domingo, febrero 02, 2025

Caminar en círculos

Esta tos nerviosa no me deja en paz, me tomo un té de limón, son las 3 de la mañana del domingo 2 de febrero del 2025, han sido 3 ó 4 meses del carajo, me siento mal, me acosté temprano, estoy enfermo de la cabeza, como esos personajes de las novelas de sci fi que están paranoicos y que piensan que la CIA los está espiando, sólo quería apagar mis sentidos y mi mente, encendí la televisión, desperté hace una hora y ya no puedo volver a dormir, y no quiero pensar en que nada ha funcionado, no quiero pensar en que he hecho más de lo que debería haber hecho para obtener una plaza indeterminada, no quiero decirlo pero ahí están mi CV, mis papers, los cursos y las charlas de divulgación de la ciencia que he impartido, y también ahí está lo que piensa la mayoría de los estudiantes que han tomado mis cursos, y tampoco quiero decirlo pero ahí están un montón de comprobables objetivos más como muestra. 

El punto es que nada de lo anterior sirve realmente, realmente sólo somos un dato más, excepto si tenemos suficientes recursos para hacernos publicidad, excepto si tenemos conectes con influencia que nos abran las puertas, o eso que es como tener “un golpe de suerte”, la academia es una de esas cosas que la gente romantiza y que en realidad son horribles, me han dicho varias veces que debes estar en el momento apropiado, que las cosas no ocurren por una razón, que las oportunidades llegan en el momento que deben llegar, pero ¿y si, más bien, todo lo que ha ocurrido, ha ocurrido porque está más que claro que nunca tendré una oportunidad como la que he buscado incansablemente...?

Vuelvo a toser y me pregunto cómo hizo esa estrella de rock para tener todo lo que siempre había deseado antes de los 27 años, me pregunto si tuvo un “golpe de suerte”, si leyó La Historia del Rock III y III, si supo cómo rodearse de personas influyentes y generosas, y también me pregunto por qué tengo esta sensación de estar caminando en círculos, por qué tengo la impresión de que no estoy llegando a ningún lado, como aquella vez, cuando me perdí en El Cerro del Tepozteco –debieron de ser también las 3 de la mañana– y acabé tumbándome en una cueva para protegerme de la lluvia, junto al cráneo de una vaca que debió de precipitarse por ese barranco mucho mucho tiempo atrás. 

Escucho esta triste canción de Trent Reznor, sólo toca el piano y canta en un volumen bajo, la canción parece hablar sobre una mujer que está muriéndose o ahogándose, relata algo que suena como a la ruptura de una pareja o a la despedida de algo más grande que una relación sentimental, a que uno de los dos hizo algo imperdonable y que las luces en el cielo están de testigo, los fans especulan muchas cosas en internet, que él habla de su verdadero amor, que la canción está emparentada con “Beside you in time”, Search Labs dice que el mensaje es que “todos tenemos nuestro lugar”, sólo Trent Reznor sabe qué estaba sintiendo y pensando cuando escribió esa canción, lo que yo siento cuando la escucho no tiene nada que ver con lo que creo que cuenta, sólo me transmite esta sensación de caída, de resignación, sólo me dice que también yo debo dejar de romantizar la academia, que ya está muerta para mí, que fue uno de los amores de mi vida, que debo aceptar que sólo soy un dato más, que debo darle vuelta a la página, que debo reinventarme una vez más.

sábado, febrero 01, 2025

I do not want this



Estábamos casi en la quiebra, viviendo más o menos al día, cuando vino Mark Lanegan a dar un concierto en El Plaza. Apenas pude comprar un par de boletos, nuestros ingresos no me permitieron más que comprar una pequeña litografía, conseguir que él me la firmara, estrecharle una mano, aceptar que ese contacto sería lo más cercano que estaría a Kurt Cobain, y tomarme una foto con él. La banda trajo un montón de mercancía: libros que escribió Mark Lanegan, álbumes que no están a la venta en ninguna parte ni disponibles en ninguna plataforma de streaming, playeras y sudaderas de él y de su banda, stickers, cosas así. Me hubiera gustado comprar algo más. Pero, como ya dije, nuestros ingresos no me permitieron más que comprar la pequeña litografía y el par de boletos para su concierto. No todo fue malo: el día del concierto fue publicado mi primer paper como autor corresponsal, mi paper #7 en total.

Luego de un año más o menos conseguí un contrato temporal en otra universidad, tuvimos que mudarnos de ciudad, y todo pintaba mucho mejor, parecía que ésa era la manera de ingresar definitivamente a la academia, de obtener el trabajo de mis sueños, excepto que al mes de haber entrado a trabajar, apenas habiendo cobrado mi primera quincena, la universidad estalló en huelga. Estuvimos así 3 meses, sobreviviendo con los pocos ahorros que nos quedaban del último año fatal –habíamos sobrevivido con $10, 000 MXN mensuales– y teniendo que recurrir a pequeños préstamos para cubrir la renta y los gastos diarios. En marzo, cuando la huelga apenas cumplía un mes, Courtney Barnett vino a México. Ni siquiera pude comprar un par de boletos. Teníamos el dinero contado, no podíamos permitirnos un viaje a la CDMX. Mucho menos comprar un par de boletos para un concierto.

Ahora estamos otra vez en este círculo vicioso. Las condiciones no son tan malas como en el 2018 ni como en el 2019, ahora soy Investigador Nacional Nivel II, tengo más de 20 papers publicados, he impartido más de 40 cursos de licenciatura y posgrado, he impartido más de 60 pláticas de divulgación de la ciencia, he hecho mucho más de lo que debería haber hecho para obtener la oportunidad de concursar por una plaza indeterminada, he conseguido mucho más que cualquier persona con 10 años de trabajos temporales, y heme aquí, esencialmente quejándome de la mala fortuna que he tenido. Queriendo ignorar que he permanecido en el SNII y que no he recibido el estímulo económico del SNII durante más de medio año porque no he tenido contrato con ninguna universidad en los últimos 3 ó 4 meses de los 3 últimos años.

También he concursado por plazas de académico de tiempo completo en 6 universidades distintas en los últimos 4 meses, en todas me dicen que no soy psicólogo clínico o que no soy psiquiatra o biólogo o químico, nadie quiere ver que estoy más preparado que un psicólogo clínico y que compito con psiquiatras, con biólogos y con químicos, y hemos vivido de nuestros ahorros casi 3 ó 4 meses de cada uno de los últimos 3 años, y espero que un paper en el que soy primer autor sea aceptado para publicación en los siguientes días, y los gastos continúan, el trabajo no remunerado no para, las oportunidades escasean, y J Mascis viene a México. 

domingo, enero 19, 2025

¿Eres lo que atraes?



Hay diversos puntos de vista sobre lo que significa una mala noticia –que te digan por teléfono que tienes tal o cual enfermedad y que sólo te quedan 3 meses de vida, que el amor de tu vida acepte tu invitación a cenar y allí te diga que está enamorada de tu mejor amigo, que te comuniquen por correo-e que no pasaste ni siquiera la primera fase de un concurso para una plaza académica de tiempo completo–, pero, independientemente de ello, soy la clase de persona que “atrae” malas noticias, y esto no tiene nada que ver con la metafísica: tengo “un imán” para recibir noticias sobre la muerte –diría que las recibo casi de manera inmediata a la muerte de alguien– porque siempre estoy al pendiente de las malas noticias, mi cerebro siempre está al pendiente de todas las cosas malas, y es un vicio, no recuerdo un solo día de los últimos diez o veinte años en el que no haya estado así.

Hace un año, por ejemplo, cuando me debatía entre continuar con mi rutina y satisfacer mi adicción a la nicotina, o resistirme a salir al Oxxo a comprar una cajetilla de Camel –después de casi 8 años de abstinencia, tras una larga enfermedad que me llevó al quirófano, había recaído y estaba perdiendo el control otra vez–, me metí a X y leí en la cuenta de Jesús Ramírez-Bermúdez que José Agustín acababa de morir. Mentiría si dijera que lo primero en lo que pensé fue cuál de sus libros me gusta más —¿Ciudades desiertas?, ¿Se está haciendo tarde?— y cuál menos —¿Dos horas de sol?, ¿La tumba?—; más bien, pensé en que era un imán de malas noticias, en que ocurrió lo mismo cuando murieron David Bowie, Chris Cornell, Mark Lanegan, Andrew Fletcher...

El otro día volvía a la casa después de correr 7 kilómetros y traté de acallar los pensamientos negativos que casi nunca puedo ignorar, que son como una vocecita que siempre está aconsejándome, y me senté a tomarme un suero, a revisar en la aplicación del teléfono cuál había sido mi mejor tiempo. Calculé que corrí casi veinte segundos más rápido que el lunes, y eso me hizo sentir bien. «Una buena noticia entre las tantas malas noticias que he recibido en los últimos 4 meses», me dije mentalmente. Luego, intenté enfocarme en otras buenas noticias: en que (otra vez) cumplía un año sin fumar –antes de recaer, fumaba a todas horas, una cajetilla en un par de horas si había alcohol de por medio, tenía dedos de nicotina, no podía subir escaleras sin sentir que me daría un ataque al corazón–, en que en esta semana terminábamos de responderle los treinta y tantos comentarios al Revisor #5 y en que no puede llover todo el tiempo, que nadie puede recibir malas noticias todo el tiempo. 

Y estaba funcionando: de alguna manera, había logrado desasirme de esos pensamientos negativos, pero después me metí a Facebook y vi un post de Stereogum y allí había una fotografía de David Lynch y decía que él acababa de morir. El post tenía 3 minutos de haber sido publicado. Mentiría también si dijera que conozco todas las películas de Lynch, que Eraserhead es mi favorita. Que veo la vida cómo él la veía, que me sabía esa anécdota en la que Spielberg lo dirige y él interpreta a John Ford, que yo era de los fans que decía que esa escena de Los Fabelman era la mejor escena en la historia del cine: el mejor director de cine, dirigiendo al mejor director de cine, interpretando al mejor director de cine. Escuché el soundtrack de Lost Highway antes de ver la película.

Me terminé el suero y pensé en que algo malo ocurre conmigo, en que estoy tan acostumbrado a ver que la vida es una amenaza constante, en que lo primero que pienso en cualquier circunstancia es en todo lo malo que puede suceder —eso no me incapacita para hacer lo que tenga que hacer, sólo me impide disfrutar el proceso—, y desde ayer o anteayer, ya no sé cuándo, no puedo dejar de preguntarme cómo hacen los demás para ignorar todo lo malo que hay en el mundo: ¿qué cosas leen, qué música escuchan, cómo pasan su tiempo libre...?, ¿pueden ver una película de David Lynch, llenar los huecos con su imaginación, y ser felices...?

*Nada es cierto, todo es cierto, una columna que podrías leer en un diario de circulación nacional, si mi vida no fuera tan dantesca.

martes, enero 14, 2025

Tener una plaza indeterminada es más difícil que sacarse la lotería

 


Salí a correr 7 kilómetros, por primera vez en más de un año no asistí al seminario de cada lunes, desayunamos alrededor de la una de la tarde, algo que ha ocurrido desde que tomamos el nuevo fármaco, el que tiene dapaglifloxina y metformina, te genera una sensación de llenado en el estómago, te mantiene sin apetito y a veces con náuseas. 

Trabajé en las respuestas a los revisores de este MS que tal vez será publicado en los próximos meses, un colega sugiere algunos cambios que no solicitaron los revisores, eso me puso de malhumor, mis condiciones de trabajo de toda la vida me impiden escribir lo que quiero escribir; como no tengo una plaza indeterminada, tengo que negociar con los colegas que sí la tienen –ellos pagan los APC–, y debo ceder muchas veces y escribir algo con lo que no estoy tan de acuerdo. Está difícil publicar en revistas que no tienen Open Access. Las universidades destinan una parte de sus recursos en suscripciones a revistas y en financiamiento para que sus académicos paguen Open Access.

Además de que mi trabajo no es remunerado y de que el mundo no es un lugar gratuito –todos los días tienes que pagar algún servicio, todos los días estás expuesto a comerciales, a mensajes que te invitan a gastar en cosas que no necesitas–, trabajo sin cobrar un sueldo y ocupo mi tiempo libre en este trabajo no remunerado. Es algo tan idiota. Claro: hay que esforzarse, picar piedra, hacer sacrificios, invertir a largo plazo.... Pero, en retrospectiva, ¿qué sentido tienen todas las inversiones a largo plazo que he hecho...?; por ejemplo: ¿de qué me sirve ser Investigador Nacional Nivel II, si no tengo una plaza indeterminada...?, ¿de qué me sirven todas estas inversiones a largo plazo, si ninguna universidad me da la oportunidad de concursar por una oposición...? 

Todo esto es lo mismo, lo de siempre, pero peor. Y ¿a quién engaño? Siempre ha sido así. No tengo esa “suerte”, o fortuna, o como quieras llamarle, que otras personas tienen. Ya sabes: no quieres una plaza, y te la ofrecen. Ya sabes: te abren las puertas de la academia desde que eres estudiante de maestría, te apoyan, te dan tu lugar, reconocen tu trabajo, entras al doctorado, no te tratan con la punta del pie, te abren un concurso de oposición cuando estás en el posdoc, lo rechazas porque no te gusta esa universidad y a la semana otras personas (a quienes no has tratado directamente) te ofrecen otra plaza en una universidad que sí te gusta. Conozco casos así, no los estoy inventando, nadie me los contó, yo traté a esas personas.

Así como estoy ahora, más o menos estaba hace un año: trabajando sin recibir un centavo, ocupando mi tiempo libre en cosas súper demandantes y súper especializadas: contestándoles a 5 revisores del MS que fue publicado en abril, llenando mi solicitud de evaluación del SNII, impartiendo 15 horas de clase a la semana, coordinando simposios de divulgación, impartiendo pláticas de divulgación o cursos especializados para médicos, ¡todo en quince días! Y ¿qué conseguí con ello? Lo que tengo ahora: mi distinción de SNII II y este trabajo no remunerado desde noviembre. La experiencia de haber tocado estas 5 puertas de estas 5 universidades que nunca se abrieron y que me trataron como uno más, como un candidato del montón.

¿Cuál es el punto? Hago todas estas cosas porque tengo la expectativa del trabajo de mis sueños, pero el trabajo de mis sueños está cada vez más lejos. Hoy, por ejemplo, mientras corría, me llegó una notificación al teléfono y, ¡adivina qué! 

«Tiene una estupenda trayectoria académica, le deseamos un futuro brillante, pero...»

Y fue un correo-e con copia a más de 50 personas. Ése es el punto. Somos muchas personas. Tener una plaza indeterminada es más difícil que sacarse la lotería. 

viernes, diciembre 27, 2024

Te extrañaré, Tony


Esa tarde de mayo o junio, nos peleamos por una tontería y ella quiso hacer las paces, pero yo, como el gran idiota que soy, continué y entonces nos dejamos de hablar. No quería pensar en la horrible persona que soy cuando me empecino en tener la razón y tampoco quería reconocer que me había equivocado, así que hice algo que casi nunca hago: encendí la televisión. Pero no la encendí para ver cualquier cosa que atontara mis sentidos. Me metí a la aplicación de Max y busqué Los Soprano. Ya me habían hablado de la serie, sabía que Gandolfini ya estaba muerto desde hacía más de diez años, que le había dado un infarto en la habitación 449 del Hotel Boscolo Exedra en Roma; me habían dicho que era una serie estupenda, me la habían recomendado uno de mis hermanos y uno de mis escritores de cabecera (quien era tan fan de la serie que constantemente la citaba en sus relatos y además había escrito por esos días una columna en un diario de circulación nacional en la que divagaba sobre la importancia de las mujeres con las que estaba relacionado Tony Soprano) y, sin embargo, por una u otra razón, en 2 ó 3 años, no había podido pasar de la primera media hora del primer capítulo, a lo mejor tenía tantas expectativas que ese capítulo acaba por parecerme tedioso. Iban a dar las once de la noche, ella y yo seguíamos sin hablarnos y la reconciliación parecía tan distante e imposible como el trabajo de mis sueños, pero ya estaba terminando la Temporada 1.

En fin, en estos días, mientras sobrevivía a las náuseas provocadas por el vino tinto de la cena de Noche Buena, terminé las 6 Temporadas. Acabar Los Soprano me tomó alrededor de 6 meses: 2 episodios cada día, cada 2 ó 3 días, exceptuando los fines de semana. Y sí me pareció una serie tan genial como decían que era, pero también tuvo momentos malos –como la vida– y creo que hasta descubrí muchas cosas de mí mismo en Tony Soprano –si reflexiono un poco, mis problemas para relacionarme con la gente provienen de la forma en la que aprendí a relacionarme con mi familia, a veces no puedo delegar mis responsabilidades, a veces no logro ver lo fabulosa que es la mujer que vive conmigo desde hace más de diez años–, y todo esto transcurrió de manera casi imperceptible: Tony se había convertido casi en un miembro de mi familia, veía al Tío Junior por todas partes, me creaba ambivalencia el cinismo de Janice, me identifiqué con Christopher, sentí pena por la forma en la que acabó Johnny Sack, aborrecí a Phil Leotardo y a los chantajistas del FBI; temporada tras temporada, la Dra. Melfi me cayó peor; pensé en que podría interpretar a Furio y que Carmela podría ser mi crush.

En una escena, Meadow veía un video de Morphine en su recámara; en otra escena, Carmela salía del consultorio de la Dra. Melfi mientras sonaba una canción de Tom Petty; casi al final de la Temporada 6, la cámara se enfocaba en un árbol que había atravesado la camioneta de Christopher y que se había insertado exactamente en el asiento que podría haber ocupado su bebé, mientras sonaba “Comfortably Numb” y Christopher agonizaba, ahogándose en su propia sangre, detrás del volante, y Tony tomaba una decisión. En la Temporada 5, Steve Buscemi interpretó a «Tony B» –un mafioso que pasó varios años en la cárcel y que quiso rehacer su vida, pero que recayó por la tentación del dinero– y dirigió algunos capítulos; Sir Ben Kingsley, Nancy Sinatra y David Lee Roth también aparecieron en otras temporadas, “interpretándose” a ellos mismos.

El final no podía ser cualquier tontería explícita, no podía terminar con «Y Los Soprano fueron felices para siempre...», y los fans han especulado mucho sobre el posible significado de ese hombre que parece estar cazando a Tony mientras Carmela y sus hijos se reúnen con él en ese restaurante de bajo perfil, David Chase ha contado su versión, ha dicho que nada fue un accidente, que el final tenía que estar abierto a lo que cada espectador quisiera creer que ocurriría con Los Soprano, y me pareció un final muy bueno, que “Don't stop believin'” sonara cuando aparecen los créditos de la serie fue la mejor elección, y, sin embargo, el final me dejó con una sensación de vacío, como si alguien me hubiera dado un puñetazo en el estómago y estuviera recuperando lentamente el aire y volviendo a la (implacable) realidad, esta en la que ya hice las paces con mi esposa, pero en la que no importa cuánto lo intente, en la que el trabajo de mis sueños sigue siendo algo imposible y distante.

*Nada es cierto, todo es cierto, una columna que podrías leer en un diario de circulación nacional, si mi vida no fuera tan dantesca.