miércoles, enero 28, 2009

¿Es culpa de los alumnos, o del doctorado?


Las horas pasan y los minutos estallan en mi cabeza.
El curso escolar comienza el próximo martes. Daré clase los martes y los miércoles de 10 a 12, y no me decido a prepararla. No tengo ganas ni entusiasmo. 

Desde hace tres años, imparto clases en la Facultad de Psicología. Al principio, lo disfrutaba muchísimo; ahora, no tanto. Casi todos los alumnos son perezosos y exigentes. Raras veces hay alguien que esté realmente interesado en aprender lo que yo enseño. Casi todos quieren terminar en un trabajo aplicando pruebas psicométricas para ganar mucho dinero, o imaginan que tendrán un bonito consultorio y que serán terapeutas y que saldrán por radio y televisión dando su opinión acerca de algún asesino serial. 



Sin embargo, creo que no disfruto tanto la docencia como antes, por culpa del doctorado. No por culpa de los estudiantes. Es absorbente -mi tutor raras veces reconoce mi dedicación-, y no me da tiempo para nada más. Casi casi debo pedir permiso para impartir mis clases. 

Raras veces puedo preparar mis clases de la manera en que solía hacerlo. Tengo otros compañeros de laboratorio que no tienen otra actividad más que estar en el laboratorio, y, a diferencia de mí, nunca tienen datos. 

No debería darle importancia a ciertas cosas, como cada vez que mi hermano me presenta a sus amigos y les dice "él es psicólogo, y está casado", porque en realidad no soy sólo eso. Pero aquí estoy, procastinando, pasando el tiempo en este blog, juntando palabras casi aleatoriamente. 

martes, enero 27, 2009

Spray de campos de lavanda



Camino despacio a través de la estancia

Me extravío en los confines del aromatizante ambiental Glade 

Los campos de lavanda salpican mis fosas nasales como lluvia de verano en forma de spray 
Los campos de lavanda se precipitan en mi bulbo olfatorio como una cascada de recuerdos
Los campos de lavanda  neutralizan el escandaloso olor de la yerba chamuscada

Su perfume me tranquiliza y me parece que voy avanzando entre nubes de espuma de mar
Siento que estoy en el interior de una cálida salmuera sonoamortiguada
Y no me importa nada más que mi capacidad para recordar cosas que nunca fueron

Mientras me sumerjo en la nostalgia efímera de todas las tardes
Pienso que la experiencia siempre involucra cierto nivel de paranoia
Y comienzo a preocuparme por las personas que puedan sorprenderme así

Odiaría si mis vecinos sospecharan que no se trata de que me guste mantener limpio el departamento 
Odiaría si mi familia supiera que necesito desconectarme de la realidad para soportar mi existencia 

Ellos no comprenderían nada




Cuando estoy paranoico, no puedo dejar de pensarte

Te encuentro en los rincones de mi memoria
Con tu suave cabellera rizada y tus ojos de sándalo
Emergiendo de las cosas irrelevantes que me obsesionan 

Avanzo muy despacio hacia la cama
Y me acuesto y me coloco los audífonos


Enciendo el ipod y cierro los párpados

Pienso que la almohada está hecha de cabellos
Y que los cabellos formaron parte de tu suave cabellera rizada
Y que soy un adolescente y que he vuelto a mi habitación
Después de un día cualquiera en la secundaria

Cuánto me gustaría volver a verte tal y como eras
Aunque fuera sólo durante un segundo



Quisiera contemplar tu mirada de leche de almendras
Y tu misteriosa dentadura llena de brackets
Y tu sonrisa fulminante que latía como una herida tibia
Y tus labios hinchados como un durazno a punto de madurar

Quisiera verte debajo del sol del mediodía

Todo transcurre en lentitud dentro de mi cabeza
Mientras intento recordarte exactamente como eras
Y el aromatizante ambiental Glade me remonta a tu rostro lleno de acné
Y vislumbro tu cuerpo en el patio de la escuela, desplazándose como un asteroide

Los audífonos a veces se incrustan como pájaros en las ramas de mi cabeza de árbol
Y hacen nidos de pájaros y me molestan como una piedra en los ojos
Y tengo que volver a cerrar los párpados para admirar la nostalgia dentro de mí 

martes, enero 20, 2009

Ella saboreó el refresco lentamente, entre canciones de José José




Comenzamos el año en la playa. 

Llegamos a Montepío uno de los últimos días de diciembre, a la medianoche.

Rentamos una camioneta que se descompuso a unos kilómetros de la playa y tuvimos que permanecer unas horas en un pueblo desconocido, mientras la arreglaban.

También antes nos detuvimos a comer en Puebla y a cenar unas deliciosas papas horneadas al entrar a Veracruz.  

En la playa hacía mucho frío, pero el cielo estrellado era impresionante. 

Fuimos con amigos de mis hermanos.
Ellos ya conocían el lugar y lo recomendaban ampliamente. 


Una noche, alguien sacó un carrujo y lo compartió con el grupo. 
Estábamos en la playa. Alguien había encendido una fogata. 

La yerba era muy potente y me puso paranoico.
Elizabeth quiso ir al baño y la acompañé.
El camino de la playa hasta el baño de la casa que habíamos rentado se me hizo eterno.

Aunque la calle estaba casi vacía, me sentía perseguido y tenía un gran sentimiento de culpa.

Nunca me ha gustado fumar para convivir. Prefiero escuchar música o dormirme.   
La trivialidad me desespera. 

Los amigos de mis hermanos hicieron una fiesta hace unos días. 
Alguien volvió a sacar un carrujo y a compartirlo. 
La yerba también estaba muy fuerte y me puso paranoico. 
Elizabeth tenía mucha sed. 

Los amigos de mis hermanos cantaban canciones de José José y hacían mucho ruido.
Apenas pude controlar mi paranoia para escanciar refresco en un vaso. 


Me senté en un sofá. 
Ella tomó el vaso y se lo llevó a los labios en cámara lenta.
Saboreó el refresco lentamente, y me miró.
Luego bajó la mirada, como si estuviera buscando paz en las profundidades de ella misma. 
Era evidente que tampoco estaba pasándola bien.

Ya no soporté el escándalo, y me levanté de mi lugar. 
Ella se levantó de su asiento y noté que estaba bailando. 
Se sentía ansiosa y no dejaba de moverse. 

Después tuvimos una breve discusión y subimos a la recámara. 

Sólo quería acostarme en la cama y ponerme a escuchar In Utero con los audífonos.
Me sentía fatal.
La recámara era como un desierto.
Transcurrieron cinco minutos y seguíamos sintiéndonos mal. 
Tratamos de hablar, pero ella sólo decía monosílabos. 
Era una desconocida para mí. 

El efecto se desvanece poco a poco y nos quedamos dormidos.

jueves, enero 15, 2009

Camino bajo el sol, pero es invierno en mi corazón



Tenía 12 años, cuando vi la revista en la que Marta Sánchez salía desnuda.

Estaba un poco obsesionado con ella. No podía dejar de verla por la televisión. Secretamente me enloquecía su forma de cantar y de bailar. 

Era de lo más sexy.

Un día, en la ceremonia de honores a la bandera, un compañero me presumió que había conseguido una revista española en la que Marta salía desnuda. 


Se la había comprado a un tipo más grande que nosotros y que ocasionalmente se aparecía a la salida de la escuela para vendernos tabaco, alcohol y cosas por el estilo. 


Mi compañero era un poco hablador, así que no le creí.


Pero en la primera clase de ese lunes, él tomó asiento delante de mí, puso su mochila en el suelo y, mientras la profesora de matemáticas pasaba lista, abrió su mochila lo suficiente para dejarme ver la portada de la revista. 




Apenas fueron unos segundos, pero alcancé a ver el rostro de Marta y leí 


TOTALMENTE DESNUDA

Mi corazón latió de prisa. Sentí que me faltaba el aire y se me secó la garganta. 

A lo largo del día no pude pensar en nada más. 


En el receso, mi compañero me dijo que ni siquiera había visto la revista. Tenía miedo de que sus papás lo descubrieran -tenía malas calificaciones y ellos querían meterlo a una escuela militar-, y me preguntó si estaba interesado en comprársela. 


Me pareció sospechoso y me dio un poco de repugnancia, pero ganó la curiosidad. 

Acepté y le di lo que me quedaba de mi mesada. 

Antes de salir de la escuela, en la última clase, él guardó la revista en un cuaderno y metió el cuaderno en mi mochila. 


El camino a la casa se me hizo eterno. Quería volar y llegar rápido y meterme en mi recámara y abrir la revista y ver a Marta Sánchez desnuda. 

Justamente ese día, cuando llegué a la casa, mis abuelos estaban de visita.


Mi mamá me dijo que mis abuelos estaban esperándome porque querían que los acompañara al supermercado, y no pude negarme. 


Sólo pude cambiarme el uniforme rápidamente, y salí con ellos. 


Mi abuelo tenía un Volare de color gris que olía a lavanda. Era muy cauteloso y conducía muy lento. Se me hizo eterno el trayecto hasta el supermercado. 


Yo sólo quería ver desnuda a Marta Sánchez. 




Tardamos mucho tiempo en el supermercado. A mis abuelos no les gustaba comprar cualquier cosa -además, los dos tenían diabetes y tenían que ser cuidadosos con las cosas que consumían-, y se la pasaron escogiendo productos muy especiales. 

Conforme más tiempo pasaba sin que yo pudiera ver la revista, más excitado me sentía, pero en algún momento la excitación se convirtió en malestar.

Regresamos a la casa y mi abuelo me pidió que le leyera la sección de deportes del periódico. Había olvidado sus lentes en el Volare y no quería que yo fuera a buscárselos. Me hizo leerle algo sobre la selección mexicana de futbol y su participación en un torneo en Ecuador. 


Luego llegó la hora de la comida y tuve que quedarme a la plática de sobremesa. 


Mis abuelos se marcharon casi a las seis de la tarde y entonces pude meterme en mi recámara.


Cerré la puerta con llave.  

Saqué desesperadamente el cuaderno de la mochila y dejé caer la revista en la cama. 

Contemplé durante algunos segundos la portada. Era casi idéntica a como recordaba haberla visto por la mañana, en la clase de matemáticas.  


Abrí la revista y la ojeé apresuradamente en busca de Marta Sánchez, pero no encontré ninguna fotografía suya. Le habían arrancado un montón de páginas a la revista. 


Maldije a mi compañero de la escuela, y juré que me vengaría de él.  

viernes, octubre 31, 2008

NIN en el Festival MOTOROKR


Estábamos en plena huelga en la UNAM, cuando escuché The Downward Spiral. 

La huelga se había alargado más de lo que todos esperaban -tenía casi 8 meses- y yo empezaba a tener problemas de salud. 

Me sentía constantemente débil e inútil, sin un propósito en la vida.

El médico me había dicho que necesitaba distraerme -no hacía más que leer novelas y escribir, encerrado en mi recámara- y entonces me inscribí en un Taller de Creación Literaria.

Jamás había expuesto mis textos a desconocidos -sólo a algunas personas en particular a quienes les había escrito algo-, y someterlos a la crítica y conocer a otras personas con intereses literarios afines a los míos, surtió un efecto positivo en mí. 

Aunque casi todos los compañeros del taller escribían poesía -yo escribía relatos-, gracias a ellos conocí a varios autores que ni siquiera sabía que existían y también aprendí a usar ciertos trucos para escribir. 

El poeta que impartía el Taller se llamaba Leonel y nos contaba un montón de anécdotas de otros escritores con los que había convivido y que por desgracia he olvidado. 


Al principio de la huelga, iba a Ciudad Universitaria con frecuencia.
Había muchas personas a favor del movimiento estudiantil.

En la Facultad de Psicología, estudiantes y familias enteras se encargaban de preparar alimentos y de salir en comisiones a informar al público en general cuáles eran las peticiones del Consejo General de Huelga.  

El movimiento había comenzado como reacción a la modificación del Reglamento General de Pagos de la UNAM, pero en pocos meses todo se salió de control. 

Asistí a un par de sesiones plenarias del CGH en el Auditorio "Che" Guevara y lo que vi allí me sorprendió. A pesar de que era un sitio de difícil acceso -todas las puertas de la Ciudad Universitaria estaban custodiadas o cercadas con malla ciclónica-, había periodistas nacionales y extranjeros, por todas partes. 

El ambiente -por supuesto- era totalmente distinto a lo que decían en Televisa y en TV Azteca. 

Me molestaba el poder que ejercían esas televisoras sobre la opinión de la gente.

Mi abuela, por ejemplo, leía mucho, pero constantemente me recomendaba que no anduviera con "esos vándalos" que habían tomado la UNAM. 

(Si eso ocurría con mi abuela, ¿qué no pasaría con la gente que sólo veía televisión?)



Con el paso del tiempo, sin embargo, la Universidad fue convirtiéndose en un muladar y la gente fue dejando de interesarse en el movimiento estudiantil. 

Incluso yo mismo dejé de ir a la Universidad. 

En la Facultad había un grupo de "estudiantes" que se habían apropiado de la escuela.

A varios de ellos yo los había visto actuar como vándalos -aventar botellas de agua, hacer desmanes y comportarse como idiotas- en los conciertos de Manu Chao y de Café Tacuba, así como en un evento del EZLN, en el Zócalo.

En la Facultad los había visto burlarse de otros estudiantes que tenían las mejores intenciones para ayudar, pero que no tenían el mismo discurso que ellos, o que simplemente no sabían los detalles más específicos del movimiento estudiantil. 

Por desgracia, cuando "terminó" la huelga, esos estudiantes consiguieron puestos políticos o becas para estudiar en el extranjero. 

A los que les fue peor, después de algunos meses en prisión, los premiaron con plazas de esquiroles de la UNAM.


Por una estación de radio que escuchábamos mucho mi hermano y yo -no hacíamos gran cosa, aparte de escuchar música- anunciaban a una empresa que vendía álbumes de música por teléfono, a precios muy bajos. 

Mi hermano se comunicó al teléfono de esa empresa y encargó The Downward Spiral, junto con un álbum de Björk.   

Cuando terminó la huelga y toda la vida académica volvía lentamente a la normalidad, yo escuchaba mucho ese álbum en un viejo walkman que funcionaba milagrosamente. 

Creo que me lo había regalado mi papá en el último año de secundaria, cuando Michael Jackson vino a la Ciudad de México, porque yo lo utilizaba principamente para escuchar Dangerous. 

Tenía ese álbum en cassette y lo escuchaba todos los días de regreso de la escuela a la casa, preparándome para ver en vivo a MJ en El Estadio Azteca. 

(Ahora que lo pienso, no sé qué efecto habría causado en mi vida si en lugar de ese álbum hubiera escuchado Nevermind.)



The Downward Spiral me gustó tanto que con mi primer dinero simbólico como becario de Servicio Social, más de un año después de la huelga, compré Closure -un VHS con todos los videos de NIN- y poco a poco los demás álbumes de estudio. 

Cuando Trent Reznor y su banda vinieron a México, en el Tour de With Teeth, los escuché en vivo.


Salí un poco decepcionado del concierto. 

Sabía que los conciertos de NIN se caracterizaban por el despliegue de tecnología, pero sólo habían recurrido a una pantalla de leds en en El Palacio de Los Deportes.    

Trent Reznor es amante de la tecnología y suele emplear la tecnología más avanzada cuando NIN toca en vivo. 

Su imaginería es deslumbrante. Sólo hay que ver algunos de los videos de su banda. 

Supuestamente hasta David Lynch recurre a él en busca de consejos, cuando va a filmar alguna película. 

The Slip y Year Zero -los álbumes que siguieron a The Fragile- no fueron de mi agrado completamente. 


Tengo casi toda la discografía de Stone Temple Pilots. 

Los álbumes que más me gustan son Core y Tiny Music... Songs From The Vatican Gift Shop, pero, ahora que lo pienso, casi nunca los escucho. 

Hay algo en la relación entre los hermanos De Leo y Scott Weiland que me parece triste. 

Ellos son músicos geniales, pero siempre me ha dado la impresión de que están supeditados al ego del vocalista. 

A diferencia de NIN, nunca había tenido mucho interés por escucharlos en vivo.

A los Flaming Lips en realidad no los conozco.

Un día me encontré por internet un video en el que tocaban Pennyroyal Tea en un programa de televisión y me llamaron la atención.

Intenté escuchar su música, pero nunca le agarré el gusto.  

Tenía unos meses de haberme casado y de haber ingresado al Doctorado en Ciencias Biomédicas de la UNAM, cuando me enteré que NIN, STP y Flaming Lips tocarían en un Festival en la Ciudad de México. 



El Festival de música era organizado por una compañía de teléfonos celulares, y se llamaba MOTORKR.

Al principio, yo no tenía muchas ganas de ir. 

Según recuerdo, los boletos estaban muy caros.


Además, no había escuchado mucho el último álbum de NIN y prefería quedarme en casa que salir a un concierto. 

Pero el mismo día del evento hubo una promoción en la que los boletos costaban menos de la mitad del precio original -los organizadores no habían tenido el éxito que esperaban- y mi hermano y varios amigos suyos compraron boletos y Elizabeth y yo los acompañamos.

Llegamos al Foro Sol por la tarde, cuando iban a tocar los Flaming Lips.


Había mucha gente en el escenario principal, pero casi todos los demás escenarios estaban desiertos. El Festival incluía a muchas bandas mexicanas también. 


Era un día nublado y hacía mucho frío.
Parecía invierno, aunque estábamos en octubre. 

En esa época mi hermano escuchaba mucho a los Flaming Lips, y me había dicho que su música era muy psicodélica y alegre. 

Lo que más recuerdo de la actuación de los Flaming Lips es que salió el sol durante un par de canciones y que Wayne Coyne se metió en una pelota gigante de playa y que comenzó a caminar entre el público.



Nos quedamos allí a esperar a los Stone Temple Pilots.

Cuando la banda de San Diego, California, subió al escenario, estaba oscureciendo. 

El frío era muy intenso y el cielo estaba tan nublado que la lluvia parecía inminente.

Scott Weiland traía un sombrero y una bandana de color rojo. 

Aunque caminaba de un lado a otro del escenario, se veía fatal.
Parecía que estaba bajo el influjo de algún opiáceo y que apenas podía mantenerse despierto y en pie. 

A menudo él olvidaba las letras de las canciones y entonces los hermanos De Leo se turnaban para cantar las partes que quedaban incompletas.

Eric Kretz le pegaba con fuerza a la batería y el sonido de la guitarra y del bajo estaban bien, pero a la banda le faltaba algo. 

Parecía que sólo toleraban a Scott Weiland y que no estaban disfrutando el concierto.

Los STP tocaron mis canciones preferidas: Big Bang Baby, Interstate Love Song y Trippin' On A Hole In A Paper Heart. 

Uno de los amigos de mi hermano dijo que los hermanos De Leo habían tocado como músicos amateur y que habían sonado como una banda de bar. 



En ese mismo escenario tocó NIN por la noche.

La banda de Trent Reznor salió a tocar bajo la lluvia, cuando el frío era insoportable.

No sé a cuántos grados estábamos, pero la sensación térmica debió de ser menor a 5º C. 

En ese momento, el escenario principal de El Foro Sol estaba abarrotado. 

Dado que había escuchado a NIN en El Palacio de Los Deportes, no tenía expectativas muy altas de ellos.

Suponía que simplemente saldrían a tocar la mayoría de sus éxitos y que aprovecharían para tocar varias canciones de su álbum de estudio más reciente. 

The Slip era un álbum con un origen extraño.
Se podía descargar gratuitamente en internet, pero costaba mucho dinero en formato físico. 
También había salido Ghosts I-IV, un álbum instrumental con 36 temas.  

Sin embargo, la actuación de NIN fue estupenda, mucho mejor de lo que esperaba. 

Trent Reznor y su banda tocaron todas las canciones más famosas de su repertorio, desde Pretty Hate Machine hasta Year Zero. 

A diferencia de aquel concierto que ofrecieron en la Ciudad de México en el 2005, éste fue impresionante. 

Había varias pantallas detrás del escenario que proyectaban imágenes y efectos visuales con diversos contenidos ad hoc para cada canción. 

Las imágenes se fusionaban con la música a tal punto que a veces olvidabas que había una banda en el escenario tocando en vivo.

Parecía una película con música de alta calidad.  

La mejor parte del espectáculo fue cuando la banda tocó algunas canciones de Ghosts I-IV y Trent Reznor aprovechó para presentar a cada uno de sus músicos, mientras la música no cesaba.




Me gustaría que hubiera un video del concierto, para poder disfrutarlo de nuevo.

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