Norman Mailer (1923-2007) fue un escritor, cineasta, dramaturgo, activista, periodista y actor estadounidense. Junto a Truman Capote es considerado uno de los creadores del "periodismo literario". Tenía veintiséis años cuando Los desnudos y los muertos (1948) fue publicada en Estados Unidos*.
La crítica ha calificado a su obra como "la más grande novela de guerra escrita en el siglo XX". Con el paso del tiempo, este libro se ha convertido en un libro mítico y ha permitido que Mailer sea comparado con Hemingway y con Tólstoi**.
En esta novela, Mailer –quien fue obligado a alistarse en el ejército durante La Segunda Guerra Mundial–, narra los horrores de la guerra desde la perspectiva de las tropas estadounidenses que ocuparon Japón, durante La Guerra del Pacífico.
La historia comienza cuando las tropas estadounidenses están por desembarcar en La Isla de Anopopei y los soldados a bordo de la embarcación luchan contra sus propios demonios, intentando quedarse dormidos o distraerse jugando a las cartas, mientras imaginan cómo será la guerra y cómo será el primer ataque contra los japoneses.
Los sobrevivientes de ese primer enfrentamiento –que fue mucho peor de lo que habían vaticinado los novatos en sus peores pesadillas–, montan un campamento y construyen una carretera para facilitar las inspecciones del ejército en la selva. Algunos cabos son relegados a desempeñar funciones de mensajeros y otros realizan labores aburridas y extenuantes que no están relacionadas con la batalla.
Aun los soldados veteranos que han estado al borde de la muerte en otras guerras, desean abandonar la rutina y experimentar la emoción de la batalla una vez más.
A pesar de que han padecido la tortura de estar cargando durante horas y bajo los fulminantes rayos del sol, mochilas y morteros que pesan toneladas, sufriendo vejaciones de sus superiores, a través de caminos agrestes e infestados de mosquitos, los novatos desean lo mismo.
Los héroes de guerra que tienen una buena reputación y que son una "leyenda viviente" entre las tropas, padecen sus propios infiernos: se reflejan en los novatos que desean con vehemencia enfrentarse a los enemigos, o que desean fingir una enfermedad o sufrir una herida de batalla para volver a Estados Unidos; recuerdan a viejos compañeros acaecidos en el campo de batalla y calculan que "su hora ha llegado" y reflexionan: prefieren morir en la batalla que vislumbrar una vida intrascendental después de la guerra.
Los altos mandos viven con privilegios y tienen que lidiar constantemente con los tenientes que no saben nada de la guerra, pero que luchan desesperadamente por ganarse un nombre; y también tienen que lidiar con las rebeliones de algunas tropas cansadas de recibir órdenes y que sólo quieren recibir un mayor respeto de parte de sus superiores, mientras los ven como unos sujetos que "piensan cómo llevar a cabo, desde la comodidad de sus casas de campaña, una estrategia que les permita minar al enemigo, sin ensuciarse las manos".
Una de patrulla de jóvenes soldados es enviada a una misión de reconocimiento que consiste en infiltrarse al centro de operaciones de los japoneses. Esta tropa la conforman soldados de todos los estratos sociales de Estados Unidos –un sargento implacable, un intelectual, un campesino, un minero y sindicalista, un católico de barrios bajos y un judío subestimado por todos– y se enfrentan a las inhóspitas condiciones del terreno.
En la misión, caen en una emboscada, pierden a algunos compañeros y llegan al límite de su condición física y de su estado mental, y abortan la misión.
Mientras regresan a la playa y se disponen a esperar el barco que los llevará de vuelta al campamento, el curso de la guerra ha cambiado.
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Páginas: 695.
Tiempo de lectura: 3-4 meses.
Cuatro partes: I: La Oleada; II: El Barro y La Forma; III: Vegetal y Fantasma; IV: La Estela.
Pros: descripción pormenorizada de los horrores de la guerra, desde una perspectiva periodística y psicológica.
Contras: descripción detallada de las batallas personales de los protagonistas, antes y durante la guerra –hay secciones llamadas "La Máquina del Tiempo" inmersas en todos los capítulos, con información tan abundante, que a veces desvía de la trama principal– y constante aparición de monólogos interiores de cada personaje***.
*Breve biografía del autor.
**Contraportada de la Quinta Edición (Septiembre 2015) de la Colección "Compactos" de Editorial Anagrama.
***El lenguaje empleado es característico de la época, así que la lectura es un poco lenta si estás acostumbrado a leer a autores "modernos".
Tenía una conversación irrelevante con unos tontos, cuando la vi por primera vez.
Estos tontos querían que fuéramos a jugar pool a un sórdido billar.
Uno de ellos quería que yo le diera dinero. Él era un bravucón. Su familia tenía negocios en El Mercado Sonora, y él pensaba que eso lo hacía peligroso y que le confería ciertas características de cacique.
Sólo tomábamos algunas clases juntos, pero ellos creían que éramos amigos.
A veces salíamos juntos a alguna parte después de clases, pero no significaba que fuéramos amigos. No tenía amigos de verdad. Huía de todo compromiso que involucrara tener una relación cercana con otras personas.
Su única meta en la vida parecía ser tener suficiente dinero para gastarlo en zapatillas deportivas. Los volvía locos el basquetball y querían tener las zapatillas deportivas que usaban los basquetbolistas más famosos.
Ivonne caminó a unos pasos de donde estábamos.
Su cabellera era tan rubia que casi me dejó ciego.
Me temblaron las piernas.
Era el tipo de chica por la que siempre me había sentido atraído.
Mientras caminaba, su rubia cabellera parecía flotar alrededor de los hombros y parecía destilar un perfume embriagante.
Me miró y me sonrió.
Sentí que un puño golpeaba mi pecho.
Sus ojos parecían ser verdes o almendras.
Durante toda la semana estuve pensando en ella.
Quería saber su nombre, pero no quería simplemente preguntárselo.
Varias semanas después, nos subimos al mismo autobús.
¡Se sentó junto a mí!
¡Estábamos tan cerca que sus piernas rozaron mis piernas!
No recuerdo exactamente cómo, pero comencé a hablarle.
Sus ojos eran verdes e impresionantes.
Su voz era más femenina de lo que había imaginado.
No recuerdo qué le dije, pero estoy seguro que hablé sobre música.
Silverchair era una de las bandas que escuchaba en esa época.
Era una banda de australianos adolescentes que tocaban punk.
En 1994, habían ganado un concurso en su país y el premio les dio la oportunidad de grabar Frogstomp (1995). ¡Su primer albúm fue grabado en nueve días!
Rolling Stone y Allmusic le dieron casi los puntajes más altos.
Los miembros de Silverchair tenían quince años de edad, igual que yo.
Tomorrow e Israel's Son son las canciones más conocidas de ese álbum.
Alguien de la escuela me había prestado Freak Show (1997).
Su segundo álbum de estudio, tenía unos meses de haber sido lanzado a la venta.
Había canciones potentes y rápidas que hablaban de la rabia y de la violencia que habían provocado las expectativas del primer álbum de Silverchair. Otras canciones eran más tranquilas y tenían más arreglos que las canciones del álbum predecesor.
Los sencillos Freak, Abuse Me y Cemetery alcanzaron el top ten.
Ivonne se bajó del autobús, a unas cuadras de la Delegación Venustiano Carranza.
Nos despedimos de mano.
Las entrelazamos de un modo raro, como si estuviéramos cerrando un negocio.
Todo el fin de semana estuve pensando en esa despedida y en lo suaves y rosáceas que eran sus manos.
A partir de entonces, hablamos regularmente en la escuela.
Un día le dije a Ivonne que me gustaba.
Se quedó callada –seguramente ya lo sabía– y sonrió.
Nos llevábamos bien y sólo nos veíamos en la escuela.
Ni siquiera hablábamos por teléfono.
Lamenté haberle dicho que me gustaba. No estaba convencido de tener una novia.
Huía de todo compromiso que involucrara tener una relación cercana con otras personas.
Conoció a un tipo más grande que yo –tenía barba, usaba aretes de pirata y botas de motociclista– y se hicieron novios.
Era un fósil y formaba parte de los grupos de choque que defendían los intereses de la escuela, cuando había algún conflicto con los estudiantes –también vendía drogas– y sus amigos jugaban en el equipo de futbol americano.
Un 14 de febrero, hace más de veinte años, los tontos con quienes tomaba algunas clases y jugaba pool en un sórdido billar, compraron unas rosas.
Eran unos fracasados y pensaban que conseguirían algo, si se las regalaban a las chicas que les gustaban.
Todas los habían ignorado.
Uno de ellos me pidió que le sostuviera una de las rosas.
Al mismo tiempo, el otro me empujó.
Tal vez ya había visto a Ivonne y me empujó contra ella en el momento preciso.
Su cabello estaba húmedo y ella olía a vainilla.
Recordé sus suaves y rosáceas manos y la despedida formal en el autobús.
Me sentí tan estúpido con esa rosa en la mano.
Ivonne me miró de una manera extraña y no supe qué hacer.
Me preguntó si la rosa era para ella.
Pensé decirle que sí, pero le dije la verdad.
Ella me empujó contra una pared y se marchó.
Jamás volvimos a hablar.
Los tontos se rieron.
Me pregunto qué hará Ivonne ahora.
¿Se acordará de mí?
¿Se casaría con el fósil?
¿Tendrán hijos?
Ni siquiera estoy seguro de que recuerde mi nombre.
Roses by Silverchair on Spotify
Smelling Dead Roses on Metastasis Of Sound
Desde octubre, no escribo regularmente en este blog.
Casi todo el año anterior, escribía al menos una entrada al mes.
No puedo perder el hábito.
Si dejo de escribir una semana, las consecuencias son desastrosas.
La última vez que escribí en este blog con cierta regularidad, no me encontraba bien y no quería llenarlo con pensamientos pesimistas. Durante casi seis meses, busqué por todas partes una plaza académica. Desde agosto del 2017 –cuando terminó el periodo de beca postdoctoral– estuve contratado por honorarios, desempeñando más o menos las funciones de un postdoc, en una dependencia de la universidad, y estuve viviendo casi exclusivamente del estímulo económico de mi nombramiento de SNI I.
No sabía qué haría al comenzar este año.
Sólo sabía que no podía seguir en la zona de comfort en la que me encontraba.
Al principio, consideré la posibilidad de abandonar indefinidamente este blog para enfocarme en cuestiones académicas y laborales.
Fracasé. Necesito escribir todos los días.
Si dejo de escribir una semana, las consecuencias son desastrosas.
Más o menos dejé este blog a un lado –siempre estoy revisando las entradas viejas–, pero me enfoqué en el blog en inglés y abrí otro blog en el que escribiré sobre los álbumes que me gustan –cuando cumplan un aniversario– y sobre los conciertos a los que he asistido.
En algún momento, mi situación laboral cambió sorpresivamente y nos mudamos de casa.
Regresé a este blog y me di cuenta de que los pensamientos pesimistas sólo habían sido un pretexto: en realidad tengo un bloqueo para escribir en este blog.
Necesito trabajar en él con más constancia –darle tiempo al tiempo–, pero el asunto no es tan simple: ahora mismo, mientras reviso algunas entradas viejas (las modifico frecuentemente) y me encuentro mejor (mentalmente) que hace cuatro meses, no puedo escribir.
No sé me ocurre qué escribir, ni cómo empezar.
Nunca he considerado seriamente "lo inconsciente", pero lo más acertado sería concluir que sufro bloqueo con este blog porque "inconscientemente" quiero escribir entradas que no molesten a nadie y que no tengan los defectos que critico a menudo en los blogs y en los textos que leo en internet.
(¿Lo que me impide escribir es un mecanismo de defensa para no cometer estos errores…?)
Otra explicación podría ser que acabo de cumplir casi seis horas trabajando en la computadora y que no puedo escribir porque ya estoy cansado y porque ya tengo que comer.
(¿Lo que me impide escribir es la fatiga, aunque sólo aplique para esta entrada…?)
Tal vez el asunto es más fácil y simplemente soy un procastinador.
Percibo el sabor de la sangre en la garganta. Hace tres semanas que tengo tos.
Los ataques de tos no son tan frecuentes como hace tres semanas, pero son más intensos.
Cuando terminan los ataques, el vientre me duele como si hubiera tenido una pelea de box.
Todo esto comenzó el día de mi cumpleaños, un viernes antes de Navidad.
Fuimos a una cena de fin de año. En el lugar había como quince personas y la temperatura era cálida.
Cuando salimos de la cena, eran alrededor de las once de la noche.
Hacía mucho frío y caminamos unas cuadras hasta abordar un Über.
Llevaba cubrebocas, pero no me lo puse.
Había sido un largo día y sólo quería dormir.
(Me levanté a las cinco de la mañana. A las nueve, tuve una junta en Lerma.
A las cuatro de la tarde, regresamos a comer a la Ciudad de México. A las ocho de la noche, salimos a la cena de fin de año.)
Cuando llegamos a la casa y me acosté a dormir, sentí un escozor en la garganta.
No quise darle importancia, pero ya imaginaba que iba a enfermarme.
Al otro día el escozor era más intenso.
Me tomé una pastilla de Febrax (naproxeno sódico y paracetamol) para mitigar el dolor.
El domingo empeoré y comencé a tomar un tratamiento de clorfenamina compuesta.
En la cena de Navidad, me la pasé sedado y estornudando.
El jueves nos mudamos de casa. Desperté con un terrible ataque de tos. Tenía faringoamigdalitis y tomé Ambroxol y clorfenamina compuesta.
El último domingo del 2018, volvimos a la Ciudad de México.
Cuando llegamos al departamento en el que vivimos durante casi cuatro años, me sentía mal; no podía respirar, tenía los oídos tapados y los pulmones llenos de flemas.
Tenía siete días tomando Ambroxol y decidí suspender el tratamiento.
La tos empeoró en la cena de Año Nuevo.
No había enfermado en todo el 2018, pero las últimas semanas de diciembre y lo que va de este año he estado enfermo. Ya no recuerdo cómo es estar sano.
En un par de horas, viajaré a Querétaro a una reunión de trabajo.
Espero que no sea un recorrido incómodo y que la tos me deje en paz.
El 4 de marzo de 1994 fue lanzada a la venta, la banda sonora de Backbeat. Hubo dos álbumes de la banda sonora: uno compuesto totalmente por Don Was y otro por canciones que The Beatles tocaban en una de sus primeras giras por Hamburgo.
La dirección de la película estuvo a cargo de Iain Softley. Hace más de diez años compré el DVD, pero apenas ayer lo vi.
El filme es protagonizado por Stephen Dorff y cuenta la historia de los primeros años de The Beatles –en particular, la relación entre John Lennon y Stuart Sutcliffe, considerado "el Beatle perdido".
La película se desarrolla principalmente en Hamburgo, cuando The Beatles se embarcan a una gira y tocan en pequeños bares, antes de hacerse mundialmente famosos –ni siquiera habían "reclutado" a Ringo Starr.
De acuerdo con los expertos, el propósito de la música era reflejar "el espíritu rebelde" de los Beatles de esa época y, para ello, se reclutó a músicos relacionados con el punk de la década de los 90.
La banda estuvo integrada por Greg Dulli (voz y guitarra/Afghan Whigs), Dave Pirner (voz y guitarra/Soul Asylum), Thurston Moore (guitarra/Sonic Youth), Don Fleming (guitarra/Gumball), Mike Mills (bajo y coros/R. E. M.) y *Dave Grohl (batería/Nirvana).
El productor de la música fue Don Was y el álbum ganó el Premio BAFTA a la mejor música de cine.
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| Ljubljana, Eslovenia |
La banda sonora en la que toca esta banda no contiene canciones originales de The Beatles, sino las canciones que tocaban en su gira por Hamburgo –compuestas por otros artistas.
Esta banda sonora es altamente recomendable para quienes no son admiradores de The Beatles, pero no sé si sea del agrado de quienes sí lo son.
Canciones:
1. Money
2. Long Tall Sally
3. Bad Boy
4. Twist & Shout
5. Please Mr. Postman
6. C'Mon Everybody
7. Rock N' Roll Music
8. Slow Down
9. Roadrunner
10. Carol
11. Good Golly Miss Molly
12. Twenty Flight Rock
Backbeat Band en vivo (MTV Awards)
*El lanzamiento de este álbum coincidió con el ingreso de Kurt Cobain en estado comatoso a una clínica en Roma, debido a una sobredosis de rohypnol y champaña. Nirvana se encontraba de gira en Europa, pero Kurt Cobain tenía bronquitis y había cancelado la gira indefinidamente tres días antes, al terminar un concierto en Munich.