miércoles, julio 26, 2006

Sólo escuché a Robota una vez en El Pasagüero



Estoy seguro que era el último viernes de enero. 

Había sido un mes de lo más aburrido. 

Hacía mucho frío en la calle. Cuando pensaba que debía haberme quedado en la casa, empecé a ver a varios conocidos en El Pasagüero. 

Esa noche tocarían Austin TV, Meet Yr. Feebles y Robota. 


Las entradas eran demasiado caras para mí -
acababa de graduarme de la licenciatura, incluso con Mención Honorífica, pero no tenía trabajo-, pero de todas maneras pagué con lo que me quedaba de mis ahorros. 

Quería escuchar a Robota. 


Algunos de los sujetos con los que me juntaba decían buenas cosas de la banda. 
Además, uno de los integrantes de Robota tocaba en Nos Llamamos con mi hermano, y, aunque no sabía qué tipo de relación tenían, creía que eran amigos. 



Adentro del foro, un amigo de mi hermano me invitó una cerveza -él trabajaba como periodista para una revista de música y tenía cortesías- y empecé a bebérmela muy despacio. 


Yo no tenía dinero más que para volver a la casa y tal vez ésa cerveza sería la única que bebería en toda la noche. 

La novia de mi hermano me contó que a ella le gustaba mucho Robota, pero que no soportaba a Austin TV. Los consideraba demasiado estudiados. Decía que eran una copia de una banda -justamente de Texas- llamada Explosions In The Sky. 


Ella me pidió cerveza y no pude negarme. A veces se ponía demasiado susceptible. 

Se la bebió toda de un sorbo, y la odié un poco. 

Luego, señaló hacia la puerta y me dijo que el tipo que estaba entrando era músico de Los Fancy Free. Era un melenudo que se llamaba Navarrete, o algo así. 


El tipo notó que lo mirábamos y adoptó una actitud de rockstar. 


Encogí los hombros y le dije a Susana que yo no conocía esa banda. 



Robota subió al escenario casi una hora después. 

Yo estaba impaciente y sobrio, pero me alegraba la posibilidad de escucharlos en vivo. Finalmente podría formarme una opinión de su música. 

Me abrí paso entre la gente para estar lo más cerca del escenario. 


Algunos músicos parecían entrar en catarsis con sus instrumentos y otros simplemente los veían como una herramienta para divertir a la gente.

Yo quería descubrir cómo se comportaban los músicos de Robota. 

Robota tocó alrededor de 40 minutos.


Después de la actuación se encendieron las luces del foro, para que Meet Yr. Feebles acomodara sus instrumentos en el escenario. 



No me gustó por completo la música de Robota; sólo algunas de sus canciones. 

Prefiero el sonido orgánico y crudo de la batería y de la guitarra eléctrica. 
La música de Robota se basaba excesivamente en los sintetizadores. 

Volví al rincón donde estaban mis conocidos. 


Había una mujer con ellos, hablando pestes de Robota. 

"¡Sonaron horrible!", exclamaba. 


Al hablar, hacía aspavientos. Su histrionismo me cayó mal. 


"Ella es Paty...", me la presentó mi hermano. 


Le ofrecí la mano para saludarla, pero ella me dejó con la mano extendida y me dio un beso en la mejilla. Me sentí fuera de sitio. Ni siquiera la conocía y me había saludado de beso. 


Paty vestía llamativamente. Traía una falda corta estilo bailarina a gogó y unas medias gruesas con una serie de ilustraciones que me hicieron pensar en Naranja Mecánica. 


"Me voy... Tengo que llamar por teléfono a mi hermana", dijo, sin dejar el histrionismo a un lado, y se marchó. 


Mi hermano me dijo que esa mujer tocaba en una banda que se llama Los Licuadoras y que escribía en La Mosca.


Después de Meet Yr. Feebles, opté por irme del lugar.

Tampoco me gustaba Austin TV. 
                                        
***
ÉSTE ES UN EXTRACTO (UN BORRADOR) DE UN LIBRO QUE PUBLICARÉ ALGÚN DÍA.

viernes, julio 21, 2006

Podría tratarse de una alucinación



Al verla en cuclillas, cerca de mí, me quedé sin aire.

Estaba atónito. 
¿Acaso había visto, su...?

Yo estaba perdido de borracho y no tenía muy claro si todo era real.
Podía tratarse de una alucinación. 

Bebimos varias cervezas -aunque creo que Gisselle prefería Torres-, y empezamos a hablar. Me contó que acababa de volver de Europa. La habían decepcionado el Museo de Louvre y Amsterdam, pero le había encantado El Coliseo Romano. 

Se sorprendió cuando le dije que yo nunca había estado en Europa -sobre todo cuando le conté que había impartido un curso en la universidad donde ella estudiaba-, y me dijo que seguramente nunca lo había deseado tanto. 

Luego sonrió y me preguntó si volvería a dar clases en esa universidad. Le respondí que no dependía de mí y que el curso no había sido de lo mejor. Le confesé que ése había sido mi primer empleo con sueldo y que nunca antes había tenido a un grupo de alumnos totalmente a mi cargo. También le confesé que jamás había impartido ese curso y que odiaba un poco la psicología cognoscitiva.   


Estuvo de acuerdo conmigo. 


Cambió abruptamente de tema.

Según ella, La Capilla Sixtina era el mejor bar que conocía de la ciudad -y eso que conocía casi todos- y la gente era súper buena onda. También me dijo que ella estaba allí casi todos los fines de semana, por si quería seguir viéndola. 

Sonrió. Tenía una dentadura asombrosa. 

Ésa era la primera ocasión que yo estaba en ese bar. Me parecía un lugar pretencioso y carísimo. Además, prácticamente era un rave y estaba lleno de hippies de Coyoacán. 


Gisselle me miró de nuevo y, por un instante, creí que nos besaríamos, pero me pidió que bailáramos.


Pregunté: 

"Y ¿cómo se baila esto?"

Y ella sonrió de nuevo y acercó su boca a la mía. 

Repentinamente me dio la espalda y volvió a agacharse y a mostrarme deliberadamente, por segunda ocasión en la noche, su ropa interior. 

Dijo:



"¡Creí que se me había caído algo...!"

Se carcajeó, y luego posó su mirada en mí. 


Cuando en verdad estaba seguro de que nos besaríamos -ella volvió a acercar su boca a la mía-, tuve arcadas y corrí al baño. 


Me pregunto si al volver, ella seguirá allí.


Yo estoy perdido de borracho y no tengo muy claro si todo ha ocurrido realmente cómo creo que ha ocurrido.
Podría tratarse de una alucinación. 

También me pregunto en qué momento se puso de moda mostrar la ropa interior. 


miércoles, junio 21, 2006

Je suis réveillé


La luz del sol me da en la cara.
La radio suena como una cascada de voces.
La conversación de los locutores es como un rumor de agua.
Estoy despertando, y me siento bien.

Hay como un torbellino de imágenes que recorren mi mente. 

Las voces gravitan en las paredes de la alcoba.
Recuerdo que mi papá me contó que cuando era niño lo asombraba la radio.
No sabía cómo le hacían los locutores para meterse allí.

No quiero levantarme de la cama.

Podría intentar quedarme dormido otro rato.
¿Cómo decía ese poema de Borges?
"El sueño que soñé es..."
"¿Es o no es el sueño que soñé antes del alba?"


Tengo la impresión de que estaba soñando algo agradable.

Creo que Ella aparecía en el sueño. 
Si continúo soñándola, sólo significa que la extraño. 

Ya no quiero que aparezca en mis sueños. 


Me siento inútil. Acabo de titularme. No tengo trabajo. 

Los trabajos ordinarios son horribles. 

Me gustaría levantarme de la cama con un propósito, y no tener tanto tiempo libre. 


Estoy convencido de que jamás me podré ganar la vida escribiendo. 


lunes, junio 05, 2006

Sólo quiero escapar de mi reflejo


Estoy completamente borracho, balbuceando conmigo mismo frente al espejo.

Me resulta vergonzoso reconocer mi reflejo. Es como si el tipo del espejo fuera un yo inferior y más salvaje y más real. 

Bajo la mirada al lavamanos, escapando de mi reflejo, y contengo los deseos de vomitar. Abro el grifo del agua y me mojo las manos. También me mojo la cara y los cabellos. Los pensamientos se agolpan en mi cerebro, como en una ráfaga.


Otro chico, igual de borracho que yo, se pone junto a mí. Miro su calzado. Usa unas zapatillas deportivas Adidas, y parece que tienen una mancha de vómito. 


Levanto brevemente la mirada y nuestros reflejos coinciden en el espejo. Sonreímos como autómatas.

Le hago algún comentario bobo. Cuando hablo con extraños, no es una buena señal. Les cuento cosas ofensivas y después tengo que huir. 


Siempre que termino en estas condiciones en el baño de algún bar, me prometo que no volveré a beber.  


Vuelvo a bajar la vista, después de lamentar mi falta de control. 


El chico me da una palmadita en la espalda y se larga.



¿En qué estaba pensando antes de venir al baño?


Lo último que recuerdo es que bebía una Heineken, mientras sonaba alguna canción de rock en español -tal vez Soda Stereo- y que alguien cercano a mí hablaba sobre Nos Llamamos -una de las bandas undeground que le gustan-, cuando me percaté de que una mujer me miraba con insistencia. 


Luego ella se acercó a la barra, sin dejar de mirarme, y comenzamos a charlar.


Me dijo que se llamaba Gisselle y que a menudo viene a La Capilla Sixtina.
Fue inevitable recordar a una chica de la preparatoria que me gustaba mucho. 
Gisselle guardaba un parecido asombroso con ella. 

Luego algo se le cayó, tuvo que agacharse a recogerlo... y no pude evitar seguirla con la mirada. 


Cuando Gisselle se incorporó, volteo a verme con una amplia sonrisa.

Sus ojos parecían un par de luciérnagas en la penumbra. 

Y me preguntó:



"¿Te gustó lo que viste?"

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ÉSTE ES UN EXTRACTO (UN BORRADOR) DE UN LIBRO QUE PUBLICARÉ ALGÚN DÍA.

martes, mayo 02, 2006

Burroughs es mi pastor



Sólo he visto su rostro avejentado en algunas fotografías en las que sostiene su escopeta, o en las que fuma un cigarrillo mientras escribe en una Smith Corona, pero he creído comprender muchas cosas de los junkies a través de él, cuando lo leo y estoy enfermo, tumbado en la cama, desesperado porque ningún tratamiento médico parece funcionar, aun cuando sigo una estricta dieta y he dejado de fumar y de beber alcohol por meses.

También he creído comprender a los junkies cuando leo a Burroughs y pienso que me hace falta consumir una droga para sentirme bien y sumergirme en la estupidez en la que parece estar sumergida la mayoría de la gente.



Nunca lo he soñado, pero siempre lo alucino cuando tengo fiebre. 

En el delirio de la enfermedad provocado por los antibióticos, su voz retumba en mi cabeza, gravemente afectada. 

Susurra:

"The priest they called him...
The priest they called him...
The priest they called him..."

Cierro los párpados y temo perderme en las profundidades de la paranoia, pero Burroughs siempre está allí, en la penumbra. 

El sol se apaga dentro de mí y el reposo parece un largo crepúsculo.

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ÉSTE ES UN EXTRACTO (UN BORRADOR) DE UN LIBRO QUE PUBLICARÉ ALGÚN DÍA.