domingo, septiembre 02, 2018

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Son casi las nueve de la noche cuando llegamos a la estación Cuauhtémoc. Hace tanto tiempo que no voy al Foro Alicia que estoy un poco desorientado y no recuerdo cuál salida debemos tomar. 

Caminamos junto a la avenida y cruzamos varios bares. Casi todos invaden la acera, tenemos que atravesar mesas y sillas, y sus principales atracciones son el karaoke o la música en vivo. 

Pasamos por un bar en el que un hombre calvo y obeso con traje de oficinista está cantando El Son del Dolor y luego pasamos por otro bar en el que una banda de adultos que rondan los cincuenta años toca Entre dos tierras. Ambos bares están casi desiertos, pero las personas que se encuentran en ellos parecen disfrutar el momento. 

Si mi memoria no me falla, hace diez años, en lugar de esta clase de bares, había cantinas y al menos una pulquería en donde ponían música de José José o corridos. 

Luego, en vez de mesas y sillas, tenemos que atravesar una fila sobre la acera. 

Hay aproximadamente cincuenta personas formadas allí y la mayoría no pasa de los treinta años de edad. Hay un evento de stand-up con Coco Celis y Carlos Ballarta.

De la fila, destaca una mujer que se me hace conocida. La rodea un grupo de mujeres y ella parece contarles un chiste porque las hace reír. Mientras habla, hace aspavientos tan ensayados que es evidente que tomó clases de actuación y que está acostumbrada a ser el centro de atención. 

Cuando logramos atravesar la fila y nos acercamos al Foro Alicia, recuerdo de quién se trata: se hace llamar Myr Ramírez. 

Hace unas semanas, la vi en un programa de Comedy Central. 


Son casi las nueve y media, cuando llegamos. 

Malinche y Los Perros presentan su segunda producción –un EP– en El Foro Alicia.
Aunque mi hermano es el baterista, nunca los he escuchado en vivo. 

Al subir las escaleras, me recuerdo escuchando aquí mismo Rompevientos y Detrás De La Tormenta, mientras el humo de los cigarrillos se confundía con el olor de la marihuana quemada y el lugar estaba casi a su máxima capacidad. 

Tengo la impresión de que hace diez años, a la gente le interesaba escuchar música en vivo. 
Tengo la impresión de que había una "fiebre" de bandas independientes y de que la gente apreciaba a estas bandas que hacían de todo: desde conseguir sitios dónde tocar, para luego diseñar sus flyers y promocionar sus conciertos, hasta grabar sus propios demos, casi de manera casera, para luego venderlos en los conciertos.
Tengo la impresión de que hace diez años la gente apreciaba a estas bandas que tienen la libertad de hacer lo que quieren, sin importarles correr el riesgo de permanecer en el anonimato por no ir con la corriente. 

Ahora todo es muy distinto.
Tal parece que todo mundo tiene sangre de cómico en las venas.
Algunos comediantes son buenísimos, pero la mayoría sólo son un montón de inmaduros que se burlan de todo y que mandan a la chingada al primero que se burla de ellos.

Somos alrededor de veinte personas en El Foro Alicia, incluyendo a los mismos músicos que tocarán esta noche y a sus acompañantes (groupies, parejas, amigos), cuando comienza a tocar Teresa Cienfuegos. 

Son dos sujetos con guitarras eléctricas. Su sonido me recuerda a Terry Lee Hale. 
El público reacciona a su música con desconcierto. 


La siguiente banda de la noche se llama Vírgenes Suicidas. 

Son dos guitarristas, un bajista, un tecladista y un baterista. Al igual que me pasó con la standupera hace unos treinta minutos en la calle, uno de sus integrantes me resulta familiar.
Creo que he visto al tecladista en alguna parte. 

La banda suena a una mezcla de proto punk y garage, y me recuerda a los primeros álbumes de The Cure, aunque en sus canciones destacan más las guitarras y no tienen líneas de bajo tan pronunciadas como las líneas de Simon Gallup.  
Sin duda, compraría un álbum suyo. 

Luego toca Andy Mountains. 

Es un solo sujeto con una Telecaster, con muchos pedales –distingo un looper, un Delay, un Flanger y un distor– y un bombo que manipula con el pie al mismo tiempo que toca y que canta. 

Vaya coordinación. 

Su música me remonta vagamente a algunas canciones de Neil Young y de Kurt Vile.

Le presto atención a sus letras. Son un poco tristes y hablan de la ciudad y de la gente que lo molestaba cuando iba a la secundaria y lo perturbaba su sexualidad. 

Siguen Phuture Crimes, una banda con dos bateristas, un bajista, un tecladista y un cantante que usa un aparato para distorsionar su voz. 
Me suenan muy electrónicos, como a la banda sonora de Trainspotting... quitando a Iggy Pop y a Lou Reed. 

De lo que va de la noche, es la banda que más ha conectado con el público... tal vez porque "lo electrónico" es lo más socialmente aceptado.  


Antes de la banda estelar, el tecladista y el baterista de Vírgenes Suicidas se acercan a donde estoy. Resulta que el tecladista es estudiante de posgrado y que le di una clase no hace mucho tiempo. Dice que en esa clase le llamé la atención a una de sus compañeras, porque ella no se había informado bien sobre el tema y estaba diciendo cosas absurdas. 

Conforme él habla, se arremanga su chamarra de piel y deja al descubierto uno de sus antebrazos y entonces lo recuerdo de un simposio en la universidad: me acerqué a su cartel porque me llamaron la atención sus tatuajes de tiburones. 

La verdad no recuerdo la clase a la que se refiere. 
Desde que mis colegas sólo me invitan a impartir clases de vez en cuando –desde hace un par de años, no he tenido bajo mi cargo a un grupo todo el curso escolar–, no recuerdo ni los nombres ni las caras de los estudiantes. 

Platicamos sobre Las Vírgenes Suicidas. 

Exceptuando al tecladista, tienen más de tres años tocando juntos –el baterista bromea al respecto y me dice que el resto de la banda aún no está seguro de que el tecladista haya pasado la prueba– y la mayoría de ellos vive en la periferia de la ciudad. 

(¿Ecatepec...?, ¿Naucalpan...?)

El baterista continúa y me dice que no han tenido muchas oportunidades para tocar en lugares como El Foro Alicia, pero que ya tienen un demo. 

Les prometo seguirlos en redes sociales, comprar su demo y volver a escucharlos en vivo. 
El tecladista promete enviarme solicitud de amistad en Facebook. 


Es más de medianoche cuando Malinche y Los Perros suben al escenario. 
De todas las bandas que han tocado, es la única banda en la que toca una mujer. 

Considerando que una de las características que siempre ha acompañado al rock es la subversión, resulta irónico, pero no creo que sea una coincidencia; más bien, creo que refleja lo difícil que es ser una mujer en México.

La cantidad de personas no es muy diferente a la cantidad que había desde el principio, pero la mayoría de los músicos que han tocado esta noche se han quedado hasta el final, se han concentrado frente al escenario y parece que hay más gente. 

Cuando comienzan a tocar, lo primero que noto –tal vez por sesgo– es que da la impresión de que ensayan intensamente.

Aun cuando la estructura de sus canciones no sigue un orden convencional verso-coro-verso, parece que tocan con un metrónomo.

Sus canciones me recuerdan en partes a Dinosaur Jr. –sin los riffs estilo heavy metal característicos de J. Mascis– y a Nos Llamamos. 


De vuelta a la casa, casi a las dos de la mañana, logramos abordar un taxi. 

Me siento en el asiento del copiloto y percibo claramente el malhumor del taxista.
No deja de refunfuñar y pienso que tal vez él esperaba (como la mayoría de los taxistas con los que he tropezado) que el recorrido fuera tan corto como cruzar de una esquina a otra. 

Su actitud me remonta a un concierto en el que tocaron Gustavo Cerati, Café Tacuba y Placebo.

A la salida de ese concierto, mientras Placebo tocaba los primeros acordes de Where Is My Mind? –mi hermano quiso salirse antes de que terminara el concierto–, también abordamos un taxi y el taxista nos cobró una tarifa elevadísima y en algún momento se puso a hablar con otro taxista por radio y le dijo que "estaban cayendo las manzanas del árbol", refiriéndose (claramente) a nosotros. 

A diferencia de ese concierto –tal vez ocurrió hace casi veinte años, tal vez mi hermano ni siquiera tocaba en Nos Llamamos–, el taxista malhumorado nos cobrará una tarifa decente y voy en el taxi sólo con mi hermano el más chico –mi hermano, el baterista, se quedó en El Alicia... y ni siquiera me presentó a Andy Mountains–, su novia, y mi esposa.

Me siento exhausto.
Sólo bebí un par de cervezas, pero a esta hora normalmente ya estoy dormido.

Mientras me voy quedando dormido en el trayecto sobre Avenida Cuauhtémoc, me niego a creer que las cosas hayan cambiado tanto. 

¿Será que ahora todo mundo quiere hacer comedia, vivir de la comedia y reírse de las tragedias...? 

Incluso en los festivales de música hay stand-up... No me sorprendería que la gente asistiera a un festival de música exclusivamente a escuchar comedia. 

La buena comedia también merece su importancia, pero escuchar a un standupero en vivo no se compara con la experiencia de escuchar música en vivo... o, al menos, eso es lo que creo.  




lunes, agosto 20, 2018

El Inocente de Ian McEwan


Ian McEwan es un escritor y guionista inglés, nacido en 1948. 

Su trabajo literario ha sido reconocido por los premios Whitbread, Man Booker, Shakespeare y James Tait Black Memorial.

Es considerado uno de los mejores 50 escritores británicos y diversas obras suyas han sido adaptadas al cine desde la década de los 80.  

Supe de este autor porque Pablo Boullosa lo recomendó en La Dichosa Palabra. 



El Inocente (1990) es una novela que se desarrolla en La Guerra Fría. 

Leonard es un joven inglés que recibe la oportunidad de trabajar en una empresa de telecomunicaciones en Berlín. Jamás ha vivido solo y le cuesta mucho trabajo adaptarse a la vida de soltero en un país destruído por la guerra y marcado por el nazismo. 

Su trabajo es sólo una fachada que lo obliga a tener una vida secreta que involucra espiar a los militares rusos y ocultar un asesinato. 

Cuando le parece que no soportará su vida en Alemania, Leonard conoce a Maria y se enamora de ella.

Maria es una alemana mayor que él, divorciada de un alcohólico golpeador que siempre se sale con la suya porque se hace pasar por héroe de guerra y porque los policías que deberían reprenderlo lo admiran.


Maria se interesa en Leonard rápidamente y los dos viven un romance como si fueran un par de adolescentes. Tienen encuentros sexuales frenéticos, pero también discuten por tonterías. 

Leonard se siente tan seguro de sí mismo -jamás se había enamorado- que adopta una actitud que no le gusta a Maria. A ella, le recuerda a su exmarido. 

Maria decide terminar la relación.

Después de un tiempo, Leonard recapacita y reconoce haberse equivocado. Busca a Maria y vuelve a ganarse su confianza poco a poco. 

La relación parece más fuerte que nunca -incluso hacen planes para casarse y formar una familia-, pero un accidente cambia para siempre sus vidas.


jueves, agosto 16, 2018

La Orquídea Fantasma de Spike Jonze


En esta película de Spike Jonze (2002), Nicolas Cage interpreta a Charlie Kaufman, un guionista de bajo perfil y lleno de inseguridades que escribió el guión de ¿Quieres ser John Malkovich?

La película comienza en el set de grabación, mientras se filma la escena del restaurante donde todos se ven como John Malkovich. 

El verdadero John Malkovich le pide al director que sea más comprensivo con sus colegas actores que tienen varias horas grabando la misma escena con capas de maquillaje, pelucas y máscaras.

La gente guarda silencio y Malkovich hace un chiste para romper el hielo y todo mundo ríe.

Charlie Kaufman también quiere hacer un comentario, pero lo ignoran y un personaje irrelevante le pide que no estorbe y que abandone el lugar.

Es un tipo tan tímido que ni siquiera intenta ejercer el derecho de opinar acerca del guión que él mismo escribió. 


Kaufman se compromete a escribir el guión de El ladrón de orquídeas, un best seller acerca de plantas y cuya autora es Susan Orlean (Meryl Streep), una escritora neoyorkina.

Charlie desea superar su anterior guión y quiere reflejar la naturaleza de las pasiones humanas en este nuevo guión, pero sufre un terrible bloqueo que le impide escribir.

Donald Kaufman, su hermano gemelo, nunca ha escrito nada y tiene una personalidad totalmente opuesta a él. 

Justamente cuando Charlie comienza a trabajar en el nuevo guión, Donald se inscribe a un curso de dudosa procedencia para guionistas de Hollywood.

El bloqueo de Charlie ocasiona que salgan a la superficie todas sus inseguridades, mientras Donald escribe su primer guión -una historia ordinaria, llena de lugares comunes e inconsistencias- y consigue venderlo.  

Charlie viaja a Nueva York, convencido de que necesita conocer a Susan Orlean en persona para terminar con el bloqueo que sufre. 

La encuentra en el elevador del edificio donde ella trabaja, pero no se atreve a hablarle.
Le pide a Donald que viaje a Nueva York y que se haga pasar por él. 



Los hermanos descubren que Susan Orlean no es quién realmente aparenta ser y que sostiene una extraña relación con el protagonista del libro, John Laroche (Chris Cooper), un colector y comerciante furtivo de orquídeas que reside en Florida.

Laroche es un autodidacta que ha aprendido varios oficios -él mismo se ha defendido en la corte, cuando ha sido acusado por traficar plantas prohibidas- y Orlean se involucra con él porque lo conoce cuando comienza a recabar información para escribir su libro.

Antes de ser coleccionista y experto apasionado de las orquídeas, la pasión de Laroche eran las tortugas y algunos peces exóticos (Queen Angel Fish, Porkfish y Four-Eyed Butterfly), pero en la actualidad está interesado en montar una empresa de pornografía en internet.

Ella odia la frivolidad de su propia vida y la vida de Laroche le parece una vida real.

Mientras se conocen, él le habla de la orquídea fantasma.

Es una planta mística y difícil de encontrar, pero lo que realmente casi nadie sabe es que los nativos indios de los Everglades la protegen y la usan con fines lúdicos, porque tiene propiedades alucinógenas.

Orlean encuentra la felicidad en Laroche y en la orquídea fantasma.

Los hermanos Kaufman los descubren y ella manipula a Laroche para evitar que los lectores sepan quién es realmente. 

martes, agosto 14, 2018

Trópico de Cáncer | Henry Miller (1970)


Esta novela es considerada una de las obras maestras de la literatura del Siglo XX. 

Fue publicada en París en 1934 y en Estados Unidos en 1961. 

Su contenido, altamente sexual y explícito, en el que abundan las enfermedades venéreas y la vida nocturna de los barrios sórdidos de París, la hizo acreedora a más de cincuenta demandas, incluyendo un juicio por obscenidad.  


En Trópico de Cáncer, Henry Miller recurre a la ficción y a la autobiografía para narrar su paso por París mientras malvivía y deseaba convertirse en escritor.  

Algunos capítulos de la novela se apegan a una narrativa tradicional y detallada en la que aparecen los compañeros de trabajo y los amigos del autor, mientras que otros capítulos están llenos de pasajes introspectivos en los que puede comparar a Henry Matisse con un poeta. 



El protagonista trabaja como corrector para un periódico de mala muerte y recibe un salario miserable que apenas le permite alquilar una habitación y comer.

Cuando ocasionalmente tiene más dinero que el de costumbre –cuando recibe un giro proveniente de Estados Unidos, donde vive su familia, o cuando alguno de sus amigos funge como su benefactor a cambio de ciertos favores, o cuando lo despiden y lo liquidan de algún empleo–, se lo gasta en comida, alcohol y mujeres.

Sobrevive en un ambiente de apariencias en el que sólo importan el dinero y el sexo, mientras encuentra un refugio en sus amigos y una oportunidad para comer y entretenerse.   

*Wikipedia

sábado, agosto 11, 2018

It's Not Enough Just A Touch


El 11 de agosto de 1998, los Smashing Pumpkins tocaron por primera vez en la Ciudad de México. 

Se encontraban de gira, promocionando Adore. 

Ése era su cuarto álbum de estudio y era muy diferente a sus predecesores. 
Abundaban los sintetizadores y los efectos especiales.

Las canciones sonaban más a Eye que a Zero o I Am One.

Incluso las típicas baladas de Billy Corgan -como Suffer, Disarm, Stumbleine, In The Arms Of Sleep- sonaban distinto. 

Eye hasta entonces sólo había aparecido en el soundtrack de Lost Highway.

De acuerdo con James Iha y D'Arcy Wretzky, Billy Corgan quería cambiar radicalmente el sonido característico de la banda desde que habían colaborado para esa película de David Lynch.


Cuando comenzó la grabación de Adore, el líder de los Pumpkins había despedido a Jimmy Chamberlin.

Chamberlin era adicto a la heroína y había estado a punto de morir por sobredosis junto con Jonathan Melvoin, el tecladista que los había acompañado en la gira de Mellon Collie & The Infinite Sadness.

Al baterista original, lo sustituían cajas de ritmos en Adore y tres músicos en los conciertos en vivo. 

Él mismo cuenta que la primera ocasión en que los escuchó en el Avalon, antes de entrar a la banda y de que grabaran Gish, los Pumpkins tocaban con una caja de ritmos y sonaban horrible, a pesar de que la estructura de sus canciones era buena.

¿Cómo no iba a sonar distinto Adore, si le faltaba el toque de jazz y la fuerza que él le aportaba a los Pumpkins? 


Mi hermano y yo teníamos boletos en la sección C. 

Aunque estábamos de frente al escenario, nos quedaba muy lejos. 

Cuando compramos los boletos, casi dos meses antes, nunca se nos ocurrió que la vista era mejor desde los lados de esa sección. 

Aunque no dijimos nada, fue evidente que nuestros lugares nos decepcionaron. 

Apenas estábamos sentándonos, cuando un tipo de OCESA se nos acercó y nos pidió dinero para llevarnos a un lugar más cercano al escenario. 

Lo ignoramos y se fue en busca de otro cliente. 

Los Pumpkins salieron al escenario después de las nueve.

Parecían más una orquesta que una banda de rock alternativo.

Había más de diez músicos en el escenario. 


Abrieron con To Sheila y tocaron casi todo su cuarto álbum de estudio.

Aunque también tocaron unas versiones alternativas de Thru The Eyes of Rubi, Bullet With Butterfly Wings, 1979 y Tonight, Tonight, me pareció una descortesía. 

Jamás habían venido a México.

Entre una canción y otra, la gente les pedía alguno de sus éxitos -una chica a mi lado, incluso esperaba que tocaran Pissant-, pero no hubo complacencias. 

Ni siquiera tocaron Today. 

Billy Corgan ni siquiera habló mucho con el público. 


Salí decepcionado de El Palacio de Los Deportes.

El mismo espectáculo que ofrecieron esa noche los Pumpkins, lo habían estado tocando de manera gratuita en Europa.

Incluso MTV lo había estado transmitiendo durante el verano anterior.

La banda terminó con Transmission (sospecho que ese cover de Joy Division influyó en el repentino "re-descubrimiento" de la banda post punk inglesa) y esa canción fue seguida por un largo feedback en el que Billy Corgan y compañía subieron al escenario a algunos afortunados miembros del público, los dejaron tocar sus instrumentos y les hicieron creer que ellos eran los causantes de todo ese ruido, mientras desaparecían en las sombras.