Qué bueno...! ¿Y asististe a mi plática...?» |
Estoy muriéndome de frío, no quiero enfermarme, quisiera estar en otra situación, si tuviera una plaza definitiva volvería a la CDMX con potenciales colaboraciones, probablemente comenzaría a planear que algunos de los estudiantes de mi grupo hicieran una estancia corta en la Universidad de Chicago o en el Sleep Research Center de la UCLA, pero a quién le importa, ya estoy perdiendo la fe en la academia, ésa es la única verdad, a veces pienso que debería enfocarme en escribir, que es una profesión igual de incierta que la academia (y ¡por supuesto!, también hay publicistas, gente que te vende “al Dostoeivski mexicano”, gente que sigue las estrategias de Joseph Goebbels y repite la misma mentira una y otra vez hasta que los lectores dan por hecho que están leyendo al “Dostoievksi mexicano”, que serían unos tontos si no lo leyeran y no estuvieran convencidos de que se trata del “Dostoievksi mexicano”), en fin, tal vez sólo estoy exhausto, ya pensaré con mayor claridad en un par de días, cuando vuelva a casa.




