viernes, agosto 16, 2013

No vuelvo a llegar tarde



Tenía casi 40 minutos de retraso, cuando finalmente encontré el edificio. 
Siempre había llegado allí en compañía de alguien y creí que sería sencillo dar con la dirección, pero la calle de Ámsterdam parece un laberinto. 

Desde el interfono, llamé a Denisse.

Me respondió de manera cortante, reclamándome la demora -igual que yo, ella odiaba la impuntualidad- y yo sólo le dije que lo lamentaba mucho, que me había perdido. Pero no me creyó. 

Aunque apenas nos conocíamos, Denisse supuso que yo había fumado marihuana y que por esa razón me había costado trabajo dar con la dirección. 

Sus amistades eran del tipo de personas que consumían drogas todo el tiempo y estaba acostumbrada a pensar así.

Me sentí ofendido, pero después de todo ella tenía razón para estar enojada.
La impuntualidad es imperdonable.  

Antes de colgar y de abrir la puerta del edificio desde su departamento, Denisse agregó, en tono sarcástico: 

"Es en el segundo piso... en el número 23... ¿sí lo recuerdas?" 

En realidad su departamento era el número 203, pero ella estaba obsesionada con Michael Jordan -coleccionaba sus zapatillas deportivas y las playeras de los Chicago Bulls con el número 23, y decía que incluso había ido una vez a verlo jugar un partido de la NBA- y además no dejaba de decir que el cero no contaba. 


Entré en el edificio. 

Se veía más limpio que la última vez que había estado allí.
Olía a pintura fresca y a pino. También hacía frío.

La combinación de todos esos estímulos me dio mala espina.

Me hizo recordar todos esos largos inviernos en los que mi papá nos ponía a pintar la casa a mi hermano y a mí. Pasábamos unas horribles vacaciones y a mi papá casi nunca lo dejaba satisfecho el trabajo que hacíamos. Si terminábamos de pintar una habitación en tiempo récord para tomarnos un día libre, nos preguntaba por qué no habíamos comenzado con otra.  

Me despabilé y caminé hacia las escaleras. 

Denisse me había llamado por teléfono unas horas antes. Según ella, tenía algo importantísimo qué contarme. Me daba lo mismo. Yo sólo quería verla. 
Había sido mi alumna en un curso de la universidad muchos años atrás y siempre me había gustado. 


Al subir las escaleras, mi estómago gruñó. 

No había comido nada desde la noche anterior. 

Denisse cocinaba platillos deliciosos y me reconfortó la posibilidad de que hubiera preparado algo para mí.  

Toqué la puerta de su departamento. 
Casi de inmediato abrió y me plantó un escandaloso beso en la mejilla.

Acababa de bañarse -tenía el cabello húmedo- y lucía muy fresca.
Me hizo pasar. 

En el departamento olía a café recién hecho. Denisse me ofreció una taza de café.
Aunque no me gusta, acepté. 

"Supongo que también tienes hambre, ¿verdad?", adivinó, y me invitó a sentarme en el comedor, con un gesto. 

Luego, mientras me servía café en una taza, me dijo que acababa de comer y que además no tenía mucho tiempo para hablar conmigo. Tenía que acompañar a su papá a algún sitio. 

En la mesa había tres platos con residuos de comida. Los residuos parecían de lasaña, de ensalada de col y de pastel de chocolate. Salivé y me sentí como uno de los perros de Pavlov. 


De la nada, Denisse comenzó a explicarme por qué pensaba que nuestra relación era extraña y entonces yo creí que ella finalmente confesaría que también estaba interesada en mí -lo había intuido en varias ocasiones-, pero sólo se limitó a hablar de la época en que yo era su profesor.

Decepcionado, le di un sorbo al café. 
Me quemó la lengua y tuve que hacer un esfuerzo para no escupirlo. 

"¿No te importa si lavo los platos mientras platicamos?", preguntó.

Le dije que estaba bien. 

Denisse recogió los tres platos de la mesa, me dio la espalda -el departamento era pequeño y la cocina estaba a menos de un metro del comedor- y se puso a lavarlos.

Mientras yo sentía que el café había irritado mi estómago, Denisse tomó una Scotch Brite que tenía junto al escurridor de los trastes y la metió en un recipiente que tenía en el fregadero. Luego tomó una botella de Salvo, vertió un poco del líquido en el recipiente y puso el recipiente bajo el grifo del agua. 

Abrió la llave del grifo, y volteó a mirarme y me sonrió. 
Su dentadura era asombrosa. 

Después de algunos segundos, ella cerró la llave del agua y empezó a tallar los platos en círculos, uno por uno, metódicamente. Me hizo pensar en Daniel Larusso cuando el Señor Miyagi lo puso a encerar su automóvil. 


Me dijo que habían asaltado a su papá y que él estaba levantando una denuncia en el Ministerio Público.

"¿Levantando?", le pregunté.

Ella volteó a mirarme otra vez y me lanzó una sonrisa amarga y me sentí mal. 
Me di cuenta de que debí haberle preguntado si su papá se encontraba bien, en vez de quererme hacer el gracioso.

El ardor en el estómago era insoportable, pero le di otro sorbo al café.

Denisse enjuagó los platos y luego tomó una botella con cloro y vertió un chorro de cloro en el recipiente que contenía la mezcla de agua y de Salvo, y después remojó una vez más la Scotch Brite en el recipiente y volvió a tallar los tres platos. 


Cuando terminó, volvió a abrir la llave del agua y le quitó los residuos de jabón a los platos. 

El hambre era insoportable. Iba a preguntarle si no tenía un trozo de lasaña que pudiera ofrecerme, cuando volvió a remojar la Scotch Brite en el recipiente. 

Sintió mi mirada, volteó a verme y dijo:

"A veces no es suficiente, una sola tallada..."

Y sonrió maliciosamente. 

Se la pasó lavando los platos casi treinta minutos, sin decir una palabra más.  
Pensé que estaba castigándome por haber llegado tarde a su departamento, o que simplemente era una obsesiva-compulsiva. 

Me levanté de la mesa, me despedí y le dije:

"No vuelvo a llegar tarde".

viernes, julio 19, 2013

Un viaje que no tuvo ningún sentido


Hace diez años, Pearl Jam vino por primera vez a México. 

Originalmente darían dos conciertos, pero los boletos se agotaron en unas cuantas horas y los organizadores abrieron otra fecha. 

No era una de las bandas que más escuchaba. Siempre había creído que Eddie Vedder era un tipo falso y desconfiaba de Pearl Jam. Era una de las pocas bandas del sonido Seattle a las que no le molestaba la fama y no entendía por qué. 

Conseguí tres boletos para la tercera fecha.

Eran vacaciones de verano, pero todos los días corría los experimentos de mi tesis de licenciatura en un laboratorio de Aprendizaje y Conducta Adaptativa en Ciudad Universitaria. 

Esa mañana, una compañera se encargó de los experimentos y fue así como pude estar desde temprano formado en las taquillas de El Palacio de Los Deportes.   

Ese último concierto de la gira de Riot Act (2002), ocurrió un sábado. 

Fue un gran concierto. 

sábado, junio 01, 2013

Wash Away The Rain


Faltaban quince minutos para las siete de la noche, cuando salíamos del metro Velódromo. 

Estaba más emocionado de lo que había pensado.

Ni siquiera en cuanto tuve en mis manos los boletos (hace más o menos un mes), me pasó por la cabeza que desde la mañana del viernes 31 de mayo estaría contando los minutos para el concierto de Soundgarden. 

King Animal no me había encantado, pero esperaba que la banda de Seattle tocara la mayoría de las canciones que me gustaban y que no sólo vinieran a promocionar su más reciente álbum de estudio. 

(¿Qué tal si hacían lo mismo que los Smashing Pumpkins cuando vinieron por primera vez a la Ciudad de México?)


El camino hacia El Palacio de Los Deportes estaba lleno de gente que parecía sacada de algún programa de MTV de la década de los noventa.

Hasta había algunos niños grungy que acompañaban a sus papás, vestidos con jeans, camisas de leñador y Converse. 

El ambiente me impresionó tanto que me remontó a esa época en la que todo mundo -incluso aquellos que no conocían el sonido Seattle- sabía quién era Kurt Cobain.

El ambiente se parecía al de aquella época en la que los protagonistas de los programas de MTV eran outsiders con algún talento artístico y con crisis existenciales que los llevaban a considerar el suicidio.

(Tengo la impresión de que los protagonistas de MTV ahora son jóvenes que se la pasan en la fiesta, emborrachándose hasta perder la consciencia y acostándose con todo mundo.)


Me sentía fuera de sitio -tenía casi 4 años sin asistir a ningún concierto-, pero me bastó pasar por un puesto de playeras y tazas en el que sonaba Godsmack a todo volumen.

Pensé que habría todo tipo de puestos y souvenirs, pero sólo había unos cuantos puestos en los que vendían tazas, playeras, pines, gorras, llaveros y stickers. 

Cuando asistía regularmente a conciertos -más o menos antes de ingresar al Doctorado-, la mercancía era más variada.

(Por ejemplo, cuando The Cure y Pearl Jam vinieron a tocar, hasta había algunos puestos en los que vendían las discografías de las bandas en mp3 y DVDs de conciertos difíciles de conseguir. 

Las discografías eran un trabajo casi artesanal, porque no sólo tenían las carátulas de todos los álbumes oficiales de la banda y las letras de todas las canciones, sino que también incluían bootlegs de conciertos muy codiciados por los fans.) 

La mercancía oficial de Soundgarden estaba carísima y tampoco era tan espectacular.


Cuando llegamos a nuestros lugares, lamenté haber comprado boletos en esa sección. 
¡Eran de la misma sección que los del concierto de los Pumpkins! 

(Compré boletos de la sección C porque la beca termina en diciembre -aunque ya me puedo titular, todavía quiero terminar otros experimentos que me tomarán algunos meses del año siguiente- y necesitamos ahorrar.) 


El escenario no nos quedaba tan lejos, pero aún no había mucha gente. 

Sabía que cuando el foro se llenara, no escucharíamos ni veríamos nada bien desde allí.


Comencé a beber para dejar de pensar en ese asunto. 


Mientras bebía y el foro se iba llenando poco a poco, los técnicos de sonido de Soundgarden subieron al escenario.


El concierto estaba anunciado a las 21:00 horas. Apenas eran las ocho y cuarto. 

Los técnicos de sonido se quedaron en el escenario un largo rato y luego subieron en repetidas ocasiones.


La espera me pareció tan tediosa que tuve que beberme otra cerveza. 


Pasaron unos veinte minutos y en algún momento encendí un cigarro y empecé a fumármelo. 


Más o menos dos terceras partes del foro ya estaban llenas, y la gente comenzó a corear el nombre de la banda para ejercer presión. 


Ya estaba ebrio y por esa razón consideré unirme a los coros, pero me dieron ganas de ir al baño.


Mientras abandonaba mi lugar, me sentí de lo más estúpido. 

Qué tal si Soundgarden salía al escenario precisamente cuando yo estaba en el baño.  

Caminé rápidamente.

No quería entretenerme, pero no pude ignorar las conversaciones de la gente. 


Unos tipos con aspecto de nerds discutían sobre el sonido de la guitarra Guild S-100 que  Kim Thayil había usado en la gira de Down On The Upside.

Uno de ellos lo había visto tocar una Jazzmaster en un concierto reciente en Europa, y los dos especulaban que saldría a tocar esa noche con esa guitarra porque las Fender sonaban mucho mejor que las Gibson. 


Una mujer con los hombros descubiertos y llena de tatuajes de calaveras y catrinas platicaba con un tipo barbudo de aspecto hipster y le decía que no le había gustado para nada la carrera solista de Chris Cornell. 


El hipster le decía que Audioslave había sido una gran banda y que Chris Cornell tenía toda la libertad de explotar su voz y de cantar Billy Jean, o lo que le diera la gana. 


Estuve de acuerdo con él. 


Can't Change Me, Like A Stone y I Am The Highway son de mis canciones preferidas de todos los tiempos.


Son muy emotivas y siempre que las escucho me transportan a momentos que me gusta recordar.  



Dos chicas con los cabellos teñidos de verde y que traían faldas escocesas y Doctor Martens, discutían cuáles eran las mejores bandas grungy. 

Una de ellas decía que Bush, y la otra decía que Silverchair. 


Me parecieron de lo más idiotas. 


Estaba ya tan ebrio que no toleré su falsedad. 

Pensé que ni siquiera conocían a Mudhoney, ni sabían que un tal Jason Everman había tenido un paso fugaz por Nirvana antes de tocar un par de conciertos con Soundgarden. 


Obviamente tampoco sabían que Kurt Cobain había despedido a Jason Everman de Nirvana porque consideraba que él ejercía una influencia heavy metal en su banda y que justamente por esa razón Soundgarden lo había contratado.


Mucho menos sabían que Jason Everman había dejado la música y que se había enlistado en las Fuerzas Especiales del Ejército de Estados Unidos y que incluso había combatido en Afganistán. 


Estuve a punto de detenerme, para decirles dos o tres cosas, pero ya no resistía. 



Finalmente llegué a un baño.  

La fila era enorme, y recordé que me había prometido no beber alcohol esa tarde. 

(Tenía casi diez meses bebiendo en exceso todos los fines de semana. 
Ya tenía el rostro hinchado y la panza de alcohólico. La relación con mi tutor de Doctorado se estaba volviendo una tortura, y necesitaba alcohol para sobrellevar el estrés.)

Mientras permanecía formado en la fila y la fila parecía no avanzar -la gente que ocupaba los mingitorios no dejaba de conversar ni de contar chistes, y se tardaba más de lo necesario-, me acordé de otros conciertos en los que había estado en la misma situación. 

Tuve que ponerme a pensar en algo divertido para tolerar la espera.

Traté de recordar un capítulo de How I Met Your Mother en el que Mosby y Marshall se pierden un concierto por estar buscando los baños. 

Ellos habían fumado yerba y siempre estuvieron a unos cuantos metros del baño, pero jamás lo encontraron. 

Cuando estaba a punto de recordar qué clase de concierto se habían perdido, finalmente pude pasar al mingitorio.


Cuando salí del baño, encendí otro cigarro y un tipo de seguridad me hizo apagarlo. 

Al regresar a mi asiento, la gente estaba más impaciente que antes.

Los técnicos de sonido continuaban paseándose por el escenario. 

Volví a tomarme otra cerveza y a encender otro cigarrillo. 

Al cabo de unos minutos, tuve que ir al baño de nuevo. 

La fila era todavía más grande que la ocasión anterior y estaba segurísimo de que ahora sí me perdería las primeras canciones del concierto por estar allí. 

Por fortuna, nadie tuvo muchos deseos de conversar ni de hacer chistes y la fila avanzó muy rápido. 

Cuando regresé a mi asiento, la sección de a pie ya estaba llena y las tribunas estaban ocupadas en su mayoría, pero todo lo demás seguía igual. 

Los técnicos de sonido continuaban haciendo pruebas. 

Me fumé otro cigarrillo.



Finalmente, alrededor de las nueve de la noche, las luces se apagaron en El Palacio de Los Deportes, y Chris Cornell, Kim Thayil, Ben Shepherd y Matt Cameron subieron al escenario. 

Se colocaron sus instrumentos y comenzaron con Searching With My Good Eye Closed.

Estábamos tan lejos del escenario que no escuchábamos nada bien -incluso la voz de Chris Cornell sonaba cansada y vieja-, pero identifiqué la canción porque era la misma con la que habían abierto los conciertos de la gira King Animal.

Al terminar esa canción, Matt Cameron tocó los platillos y el hi hat y de inmediato sonó  Spoonman. 

Desde dónde estábamos sólo veía a la gente saltar en la pista y mover las manos en lo alto, mientras unas luces se encendían y se apagaban al ritmo de la guitarra de Kim Thayil. 

Al final de esa canción, Chris Cornell dijo algunas palabras en español y la gente lo ovacionó. 

Siguieron con Jesus Christ Pose.


Fell On Black Days me remontó a la época en la que conocí la música de Soundgarden.  

(Debió de ser el verano de 1995, cuando pasaban el video de esa canción por el canal 7.

Tardé varias semanas en conseguir Superunknown. 
Lo compré en un otoño, en un tianguis de Iztapalapa, y lo escuché decenas de veces.
La música era densa y sombría y mucho más elaborada que la de las bandas que escuchaba, y las letras de sus canciones contenían mensajes deprimentes y crípticos. 

En ese tiempo, jamás se me ocurrió que escucharía a Soundgarden en vivo alguna vez.) 

Luego tocaron Never The Machine Forever -una de las canciones que más me gustan de Down On The Upside-, Hunted Down -una de las pocas canciones de la era previa a Badmotorfinger que me gustan- y Flower. 


Ben Shepherd, con su 1.93 de estatura y su peculiar manera de tomar el bajo casi a la altura de las rodillas, era el único miembro de la banda que recorría el escenario de un lado a otro y el único que parecía estar más conectado con el público. 


Pensé que tal vez tocarían alguna de las canciones de su autoría, como Head Down.  




Las canciones más emotivas fueron Black Hole Son y Blow Up The Outside World.

(Cada vez que la gente coreaba 



"Won't you come and wash away the rain..." 

era espeluznante. 


No podías dejar de imaginarte cómo había sido la primera vez que todos los miembros de la banda escucharon juntos esa canción por la radio.


Iban en el automóvil de su mánager. Kurt Cobain acababa de morir.) 


La última canción antes del encore fue Blow Up The Outside World.


Chris Cornell sostuvo el micrófono en lo alto y conminó a la gente a hacer los coros y éstos continuaron mucho tiempo después de que la canción terminara. 


La comunión entre él y el público fue impresionante. 


El encore terminó con Slaves & Bulldozers. 


Me hubiera gustado escuchar Let Me Drown, Head Down y Applebite. 

miércoles, mayo 22, 2013

Soundgarden vendrá de gira a México con su sexto álbum de estudio



Tenía trece años cuando el cadáver de Kurt Cobain fue encontrado en el invernadero de su casa en Seattle. Estaba en las últimas semanas de clases en la secundaria y las noticias que salían a todas horas en todos los medios de comunicación siempre tenían relación con el reciente asesinato de Luis Donaldo Colosio, en Tijuana. 

En la secundaria, nadie sabía nada de música punk. Mis compañeros más disidentes escuchaban a Ace Of Base, a MC Hammer y a Inner Circle. Algunos cuantos escuchaban a 4 Non Blondes.-o, más bien, sólo conocían What's Up?-, pero la mayoría ponía cumbias y salsas en las fiestas. 

Era decepcionante. 


Cuando entré a la preparatoria, me juntaba con unos tipos a los que les gustaba el punk rock. A veces fumábamos detrás de la escuela -sobre todo los viernes-, en un callejón. Todos ellos tenían familiares que les habían inculcado el gusto por la música. Conocían a bandas de las que nunca había oído hablar en mi vida, y me prestaban muchos discos compactos y cassettes.

Nos sentábamos en la acera, justo de frente a una pared que decía "Nirvana", y nos íbamos pasando el cigarrillo, mientras alguien daba su opinión sobre tal o cual banda que acababa de escuchar. Debajo de esa leyenda, había otra que decía "Rape Me", con la misma tipografía.


Me daba pena reconocer que era un ignorante, y esperé a que a alguno de mis amigos se le ocurriera decir cualquier cosa al respecto. Quería saber qué demonios significaban esas tres palabras que estaban escritas en la pared y cada vez que llegábamos a sentarnos frente a esa pared y nadie comentaba nada al respecto, la leyenda me parecía más enigmática. 

A ninguno de ellos les gustaba el sonido Seattle -lo consideraban más pop que punk- y por esa razón tuvieron que pasar más de dos meses para que alguien comenzara a hablar sobre Nirvana y Kurt Cobain. 


Alguien me grabó en cassette el Nevermind unos días antes de las vacaciones de diciembre. Lo escuché varias veces, hasta memorizar las canciones. En la víspera de Navidad mi papá me regaló el Unplugged In New York -acababa de salir a la venta- y me la pasé escuchándolo en mi recámara, bebiendo whisky a escondidas. 

Era difícil ignorar que jamás podría escuchar a esa banda en vivo.

Empecé a buscar a otras bandas punk rock similares que pudiera escuchar en vivo.


Una tarde vi Fell On Black Days en televisión abierta. Era un video en blanco y negro, con un ambiente oscuro y críptico, muy distinto a los que estaba acostumbrado a ver. 

La banda -conformada por dos guitarristas, bajista y baterista- sólo tocaba en vivo, en un estudio de grabación. Las cámaras hacían acercamientos a los miembros de la banda, esporádicamente, y la música sonaba a decadencia, desesperación y agresividad, y la voz del cantante alcanzaba notas muy altas. 

Pero lo más importante era que el video se centraba en la banda tocando en vivo. 



Conseguí Superunknown en un tianguis de Iztapalapa y lo escuché todo el verano.
El álbum estaba lleno de canciones asombrosas y la música tenía ciertos tintes de Led Zeppelin, pero lo más evidente era que tanto las letras como las canciones eran mucho más elaboradas que cualquier canción de Nirvana. 

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Después me regalaron en un cumpleaños un disco que no me gustó y lo cambié por Badmotorfinger en El Chopo. Me costó trabajo apreciarlo porque tenía un sonido demasiado heavy metal. 

Luego compré Louder Than Love -que tenía un sonido semejante a Badmotorfinger- en el tianguis de Filosofía y Letras de la UNAM, y me costó más trabajo apreciarlo. 

En esa época Soundgarden estaba por sacar a la venta Down On The Upside, su quinto álbum de estudio, y yo estaba muy entusiasmado ante la posibilidad de escuchar a una banda cuyos integrantes seguían vivos y haciendo música.



Down On The Upside me gustó. Me pareció un poco más estilizado que Superunknown y que tenía algunas canciones que sonaban más a Pink Floyd que a Led Zeppelin o que a cualquier otra banda de punk rock de principios de los 90's. 

Imaginaba que su siguiente álbum sería asombroso, pero casi dos años después de Down On The Upside, cuando aún tenía la esperanza de que Soundgarden viniera de gira a México, la banda se desintegró. 

Chris Cornell se volvió solista. Ben Shepherd formó otra banda. Matt Cameron se volvió el baterista fijo de Pearl Jam. Kim Thayil se dedicó a producir a otras bandas. 


A pesar de la separación, salieron varios discos más de Soundgarden. 

Algunos eran compilaciones de éxitos, como Telephantasm, o de canciones en vivo, como Live On I-5, o de lados B. 

Chris Cornell siguió haciendo carrera solista y su carrera tomó tintes pop -incluso llegó a hacer covers de Michael Jackson- y después tuvo una breve incursión en Audioslave.

    
En el 2010, Soundgarden grabó Live To Rise para el soundtrack de una película de superhéroes y la prensa especuló que tal vez se reunirían nuevamente de manera definitiva. 

En el 2012 grabaron King Animal, su sexto álbum de estudio, y anunciaron una gira mundial que llegará a México el viernes 31 de mayo del 2013. 

Pensé que iba a perseguirme la maldición de Nirvana y que nunca podría escucharlos en vivo.